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Frente Zapatista de Liberacion Nacional - Their Take on the Elections






México, DF a 6 de julio del 2000.

2000 (10 TESIS SOBRE LA DERROTA DEL PRI)

Sergio Rodríguez Lascano

?Como alguien que ha vivido en este siglo, ?nuestra patria en el tiempo?,

no alcanzo a ver ahora las razones valederas de la tristeza, la
desolación
y el desconcierto que gana a tantos socialistas. ¿Es que se han olvidado
de
cuanto quedó ya a nuestras espaldas?? (Adolfo Gilly: 1989)

1.- El 2 de julio del 2000, el régimen político priísta fue finalmente
derrotado en las urnas. No hay nada que añorar. La represión contra los
mineros de Nueva Rosita, contra los ferrocarrileros, maestros y médicos,
la
masacre de Tlatelolco, la represión sangrienta de San Cosme, los más de
500
detenidos-desaparecidos, las masacres de Acteal y Aguas Blancas, el
sometimiento de la sociedad por medio del corporativismo, el
clientelismo,
el caciquismo, la existencia de un partido único que impidió por décadas
el
?libre juego de los partidos? y la existencia de la democracia
representativa, la corrupción que hizo del gobierno una fuente de la
acumulación de capital. La impunidad en el ejercicio del poder que
permitió
la oligarquización de la justicia, el desprecio ante todo tipo de
manifestación ciudadana autónoma buscando siempre criminalizar a las
organizaciones sociales y sus representantes. La destrucción de aspectos
centrales del tejido social y nacional, los 66 millones de pobres. Todo
esto son los saldos del priísmo. El paisaje a las 11.30 de la noche del 2

de julio en la explanada del edificio central del PRI era de desolación,
me
imagino que el sentimiento que existía en las oficinas de ese horrible
edificio no era muy diferente que el que se sentía en la Stasi, en
Alemania
Oriental.

2.- El régimen priísta estaba condenado a muerte desde hace ya varios
años.
La reestructuración productiva desde arriba, iniciada en 1982, significó
no
solamente una fragmentación de las relaciones laborales, tanto en el
terreno urbano como rural, lo cual permitió la fragmentación de todos los

pactos sociales y en especial el gran pacto social emanado de la
Revolución
mexicana, sino el principio del fin de los cuatro pilares esenciales del
régimen político priísta: la hegemonía ideológica que permitía justificar

que mientras otros países requerían de una revolución, en México, ésta ya

se había realizado y se había convertido en una institución promotora del

desarrollo social (la llamada ?ideología de la revolución mexicana); la
hegemonía política basada en la incorporación de la sociedad al Estado o
para ser más precisos la nulificación de la sociedad y de sus clases y
sectores como sujetos autónomos; El carácter regulador que tenía con
relación a las clases sociales, en especial en el terreno jurídico, donde

buscaba aparecer como un árbitro independiente entre los diversos
intereses
sociales y económicos; la existencia de un partido político que era el
único mecanismo de organicidad de la sociedad, en tanto se impidió
concientemente la unidad entre trabajadores y campesinos y la unidad
misma
de la clase obrera mexicana.

Una vez más las modificaciones en las relaciones de producción (la forma
de
apropiación de los medios de producción) trajo como consecuencia el
arrasamiento de todo lo que se le pone enfrente, incluido las relaciones
políticas y sociales que aparecían a los ojos de muchos analistas como
totalmente sólidas. El PRI se convirtió en un cadáver que se paseaba ante

los ojos incrédulos de una buena parte de los mexicanos, conforme se
alargaba el tiempo para darle una santa sepultura, la crisis del régimen,

que algunos ilusos confundieron con ?transición a la democracia?, iba
obtenieniendo un carácter mórbido.

