Marxism
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(Spa) Argentina: blocking roads the way to struggle against deprivation?
This is an article that was to be published in _Página 12_, the "red-
progressive" paper of Buenos Aires, and it certainly caters to its intended
"enlightened" middle class readers.
The first, descriptive, part, is almost perfect. The author, Jorge Beinstein,
is a very clever economist who can describe, as if writing the script for a
_grand guignol_, the horrible features of the capitalism that is to be imposed
on Argentina now, and our history of the last 45 years of capitalist decadence
and popular resistence.
But the second, prescriptive part, is the kernel of the article, and from the
point of view of the system ("Página12" is owned by the same economic group as
"Clarín", providing "left wing" coverage to their basically capitalist goals)
it is perfect. We are living through a massive attack on politics and
politicians, something I have already commented on a recent post. Beinstein,
who always knew the direction of the wind, has offered a "leftist" version of
this attack. This is not unrelated, probably, with the sectarianism of his new
boss, which is not the "Clarín" group but (yes, I know this will sound ugly,
but truth is truth) the Hebe de Bonafini fraction of the "Mothers of Plaza de
Mayo" (Beinstein is currently living off his classes at the quite liberally -
for Argentinean standards- funded "University of the Mothers").
The final part of the article, with its dismissal of the "traditional" forms of
Argentinean politics (parties, unions) as opposed to the "new" forms (road
blocks) is very clear in this sense. The author, in fact, traces back the
tradition of the "true" subject of social revolution in Argentina and finds the
lineage of the "piqueteros" in the "lucha armada" (armed struggle) groups of
the 70s. This move, which abolished politics for the gunsmoke, was a correct
approach, and failed only because it did not have enough "capacidad de
convocatoria ... estructuración ideológica y organizativa" (that is, "mass
calling... ideological and organizative structure"). The "piqueteros", then,
are the current version of the "lucha armada" groups of the 70s, only that they
have "mass calling". It is almost outrageous to read this, at the very moment
when the attempt to substitute "piquetes" for the "normal" forms of struggle
such as strikes, mobilizations, political organization, and so on, has been
proved by concrete reality to end in a dead alley.
Beinstein is well over his 50s now, this is not just a matter of juvenile
enthusiasm. He is simply a renegade, an intelligent one and worthy of our
interest, but a renegade. Just another little "reddish" wheel in the system.
Even from this point of view, those interested in Argentinean politics may find
what follows quite interesting.
A pity, because the article is very good in depicting the future ahead (as dark
as one can imagine),
------- Forwarded message follows -------
From: "Bibiana Apolonia" <bibiapo@xxxxxxxxxxxxxxx>
To: <Undisclosed-Recipient:@ender.capfed1.sinectis.com.ar;>
Subject: Jorge Beinstein. (articulo a publicarse el proximo 25
en Pag. 12)
Date sent: Wed, 22 Aug 2001 19:35:30 -0300
ARGENTINA: LA REVOLUCIÓN AUSENTE
Reproducción conservadora, decadencia y ruptura
Jorge Beinstein
Sumergida en una ciénaga que la va tragando, la sociedad argentina experimenta
un salto cualitativo siniestro, luego de tres largos años de recesión y en
virtual cesación de pagos externos ha comenzado a transitar una depresión
alentada por su propio gobierno que radicaliza la estrategia neoliberal. El
proceso de decadencia está ingresando en una nueva etapa, la de la instalación
del "sistema de penuria" cuyas componentes decisivas serán la baja intensidad
de las actividades económicas y la presencia abrumadora de masas marginales e
indigentes. El ajuste actual con el argumento de buscar el "déficit fiscal
cero" está logrando una descomunal contracción del consumo vía reducciones de
salarios públicos y jubilaciones (induciendo así a caídas importantes de los
salarios privados). Si continúa este proceso podrían llegar a producirse dos
hechos decisivos para la reproducción del sistema: primero el achicamiento de
manera durable de las importaciones obteniéndose un superávit del comercio
exterior y en consecuencia excedentes de divisas que "ayudarán" al Estado a
seguir pagando los intereses de la deuda1 asegurando al mismo tiempo las
remesas de beneficios empresarios al exterior y segundo, una baja significativa
de los salarios aumentando las tasas de beneficios de los grandes grupos
económicos (que compensarán así la contracción del mercado interno). En
síntesis, nos encontramos ante un gran saqueo de los ingresos y patrimonios de
la mayoría de la población en beneficio de las mafias financieras locales-
transnacionales. Ese fenómeno es el resultado, forma parte de la crisis general
del capitalismo argentino (convertido en un sistema de depredación insaciable)
que a su vez converge con la rápida desaceleración de la economía mundial
impulsada por los países centrales principalmente Estados Unidos.
