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[CubaNews] Narciso Isa Conde: Raul's speech in Camaguey and socialism's perspectives in Cuba



(The author is former head of the Communist Party of the Dominican
Republic, and a strong supporter of the Cuban Revolution. CubaNews
hopes to have a translation of this lengthy article by next week.) 
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El discurso de RaÃl en Camaguey 
y las perspectivas del socialismo en Cuba
 
Por Narciso Isa Conde
 
No tengo la menor duda: derrumbar la RevoluciÃn Cubana desde Miami y Washington, sin borrar la isla del mapa, sin exterminar a ese pueblo, es misiÃn imposible.
 
Su direcciÃn histÃrica, sus cuadros polÃticos y militares, su militancia revolucionaria, su pueblo, han acumulado demasiado valor, demasiada dignidad, demasiada voluntad de ser independiente, de construir su propio destino.
 
La legitimidad de su actual liderazgo nacional es muy extensa y muy profunda, con un inmenso poder de convocatoria nacional e internacional para cualquier despliegue de heroÃsmo necesario.
 
La educaciÃn y el entrenamiento de sus fuerzas militares y del pueblo llano en la concepciÃn (de inspiraciÃn vietnamita) de la ïguerra de todo el puebloï- expresiÃn de la mÃs profunda democracia en materia de defensa y seguridad nacional- hace impensable la toma militar de la isla de Cuba por ejÃrcitos imperiales sin destruir totalmente esa sociedad y devastar su geografÃa.
 
RaÃl Castro tiene toda la razÃn del mundo cuando hizo suyo el pasado 26 de julio en Camaguey el optimismo de Fidel en ese plano: por la vÃa de la fuerza los imperialistas jamÃs podrÃan deshacerse de la ïpesadillaï que para ellos representa el proceso revolucionario cubano, el primero en abrir la ruta de la segunda independencia de nuestra AmÃrica.
 
        El riesgo es otro.
 
El problema actual de la RevoluciÃn Cubana y de su proceso de orientaciÃn socialista es otro y tiene relaciÃn con lo dicho por Fidel en la Universidad de La Habana en aquel impactante discurso del 5 de noviembre de 2005, advirtiendo sobre lo riesgos de ïreversibilidadï de ese proceso por causas internas; esto es, a consecuencia de ïerroresï cometidos por sus propio actores (as), entre los que destacà la corrupciÃn.
 
La revoluciÃn ïsegÃn el propio Fidel- no puede ser derrotada desde fuera, pero si desde adentro. Y esto, dicho desde tan alta autoridad polÃtica y moral, volvià a motivar serias inquietudes y reflexiones sobre el futuro de la revoluciÃn cubana en una fase en que su liderazgo histÃrico, fuente fundamental de la legitimidad y de la relaciÃn democrÃtica entre dirigentes y pueblo, està en fase de declinaciÃn fÃsico-biolÃgica por razones de su avanzada edad.
 
La reversibilidad, la posibilidad de restauraciÃn capitalista e imposiciÃn imperialista, en procesos de  trÃnsito al socialismo ïdonde ya habÃa sido reemplazado el liderazgo histÃrico y entrà en crisis su modelo burocrÃtico- ya fue confirmada por la vida en ocasiÃn del derrumbe del denominado socialismo real euro-oriental, a final de los Â80 y principio de los Â90 del siglo pasado.
 
Independientemente de que no son realidades ni paralelas ni idÃnticas, mucho ha tardado la vanguardia del proceso cubano en examinar a fondo las causas de aquellos fracasos para sacar conclusiones consensuadas a travÃs de procesos de discusiÃn que involucren a todo la sociedad.
 
El VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), realizado en octubre de 1997 ïel Ãltimo realizado hasta la fecha- no incluyà en su agenda tan importante tema, a pesar de las implicaciones teÃrico- polÃticas, no solo econÃmicas, de la quiebra de los modelos y las estructuras creadas en el curso de la transiciÃn al socialismo en la URSS y en los demÃs paÃses de Europa Oriental.
 
No incluyà ese debate ni en relaciÃn directa a esos procesos en particular, ni tampoco en cuanto al impacto negativo de ellos contra la originalidad de la RevoluciÃn Cubana.
 
