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[A-List] [Spanish] ChÃvez, Lenin and the national bourgeoisie



[Warning: this is too "Argentinean" a text, and some references may be
obscure. However, I believe the text itself contains some approachs
that may be of use to understand the current drift of ChÃvez]

[Ãsta es la versiÃn definitiva de un texto que remità a la lista
Reconquista Popular, versiÃn preliminar que puede consultarse en los
archivos de la lista
(http://lists.econ.utah.edu/pipermail/reconquista-popular/2008-January/059968.html)
Hemos agregado una introducciÃn, eliminado frases superfluas, pasado a
citas algunas digresiones y aclarado ciertos pÃrrafos oscuros.]
INTRODUCCIÃN
A principios de enero de 2008 los cÃrculos mÃs exaltadamente
"socialistas" de Venezuela se indignaron con el presidente Hugo ChÃvez
por la benevolencia dispensada a ciertos actores de segundo y tercer
rango en el golpe de abril de 2002. Como respuesta a estas crÃticas,
el presidente venezolano explicà que su movimiento no intentaba
eliminar a la burguesÃa nacional, y que ese camino habÃa sido probado
durante el siglo XX para demostrarse un fracaso (al menos en los
paÃses atrasados hubiera podido agregar).
Cità en su favor algunas opiniones del presidente de Bielorrusia,
Lukashenko, verdadera bÃte noire de la burguesÃa imperialista mundial
(y es por ello que en algÃn lugar del texto que sigue se hace menciÃn
a ese gobernante y su minÃsculo paÃs de Europa Oriental).
Pero simultÃneamente recomendà a sus partidarios la lectura de Lenin,
el jefe de la primer revoluciÃn socialista de la historia. ÂCÃmo
entender esta paradoja? Hay o no hay aquà una contradicciÃn?
DÃmosle la palabra, ante todo, al propio ChÃvez, quien en el programa
Dando y Dando, de YVKE Mundial, reclamà a primeros de enero del 2008
"buscar alianzas con las clases medias, incluso con la burguesÃa
nacional" e "instà a leer a LenÃn y a quienes no sÃlo han hecho teorÃa
sino han gobernado y hecho revoluciones":
(VIDEO) Presidente ChÃvez insta a dejar atrÃs extremismos y corrientes radicales
Fecha de publicaciÃn: 04/01/08
El Presidente se comunicà con Dando y Dando para hacer anuncios sobre
cambios en el gabinete.
Credito: YVKE Mundial
"Hay que incrementar la estrategia de las alianzas nuestras. No
podemos dejarnos arrastrar por las corrientes extremistas. Nosotros no
somos extremistas ni podemos serlo. ÂNo! Tenemos que buscar alianzas
con las clases medias, incluso con la burguesÃa nacional."
Esas fueron las palabras del Presidente Hugo ChÃvez este jueves en la
noche, en una intervenciÃn telefÃnica en el programa "Dando y Dando"
del canal oficial Venezolana de TelevisiÃn.
Buscar alianzas
"Tenemos que buscar alianzas con la clase media, tenemos que buscar
alianzas incluso con la burguesÃa. No podemos plantear tesis que han
fracasado en el mundo entero, como eso de eliminar la propiedad
privada. Esa no es nuestra tÃsis," dijo.
El Jefe de Estado instà a leer escritos de Vladimir Ilich Lenin, o
escuchar consejos del Presidente del Consejo de Estado cubano, Fidel
Castro; del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, o del presidente
de Bielorrusia, Alexander Lukachenko, "quienes no sÃlo han hecho
teorÃa; han gobernado y hecho revoluciones".
"Lukachenko viene de la era soviÃtica, y vio como cayà la UniÃn
SoviÃtica. Y una de las cosas que me dijo fue: 'los empresarios, esa
burguesÃa nacional, hay que tratar de que tengan sentido nacional,
amor por su NaciÃn y su Patria, aÃn cuando sean empresarios y tengan
dinero. ÂPero que hagan inversiones en el paÃs!' "
Instà a no dejarse "chantajear por voces del extremismo, de tesis
pasadas de moda que en ninguna parte del mundo las van a conseguir:
que si eliminaciÃn de la propiedad privada... Âno, no, no! Esa no es
nuestra tesis. Hay que buscar, mÃs allà de eso, las alianzas para
fortalecer el nuevo bloque histÃrico, como lo llamaba (Antonio)
Gramsci".
