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(Spa) An excellent account of October 17, 1945



While the Bolivian people begins to restablish their own country, the
Argentineans remember their own October 17. What follows is a very
accurate and well written account of what actually happened 58 years
ago in Argentina.


>
Opinión
17 DE OCTUBRE DE 1945: NACE EL PERONISMO
Por: Roberto Bardini (desde México, especial para

En 1969, el historiador Félix Luna publicó su libro
'El 45'. Sus impresiones de ese año tienen un gran
valor porque, a pesar de no ser simpatizante
peronista, se esforzó por comprender el significado de
un día en especial y llegó a afirmar: 'No hay nada en
nuestra historia que se parezca a lo del 17 de
Octubre'.

La Segunda Guerra Mundial terminó en mayo de 1945. Ese
mismo mes, Spruille Braden presenta sus cartas
credenciales como embajador de Estados Unidos en
Argentina. El hombre no es diplomático de carrera.
Corpulento y aficionado al whisky, tiene en ese
momento 51 años, es ingeniero y habla fluidamente el
español. Heredero de cuantiosos intereses en la
compañía minera Braden Copper -fundada por su padre en
Chile- y ex embajador en Colombia y Cuba, ha impulsado
en Paraguay la política petrolera de la empresa
Standard Oil durante la llamada Guerra del Chaco.

Finalizada la Segunda Guerra, Estados Unidos planea
hacer buenos negocios en América Latina y desplazar a
los británicos. Braden parece ser el hombre indicado
para representar a Washington en Buenos Aires, una
lejana capital sudamericana que ha osado mantener una
posición neutral durante casi todo el conflicto en
Europa. El millonario es agresivo, seguro de sí mismo
y tiene una manera arrolladora de conseguir lo que se
propone.

Además, Braden se cuenta entre los primeros en
'descubrir' las tendencias 'nazis' y 'fascistas' del
coronel Juan Domingo Perón, entonces vicepresidente,
secretario de Guerra, ministro de Trabajo y director
de la incipiente aviación civil.

El flamante embajador deja de lado las normas que
rigen la actividad diplomática y se inmiscuye en
cuestiones internas. Alquila una oficina a tres
cuadras de la Casa Rosada y la convierte en la sede
del estado mayor de la oposición argentina. Desde
allí, durante más de cuatro meses, conduce a la Unión
Democrática. Mientras conspira en las sombras, predica
en público: asiste a actos y banquetes, habla en el
Jockey Club y la Universidad, efectúa una declaración
tras otra a los medios de información y recorre el
país a lo largo y lo ancho. En poco tiempo, se le
considera un factor de poder en el país. En una
oportunidad, un grupo de dirigentes comunistas del
gremio de la carne le hace llegar un pedido de mejoras
salariales para que él las gestione ante las empresas
frigoríficas.

El sombrero del embajador

Pero si Braden tiene una personalidad atropelladora,
Perón no se queda atrás. El 5 de julio de 1945, el
embajador se entrevista con el coronel en el
ministerio de Guerra y el encuentro termina de manera
tormentosa. El entonces canciller Juan Atilio
Bramuglia, testigo de la reunión, narró posteriormente
el tenso diálogo a Arturo Sampay, un abogado de origen
nacionalista católico con ideas de avanzada, quien
había tenido una actuación clave en la reforma
constitucional de 1949. Sampay, considerado 'el riñón
de Perón', hizo público años después el intercambio de
palabras. Y el propio Perón le confirmó el diálogo a
Félix Luna en 1969, en Madrid.

Braden comete un error: acostumbrado a que lo alaben y
no lo contradigan, habla como si fuera un virrey
colonial que se dirige a un antipático administrador
nativo. El diplomático está interesado en el destino
de los bienes alemanes y japoneses incautados por el
gobierno casi al final de la Segunda Guerra. Quiere,
además, que líneas aéreas norteamericanas se
establezcan en Buenos Aires y se beneficien con un
trato preferencial por encima de la naciente aviación
comercial argentina. El millonario insinúa que si esos
problemas se 'arreglan', Estados Unidos no pondrá
obstáculos a una eventual candidatura presidencial de
Perón.