 Esto Ãltimo, claro estÃ, con su debida matizaciÃn, dado que no se trataba de situaciones iguales ni procesos idÃnticos. Pues la RevoluciÃn Cubana , ademÃs de contar con un liderazgo legitimador de alta sensibilidad social y vocaciÃn libertaria, siempre estuvo cruzada por el choque entre su originalidad y los efectos de la copiadora pro-soviÃtica, por el peso del dogma y la resistencia de la herejÃa revolucionaria, por la dinÃmica entre la burocratizaciÃn y el peso de su creativo estilo guerrillero.
 
De todas maneras el modelo estatista- burocrÃtico logrà echar fuertes raÃces en Cuba y por eso es posible detectar elementos estructurales comunes entre esos procesos, aunque tambien es vÃlido subrayar que pese a eso en el caso cubano se han expresado menores grados de corrupciÃn y privilegios, al tiempo que ha tenido lugar un mayor y mÃs justo poder distribuidor de ingresos de su Estado junto a conquistas sociales superiores a las logradas en los paÃses de Europa Oriental, asà como mÃs libertades en el plano artÃstico-cultural y mayor creatividad en muchos aspectos.
 
De todas maneras entonces ïy ahora mÃs aun- era pertinente entrar en ese anÃlisis y proceder a los cambios preventivos.
 
Por eso, antes de ese V Congreso, algunos aÃos despuÃs de haber participado junto a otros cinco secretarios generales de Partidos Comunistas de AmÃrica Latina y el Caribe (Schafik Handal-El Salvador, Rigoberto Padilla-Honduras, Patricio Echegaray-Argentina, Humberto Vargas Carbonel-Costa Rica y quien esto escribe por el PCD de RepÃblica Dominicana) en el examen de las causas del cataclismo polÃtico del ïsocialismo realï europeo, me atrevà a escribirle una carta a Fidel trasladÃndole algunas de mis inquietudes en relaciÃn con el proceso cubano y su relaciÃn con lo acontecido en Europa del Este.
 
Ya antes, inmediatamente despuÃs de esos encuentros latino-caribeÃos, en una extensa reuniÃn que sostuvimos colectivamente esos cinco secretarios generales con Fidel, RaÃl, Carlos Rafael RodrÃguez, Carlos Lage, Manuel PiÃeiro, Carlos Aldana, Leonel Soto, LuÃs SuÃrez Salazar y otros dirigentes e intelectuales cubanos, habÃamos insistido en el carÃcter estructural de esa crisis y en la necesidad de examinar sus causas mÃs allà de sus efectos, asà como en la necesidad  de renovar e enriquecer el proceso cubano.
 
No voy aquà a restarle en lo mÃs mÃnimo valor a la determinaciÃn fundamental de resistencia expresada entonces por Fidel y lo demÃs dirigentes de la RevoluciÃn Cubana.
 
Hay que de nuevo reconocer la hazaÃa que implica haber resistido y sobrevivido como revoluciÃn desde aquellos dÃas hasta la fecha, hasta empalmar incluso con la nueva oleada de cambios que tienen lugar hoy en nuestra AmÃrica y muy especialmente con el nuevo proceso hacia la revoluciÃn que se escenifica en Venezuela, donde se insiste en el trÃnsito hacia un nuevo socialismo a tono con las experiencias y los cambios registrados al iniciarse este siglo XXI.
 
Pero hay que decir tambien ïy ahora con mÃs presiÃn y razÃn que antes- que el peligro de la reversibilidad del proceso sigue pendiente y podrÃa tornarse mÃs agudo y complejo en caso de permitirse que todo siga mas o menos igual hasta que se consumen los efectos deslegitimadores de la pÃrdida del liderazgo histÃrico y/o hasta esperar que la crisis estructural en desarrollo logre afectar sensiblemente las posibilidades de auto-superaciÃn y renovaciÃn socialista.
 
        Rebrotan las inquietudes.
 