"Hace apenas un aÃo ganamos unas elecciones con 63 por ciento de los
votos, 7 millones y tanto de votantes. Allà hay una base muy sÃlida",
recordà tambiÃn.
Ver video: http://www.aporrea.org/ideologia/n107017.html
EXALTADOS, DESCREÃDOS Y REVOLUCIÃN BOLIVARIANA
En lo inmediato y ante todo, es evidente que Hugo ChÃvez FrÃas estÃ
propugnando una polÃtica de frente nacional. Esto es correcto,
fundamental y decisivo frente a algunos exaltados que, esgrimiendo un
clasismo abstracto, pretenden que alguien (ellos no, por supuesto)
selle con un baÃo de sangre burguesa el destino socialista de la
revoluciÃn bolivariana. Ese crimen llevarÃa a Venezuela (y con ella a
toda AmÃrica Latina) a una derrota trÃgica y de proporciones
descomunales.
En nuestro tiempo y espacio concretos, la garantÃa de consolidaciÃn de
cualquier revoluciÃn nacional es la alianza entre los trabajadores y
las clases medias (en el sentido lato que incluye al empresariado).
Todas nuestras revoluciones nacionales latinoamericanas son, en ese
sentido, "saintsimonianas", una alianza de las "clases productivas"
contra las "clases parasitarias" .
Hugo Rafael ChÃvez FrÃas contrapone a la verborrea izquierdista
abstracta el carÃcter real del movimiento en marcha. Pero no se queda
en eso. TambiÃn incorpora una reflexiÃn sobre las consecuencias del
resultado real de los movimientos que antecedieron al que Ãl dirige.
Volveremos abajo, mÃs extensamente, a esa reflexiÃn y ese resultado
real. Baste decir por ahora que ChÃvez, al mismo tiempo que replica a
los exaltados, se delimita de los "descreÃdos" del socialismo.
Ãstos, en nombre de un "patriotismo revolucionario" no menos genÃrico
y abstracto que el "socialismo" de los exaltados, pretenden que
olvidemos las luces y sombras de nuestra propia experiencia patriÃtica
latinoamericana y nos subsumamos en un difuso "nacionalismo
revolucionario avanzado". Nos sugieren que hagamos borrÃn y cuenta
nueva con las responsabilidades sociales y polÃticas que explican la
estrepitosa defecciÃn de los movimientos nacionales latinoamericanos
ante la ola de reacciÃn mundial del Ãltimo cuarto del Siglo XX. Y
omiten considerar que los frentes entre clases sociales se dan porque
existen las clases sociales, y que es la lucha entre esas clases
(dentro y fuera del frente) la que da sentido al combate
revolucionario y dirime su destino final.
Frente al clasismo inconmovible de los antiguos socialistas
prosoviÃticos y prosocialdemÃcratas, encubiertos muchas veces bajo la
forma de amigos (e incluso de agentes) de Cuba, ChÃvez afirma su
polÃtica de frente de clases sociales, que asume la forma de un
movimiento nacional. Pero no se queda allÃ, porque es conciente como
pocos de las consecuencias de esta afirmaciÃn. La principal es el
reconocimiento de que para que funcione este frente o alianza hay que
llegar a cierto consenso sobre los lÃmites en los cuales se va a
moldear la historia concreta del paÃs que esa alianza dirige; y por lo
tanto sobre los lÃmites que, en cada momento, tendrÃn las
reivindicaciones sectoriales de cada uno de los componentes del frente
nacional.
Esto exige, por decirlo con un esquematismo necesario pero algo
empobrecedor, "sacrificios" de todos los sectores:
(a) los mÃs privilegiados, o al menos sus dirigentes mÃs esclarecidos,
habrÃn de entender el carÃcter "popular democrÃtico" de la "revoluciÃn
nacional" y deberÃn tolerar, por ejemplo, una creciente afirmaciÃn de
los derechos laborales de los trabajadores. Por su parte,
(b) los sectores mÃs explotados  han de entender el carÃcter
"nacional" (es decir, programÃticamente burguÃs, de promociÃn activa
de la "acumulaciÃn" e incluso de la "acumulaciÃn primitiva" -lÃase
negociados y todo tipo de trujamanerÃas) del gobierno "popular
democrÃtico" que los està expresando a todos.