El militar, que además de vicepresidente es director
general de Aeronáutica Civil, le responde que esos
'arreglos' económico-financieros parecen muy fáciles
de hacer pero existe un grave problema para llevarlos
a cabo:

- ¿Cuál problema? -pregunta Braden.

- En mi país, al que hace eso, se lo llama hijo de
puta.

El embajador se va tan enojado que no se despide y, en
el apuro, se olvida el sombrero. Muchos años después,
Perón recordó que su edecán militar y el secretario
del canciller Bramuglia llamaron a otros asistentes y
jugaron un rato al fútbol con el sombrero. Al día
siguiente, se lo devolvieron debidamente cepillado y
planchado.

'¡Ni nazis ni fascistas!'

Braden continuó con sus actividades
desestabilizadoras. Sus seguidores, influenciados por
películas como 'Casablanca', veían a tenebrosos
agentes de la Gestapo en donde sólo había vigilantes
de civil, morochos y de achinados ojos negros. Y como
en 'Casablanca', demuestran su vocación democrática
entonando La Marsellesa, el himno nacional francés.

Los comunistas han sido perseguidos desde principios
de siglo por gobiernos radicales, conservadores y
militares. Ahora, cuando por primera vez después de
años de clandestinidad pueden expresarse, aprovechan
para convocar en el Luna Park a su primera
concentración pública contra Perón. Las crónicas de la
época describen 'un acto admirablemente organizado',
al que asisten personalidades de la Unión Cívica
Radical y del conservador Partido Demócrata Nacional.
Durante la reunión, 'bellas señoritas' hacen colectas
y exhiben carteles con fotos de Stalin, Churchill y
Roosevelt con una consigna: 'Contra el fascismo,
sigamos su ejemplo'.

Como reacción, la Confederación General del Trabajo
organiza el 12 de julio de 1945 un acto de apoyo a
Perón. En el transcurso del mitin, se corea: '¡Ni
nazis ni fascistas! ¡Peronistas! '. La Alianza
Libertadora Nacionalista, por su parte, lanza su
consigna: 'Ni yanquis, ni rusos', que con los años se
transformará en 'Ni yanquis, ni marxistas'.

Por esos días, la poetisa uruguaya María Luisa Brun
-ex esposa del pintor mexicano y militante comunista
David Alfaro Siqueiros- es una de las figuras que
ofrece su talento artístico para ridiculizar a Braden
en el teatro Maipo. También por esos días se comienza
a hablar de la candidatura de Perón a la presidencia.

Hay que extirpar la hidra nazi

El 19 septiembre de 1945 se efectúa una impresionante
Marcha de la Constitución y de la Libertad en la que
participan desde la Sociedad Rural y la Unión
Industrial Argentina hasta los conservadores,
radicales, socialistas y comunistas. La manifestación
parte de la Plaza del Congreso, se desplaza por la
avenida Callao y concluye en Plaza Francia.

El embajador norteamericano saluda la marcha desde el
balcón de un edificio de la avenida Callao. Entre los
manifestantes se mezclan elegantes señoras de Barrio
Norte y proletarios del Gran Buenos Aires. Sus voces
entonan al unísono La Marsellesa. 'Fue una
demostración política, pero ni Bond Street podía haber
hecho una exhibición tal de modelos y ni siquiera Mr.
Cochrane, el conocido empresario teatral, lograría
reunir tantas mujeres bonitas', comentó el Daily Mail,
de Londres.

Spuille Braden, quien al decir del historiador
Norberto Galasso, era 'un señor gordo, coloradote y
sanguíneo, que no disimulaba su prepotencia y
desprecio por la América morena', declara el 15 de
septiembre al diario La Razón: 'Hay que extirpar al
nazismo de raíz'. Y 48 horas después insiste en el
mismo periódico: 'No es posible tolerar, en ninguna
parte, ninguna forma de nazismo... Hay que extirpar la
hidra nazi, se encuentre donde se encuentre'.