Es esto lo que explica que dentro de la calma y estabilidad del proceso ïhecho significativo aun despuÃs del relativo relevo de Fidel por RaÃl- estÃn presente al interior de la revoluciÃn, en sus cuadros sus dirigentes y en sus intelectuales orgÃnicos, tantas inquietudes, reflexiones e ideas transformadoras.
 
El bloqueo de EEUU ciertamente- como dice RaÃl- hace infinitos daÃos: afecta sensiblemente el transporte, la alimentaciÃn y la salud del pueblo. Pero no ha tenido, ni tendrÃ, capacidad para acabar con la revoluciÃn.
 
Ni siquiera logrà hacerlo cuando a Ãl se sumaron los devastadores efectos econÃmicos del colapso de la URSS y los paÃses del Este europeo, pese a representar la eliminaciÃn vertiginosa de mÃs del 80% del comercio exterior de Cuba.
 
El periodo especial no concluye todavÃa, pero se va superando progresivamente.
 
El peligro es otro y sobre el se viene reflexionando ahora con mÃs atenciÃn e intensidad: es interno, es un problema estructural. Es el conjunto de males crÃnicos que genera el modelo de trÃnsito al socialismo todavÃa vigente en Cuba, fuertemente ïaunque no totalmente- influido en determinadas vertientes por la modalidad que predominà en la URSS y los paÃses del llamado socialismo real.
 
El ajuste de cuenta no se ha hecho ni respecto a lo que pasà por allÃ, ni tampoco en cuanto a los factores transplantado desde esos modelos fracasados a la Cuba revolucionaria. Esto a pesar de que el tema ha ido profundamente debatido en AmÃrica Latina, el Caribe y el mundo, y pese que existen numerosos volÃmenes dando cuenta de las causas profundas del colapso de esos modelos estatistas-burocrÃticos.
 
 
 
Los lÃmites de los cambios en el periodo especial.
 
A raÃz y despuÃs de la desintegraciÃn de la URSS y del ïcampo socialistaï europeo, la direcciÃn de la revoluciÃn cubana se centrà en dar una respuesta que garantizara la sobre vivencia econÃmica y militar del proceso, sin introducirle cambios estructurales al modelo vigente.
 
En ese orden el modelo hegemÃnico coexistià con una apertura dirigida a captar divisas, con reformas parciales, facilidades a la inversiÃn extranjeras, cambios en mÃtodos de planificaciÃn y administraciÃn, reapertura de los mercados campesinos y del ïcuenta- propismoïâ que si bien apuntaron en direcciÃn a cambios necesarios, no tenÃan posibilidades de superar el modelo.
 
Esas reformas, al no estar enmarcados dentro de un definido modelo alternativo al estatismo dominante, ha dado lugar a una ïeconomÃa dualï (la parte estatal-planificada burocrÃticamente convive con la parte de las sociedades anÃnimas con mercado), lo que a su vez provoca serias distorsiones y desequilibrios sociales; todo esto en el contexto de un sistema polÃtico rÃgido y de una institucionalidad altamente burocratizada (fusiÃn partido-estado-organizaciones sociales, anquilosamiento parcial de los Ãrganos de poder popular, dogmatizaciÃn creciente en detrimento del marxismo creador).
 
Esto hace recurrente- en un proceso que conserva capacidad de denuncia, formas de expresiÃn de las inconformidades y fuertes nostalgias respecto a su originalidad inicial, asà como determinados lÃderes y cuadros no dogmatizados- las reacciones crÃticas y autocrÃticas frente a los males acumulados y la admisiÃn de serios problemas inexplicablemente no superados.
 
Fidel en el referido discurso de la Universidad de La Habana hablà con amargura y dramatismo de la corrupciÃn.
 
RaÃl en el discurso de Camaguey reitera esa denuncia, admite la absoluta insuficiencia del salario que reciben los (as) trabajadores (as) y los fenÃmenos de corrupciÃn e indisciplina laboral que esto genera; habla con crudeza de la ineficiencia y la irresponsabilidad de funcionarios y dirigentes, describe la dependencia alimentaria y el consiguiente crecimiento de las importaciones en renglones que pueden producirse en Cuba, y critica acremente las grandes deficiencias productivas de la economÃa de ese hermano paÃs.
 
De nuevo: respuestas insuficientes.
 