¿Se aproxima la recesión global?
Los tres motores de la economía global, Japón, Alemania y EE.UU se desaceleran
al mismo tiempo, a diferentes ritmos pero interactuando negativamente,
potenciando mutuamente sus debilidades. En Estados Unidos la euforia bursátil y
consumista de los años 90 ha quedado bien atrás, caen los beneficios
industriales, aumenta la capacidad productiva ociosa y la descocupación, la
tasa de crecimiento del Producto Bruto Interno que superaba holgadamente el 3 %
anual en los últimos años será bien inferior al 2% en 2001 (algunos expertos
basándose en los malos resultados del primer semestre pronostican una tasa de
crecimiento anual del orden del 1 %)2. Al achicarse las importaciones
norteamericanas (que representan algo menos del 20 % de las importaciones
globales) se comprime el comercio internacional impactando a las otras naciones
desarrolladas3, Alemania ve caer su nivel de expansión (que rondará el 1 %
este año) y Japón espera tener crecimiento negativo (luego de mas de diez años
de estancamiento). El proceso de hipertrofia financiera de la década pasada que
los medios de comunicación presentaban como auge mundial de la economía de
mercado expresaba la profundización de su crisis y estuvo marcado por una
sucesión de turbulencias que anunciaban el desenlace actual (estallido de la
burbuja financiera japonesa a comienzos de los 90, crisis mexicana a fines de
1994, crisis asiática en 1997, derrumbe ruso en 1998, crisis brasileña a
comienzos de 1999). La rapiña financiera internacional alimentaba al gigante
norteamericano nutría sus euforias bursátiles que involucraban a mas del 50 %
de la población de ese país, posibilitaba el consumismo y el endeudamiento
individual incesante4, el equipamiento caótico de la industria, el
sostenimiento de un déficit comercial desmesurado. A su vez Japón y la Unión
Europea participaban del festín, jugaban a la alta especulación global, vendían
sus productos e invertían en el mercado norteamericano y en otros países
empujados por su dinámica parasitaria. Pero ahora la fiesta se está terminando,
la caida de la economía productiva arrastra a las redes financieras hacia
turbulencias de gran magnitud. Los países periféricos luego de haber soportado
numerosos embates especulativos que fragilizaron aun más sus economías sufren
el repliege de capitales hacia las naciones centrales lo que encarece los
préstamos que solicita, incrementa las sobretasas de interés usurarias que
tiene que pagar (el famoso "riesgo país"). Algunos estados subdesarrollados,
los más deteriorados desde el punto de vista financiero como Nigeria, Ecuador o
Argentina son especialmente afectados. Lo que algunos organismos
internacionales como el el FMI o el Banco Mundial anunciaban como el próximo
"aterrizaje suave" de la economía norteamericana se ha ido convirtiendo con el
correr del año 2001 en caída profunda, la probabilidad de que esta nueva
realidad precipite una recesión global es ahora muy alta. Es en este contexto
internacional de crisis ascendente que debemos insertar la realidad argentina.
Saqueo y recesión
Nuestro país expresa de manera exacerbada (periférica) la declinación global.