El embrión de las bestias

El alto mando de las Fuerzas Armadas decide arrestar
al coronel Perón y destituirlo de sus cargos. En la
noche del jueves 11 de octubre de 1945, oficiales del
ejército y la marina asisten al Círculo Militar y
discuten si derrocan al presidente Edelmiro Farell y
toman el poder o si entregan el gobierno a la Corte
Suprema de Justicia.

Un mayor del ejército de voz ronca y afecto al vino
tinto propone el asesinato de Perón en una emboscada.
Se llama Desiderio Fernández Suárez y 11 años más
tarde será jefe de la policía de la provincia de
Buenos Aires. En 1956 se dedicará a fusilar a civiles
peronistas en un basural sin juicio previo ni derecho
a defensa.

Fernández Suárez y sus amos constituyen un precedente,
una experiencia piloto, del baño de sangre que
inundará al país dos décadas más tarde. El periodista
Rodolfo Walsh los denunciará en su libro 'Operación
Masacre', una pequeña joya del periodismo de
investigación que se adelantó a lo que los
estadounidenses denominan 'non fiction novel' y que se
atribuye erróneamente a Truman Capote, autor de 'A
Sangre Fría'.

Un 'público selecto'

El viernes 12 de octubre de 1945, aprovechando el
feriado por el Día de la Raza, un grupo de gente
'bien' se congrega frente al Círculo Militar. Es como
un elegante día de campo y no faltan las cestas de
comida para almorzar sobre el césped. El diario La
Prensa del día siguiente describe a los asistentes:
'Era un público selecto formado por señoras y niñas de
nuestra sociedad y caballeros de figuración social,
política y universitaria'. A la medianoche, el
'público selecto' se retiró después de entonar en
varias oportunidades el Himno Nacional y, como de
costumbre, La Marsellesa. Durante mucho tiempo los
peronistas bromearon acerca de que la zona quedó
cubierta de 'restos de caviar, pavo y botellas de
champagne'.

Esa noche, Perón es detenido y enviado a la isla
Martín García. Oficialmente se informa que la
finalidad es 'preservar su seguridad ante la
posibilidad de un atentado'. En la tarde del sábado
13, el diario Crítica anuncia la detención bajo un
rencoroso titular en el que ni siquiera lo nombra: 'Ya
no constituye un peligro para el país'. Unos días
antes, el 9 de octubre, un panfleto universitario
había cantado victoria: 'Rechazado por todas las
fuerzas sociales y políticas y por la prensa que él
amordazó, el coronel fascista ha debido resignar sus
cargos (...). Bajo la presión del pueblo, el fascismo
busca una válvula de escape y se desprende de uno de
sus hombres'.

Poco después trasciende que el ex vicepresidente ha
sido enviado prisionero a la isla Martín García.

Paralizad los talleres y los campos

El lunes 15 de octubre se generan las primeras
reacciones. Afiliados del Sindicato Autónomo de
Obreros de la Carne, conducido por Cipriano Reyes,
salen a las calles de Berisso y Ensenada pidiendo la
libertad del coronel.

Al norte del país, la Federación Obrera Tucumana de la
Industria Azucarera (FOTIA) declara una 'huelga
general revolucionaria en todos los ingenios'. El jefe
de la región militar de la zona, teniente coronel
Fernando Mera, se compromete a avanzar sobre la
Capital Federal junto con los obreros. No figuran
demasiados oficiales como Mera en la historia
argentina del siglo veinte.

En algunos barrios de la Capital Federal y el Gran
Buenos Aires aparecen volantes que reclaman por el ex
vicepresidente y ministro de trabajo. Uno de ellos
dice: 'La contrarrevolución mantiene preso al
liberador de los obreros argentinos, mientras dispone
la libertad de los agitadores vendidos al oro
extranjero. Libertad para Perón. Paralizad los
talleres y los campos'. Los panfletos llevan la firma
de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM).