Sin embargo, las recetas ofrecidas ïya escuchada muchas veces a lo largo de las Ãltimas dÃcadas- aunque tienen valor en sà mismas, se limitan a plantear la necesidad de mÃs trabajo organizado, mÃs exigencia, mÃs rigor, mÃs orden y mÃs disciplina en todo lo relativo a la producciÃn y a los servicios.
 
Insistià en la eficacia, la responsabilidad, la sensibilidad y la valentÃa polÃtica para superar Ãstos y otros problemas, lo que sin dejar de tener valor, no va al meollo del asunto.
 
Exhortà al ïsentido crÃtico y creador, sin esquematismo ni anquilosamientoï y planteà la necesidad de ïcambios estructurales y conceptosï,  pero sin definir su contenido y su alcance.
 
Cità a Fidel en aquello de ïcambiar todo lo que debe ser cambiadoï,  pero sin precisar lo que hay que cambiar ni seÃalar el cÃmo hacerlo.
 
Es claro que los problemas son tan evidentes y golpeantes como para seÃalarlos sin rodeos y es claro tambien que tales palabras muestran un grado significativo de honesta preocupaciÃn y de conciencia de la necesidad de no dilatar los cambios.
 
Vale mucho dentro de todo esto su llamado a pensar, a reflexionar, a debatirâ Y  
eso ciertamente ya comienza a hacerse sentir en ciertas Ãreas de la sociedad cubana.
 
Vale mÃs aun su afirmaciÃn de que no està presente en las fuerzas fundamentales de la revoluciÃn y de la sociedad cubana la actitud de renuncia a construir el socialismo.
 
Y esa determinaciÃn lo lleva, al momento de pensar en un nuevo rÃgimen para la inversiÃn extranjera, a insistir en la preservaciÃn del papel del Estado y de la propiedad socialista y a exaltar la extraordinaria fuerza potencial del poder popular.
 
Interrogantes incÃmodas.
 
Pero todo esto a su vez nos incita a formular y a responder ciertas interrogantes incÃmodas.
 
ÂSon la corrupciÃn, la ineficiencia, el salario precario, la indisciplina, la dependencia alimentarÃa, la baja producciÃn y productividad, el crecimiento de las importaciones de alimentosâ.efectos o causas de una determinada crisis?
 
ÂQuà se entiende por cambios estructurales y cambios de conceptos?
 
ÂQuà eficacia puede tener dentro del actual contexto cubano el llamado al rigor, al orden, a la disciplina, al control, a la responsabilidad y a la eficiencia?
 
ÂCuÃl papel del Estado es el que hay que preservar?
 
ÂQuà se entiende por propiedad socialista?
 
ÂCÃmo desplegar la extraordinaria fuerza del poder popular?
 
ÂA cuÃl socialismo no se renuncia?
 
        Causas y efectos.
 
La corrupciÃn, la ineficiencia, la perdurabilidad de salarios cada vez mÃs precarios, la bÃsqueda de ingresos extras por otras vÃas, la indisciplina, la baja producciÃn y productividad, la limitada producciÃn de alimentos y la necesidad de grandes importaciones, la burocratizaciÃn de los procesos productivos, de una parte de los servicios pÃblicos y del funcionamiento institucional, son efectos y no causas estructurales de la crisis de un determinado modo de producciÃn, distribuciÃn y gestiÃn econÃmica y polÃtica.
 
Esas causas hay que buscarla en la estatizaciÃn en gran escala de la propiedad de los medios de producciÃn, distribuciÃn y recursos nacionales, sin cogestiÃn ni autogestiÃn empresarial y social, en el predominio de la propiedad estatal centralmente y antidemocrÃticamente administrada sobre la propiedad socialâ 
 
En el proceso de burocratizaciÃn de la gestiÃn pÃblica y el desarrollo de los privilegios burocrÃticos, en la dogmatizaciÃn ideolÃgica funcional a ese sistema, en la progresiva y creciente fusiÃn del partido de vanguardia con el Estado y de ambos con las organizaciones sociales y los Ãrganos de poder popular, en la superposiciÃn de funciones polÃticas, estatales y socialesâ
 
 En la atrofia de las funciones de la sociedad civil, en la separaciÃn de los productores de la propiedad y el control de los medios de producciÃn-distribuciÃn, y la continuidad de la explotaciÃn del trabajo asalariado, con la diferencia respecto al capitalismo clÃsico de que el poder sobre el excedente lo tienen los funcionarios pÃblicos y no la burguesÃa privada.
 