CHÃVEZ FRENTE A EXALTADOS Y DESCREÃDOS
ChÃvez està librando la batalla por aclarar a todo el mundo el punto
(b), y lo hace en gran estilo, fiel a su propia forma de ser. Como
gran sÃntesis nacional que es, està muy por encima de todos sus
comentaristas, sean Ãstos "exaltados" socialistas o "descreÃdos" del
socialismo, y es asà porque cada uno de esos comentaristas interpreta
a ChÃvez segÃn una fracciÃn del frente policlasista, y no en funciÃn
del conjunto como hecho vivo y concreto, como unidad de mÃltiples
determinaciones (para decirlo en el lenguaje de Marx).
Y a diferencia de PerÃn, que solia ser muchÃsimo mÃs duro con los
exaltados que con los descreÃdos, ChÃvez mantiene un equilibrio entre
ambas alas que con toda seguridad encuentra su explicaciÃn Ãltima en
la estructura y relaciones de clases de Venezuela, asà como la
polÃtica de PerÃn la encontraba en las de la Argentina.
En este momento, ChÃvez aclara, para educaciÃn de los exaltados, que
"somos un movimiento nacional, una masa de combatientes con el mismo
objetivo, desde las diversas perspectivas individuales o grupales" y
que se equivocan quienes quieren transformar la revoluciÃn bolivariana
en un movimiento clasista antiburguÃs. Pero con esto no se anula la
dialÃctica entre exaltados y descreÃdos. Y la recomendaciÃn de leer a
Lenin lo demuestra.
LA DIALÃCTICA ENTRE MOVIMIENTO Y CLASES SOCIALES
Porque para superar esa dialÃctica no basta con la necesaria
reafirmaciÃn del carÃcter policlasista del movimiento revolucionario.
Hay que saber ademÃs cuÃl de todos esos grupos que constituyen el
frente policlasista va a dirigir la revoluciÃn, o (lo que es lo mismo)
a cuÃles de todos esos grupos sociales representarà en Ãltima
instancia el comando general del combate revolucionario. Y es
precisamente en ese punto donde ChÃvez encuentra necesario citar al
"clasista" Lenin  -Ây recomendar su lectura!- en el mismo momento en
que reafirma el carÃcter policlasista de la revoluciÃn bolivariana.
Esta paradoja desconcierta tanto a "descreÃdos" como a "exaltados".
Los primeros explicarÃn que menciona al ruso como una concesiÃn a su
pÃblico, mientras que los segundos dirÃn que la blandura con la
burguesÃa es un recurso tÃctico determinado por el reciente fracaso de
las elecciones para reformar la ConstituciÃn y por el mal trance de
las negociaciones con las FARC en Colombia, pero que lo realmente
importante es el rumbo estratÃgico, "leninista", que ChÃvez reafirma
con su recomendaciÃn. Une a ambos sectores la voluntad comÃn de
bipartir el discurso de ChÃvez y descalificar la parte que no les
interesa. Los dos buscan jibarizarlo, acomodarlo a sus propios
intereses y apuestas parciales.
Pero con ello traicionan el mensaje fundamental de ChÃvez, que es
justamente el de unificar ambas cosas en una sola, el de la
integraciÃn de ambos componentes en la "unidad de lo diverso" y no su
mera "yuxtaposiciÃn discursiva"... y por lo tanto deformable segÃn la
oportunidad. Ãse es el Ãnico modo de salir de la esterilizante
polÃmica entre exaltados y descreÃdos: aquello que los "descreÃdos"
(no menos abstractos que los "exaltados") pretenden reducir a una
cuestiÃn de coyuntura (tal como los "exaltados" se hacen los sordos
ante la necesidad concreta) es en realidad parte esencial del mensaje.
