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Re: Keynesian Christmas!-- and the collapsiing international




At 01:09 AM 12/31/2001 -0500, Henry C.K. Liu wrote:
The situation in Argentina is now beyind economics. It is now a full blown
political crisis.  It is similar to the fall of the Weimar Republic.  Time
will
tell if history reppeats itself in Argentina.

Henry C.K. Liu


Heny is, of course, right about the crisis here being more political than
economic at this point. It is clear that peronists  were unable to overcome
their own internal struggles and ambitions long enough to allow for the
proposed March elections.

However, the crisis is economic too. The (hopefully) demise of the
neoliberal model in Argentina means that powerful economic interests and
concerns will necessarily have to give up the extraodrinary profit
opportunitites and the privilieged access to power they have enjoyed since
Menem took over. The question is: will whatever government ends up
consolidating itself (hopefully one will) have the guts and support it will
need to to qualitatvely change the existing order? If they do, we are in
for difficult times in the short-run which will hopefully lead to some
positive economic and political restructuring in the medium- and long-run.
If they don't,  I shudder to think of what could happen...

Alan

PS: For those who can read Spanish, I have included an opinion piece from
today's Pagina/12 by two economists from the CTA, a progressive labour
federation with no political party affiliation.

Tras la crisis, otro modelo o relaciones bestiales

Martin Hourest
Claudio Lozano

 Aunque no parece evidente, la forma en que la sociedad argentina resuelva
la salida de esta crisis marcará su desempeño por años. En ese contexto,
las discusiones sobre política económica en términos instrumentales impiden
reconocer que lo que está en debate es la conformación de coaliciones
sociales que doten de estabilidad a un nuevo régimen de acumulación de
capital y sus consiguientes formas de distribución del ingreso.

El resultado, aunque puede reflejarse en indicadores económicos y sociales,
delimita en lo concreto las condiciones del ejercicio de la ciudadanía.
Para decirlo claramente: ?Es la democracia, estúpido?. Hacer emerger esta
cuestión en lugar de ocultarla bajo sofisticados debates instrumentales
(pesificación o dolarización, flotación sucia o limpia, tercera moneda,
etc.) es la mejor contribución que los economistas pueden realizar desde el
rigor científico y desde la ética individual y colectiva.

Los problemas que se presentan son:

u La persistencia de una estrategia de la desigualdad en la distribución
del ingreso, que se evidencia en los niveles de desempleo, subempleo,
sobrempleo, pobreza e indigencia.

u El mantenimiento de un régimen de ganancias extraordinarias asentado
sobre la valorización financiera de capitales, la apropiación de rentas
extraordinarias (privatizaciones y rentas naturales) y que encuentra un
límite en el hecho de la ausencia actual de nuevos negocios que generen
ganancias fenomenales, mientras que los que ya las generaron no las pueden
convertir en moneda dura.

u La desestructuración productiva que deja por herencia una economía más
chica, con mayor propensión importadora y en la que aparece en curso un
nuevo proceso de concentración de capitales, a partir de absorción de
empresas y de destrucción de otras ya existentes.

u Una estructura fiscal que convalida las transferencias regresivas de
ingresos en materia de gasto y bloquea todo intento de replantear el
funcionamiento del Estado desde una perspectiva democrática, al garantizar
la ?inmunidad tributaria? a los sectores de mayores ingresos que fueran los
ganadores de estos 25 años de desigualdad.

u Una inserción internacional pasiva y periférica (país endeudado que fuga
capitales, exporta naturaleza y cerebros e importa trabajo) y que, dentro
de la división internacional, sólo puede ubicarse en la transición hacia
formas más primitivas de integración internacional (más naturaleza y menos
sociedad en lo que refiere a empleo, derechos, etcétera).

El conflicto central en el debate parece ser la cuestión cambiaria, que
emerge como consecuencia natural de la colonización cultural del
pensamiento económico cuyos límites están dados por la ?racionalización? de
los intereses de las distintas facciones de los grupos dominantes.