Es la tÃpica crisis de estructuras y modelos de transiciÃn que algunos tratadistas han denominado ïsocialismo de Estadoï (aunque de socialismo no tenga mucho) y otros ïestatismo burocrÃticoï.
 
La propiedad socialista es la propiedad colectiva de los(as) trabajadores(as) controlada por la sociedad.
 
Es la cooperativa socialista.
 
Es la empresa agraria o urbana de carÃcter asociativo.
 
Es la propiedad pÃblica autogestionada y/o cogestionada por los (as) trabajadores (as). 
 
Es equivalente a la propiedad colectiva en todas sus modalidades, es la propiedad de los medios socialmente apropiada y controlada.
 
El trÃnsito al socialismo està llamado a avanzar hacia el predominio de la propiedad social en sus diversas formas, sobre la propiedad capitalista; a socializar la economÃa y los Ãrganos de poder en direcciÃn a abolir el Estado.
 
Hablar de nuevos cambios estructurales de orientaciÃn socialista en una sociedad como la cubana, donde se expropiaron a favor del Estado una gran parte de los medios de producciÃn, distribuciÃn y de las riquezas naturales, equivale a convertir progresivamente en social la propiedad estatal (vÃa empresas cooperativas, asociativas, colectivas, autogestionadas y cogestionadasâ).
 
Equivale a reducir el peso del Estado a favor de la sociedad, a separar las funciones y roles del partido, del Estado y de las organizaciones sociales en pro de la mayor democratizaciÃn, del control social de las instituciones pÃblicas, de la democracia participativa y la democracia directa.
 
Equivale, sin debilitar las funciones de la defensa nacional frente a la agresiÃn imperial 
ïy potenciado a un mÃs la participaciÃn popular en esa defensa- a trazar las pautas y normas que conduzcan a la reducciÃn paulatina del poder coercitivo interno del Estado y que favorezcan las perspectivas de sus extinciÃn.
 
Equivale a pensar el trÃnsito al socialismo, que esta lejos de ser el socialismo mismo, como un proceso continental y mundial; comprobada la imposibilidad histÃrica de construir el socialismo en un solo paÃs o un grupo X de paÃses.
 
Es asÃ, solo asÃ, como podrà desplegarse la extraordinaria fuerza del poder popular, potenciado a su vez el proyecto histÃrico del no poder, de la sociedad plenamente libre.
 
        Quà negar y quà afirmar.
 
De ahà la importancia del preguntarnos:
 
ÂA quà herencia renunciamos?
 
ÂA cuÃl transiciÃn denominada impropiamente socialismo?
 
ÂA la modalidad estatista que se llamà socialista en el siglo XX y que realmente fracasà por la falta de socialismo en el camino hacia Ãl?
 
ÂA cuÃl socialismo renunciamos? ÂA cuÃl nos aferramos?
 
ÂAl llamado ïsocialismo de Estadoï?
 
ÂO a aquel que rescate los valores del socialismo cientÃfico y de sus fundadores para enriquecerlos sin cesar en funciÃn de las experiencias vividas y los cambios acaecidos?
 
ÂAl estatismo reformado en el sentido capitalista, abierto a la transnacionalizaciÃn y coexistente con el gran capital privado, bautizado como ïsocialismo de mercadoï? ÂA la vÃa China o pro-China actual?
 
Esos son los dilemas de la Cuba actual, descartada categÃricamente por perversa y destructiva la vÃa Washington.-Miami; o sea, la brusca imposiciÃn de la contrarrevoluciÃn capitalista-imperialista, equivalente a la anexiÃn de la isla.
 
Pienso que hay que renunciar progresivamente, con mucha determinaciÃn, pero tambien con mucha prudencia y talento, al estatismo heredado de los desvÃos y deformaciones de las revoluciones pro-socialistas del siglo XX.
 