Su situación actual aparece como la culminación de la era neoliberal iniciada
por el gobierno de Menem y profundizada por De La Rua en la cual funcionó un
mecanismo de pillaje liderado por grupos financieros transnacionales (de los
que forma parte la lumpenburguesía local) y un reducido núcleo de empresas
extranjeras (servicios privatizados, petróleo, etc.) operando con altísimas
tasas de ganancias. Fueron saqueados patrimonios e ingresos públicos, recursos
naturales, estructuras productivas e ingresos privados. El remate a bajo precio
de empresas estatales de servicios fue sucedido por el cobro de tarifas muy
altas que absorbieron ingresos del conjunto de la economía, la transferencia de
aportes previsionales a los fondos privados de jubilaciones (las "AFJP") generó
un enorme déficit fiscal factor decisivo del endeudamiento externo, la apertura
importadora reforzada por la sobrevaluación creciente de la moneda local (meta
principal del "plan de convertibilidad") causaron la desaparición de áreas
importantes de la industria y el incremento de la desocupación lo que a su vez
facilitó la precarización laboral y el deterioro de los salarios. En un primer
período (1991-1994) el saqueo fue compensado con fondos provenientes de las
privatizaciones, ingresos de capitales especulativos y narcodólares, de ese
modo el Producto Bruto Interno creció aunque ampliando los desequilibrios, pero
desde mediados de los años 90 (cuando las desnacionalizaciones habían
concluido) la reproducción del proceso depredador pudo ser prolongada gracias
al crecimiento de la deuda externa que cubría el déficit fiscal y el desarrollo
de una amplia diversidad de negocios parasitarios. Hacia 1998 el ritmo de
expansión de la deuda empezaba a ser al mismo tiempo "insuficiente" (desde el
punto de vista de las necesidades del sistema) y "demasiado grande" (comparado
con la capacidad de pago del país), Argentina se endeudaba para poder pagar a
los acreedores externos, el círculo vicioso del endeudamiento infinito desató
la conocida loca carrera hacia la cesación de pagos (el "default"). Ello se
combinó con las turbulencias financieras globales iniciadas en Asia del este
(1997) y Rusia (1998) que marcaron el fin del derrame de fondos especulativos
(legales e ilegales) hacia la periferia. Empezó la recesión argentina porque el
saqueo de riquezas no encontraba contrapesos financieros suficientes, la
economía neoliberal ingresaba así en una depresión estructural acumulativa.
Desde una visión de largo plazo, abarcando el último cuarto de siglo podríamos
señalar tres grandes saltos cualitativos del capitalismo argentino, el primero
entre 1975 y 1976 (descomposición del gobierno peronista, implantación de la
dictadura) fue el inicio de una transformación durable marcada por la hegemonía
de grupos parasitarios, integrados a las redes financieras y mafiosas
internacionales que fue devorando el tejido productivo, el segundo entre 1989 y
1991 golpeó a una sociedad mucho más deteriorada e instauró el dominio total de
dichos grupos, el tercer salto se está realizando ahora y consiste en la
instalación de la "economía de penuria". Lo que se produjo en ese largo período
no fue una reconversión productiva al estilo de la emergencia del sistema
agroexportador de fines del siglo XIX y de la industrialización de los años 30
y 40 sino una degeneración parasitaria cuya trayectoria estuvo cubierta por
numerosas turbulencias y manotazos financieros, mezclados con efímeros períodos
relativamente calmos durante los cuales se acumulaban desequilibrios que
desataban nuevos desórdenes. La euforia menemista, entre 1991 y fines de 1994
fue el caldo de cultivo de la recesión de 1995 (acentuada por la crisis
mexicana), la seudoreactivación iniciada en 1996 aceleró el endeudamiento
externo y el saqueo interno, preparó la recesión inaugurada en 1998 que a su
vez derivó en el desastre actual. El momento presente aparece a la vez como la
nueva etapa de la decadencia pero también como el hundimiento en una forma de
barbarie radicalmente diferenciada de todo lo anterior, trágicamente novedosa.