Dolarizantes y flotacionistas son los nuevos partidos políticos que funda
el neoliberalismo para contener el conflicto social, volviendo el régimen
cambiario como la institución destinada a desplazar de la escena a los
problemas de la Argentina.

No vale la pena, más que para ejercer un nuevo repudio, mencionar a la
dolarización, ya que es el instrumento que contradice todos los objetivos y
agrava los problemas arriba mencionados. En cuanto al partido
flotacionista, parece obviar algunas cuestiones relevantes que merecen ser
analizadas:

u En primer lugar, los flujos de capital hacia los países menos
desarrollados están cortados, se están reorientando hacia los centros, y
están recrudeciendo tendencias proteccionistas en materia de importaciones
y expansionistas en exportaciones, razón por la cual el flujo de oferta de
divisas que impediría una devaluación bestial aparece demasiado lejano.

u En segundo lugar, en el contexto de déficit estructural de la cuenta
corriente del balance de pagos, si se auspicia realmente un proceso de
expansión económica, aun restando la totalidad de los intereses de la
deuda, la tasa de devaluación debiera superar el 100 por ciento (1), con lo
que se agravaría la recesión y empeoraría la matriz distributiva.

u En tercer lugar, recuperar competitividad espuria (por vía del remedio
cambiario), salvar fracciones del empresariado y dotar de un premio
excepcional a los capitales fugados (aumentan su capacidad de compra y se
sustraen de la devaluación de los activos financieros locales) a costa de
los salarios de los trabajadores, de la sobreexplotación de la fuerza de
trabajo y de una nueva mortandad de empresas, resulta contradictorio tanto
con la mejor manera de resolver los problemas planteados como con los
objetivos enunciados.

u En cuarto lugar, la flotación sin cuantiosas reservas disponibles remite
a una permanente pulseada con los proveedores de divisas, la determinación
del tipo de cambio y, por ende, los mecanismos de distribución del ingreso.
De esa forma, como ya es conocido, se confiscan a la sociedad no sólo
ingresos sino también poder de decisión.

Si los problemas están determinados y los objetivos son claros lo que debe
hacerse es lo siguiente:

u Fijar un nuevo piso distributivo a través del Presupuesto para 2002 que
permita establecer un seguro de empleo y formación de 380 pesos, una
asignación de 60 pesos por hijo menor a 18 años y otra para los mayores a
65 años sin cobertura previsional.

u Pesificar todas las operaciones entre residentes y desindexar tarifas.

u Reconocer la existencia de la cesación de pagos, incluyendo la
indisponibilidad de las divisas. Esta definición supone la modificación
expresa del canje local ya realizado, bajando sustancialmente la tasa de
interés pactada, reestatizando la seguridad social (los fondos que hoy
apropian las AFJP) y desdolarizando los compromisos públicos con el sistema
financiero local. La indisponibilidad de las divisas sólo exceptuaría
operaciones comerciales y financieras de carácter imprescindible y se
extendería también al sector privado.

u Recuperación de la solvencia fiscal en base a la reestatización de la
seguridad social, impulsando una drástica reforma impositiva que grave
según la capacidad contributiva, estableciendo un impuesto de emergencia a
las ganancias extraordinarias que las principales empresas realizaron en
los últimos diez años y haciendo efectivo el criterio de renta mundial. Es
imprescindible además la eliminación de los procedimientos de licuación de
pasivos de los grandes grupos económicos.

u Revisión de los criterios de la presente apertura comercial promoviendo
una mayor protección para la producción local.

u Sólo luego de resolver esas cuestiones, establecer una política cambiaria
que fije la paridad en base a una convergencia con el real, habilitando un
proceso de coordinación cambiaria con el Mercosur.

Alterar esta secuencia de las cosas, por más invocaciones a la defensa del
trabajo y de la producción nacional que se realice, sólo lleva a una
bestialización de las relaciones sociales, y a la política a hablar el
lenguaje de los victimarios.


(1) Medido no como depreciación de la moneda local sino como aumento del precio de la divisa (N. del E.).

* Economistas del IDEP-CTA.


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