PORQUÃ LENIN: METABOLISMO CRÃTICO E HISTORIA MUNDIAL
ChÃvez es -y en este planteo que estamos comentando se reafirma como
tal- el lÃder de un movimiento nacional-revolucionario, perfectamente
integrado en la historia de esos movimientos en AmÃrica Latina. Pero
es el representante mÃs audaz de una nueva generaciÃn dentro de la
vieja lÃnea general: al citar a Lenin como elemento fundamental de su
concepciÃn, ChÃvez dice algo que ninguno de los movimientos nacionales
que lo han precedido en la historia de la AmÃrica Latina del siglo XX
llegà a decir jamÃs .
ChÃvez toma muy en cuenta las limitaciones de estas experiencias que
lo precedieron y sobre las cuales se apoya, y se diferencia de ellas
cuando afirma (en las palabras y en los hechos) que su movimiento
nacional se considera explÃcitamente parte de un movimiento general de
la humanidad, el de las revoluciones semicoloniales que a partir de la
de Rusia en 1917 entienden que para ser victoriosas tienen que superar
los lÃmites que les plantean los objetivos limitadamente burgueses de
los sectores privilegiados del frente de clases. En esta concepciÃn,
el frente de clases integra a "los de abajo" con "los de arriba", pero
no deja en manos de "los de arriba" la conducciÃn general del asunto.
Asà como la guerra es algo demasiado serio como para dejarla en manos
de los militares la economÃa es algo demasiado serio como para que sea
el mero interÃs empresarial el que determine las grandes opciones.
DIALÃCTICA DE LA TRAICIÃN
ChÃvez no recomienda leer a Lenin como tributo a un escolasticismo
europeizante, sino porque ha pensado profundamente en las causas por
las cuales los ilustres antecesores de la revoluciÃn bolivariana no
pudieron liquidar los gÃrmenes de traiciÃn que anidaban en sus propios
movimientos. ChÃvez y su generaciÃn militar venezolana han presenciado
el proceso por el cual esos gÃrmenes terminaron avasallando dentro de
los movimientos nacionales (en el peronismo, en forma paradigmÃtica) a
todos los que exigÃan consecuencia con las banderas iniciales de
soberanÃa polÃtica, independencia econÃmica y justicia social. El
movimiento bolivariano, a travÃs de la fina mirada de su mÃximo
conductor, ha percibido que toda la experiencia histÃrica de AmÃrica
Latina està seÃalando que cuando los movimientos nacionales
latinoamericanos se desarrollan siguiendo esencialmente la lÃgica de
los intereses de "los de arriba" terminan poniendo en riesgo todo
aquello por lo cual ha luchado la naciÃn en su conjunto.
Por decirlo dramÃticamente, ChÃvez no ignora que detrÃs de Kirchner
està PerÃn, y por eso lo apoya. Pero tampoco ignora que detrÃs de
Kirchner estuvo Menem, y por eso cita a Lenin. Supera asÃ, por cierto,
las "enseÃanzas" de los Dieterich, pero tambiÃn las de los Ceresole y
las de quienes aspiran a sustituirlos con una versiÃn menos
fascistizante y antisemita de la realidad pero siempre antisocialista.
Ceresole creÃa que al "enseÃarle el peronismo" a ChÃvez estaba
creÃndolo, y ChÃvez tuvo que sacÃrselo de encima para seguir adelante.
Pero quienes piensan como Ceresole en torno al tema "Lenin" (ya
veremos quà significa, mÃs abajo, el tema "Lenin") representan fuerzas
sociales reales, sus ideas no son producto de evanescentes delirios
individuales, y por lo tanto vuelven a argumentar en ropajes distintos
a los de Ceresole la necesidad de separar policlasismo y leninismo. En
esto vuelven a coincidir exaltados y descreÃdos: leninismo y
patriotismo popular, afirman, son incompatibles.
EL SOCIALISMO Y LA REVOLUCIÃN NACIONAL
ChÃvez, al plantear el frente policlasista al mismo tiempo que cita
como fundamento de su revoluciÃn nacional a un socialista
revolucionario como Lenin libra batalla contra quienes plantean tal
incompatibilidad. Dice a los unos "esto es lo que nosotros somos", y a
los otros "Lenin es de los nuestros". En eso se distingue del PerÃn
que solo le dijo a los militantes juveniles de 1974 que esperaban
equivocadamente que siguiera un rumbo socialista "esto es lo que
nosotros somos". La situaciÃn lo lleva a ChÃvez afirmar la primera
parte del discurso, pero Ãl no olvida la segunda, o, mejor dicho,
disuelve los lÃmites de un PerÃn que nunca creyÃ, exactamente, que
Lenin fuera "de los suyos"...