Pienso que hay que hacerlo y no precisamente para convertir lo estatal en privado, ni para hacer coexistir lo estatal con una gran inyecciÃn de capitalismo privado transnacional y nacional, sino para socializarlo progresivamente por la vÃa de la autogestiÃn, la cogestiÃn, la cooperativizaciÃn y la colectivizaciÃn de la propiedad pÃblica.
 
Pienso que hay que hacerlo sin recurrir a la colectivizaciÃn forzada de la pequeÃa y mediana propiedad existente, mÃs bien facilitando su incursiÃn en ciertas Ãreas donde impera absurdamente la propiedad estatal e induciÃndola a formas cooperativas y empresas asociativas autogestionadas; facilitando su usufructo para iniciativas particulares productivas y de servicios sujetas a regulaciones y estÃmulos asociativos.
 
VÃa inversa en la misma direcciÃn.
 
Esta serÃa una vÃa inversa, pero en la misma direcciÃn, a la que necesita el resto de nuestra AmÃrica para transitar al socialismo que, entre otras cosas, en eso casos equivale a la conversiÃn de la gran propiedad privada dominante en propiedad social.
 
Este serÃa el camino de la socializaciÃn progresiva de lo pÃblico-estatal y de todos los factores de poder.
 
La socializaciÃn progresiva equivale no solo a socializaciÃn de la propiedad y de la economÃa, equivale tambien a un trÃnsito integral (incluida su transformaciÃn en una economÃa de equivalencias y no de mercado), a una transformaciÃn multi-direccional que entraÃa socializar y democratizar procesualmente el sistema polÃtico, las instituciones, las relaciones hombre-mujer y jÃvenes-adultos, la vida familiar, los vÃnculos interculturales, la relaciÃn Estado-sociedad, los vÃnculos seres humanos y medio ambiente. Todo esto repito, en direcciÃn a la extinciÃn o desapariciÃn del Estado.
 
Cuba tiene mucho terreno ganado en diferentes direcciones de las mencionadas. Pero ciertamente necesita definir tanto la esencia de los cambios que exige la crisis estructural del modelo vigente, como las caracterÃsticas de su opciÃn de reemplazo y las nuevas tareas de la revoluciÃn cultural conducente a completar todas las liberaciones.
 
No creo ïy lo digo con un cierto sobresalto en el corazÃn- que la tentaciÃn en favor de la denominada ïvÃa Chinaï, amÃn de las enormes diferencias (incluidas las relaciones histÃricas con EU), conduzca a la socializaciÃn, sino a un hÃbrido de estatismo y capitalismo privado donde el capitalismo tendrÃa todas las de ganar; acompaÃado ademÃs de un sistema polÃtico bastante rÃgido.
 
La heroica resistencia de la revoluciÃn cubana, su grandiosa hazaÃa de sobrevivir al derrumbe de la URSS , le ha brindado la promisoria oportunidad de empalmar con la ola de cambios que tiene lugar en nuestra AmÃrica; el histÃrico ïchanceï de encontrarse con el inÃdito proceso venezolano que, pese a todos sus lÃmites y herencias negativas, ha actualizado la posibilidad de nuevas revoluciones en el continente y en el mundo, y ha puesto a la orden del dÃa el debate sobre al renovaciÃn del socialismo, sobre un socialismo diferente al denominado socialismo real del siglo XX.
 
En verdad es una oportunidad de oro para ajustar cuenta con todo lo que hay que cambiar sin tener que adoptar rutas pro-capitalistas. Una gran ocasiÃn para recuperar y reincorporar los valores mÃs positivos de la propuesta socialista original, para recrear el proyecto de transiciÃn, para actuar a favor de un proyecto socialista de largo aliento y de valiosas cualidades, para incorporar a Cuba y situarla a la vanguardia de la renovaciÃn revolucionaria y del proyecto socialista a tono con los requisitos del siglo XXI, para pensar e impulsar el trÃnsito al socialismo en tÃrminos continentales y mundiales.
 
El Costo de la herejÃa.
 