La economía de penuria
Diversos rasgos definen ese futuro negro. En el plano económico la eternización
del ajuste significará colocar al Estado al servicio exclusivo del pago de los
intereses de la deuda cuyo peso abrumador impondrá una presión fiscal muy alta
y un bajo nivel en los otros gastos públicos como salarios y jubilaciones que
ahogarán todo renacimiento significativo del consumo ampliando la desocupación
y la precarización laboral. Por otra parte el mantenimiento de los
superbeneficios del sector financiero y las empresas privatizadas acorralará a
las empresas nacionales sobrevivientes (especialmente a las pymes) y colocará
una segunda lápida sobre la demanda de las clases medias y bajas. Por supuesto
el crédito internacional no podrá ser recompuesto de manera significativa
durante mucho tiempo, la insolvencia o débil capacidad de pago argentina durará
mientras exista la superdeuda y el sometimiento al pago irrestricto de sus
intereses.
Seremos una economía funcionando a baja intensidad de tipo colonial gobernada
por los usureros. Esto producirá un efecto devastador en el plano social, la
desocupación y subocupación crecerán en progresión geométrica lo que arrastrará
(ya lo está haciendo) a un amplio abanico de actividades informales cuyos
nuevos desocupados no figuran en las estadísticas oficiales, la extensión y
agravamiento de la pobreza y la marginalidad significará por ejemplo la
hipertrofia de la indigencia urbana, la desaparición en esos sectores de
servicios (salud, educación y otros) considerados hasta ahora conquistas
básicas de la civilización. Resulta difícil imaginar esa nueva Argentina
miserable que tendrá muy poco que ver con las descripciones conocidas de las
sociedades periféricas pobres del pasado consideradas "atrasadas", por el
contrario nos encontramos ante fenómenos de postmodernización decadente, que
empezaron a emerger en los años 90, los casos de la ex URSS y varios países de
Europa del Este nos pueden ser de utilidad en lo que concierne el proceso de
degradación social de poblaciones modernas, incluyendo fenómenos inéditos de
implosión cultural.
Estado, política y miseria
Debemos precisar un poco el tipo de mutación que esta sufriendo el estado
señalando que la dinámica "ajuste-crisis-ajuste" va eliminando sus estructuras
y funciones tradicionales heredadas de mas de un siglo de desarrollo
capitalista que cubrían aspectos tales como la educación y la salud públicas,
las grandes obras de infraestructura, la seguridad social, el empleo público
provincial, etc., altamente deterioradas durante los años 90 pero todavía
sobreviviendo (de manera agonizante). A la economía de penuria le
correspondería un estado pequeño y centralizado estructurado en torno de tres
orientaciones básicas: primero, la recaudación de impuestos y recuperación de
divisas destinados sostener los pagos de la deuda externa y el envío al
exterior de beneficios de los grupos conómicos dominantes. Segundo, la
represión de las protestas populares (articulando estructurales estatales y
"privadas" formales e informales) y tercero, la organización de sistemas de
contención social, de control de la pobreza, de sus expresiones hostiles al
sistema. Represión y contención son las dos caras de una misma moneda. La
miseria extrema de grandes sectores sociales es una componente fundamental del
sistema, para que este persista en el tiempo deberá protegerse de sus víctimas,
los millones de argentinos sumergidos, que tendrán que pelear contra sus
verdugos para sobrevivir. Domesticar, contener, controlar a los miserables, a
los marginados y superexplotados es hoy para el capitalismo argentino la
prioridad estratégica numero uno. Desde mediados de los años 90 en el Banco
Mundial, en el Departamento de Estado de los Estados Unidos y otras estructuras
imperiales se vienen gestando y promoviendo proyectos de contención social en
la periferia, especialmente en América Latina sobre la base de que las
transformaciones neoliberales de la economía hunden en la pobreza a
enormes masas sociales urbanas y rurales y que debe ser frenado su descontento.