3.- Sin embargo sería totalmente mecánico pensar que únicamente la
reestructuración productiva provocó la crisis mortecina del régimen
priísta. La crisis del régimen político mexicano ha sido un proceso largo
y
contradictorio, lleno de claroscuros, marcado por el impulso de la
sociedad
civil mexicana por construir un México más democrático, libre y justo.
1968
fue, sin duda, el año del arranque en este largo y sinuosos camino hacia
el
fin del régimen priísta; un sector muy moderno, producto del desarrollo
estabilizador, los ?privilegiados? de la construcción del México
posrevolucionario nos rebelamos contra el sistema político mexicano,
contra
la antidemocracia realmente existente, como parte de una rebelión mundial

contra el mundo cerrado, jerárquico y burocrático al que habían llegado
los
diversos regímenes políticos que actuaban bajo diversas coartadas
ideológicas, llámese ?comunismo?, ?estado benefactor? o ?estado
populista?.
Veinte años después, el Ingeniero Cuahtémoc Cárdenas, encabezó una lucha
por la democracia que rompió el poder omnímodo del PRI, esta lucha
significó dos cosas fundamentales: el partido en el poder entró en una
crisis mortal, producto de la toma de conciencia de una parte de sus
militantes del significado profundo del abandonó definitivo del ?régimen
de
la revolución mexicana? de las grandes tareas nacionales: defensa de la
soberanía nacional, defensa de la soberanía estatal frente a los grupos
de
poder económico y la protección de la parte de la población más
desprotegida; paralelamente la izquierda mexicana, siempre marginal, pasó
a
ser una fuerza significativa en el terreno institucional y electoral.
Como
1988 no culminó con una derrota del PRI, -en uno de esos hechos que
quedarán registrados como encrucijadas históricas no resueltas. Cada vez
que escucho a la gente de Nexos y Vuelta alabar a Cárdenas por su
actuación
en 1988 inevitablemente me surgen sospechas sobre lo correcto de esa
decisión. El salinato significó una aceleración del proceso de
desarticulación de las relaciones comunitarias y de la economía moral
(retomando la categoría de Thompson) de la población, al mismo tiempo que

la reubicación de México en el contexto de la globalización económica, el

Tratado de Libre Comercio cambió definitivamente a este país. 1994
representó la rebelión que vino de los que fueron ubicados más abajo que
abajo, los que viven en el sótano del país. La respuesta de la sociedad
cambió de una manera definitiva la relación de ésta con el poder, los
partidos y de la sociedad consigo mismo (una vez más entendiendo esto
como
un proceso contradictorio). Incluso en el terreno institucional, las
reformas al Código Federal Electoral, la ciudadanización del Instituto
Federal Electoral, son hijas, quien lo diría, de la rebelión zapatista.
Por
lo tanto, el inicio de la crisis del régimen, su desarrollo y su
maduración
fueron actos sociales y ciudadano siempre vinculados a un pensamiento y a

una práctica de izquierda. Y sin embargo, no fue ésta quien capitalizó y
encontró una solución a la crisis del régimen político mexicano.

4.- En la presente campaña electoral vimos como el fenómeno Fox se
desarrolló como una bola de nieve. Originalmente, la candidatura de Fox
fue
diseñada y lanzada hacia los medios de comunicación, como el instrumento
para frenar el crecimiento que había alcanzado Cuauhtémoc Cárdenas,
inmediatamente después de haber logrado el triunfo arrasador en 1997. Por

eso el gobierno zedillista publicitó la decisión del gobernador de
Guanajuato de lanzarse ?a la grande?, un día después de que Cárdenas
había
ganado tan aplastantemente la jefatura de gobierno del DF. En el inicio a

todo mundo le pareció un buen chiste, pronto se vería la equivocación que

significó este menosprecio.

Hace algunos meses, la revista Proceso publicó un documento interno del
equipo más cerrado de Fox, ?Proyecto millenium?, según este documento la
estrategia estaría basada en lo siguiente: "seguir retando al sistema,
arrebatarle banderas sociales a la izquierda, aclarar que nunca se "iría
por la libre" si el PAN no lo postulaba, explotar la atracción femenina
que
despierta en las mujeres y mantener la discreción de su vida íntima".
Independientemente de que Fox desmintió la existencia de ese documento,
nadie puede negar que efectivamente éstos han sido sus puntos fuertes de
campaña. En especial las dos primeras fueron un éxito. Las ideas de
cambio
y de oposición al PRI se ubicaron en la candidatura de Fox, queda a un
lado
la tremenda ineficacia de los perredistas para contrarrestar este
fenómeno,
en aras de no aparecer como el partido de la violencia, de la negación y
la
crítica dejaron libre un espacio, el que habían conquistado desde 1988,
con
el cual ganaron en 1997, el de representar la esperanza ciudadana de
cambio, el de ser el factor institucional para acabar con el régimen
político mexicano.