En la madrugada del 17, los obreros que desde el día
anterior esperan una resolución de la Confederación
General del Trabajo, se lanzan a las calles mientras
sus dirigentes se meten en la cama. Los asalariados
pasan por encima de sus titubeantes líderes gremiales
e imponen de hecho una huelga general sin esperar la
fecha fijada por la adormilada conducción de la CGT.
La espontánea decisión se extiende como una reacción
en cadena a otros puntos de la ciudad, de las
provincias, del país. Los trabajadores carecen de un
programa político o de un plan de acción. Sólo
mencionan un nombre a gritos: Perón. Y concentran su
fuerza en un objetivo único: la libertad del coronel.

El día anterior un médico militar amigo del oficial
detenido le diagnostica una (falsa) pleuresía y logra
convencer al alto mando del ejército de regresarlo a
Buenos Aires para tratarle la 'afección'. A las 6:30
de la mañana del mismo 17, después de cuatro horas de
navegación, llega a la Capital Federal la lancha que
conduce al prisionero y su custodia. Lo llevan al
Hospital Militar Central y lo 'internan' en el quinto
piso.

Las 'patas' en la fuente

En las primeras horas de la mañana, los trabajadores
de las fábricas de Avellaneda, Lanús y Quilmes y de
los frigoríficos de Berisso y Ensenada comienzan a
formar grupos para marchar a pie hacia Buenos Aires.
Pocas horas después, desde La Plata salen camiones
repletos de gente con el mismo rumbo. Unos y otros
convergen a las nueve de la mañana en la entrada a la
Capital Federal, pero se encuentran con que el puente
Pueyrredón y otras vías de acceso sobre el Riachuelo
han sido levantados por orden de la policía y la
Prefectura Marítima para impedirles el paso. Los
agentes obligan a descender a los pasajeros que logran
pasar, los palpan de armas y les informan que deben
continuar a pie.

Al mismo tiempo, columnas de hombres y mujeres
provenientes de barrios populares atraviesan Buenos
Aires rumbo a la Plaza de Mayo. Vienen de La Boca,
Nueva Pompeya, Parque Patricios, La Paternal, Devoto,
Villa Urquiza, Lugano, Liniers, Flores. Confluyen con
gente humilde que llega de la Zona Oeste del Gran
Buenos Aires, Merlo, Moreno y Morón. Por diferentes
accesos, arriban trabajadores de Zárate y Campana.
Otros vienen de más lejos.

Como ríos, pequeños grupos se unen y se transforman en
compactos torrentes que marchan por Rivadavia, Avenida
de Mayo, Balcarce, Diagonal Norte. Frente a la Casa de
Gobierno, mientras tanto, la plaza se va llenando
lentamente. Algunos manifestantes comienzan a gritar:
'¡Aquí están, éstos son, los muchachos de Perón! '.
Otros, agotados por la larga caminata y el calor, se
quitan los zapatos y sumergen los doloridos pies en
las fuentes de agua.

El ensayista Arturo Jauretche, presidente de la Fuerza
de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA),
describe aquella jornada que le cambió el rostro a
Argentina: 'Fue un Fuenteovejuna: nadie y todos lo
hicieron. Se llenó la plaza, en una especie de fiesta,
de columnas que recorrían la ciudad sin romper una
vidriera y cuyo pecado más grande fue lavarse las
'patas' en las fuentes porque habían caminado quince,
veinte o treinta kilómetros'.

Las caras concretas de la Argentina invisible

Pocos días atrás, el diario La Época había titulado en
su primera plana: 'Desde La Quiaca hasta Tierra del
Fuego, desde el Atlántico hasta los Andes, se pide, se
clama y se exige la libertad del coronel Perón'.