El armado de "redes de contención social" a través de subsidios a los
indigentes es un objetivo clave del sistema regional de dominación
complementario de diversos instrumentos represivos ("Plan Colombia",
reconversión y creación de fuerzas represivas nacionales y regionales
especiales, etc.). El gobierno norteamericano, sus socios de la OTAN, la
Iglesia, etc., acompañados lógicamente por la alta burguesía local) promueven
en nuestro país esos operativos de institucionalización de la miseria. Reprimir
a los díscolos y al mismo tiempo integrar en la degradación a quienes,
conformándose con su situación, acepten la caridad de los ricos. La ministra de
trabajo, Patricia Bullrich, viene proponiendo la transformación de las
protestas piqueteras en "organizaciones solidarias" legales encargadas de
gestionar "planes trabajar" y distribuciones de bolsas de alimentos. Sueña con
la constitución por esa vía de una suerte de burocracia de la marginalidad,
obviamente corrupta, instrumento dócil de los políticos del régimen y los
organismos de seguridad. En el mismo sentido apuntan proyectos de aparente
"inspiración cristiana" de subsidios a los desocupados que buscan desviar las
luchas encauzándolas hacia ese objetivo único, exclusivo, obviando, dejando de
lado "por el momento" las exigencias de cambios profundos en la estructura
económica y social, es decir temas tales como la suspensión del pago de la
deuda externa, la renacionalización de las empresas privatizadas y la
seguridad social, etc. Oponer reclamos esenciales de sobrevivencia inmediata a
programas más amplios de cambio constituye un viejo truco conservador, una bien
conocida trampa destinada a bloquear, desviar y dividir a los de abajo.
Obviamente este andamiaje de contención-represión es antagónico con la vigencia
amplia de las libertades democráticas, su complemento político no puede ser
otro que una forma de poder de tipo dictatorial, autoritario, mas allá de los
maquillajes circunstanciales (probablemente "civiles") que deba adoptar. La
prédica actual acerca del "costo de la política" impulsada por los medios de
comunicación locales, el Banco Mundial mas el propio gobierno y los partidos
políticos del régimen utilizando como justificación su propia corrupción apunta
en realidad a reducir o eliminar espacios de representación democrática
(nacionales, provinciales, municipales).
El futuro de la involución
Pero nada asegura la permanencia de este régimen. Un primer obstáculo será el
descontento popular que viene erosionando la legitimidad de las vallas de
contención sindicales y políticas tradicionales y desarrollando luchas desde
abajo, no institucionales, por ejemplo los cortes de rutas en crecimiento
exponencial. Un segundo obstáculo esta constituido por el contexto
internacional signado por la crisis con centro en los Estados Unidos y Japón
pero incluyendo también a la Unión Europea y afectando al conjunto de la
periferia, todo ello comprime el comercio internacional, castigando
especialmente los precios de los productos vendidos por los países
subdesarrollados, caotiza los flujos financieros, encarece los préstamos
demandados por las regiones pobres, hace subir las sobretasas usurarias
("riesgo país") a que se ven sometidas. En América Latina esto se expresa a
través de la desestabilización de los regímenes neoliberales. Un tercer factor
a considerar es el carácter inestable del capitalismo argentino dominado por
una lógica de depredación insaciable, donde el achicamiento de la economía
nacional debería incentivar la voracidad relativa de la mafia financiera, las
contradicciones entre intereses en su interior, la descomposición de sus elites
políticas, el desmantelamiento de los estados provinciales y del aparato
estatal nacional. Cada una de esas dificultades para la consolidación del
sistema encontrarán formas, tentativas mas o menos eficaces de corrección. La
reproducción de ensayos de contención popular a través del asistencialismo, de
demagogias políticas centristas, semiprogresistas, populistas conservadoras u
otras combinada con represiones selectivas es previsible. Los Estados Unidos
intentan compensar el descontrol en la región con nuevos esquemas de
dominación, combinando ofensivas económicas (como el ALCA o
las dolarizaciones) y militares (el Plan Colombia) con estrategias de
reconversión de estructuras represivas locales. En fin, el desorden del régimen
argentino, de su sistema de poder siempre puede generar convocatorias al cese o
reducción de las rencillas internas, a la "unidad nacional" ante eventuales
peligros de desborde de las masas sumergidas. No es seguro el derrumbe del
sistema, tampoco lo es su permanencia a mediano o largo plazo, nos encontramos
ante un final no definido de antemano donde la lucha de clases, la
confrontación entre los de arriba y los de abajo, entre la reproducción
ampliada de la decadencia y la rebelión de las víctimas tendrá la última
palabra.