La campaña de Fox fue la más agresiva contra el PRI, los promocionales
que
aparecieron en la televisión estaban en conexión directa con lo que la
gente pensaba del PRI. Las referencias a Acteal, la corrupción, el crimen

organizado, se expresaban día a día en la televisión con la idea de que
todo esto cambiaría sacando al PRI de los Pinos y logrando el cambio. En
Fox encarnó la esperanza de acabar con el régimen del PRI, de la misma
manera que esto había sucedido con Cárdenas en 1988. Este tipo de campaña

evidenció la falsedad de que la ciudadanía lo que quería era una campaña
propositiva y civilizada, la gente quería humillar al PRI y Fox entendió
eso. Mientras él se burlaba y caracterizaba a los prototipos priístas en
sus promocionales, el PRD o no sé quien, sacaba a Cárdenas todo el tiempo

en mítines repitiendo hasta la nausea: ?vamos por México?, lo cual se
prestaba a más de una interpretación. Sin embargo, el otro punto que
estuvo
oculto, pero que también se aplicó en forma clara fue explotar sus
distancias con relación a ?su? partido.

En síntesis, podríamos señalar que en la campaña de Fox se expresaron
tres
líneas de fuerza: Despojar a Cárdenas del monopolio de la imagen del
cambio; Atacar al PRI con todo y subordinar al PAN a su lógica. A la luz
de
lo que sucedió es necesario señalar que logró sus objetivos con creces.
La
campaña de Fox no fue dirigida por la cúpula panista sino por un grupo
heterogéneo, una especie de ?Estado Mayor? que prefiguró esta campaña
como
una guerra con tres frentes: el debilitamiento de Cárdenas, el ataque al
PRI y la ?sana distancia? con el PAN. Este ?Estado Mayor? está a punto de

dar un nuevo golpe: marginar al PAN en la conformación del nuevo
gobierno.

El proyecto de Fox y su ?estado mayor? busca ser de gran aliento, pasa
por
arriba de los partidos y de los viejos grupos políticos existentes. No es

como dicen algunos superfluos analistas apoyadores de Cárdenas, un paso
hacia el siglo XIX, tampoco se trata del renacimiento de Hitler o
Mussolini, tampoco es el regreso de los cristeros de los altos de
Jalisco,
de lo que se trata es de terminar la obra que inició Miguel de la Madrid
y
que fundamentalmente delineó Carlos Salinas de Gortari: la integración
subordinada de México a la globalización; el aniquilamiento de la
soberanía
estatal, su reconversión en un instrumento de regulación entre los
diversos
grupos del capital financiero, tanto nacional como internacional; la
continuidad en la fragmentación de los lazos comunitarios. El PRI era un
obstáculo para poder cumplir con mayor éxito esa tarea. Para esto era
indispensable crear la imagen de que la fase de ?transición a la
democracia? había terminado y que ahora se entraba a la ?normalidad
democrática?. De lo que se trata, ni más ni menos, es dotar de
legitimidad
democrática a este proyecto de depredación en contra de los pobres de
México. Que lo logren o no es otra cosa.

5.- Las campañas del PRD y de Cárdenas estuvieron marcadas por una serie
de
factores que la debilitaron. La visión más simple sería echarle la culpa
a
los medios de comunicación en tanto llevaron a cabo una ofensiva
generalizada en contra de Cárdenas, desde diciembre de 1997.
Indudablemente
esto sucedió pero era imposible esperar otra actitud, incluso en el caso
de
Televisa el trato no fue tan sucio como en años anteriores. El problema
fundamental es que el gobierno de Cárdenas en la Ciudad de México fue un
fracaso. No por que no hubiera podido cambiar la situación económica
angustiante en la que vive la mayoría de la población, eso no lo podía
hacer, sino por que no significó ningún cambio sustancial en lo que tiene