ChÃvez reconoce asà que la excepcionalidad latinoamericana no es tan
grande como para que nuestra historia no siga las leyes generales de
la historia del gÃnero humano, en particular aquella segÃn la cual el
peso de las generaciones muertas "oprime como una pesadilla el cerebro
de los vivos" (Marx). Por eso, plantea que si los movimientos
nacionales no engendran concientemente su pensamiento a partir de toda
la experiencia histÃrica vivida (incluidos los fracasos), quedan
librados a la dictadura ideolÃgica de las clases dominantes,
esterilizÃndose asà para su propia tarea: porque es la hegemonÃa de
esas clases en la vida del paÃs la que ha engendrado las condiciones
de sometimiento que esos movimientos intentan liquidar.
Poco importa si este resultado proviene de un cambio completo de
casaca o de la influencia castradora de aquellas clases cuya hegemonÃa
en el seno del propio movimiento los ha llevado sistemÃticamente a la
derrota, incluso cuando, como en el caso argentino, habÃan logrado
victorias aparentemente inconmovibles contra el bloque
oligÃrquico/imperialista. En este segundo caso, se trata simplemente
de una derrota autoinflingida.
Si la conducciÃn del movimiento se encierra en esos lÃmites se niega a
generar su ala izquierda consecuente. En ese caso, la licuaciÃn
antisocialista del cerebro colectivo disuelve en barro los pies del
gigante. En el momento de prueba, cuando las fuerzas de la
contrarrevoluciÃn y el sometimiento semicolonial fuerzan a la
revoluciÃn nacional a luchar por su vida, Ãsta se encuentra inerme.
ASEGURARSE EL ALA IZQUIERDA
A las consideraciones anteriores sobre la necesidad interna de una
conexiÃn entre la revoluciÃn nacional y el movimiento socialista hay
que sumar otro elemento, que es en cierto modo otra cara de la misma
moneda.
Como decÃa Jorge Spilimbergo, "si el movimiento nacional no genera su
ala izquierda, la engendrarà y aprovecharà el imperialismo". Esta
consideraciÃn da otro motivo por el cual ChÃvez une dialÃcticamente la
idea del "frente policlasista" con la apelaciÃn a Lenin. Responde con
esto a la necesidad de librar la batalla contra el imperialismo desde
todos los frentes y asegurarse su propia izquierda contra la que el
imperialismo està dispuesto a crearle. Y es por eso que efectÃa la
unidad conceptual de los "opuestos" justamente cuando està tratando de
convencer a los charlatanes "socialistas" de que el movimiento
bolivariano no es "socialista" en el sentido soviÃtico o cubano, es
decir cuando menos a cuento parecerÃa venir. La "yuxtaposiciÃn
discursiva" deja de ser paradojal en el instante mismo en que se la
coloca en el plexo de tensiones concretas a que responde ChÃvez.
En su discurso, ChÃvez  conceptualiza aquello que està ejecutando. Ha
surgido del patriotismo militar, ha observado el peronismo con gran
interÃs, ha venido pensando en Trotsky y Lenin a medida que iba
dirigiendo la revoluciÃn bolivariana, y ahora, en el mismo momento en
que enfatiza el carÃcter nacional y policlasista de su revoluciÃn,
recomienda leer al mÃs agudo pensador del marxismo revolucionario, al
fundador del pensamiento socialista contemporÃneo, a quien desentraÃÃ
la base de clases del rÃgimen burguÃs imperialista. Semejante
trayectoria impide suponer que esgrime ese "nombre" como "argumento
circunstancial" frente a ciertos encallecidos y encanallecidos
dirigentes de origen stalinista o trotskista.
QUÃ ENCUENTRA CHÃVEZ EN LENIN
Va mucho mÃs allÃ. ChÃvez considera a Lenin (es decir a la RevoluciÃn
Rusa) uno de los "elementos fundantes" del pensamiento nacional
revolucionario que preside sus actos como gobernante. Este asunto no
tiene absolutamente nada que ver con el escolasticismo "marxista" que
està atacando, y todo, absolutamente todo que ver, con el destino de
la revoluciÃn nacional (en el caso de ChÃvez, de la revoluciÃn
bolivariana).