Contrarrevoluciones
Todo lo expuesto sugiere una visión del pasado mas extendida cubriendo unas
cinco décadas de la historia argentina, desde mediados de los años cincuenta.
Durante ese largo período se produjeron dos contrarrevoluciones (la primera en
1955 y la segunda en 1976) que consolidaron, aseguraron el proceso de
declinación de muestro capitalismo subdesarrollado, cuya última prosperidad,
industrial (años 40 y 50) había encontrado serios límites locales e
internacionales que agotaron su empuje inicial.
El golpe militar de 1955 expresó un cambio decisivo en las relaciones de poder
favorable a los Estados Unidos y a una conjunción de fuerzas burguesas internas
y externas que a partir de ese momento desarrollaron un prolongado esfuerzo de
penetración imperialista (financiera, industrial, etc.) y desarticulación de
estructuras económicas proteccionistas, de distribución de ingresos hacia las
clases bajas, educativas, sanitarias, etc., que fue degradando el mercado
interno, el tejido industrial, el sistema de transportes, las empresas públicas
de servicios. Esa dictadura militar inició un complejo camino de dominación,
zigzageante, con marchas y contramarchas, empates provisorios, con golpes de
estado y gobiernos civiles nacidos de la proscripción electoral del peronismo,
modernizaciones culturales (impactando a un amplio abanico de sectores sociales
pero principalmente a las capas medias) paralelas a la acentuación del
subdesarrollo económico y la polarización social. Pero ese país entre estancado
y declinante engendró fuerzas de resistencia y ruptura, tentativas de
superación del sistema cuya expresión mas alta fue la insurgencia
revolucionaria de los años 60 y 70 con centro en un sujeto histórico
inesperado, la juventud radicalizada de las capas medias encabezando en la
culminación de su lucha a grandes sectores populares. Sin embargo esa embestida
fue insuficiente tanto desde el punto de vista de su capacidad de convocatoria,
como de su estructuración ideológica y organizativa.
Un capitalismo sin destino positivo pudo bloquear y luego arrasar a esa
rebelión, las Fuerzas Armadas fueron el ejecutor sanguinario de la
contrarrevolución que desde 1976 acompañó al genocidio con cambios económicos y
sociales que forjaron, instalaron un nuevo sistema de dominación de tipo
parasitario. 1955 y 1976 marcaron dos momentos decisivos de nuestra historia,
dos enviones hacia abajo, hacia el desastre de una sociedad periférica cuyas
posibilidades de renovación capitalista eran muy débiles, casi inexistentes,
pero que sin embargo no pudo generar cambios (sujetos) revolucionarios que
saltaran por encima de sus bloqueos burgueses. En el año 2001 nos encontramos
en los inicios de una tercera contrarrevolución, las mas profunda y retrógrada
de todas. La trampa conservadora está nuevamente montada, aunque nunca como
ahora el grado de integración (económica, política, ideológica, institucional)
de la mayoría de la población al sistema ha sido tan floja, tan carente de
ilusiones. Ello reduce su capacidad operativa a mediano y largo plazo, plantea
la posibilidad concreta de la emergencia de una insurgencia popular nueva,
heredera de las anteriores pero cargada de una enorme densidad social, de un
potencial de ruptura jamás antes visto en Argentina.