que ver en la relación entre gobernados y gobernantes. La forma en que se

gobernó no tuvo ninguna diferencia sustancial con las formas en las que
actúan los gobierno priístas o panistas. La gente siguió percibiendo al
gobierno como algo externo, ajeno. Lo peor fue la Ley de Participación
Ciudadana que quedará como la prueba más evidente del desprecio que se
tiene a la verdadera participación social. Por eso la elección de los
comités vecinales (verdadera fiesta de los grupos corporativos del PRD y
del PRI) fue un rotundo fracaso (por cierto que en este tipo de
elecciones
los ciudadanos vinculados al PAN tuvieron una votación ridícula, un año y

medio después arrasaron en la mayoría de los distritos).

A los ciudadanos se les dieron conciertos gratuitos en el zócalo y nada
más. La ?Ciudad para Todos? se convirtió en una ciudad en la que ?todos?
no
encontraron la forma para participar. Se perdió una oportunidad de
demostrar que se puede gobernar con otros medios y con otros mecanismos,
abriendo la posibilidad de que la gente no solamente opine (lo cual ya
sería muy importante) sino que tome en sus manos el control de los
aspectos
centrales de gobierno. Desde luego, así no se pudo enfrentar las
ofensivas
en los medios de comunicación ni tampoco las constantes ofensivas que
venían desde Zedillo. De esta manera, la gente era simple espectadora de
cómo el gobierno federal le regateaba el apoyo financiero al gobierno de
la
Ciudad sin involucrarse en lo más mínimo.

Atrás estaba la estrategia de ?nadar de muertito? o de que ?Cárdenas es
la
República? y que la República no se la pasa hablando todo el tiempo.
Cualquiera de las dos versiones fue veneno para lo que sería la
candidatura
a la presidencia del ingeniero. La cereza del pastel sucedió al momento
en
que Cárdenas dejó de ser Jefe de Gobierno para pasar a ser candidato a la

presidencia y se va a despedir del Zedillo. La imagen fue tremenda. ¿Qué
sentido tenía ir a los pinos a despedirse? Lo que la imagen reflejaba era

que se había gobernado sin grandes problemas y que se llegaba al final en

paz y tranquilidad. Fox renunció también y no se fue a despedir de
Zedillo.
Insisto, todo a pesar de que Fox, desde el punto de vista ideológico, es
una de las personas más próximas a Zedillo.

Luego vino la posición errática sobre la alianza con el PAN. No se puede
terminar la campaña y señalar que el proyecto de Fox y del PAN
representan
un peligro para la Patria y que con ellos corre peligro la existencia
misma
de la nación y olvidar que solamente unos meses antes había llegado a
acuerdos con ellos sobre la plataforma, la declaración de principios y
los
estatutos y sobre la metodología para resolver los puntos en conflicto.
Si
la alianza no se concretó fue por que no hubo acuerdo sobre el mecanismo
de
selección del candidato y nada más. Y finalmente, la candidatura de
Cárdenas nunca tomó la forma de representar una alternativa a la del PRI.

6.-Si las cosas no suceden por que tienen que suceder, entonces tenemos
que
buscar una explicación. Una muy sencilla es aquella que victimiza a las
víctimas. Ahora resulta que la sociedad es la que se derechizó o se
volvió
conservadora. El problema que tiene esta visión es que inmediatamente
enfrenta un problema de periodización. ¿Cuándo se inició este proceso?
¿1991? ¿1994? ¿1997? ¿1999?. Algunos dicen que es la herencia del
salinismo
y consecuencia de los cambios estructurales que ha sufrido el país. Pero
entonces, cómo explicar la insurrección zapatista y la respuesta
ciudadana
a la misma. O, cómo explicar el triunfo arrollador de Cárdenas en 1997 y
la
derrota del PRI al perder la mayoría parlamentaria en el mismo año.
Parecería que la sociedad se vuelve reaccionaria, de derecha o
conservadora
cuando no vota por Cárdenas y lleva a cabo ?insurrecciones ciudadanas?
cuando vota por él. El asunto creo que es más complejo.