Posteriormente, el escritor Leopoldo Marechal, autor
de 'Adán Buenosayres' y 'Megafón o la Guerra', relató
el impacto que le causó el 17 de octubre de 1945:

'El coronel Perón había sido traído ya desde Martín
García. De pronto, me llegó desde el oeste un rumor
como de multitudes que avanzaban gritando y cantando
por la calle Rivadavia: el rumor fue creciendo y
agigantándose, hasta que reconocí primero la música de
una canción popular, y enseguida su letra: Yo te daré
/ te daré patria hermosa / te daré una cosa / una cosa
que empieza con pe: / Peróoon. Y aquel Peróoon
resonaba periódicamente como un cañonazo.

'Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a
la multitud que avanzaba rumbo a la Plaza de Mayo. Vi,
reconocí y amé los miles de rostros que la integraban:
no había rencor en ellos, sino la alegría de salir a
la visibilidad en reclamo de su líder. Era la
Argentina invisible que algunos habían anunciado
literariamente, sin conocer ni amar sus millones de
caras concretas, y no bien las conocieron les dieron
la espalda. Desde aquellas horas me hice peronista.

'Decidí entonces, con mis hechos y palabras, declarar
públicamente mi adhesión al movimiento y respaldarla
con mi prestigio intelectual, que ya era mucho en el
país. Esto me valió el repudio de los intelectuales
que no lo hicieron y que declararon al fin mi
proscripción intelectual'.

A las 11:10 de la noche, después de varias idas y
venidas entre la Casa de Gobierno y el Hospital
Militar, Perón se hizo presente en un balcón de la
Casa Rosada. Aclamado, habló a sus seguidores cuando
faltaban diez minutos para la medianoche.

Darwin Passaponti: primera sangre derramada

Al finalizar ese día, el naciente peronismo tuvo un
mártir, el primero de una larga, casi interminable
lista.

A la una de la mañana, cuando terminó la concentración
en la Plaza de Mayo, un grupo de jóvenes manifestantes
marchó en dirección al edificio del diario Crítica, en
Avenida de Mayo 1333. El periódico dirigido por
Natalio Botana había asegurado esa tarde que Perón era
un 'mito fascista'. Además, había publicado en primera
plana una fotografía de cinco personas que cruzaban la
avenida 9 de Julio: 'Estas son las huestes del coronel
Perón', decía el grueso título. La foto, tomada en la
mañana temprano desde la terraza de un edificio de
varios pisos, intentaba transmitir la imagen de una
avenida vacía en la que apenas se veía un minúsculo
grupo de personas.

Los muchachos peronistas, exaltados, lanzaron piedras
y rompieron los vidrios de las ventanas. Desde la
terraza, los custodios de Botana dispararon sus
revólveres. Parapetados detrás de automóviles
estacionados y árboles, algunos militantes de la
Alianza Libertadora Nacionalista respondieron al
fuego. El tiroteo fue infernal y duró hasta las tres
de la mañana. Cuando todo terminó, quedaban 50 heridos
en la calle.

Uno de ellos había recibido un balazo en la cabeza y
murió poco después. Se llamaba Darwin Passaponti y
tenía 17 años. Había nacido el primero de noviembre de
1927 y le faltaban dos semanas para adquirir la
mayoría de edad. Estudiaba en el Colegio Normal
Mariano Acosta y militaba en la Alianza Libertadora
Nacionalista.

Al día siguiente, bajo el título 'Los grupos
peronianos cometieron sabotaje y desmanes', Crítica
presentó su versión de los hechos:

'El anunciado movimiento popular de los peronistas ha
fracasado estrepitosamente, en un ridículo de
extraordinarias proporciones. Las multitudinarias e
imponentes columnas que los adictos al ex
vicepresidente prometían reunir para dar la sensación
cabal de su poderío, se han trocado en grupos
dispersos que recorren las calles con paso cansino, en
medio de la indiferencia y el desprecio de la
población'.

