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Editorial de Granma



EDITORIAL

Se inició la guerra

Ayer, a las 9:00 p.m., hora de Afganistán, se inició la guerra. Más que la
guerra, el ataque militar contra Afganistán. La palabra guerra sugiere una
contienda entre partes más o menos iguales, en que la más débil posea al
menos un mínimo de recursos técnicos, financieros y económicos con que
defenderse. En este caso, una de las partes no posee absolutamente nada.
Llamémosla, sin embargo, guerra. Así la calificó quien ordenó las
operaciones militares.

Un tipo de guerra verdaderamente sui géneris. Un país entero es convertido
en campo de prueba de las más modernas armas que se hayan inventado nunca.
Los especialistas y expertos que en los centros de investigación y talleres
militares invirtieron decenas de miles de millones de dólares para crear
instrumentos de muerte, seguirán cada detalle del comportamiento de sus
siniestras criaturas.

Sean cuales fueren los pretextos, es una guerra de la tecnología más
sofisticada contra los que no saben leer ni escribir; de 20 millones de
millones de dólares de Producto Interno Bruto cada año contra un país que
produce aproximadamente mil veces menos, que se transformará, por razones
económicas, culturales y religiosas, en una guerra de los antiguos
colonizadores contra los antiguos colonizados, de los más desarrollados
contra los menos desarrollados; de los más ricos contra los más pobres; de
los que se autotitulan civilizados contra los que ellos consideran atrasados
y bárbaros.

No es una guerra contra el terrorismo, que debía y podía ser derrotado por
otros medios verdaderamente eficaces, rápidos y duraderos, que estaban a
nuestro alcance; es una guerra a favor del terrorismo, cuyas operaciones
militares lo harán mucho más complicado y difícil de erradicar. Un remedio
peor que la enfermedad.

Ahora lloverán noticias sobre bombas, misiles, ataques aéreos, avance de
blindados con tropas de etnias aliadas a los invasores, desembarcos aéreos o
avances por tierra de fuerzas elites de los países atacantes; ciudades
tomadas, incluida la capital, en tiempo más o menos breve; imágenes por
televisión de cuanto permita la censura o escape de la misma. Los combates
serán contra los naturales del país y no contra los terroristas. No hay
batallones ni ejércitos de terroristas. Este constituye un método tenebroso,
un concepto siniestro de lucha, un fantasma.

Los hechos mencionados irán acompañados de triunfalismo, exaltaciones
chovinistas, jactancias, alardes y otras expresiones de arrogancia y de
espíritu de superioridad cultural y racial.

Después vendrá la gran incógnita: ¿cesará la resistencia, desaparecerán
todas las contradicciones o comenzará la verdadera guerra, aquella que fue
definida como larga e interminable? Estamos seguros de que esa es la mayor
interrogante que llevan dentro los que hoy se ufanan de haberse lanzado a
esa guerra aventurera.

Millones de refugiados se esparcen ya por todas partes y las dificultades
mayores están por presentarse. Esperemos los acontecimientos.

Nuestro pueblo será informado con la máxima objetividad de cada hecho que
vaya sucediendo, con mayor o menor espacio en la prensa, la radio y la
televisión, de acuerdo con su importancia, sin alterar el ritmo de nuestras
actividades y programas normales de información y recreación, ni mucho menos
descuidar los enormes esfuerzos de desarrollo social y cultural que llevamos
adelante, ni la atención cuidadosa y estricta de todas las actividades
productivas y los servicios, lo que hoy es más importante que nunca, dadas
las afectaciones que los acontecimientos que se desarrollan pueden ocasionar
a la ya deteriorada economía mundial, de cuyos efectos no podría escapar
ningún país, aunque no hay otro más preparado, organizado y consciente que
el nuestro para enfrentarse a cualquier dificultad que sobrevenga. Tampoco
dejaremos de prestar nuestra atención a la defensa, como nunca hemos dejado
de hacerlo.

De nuevo veremos en el mundo vacilaciones y pánico. Después, a medida que se
vayan presentando los problemas previsibles, vendrán la toma de conciencia y
el rechazo universal a la guerra que acaba de iniciarse. Hasta los propios
ciudadanos norteamericanos, hoy impactados por la horrible tragedia, más
tarde o más temprano lo comprenderán.

Aun cuando la oposición y condena al terrorismo y a la guerra, que ha sido
la esencia de nuestra posición -hoy compartida por muchas personas en el
mundo-, ha sufrido el esperado golpe del inicio de las operaciones
militares, persistiremos luchando con todas nuestras fuerzas por la única
solución posible: el cese de las operaciones militares y la erradicación del
terrorismo mediante la cooperación y el apoyo de todos los países, el
repudio y la condena unánimes de la opinión pública internacional, bajo la
dirección de la Organización de Naciones Unidas.





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