La sociedad cuando se rebela contra el poder existente no lo hace con un
plan preconcebido. La parte de la sociedad que votó por Fox, por lo menos

la mayoría de ellos, no lo hicieron por estar de acuerdo con el proyecto
foxista sino por que entendieron a éste como la herramienta más útil para

derrotar al PRI. Esta no es la primera vez que esto sucede. Más aún, eso
es
lo que le da sentido a los proyectos partidarios o de los caudillos que
por
definición luchan por el poder.

En Rusia, Alemania o Checoslovaquia nos hubiera gustado que otras fuerzas

políticas fueran vistas como instrumentos para derrotar a los mandarines
?rojos? que le usurparon el poder al pueblo trabajador, pero no fue así.
El
que eso no haya sucedido no nos debe llevar a decir que esos pueblos se
habían derechizado o se habían vuelto conservadores, en primer lugar por
que ellos no tienen la culpa de que los proyectos ?buenos? no tengan
posibilidades o teniéndolas, como en el caso de México, las dilapiden tan

impunemente. La sociedad quería quitarse de encima al PRI, lo logró y por

eso existe esa alegría general. Entender ese sentimiento es clave para
poder establecer un diálogo con esos ciudadanos (por lo menos la mayoría
de
ellos) que no suspiran (es más ni siquiera saben quienes fueron) por
Miguel
Miramón, Tomás Mejía o Juan Nepomuceno Almonte sino que sacaron al PRI
para
poder avanzar en el terreno de la democracia ciudadana. Esto abre un
nuevo
terreno que va más all de lo que los aparatos partidarios o el propio Fox

desean, se cerró un capítulo negro de la historia del país. Frustrar el
proyecto de Fox, que como hemos señalado busca asegurar lo iniciado por
de
la Madrid y sobre todo por Salinas, depende de revisar los proyectos y
prácticas de la izquierda mexicana (del PRD y desde luego, más allá del
PRD). La otra alternativa es seguir actuando como los damnificados del
2000.

7.- Los masivos mítines con los que acabó la campaña de Cárdenas
volvieron
a crear una autointoxicación. Las centenas de miles de participantes
representan a esa parte de la sociedad mexicana que ha mantenido una
resistencia heroica a la ofensiva reestructuradora. El problema es que se

tratan de sectores viejos de la sociedad: electricistas, petroleros,
maestros, ejidatarios de algunos estados del país, etc. representan a los

sectores donde la ideología cardenista tiene un peso significativo. Sin
embargo, la campaña no tenía ninguna novedad frente al México que ya
cambió
y que se desarrolla en importantes partes del país. No existe un puente
que
una a los que han resistido los cambios que ha sufrido el país y aquellos

que ya viven bajo nuevas normas, reglas y cultura. No se trata de que
estos
últimos vivan alegremente los cambios que se han dado si no que no han
encontrado los caminos de la resistencia. Son anti-priístas, pero no se
identifican con un discurso viejo y desgastado. Un dato interesante sería

saber cómo votaron los trabajadores de las maquiladoras de la frontera
norte, yo creo que la mayoría votó por Fox.

Uno de los datos más significativos de la votación por Cárdenas es que la

mayoría son ciudadanos mayores de 35 años y la mayoría son hombres. La
inexistencia de puentes con la juventud se refleja en las movilizaciones,

de la misma manera que el cardenismo y el PRD son totalmente
insignificantes en los nuevos enclaves de explotación industrial. El
problema es que si no se encuentran esos puentes, los viejos sectores de
resistencia cada vez serán más reducidos y con menor peso social y
cultural
y los nuevos sectores víctimas del neoliberalismo podrán ser engañados
por
aventureros palurdos y demagógicos como Vicente Fox.

Desde luego, algunos de los viejos militantes de izquierda llegarán a la
conclusión que para renovar el discurso perredista será necesario asirse
de
la ideología socialdemócrata. Desgraciadamente, para ellos, ahí no se
encuentran las señas de identidad que permita ganar a esos nuevos
sectores,
en tanto lo único que se lograría con esto es crear las condiciones para
que avance la resignación sobre la inevitabilidad de la actual fase del
capitalismo.