Reproducción conservadora, ruptura, crisis
La persistencia del país burgués (incluidas sus contrarrevoluciones, reformas
fracasadas y estafas electorales) ha requerido la presencia dominante de
mecanismos ideológicos e institucionales destinados a evitar, controlar y
eventualmente aislar desbordes y radicalizaciones que podrían poner en peligro
su existencia. La sociedad argentina de hoy aparece polarizada entre una
abrumadora mayoría de pobres, marginales e indigentes, de trabajadores,
profesionales y pequeños empresarios precarios a la que se opone una mafia
depredadora rodeada por un pequeño porcentaje privilegiado de la población. Sin
embargo este corte visible y la inestable serie de eslabones sociales
intermedios se encuentran atravesados por una trama cultural conservadora, red
de seguridad esencial del sistema, envoltorio difícil de quebrar que bloquea
las salidas, alimentando al (y nutriéndose del) proceso de decadencia,
atrapando a una amplia variedad de dirigentes y estructuras políticas,
sindicales y sociales cuyo rasgo común es la no-transgresión de los límites del
sistema, el convencimiento irracional de que el Poder es inexpugnable,
todopoderoso. Al interior de ese clima ideológico degradado la ?revolución?
(concreta, practicable) aparece como una idea descabellada precisamente en el
momento histórico en que la vía revolucionaria, de ruptura radical contra el
régimen declinante es el único camino realista, posible de superación positiva
de la crisis. Dentro de ese pantano tienen un lugar destacado el
centroizquierda político en su eterna búsqueda de un capitalismo con rostro
humano (recordemos al casi olvidado alfonsinismo-progre de los 80 o al Frepaso
de los 90) y el oportunismo sindical, desde las andanzas de Ubaldini en los 80
hasta el doble juego (ahora al descubierto, desacreditado) de la CGT "rebelde"
y de la CTA que se esmera actualmente en imponerle un perfil "light" a la
movilización piquetera reduciéndola así a la impotencia. Pero también debemos
incluir a las izquierdas enanas, sin vocación de poder, vegetando embrolladas
en sus galimatías sectarios. Todo ello forma parte de un mundo en decadencia,
que refuerza, remacha con su miseria moral la miseria material de los
sumergidos sociales.
Temeroso de la rebeldía de los oprimidos, el sistema en crisis extrema sus
dispositivos de control y bloqueo, anula o minimiza de manera virtual,
comunicacional la protesta que emerge desde el subsuelo pero al hacerlo
degrada, desprestigia a sus intermediarios, tapona las vías de escape,
contribuye sin quererlo a la sobreacumulación de presión contestataria, de
bronca popular. En realidad hace lo único que puede, la lógica de la crisis
sobredetermina su comportamiento. Esa dinámica perversa se apoya en la ausencia
de la revolución como proyecto y como bandera de lucha, antagónica a la
degradación general, que solo puede estructurarse, extenderse, consolidarse
desde abajo si su enemigo capitalista retrocede, se desordena, se
desestructura. El oprimido empieza a existir como ser humano, a conquistar su
dignidad solo cuando el opresor empieza a morir.
------- End of forwarded message -------
Néstor Miguel Gorojovsky
gorojovsky@xxxxxxxxxxxx
- Thread context:
- The end is nigh,
Grinker Mon 27 Aug 2001, 06:35 GMT
- COSATU strike support,
Charles Brown Sun 26 Aug 2001, 16:33 GMT
- (Spa) Argentina: blocking roads the way to struggle against deprivation?,
Gorojovsky Sun 26 Aug 2001, 14:23 GMT
- (Spa) Argentina: 23 billion a year for the foreign banks,
Gorojovsky Sun 26 Aug 2001, 14:23 GMT
- Soviet ships in the Indian Navy,
Ulhas Joglekar Sun 26 Aug 2001, 11:59 GMT
- Re: SWP antiwar leaders reflect [was "Intervention"] -- Part III,
Richard Fidler Sun 26 Aug 2001, 10:36 GMT
- Re: SWP antiwar leaders reflect [was "Intervention"] -- Part II,
Richard Fidler Sun 26 Aug 2001, 10:30 GMT
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