Se que estas ideas son muy controversiales. Lo han sido en Cuba desde hace tiempo, aunque a mi entender nunca como ahora. Como tambien nunca antes este debate habÃa tenido tanta pertinencia y tanta urgencia.
 
Ha vivido y sufrido reacciones cargadas de intolerancia respecto a planteamientos parecidos o del mismo corte conceptual, los cuales he venido haciendo desde hace bastante tiempo, no solo respecto al proceso cubano sino sobre toda esta problemÃtica. 
 
En cuanto a las relaciones con el Partido Comunista de Cuba, con su Ãrea o Departamento AmÃrica, con su SecciÃn de Relaciones Internacionales ïsobre todo despuÃs de la muerte del inolvidable compaÃero y amigo Manuel PiÃeiro (Comandante Barbarroja)- esto me ha costado no pocos sinsabores, tensiones, disgustos y exclusiones.
 
No han faltado quienes desde la pequeÃez de su alma han llegado hasta a la descalificaciÃn de quienes asà pensamos, aunque nunca he sentido que tales reacciones hayan estado avaladas por los(as) dirigentes histÃricos de ese proceso, con quienes siempre he tenido una relaciÃn de respecto, solidaridad y cariÃo.
 
A veces esas instancias cargadas de mucha intolerancia respecto a la inevitable diversidad revolucionaria y de absurdas lealtades respecto a ciertos dogmas, me han criticado el hecho de plantear en determinados eventos de las izquierdas, y pÃblicamente, estas ideas; siempre con mucha altura, y siempre como componente obligado de un debate abierto no por voluntad propia, sino por el peso de los acontecimientos y el impacto inevitable de las mÃs variadas opiniones.
 
Siempre lo he hecho desde una irrenunciable postura de defensa y solidaridad sin lÃmites hacia esa revoluciÃn pionera de la alborada continental; a la cual, por demÃs, le debo en parte mi compromiso revolucionario inicial y a la cual me ligan sentimientos muy profundos y preciados.
 
Por ella- lo he dicho y lo he demostrado- estoy dispuesto a hacer todos los sacrificios humanamente posibles; salvo uno:  renunciar al esfuerzo de contribuir a rearmar la utopÃa a que siempre he aspirado,  renunciar a ideas que podrÃan ayudar a recuperar,  enriquecer y renovar el sueÃo emancipador que nos motiva a combatir y a reemplazar al capitalismo,  renunciar a ser mÃs socialista y mÃs revolucionario,  renunciar a revitalizar el ideal socialista que tanto ha maltratado y estropeado la burocracia y el dogma. ÂA eso no!
 
Estoy sà siempre dispuesto a renunciar a las malas herencias, pero no a la bÃsqueda de la verdad y la bondad dentro del proceso liberador de la humanidad, a es no, de ninguna manera.
 
Estoy incondicionalmente presto a sacrificar cualquier comodidad mental o material para enfrentar a los enemigos de cualesquiera de las variantes revolucionarias y socialistas, pero jamÃs aceptarà renegar de la herencia crÃtica, de la vocaciÃn hereje de seres tan admirados por mà como Marx, Engels, LÃnin, Trosky, Gramsci, MariÃtegui, Rosa Luxemburgo, Ernesto Guevara, Camilo Torres, Carlos Fonseca Amador, MonseÃor Romero, Schafik Handal, Orlando MartÃnez, Kiva Maidanikâ
 
ÂA ESO NO!  ÂNUNCA JAMÃS!
 
Reclamar respeto a esta actitud irrenunciable para mÃ, no es en mi opiniÃn nada exagerado. 
 
 Pero de todo modo es vÃlido en este aspecto, sobretodo en mi caso, precisar mÃs aun mi actitud frente a toda intolerancia: allà aquellos(as) que insistan en la misiÃn imposible de taponar por vÃa administrativa un debate vital o de intentar marginar opiniones contestatarias de estructuras y conceptos en crisis. 
 
Ciertamente esos(as) camaradas no motivan en mà la menor animadversiÃn, simplemente lÃstima y vergÃenza ajena.
 
 
 20 de Agosto 2007, Santo Domingo, RD.
ïAniversario de la infame intervenciÃn de la URSS en Checoslovaquiaï



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