8.- Y, sin embargo, no es posible desarrollar un proyecto de
reorganización
del pensamiento, la práctica y el programa de la resistencia que no parta

de la existencia de esos viejos sectores que se han opuesto a que los
lazos
de identidad comunitaria se rompan. De lo que se trataría sería de
iniciar
un proceso de replanteamiento de todos esos elementos para poder
encontrar
los nuevos caminos de la resistencia. Eso tiene que ver con el mismo
Cárdenas. Aquellos que ya lo quieren jubilar se equivocan. En él se
encarna
una parte significativa de la resistencia (más allá de las debilidades
propias y de su partido). Sin él y sin lo que él representa será
imposible,
por le menos a mediano plazo, la reconstrucción de la resistencia.

La otra gran vertiente de este proceso es el zapatismo (el EZLN). Por su
situación concreta de estar bajo el más impresionante cerco militar, el
zapatismo no pudo jugar un papel más activo en la presente coyuntura.
Ellos
lo explicaron diciendo una verdad (el tiempo electoral no es su tiempo),
pero indudablemente el contexto que se abrió en el país con el triunfo de

Fox acelera los tiempos. Lo que se está jugando no es la suerte de un
partido o de un caudillo sino la posibilidad que el proyecto neoliberal
capitalista (ese que Salinas decía que iba a tardar 25 años en su
consolidación), entra a una fase de legitimidad (es lo que la elección de

Fox significa para este modelo). Si esto no se combate con imaginación,
nos
despertaremos un día con el hecho de que vivimos en un país diferente y
con
focos de resistencia ridículos. Eso no querrá decir que la sociedad se
volvió conservadora sino que la izquierda fue incapaz de levantar una
alternativa de reconstrucción de los lazos de identidad social y
comunitarios. El zapatismo si supo crear esos puentes de identidad entre
los viejos sectores que resisten y los nuevos que simplemente sobreviven
a
la reestructuración productiva. Pero no es un partido político que lucha
por el poder, ni se ha dado a la tarea de buscar organizar políticamente
a
la sociedad. El zapatismo ha sido antes que nada una fuerza política que
ha
buscado abrir espacios para que la gente se relacione entre si y para que

los movimientos no sean aislados por la política del poder.

De lo que se trata ahora es de abrir un nuevo espacio que permita que los

viejos sectores sociales que luchan y resisten no se vayan aislando cada
vez más y que los que sobreviven con una reconversión productiva a la
cual
llegan por que no existe otra posibilidad de vida, encuentren los caminos

nuevos de la resistencia.

9.- De aquí a que tome posesión Fox se aplicará una política de ?control
de
daños? para que no se caiga en la inestabilidad. Estos meses son entonces

claves para dar los primeros pasos en la reorganización de la
resistencia.
Es verdad que hay muchos elementos en contra pero no es imposible.
Después,
Fox se enfrentará a las grandes definiciones: La paz en Chiapas, la
privatización de la industria eléctrica, la privatización de PEMEX, las
listas del Fobaproa, los 66 millones de pobres, la gratuidad de la
enseñanza, el poder del narcotráfico, los millones de mexicanos que
sobreviven en la marginación, el millón y medio de trabajadores de las
maquiladoras que ven violados sus derechos más elementales día con día y
una sociedad que votó por el cambio y que no se quedará impasible viendo
como se les da la misma receta del viejo régimen.

10.- El triunfo de Fox representa una página abierta de un nuevo
capítulo.
A mí me da un gusto enorme saber que los mexicanos que nacerán de aquí en

adelante y los niños que todavía no participan políticamente no van a
vivir
bajo el dominio del PRI. Esa página en blanco puede ser escrita de
diferentes maneras, pero no es inevitable que sea escrita por los de
arriba. Estamos frente a un nuevo panorama. La tristeza o la nostalgia,
frente a esta situación, es profundamente reaccionaria. La patria no está

en peligro por que ganó Fox, ya estaba en peligro cuando el PRI
gobernaba.
La diferencia es que el triunfo foxista representa, por lo menos en una
de
sus partes, una energía social de cambio. No significa el fin de la
ilusoria ?transición a la democracia?, mucho menos es el inicio de la
?normalidad democrática, más bien se trata de una agudización de la
crisis
del sistema político mexicano, la cual entra en una fase de definición.

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