El diario La Nación describió a 'grupos revoltosos' e
'individuos en completo estado de ebriedad'. Los
periódicos opositores no fueron los únicos asombrados
por la concentración del 17 de octubre. El stalinista
de derecha Rodolfo Ghioldi, dirigente del Partido
Comunista, declaró a principios de 1955: 'Lo que es de
lamentar en Argentina es que estas masas obreras que
se han incorporado a la vida gremial, hayan roto su
virginidad política bajo la advocación del señor
Perón'.

Realizaciones sociales y errores políticos

En 1945 había surgido en el país del trigo y las vacas
un movimiento histórico que se extendería -con marchas
y contramarchas, y pese a todos los esfuerzos por
erradicarlo- hasta comienzos del siglo veintiuno.
Durante largos años, en el peronismo figurarán
bandidos, malandrines y estafadores junto con hombres
lúcidos y patriotas. El movimiento tendrá sus
partidarios y sus detractores: unos, harán hincapié en
sus realizaciones sociales; otros pondrán énfasis en
sus errores políticos. Por décadas, los habitantes del
país no podrán mantenerse al margen o ser
indiferentes. La simpatía o el rechazo se transmitirán
de generación en generación.

Un historiador que no es peronista, Pedro Santos
Martínez, escribió en '1946-1955 - La Nueva
Argentina':

'Hace treinta años que la actualidad argentina está
empapada de Perón. Cuando los grandes problemas
argentinos que nos afectan son analizados, siempre se
encuentra presente el peronismo. Ya sea para
reconocerle su contribución o para lamentar el camino
por donde orientó al país. Esta realidad peronista
estimula o irrita. Es un ente político cuya vigencia
en la historia nacional de nuestro tiempo está cargada
de genialidades y mezquindades. Es grandiosa y mísera
a la vez. Es lugar de referencia, de contraposición y
de litigio. De ahí que nadie puede permanecer
indiferente cuando se trae a colación.

'Los opositores no fueron más felices. Sus
aportaciones, excesivamente detractoras, solían
presentar al período como un tránsito por el infierno.
Muchos de ellos vivían un país que no era el que
tenían ante sus ojos. A la espera de que Perón cayera
del gobierno desde el día siguiente que lo asumió,
todo cuanto él hacía era -en opinión de estos augures-
provisional y demagógico. Así transcurrieron los años
y no supieron ver los logros alcanzados por el país.
Cuando volvieron, después de haber sido derrocado
Perón, un buen núcleo creía que la historia se había
detenido en 1943.

'El gobierno de Perón integra ontológicamente la vida
argentina contemporánea. Se nos ha dado como una
herencia, apetecida o no, pero real y que, en forma
esencial, se halla inserta en la vida contemporánea.
Sus logros han pasado a ser los de todos los
argentinos del presente. Sus fracasos también, y han
de servir como experiencia. En definitiva, pertenece
al acervo histórico de la Argentina y debemos tener
una actitud patriótica para entenderlo de este modo'.

En 1969, a más de dos décadas de aquella jornada, el
historiador Félix Luna publicó su libro 'El 45'. Su
impresión de ese año también tiene un gran valor
porque, a pesar de no ser simpatizante peronista, se
esforzó por comprender el significado de ese día y
llegó a afirmar: 'No hay nada en nuestra historia que
se parezca a lo del 17 de Octubre'.

Trasladado al Departamento de Estado, Braden continuó
desde Washington su campaña a favor de la Unión
Democrática. En diciembre de 1945, poco antes de que
finalizara la campaña electoral, divulgó un insidioso
'Libro Azul' que acusaba a Perón de mantener
vinculaciones con nazis fugados de Europa. Lo único
que logró fue una reacción nacionalista que dirigió su
preferencia hacia el naciente peronismo, con la
consigna 'Braden o Perón'. En las elecciones de
febrero de 1946, el astuto coronel alcanzó más del 51
por ciento de los votos mientras que la Unión
Democrática no llegó al 42 por ciento.



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Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de
Buenos Aires, 1822
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