A travÃs del engarce entre su revoluciÃn y la de los rusos en 1917,
ChÃvez de hecho trata de recoger en beneficio de la revoluciÃn
bolivariana la experiencia viva de todas las revoluciones nacionales
que en el mundo han sido (a partir de la primera exitosa, que fue la
holandesa de los siglos XVI y XVII). Y de ese "trabajo" estÃ
extrayendo la vieja conclusiÃn de los marxistas del Tercer Mundo: la
de que en determinado momento, o esas revoluciones rompen con los
fundamentos del poder material de las clases sociales que tienen que
enfrentar, o son derrotadas, deformadas, liquidadas o sumidas en un
triste olvido nimbado de nostalgias pÃstumas.
En nuestro caso latinoamericano -sobre el cual, como es lÃgico y
esperable, ChÃvez se interesa natural y especialmente- la revoluciÃn
nacional no tiene que enfrentar seÃores feudales o comunidades
aldeanas remisas a integrarse al mercado sino clases sociales
modernas, hijas y usufructuarias del modo de producciÃn capitalista.
Entonces, para poder sobrevivir tiene que estar dispuesta a romper
incluso con el rÃgimen capitalista en algunos puntos cruciales, y para
eso no hay mejor herramienta ideolÃgica que Lenin y su marxismo
revolucionario
SOCIALISMO, BURGUESÃA, IMPERIALISMO Y PATRIOTISMO
No hay paradoja en la defensa simultÃnea de "Lenin" y "la burguesÃa".
El socialismo no es orgÃnicamente, y bajo cualquier circunstancia,
"antiburguÃs" en un sentido totalizador. Lo es, sÃ, en un sentido
histÃrico general: con la obra de Marx cree haber descubierto,
efectivamente, la enfermedad oculta y letal del modo de producciÃn
capitalista. Sabe que el modo de producciÃn capitalista "merece"
perecer porque no es eterno, porque alguna vez ha nacido, y con Ãl,
indudablemente perecerÃn el rÃgimen de la esclavitud asalariada y,
como consecuencia, la burguesÃa misma como clase abstracta y general
(pero al mismo tiempo que el proletariado, tambiÃn considerado en
forma abstracta y general) .
En los paÃses semicoloniales este sentido histÃrico general se
traduce, prÃcticamente, en la sospecha socialista -hasta ahora siempre
confirmada por la experiencia, especialmente en LatinoamÃrica- sobre
la capacidad de los burgueses -simultÃneamente oprimidos por el
sistema imperialista y enfrentados a los trabajadores- para dirigir
las tareas de "su" propia revoluciÃn . Nada menos pero nada mÃs . A
partir de esa fundada (y reiteradamente confirmada) sospecha, el
socialismo postula que al no tener que enfrentar clases sociales
heredadas del pasado sino producidas incesantemente por las
condiciones de producciÃn presentes, en nuestros dÃas a una revoluciÃn
nacional no le basta con las herramientas intelectuales que le brinda
el pensamiento "nacional burguÃs" espontÃneo, no le alcanza con el
"mero" patriotismo popular a secas.
Esto se hace evidente casi por sà mismo cuando percibimos (CITAR A
SPILIMBERGO) que nuestro enemigo central, el que ordena y fortalece a
todos los enemigos adventicios, incluidas ante todo las oligarquÃas
locales (ayer afrancesadas, hoy maiameras), es la mÃs moderna de todas
las clases sociales: la burguesÃa imperialista (o sea "capitalista
realmente existente"), que utiliza los mecanismos del modo de
producciÃn capitalista para insertarse como factor interno en cada una
de nuestras estructuras econÃmicas, sociales, culturales e
institucionales.
GUERRA CIVIL A TRAVÃS DE LAS FRONTERAS
Justamente por eso dichas estructuras son "nacionales" solo a medias.
Y como lo son a medias la primera tarea de la revoluciÃn pendiente es
conquistar el dominio pleno de la cultura, la economÃa, la sociedad y
las instituciones: en suma, de lo que se trata es de una guerra civil
internacional, una guerra de clases por encima de las fronteras. Y el
trofeo es el control del Estado del paÃs oprimido. Como se ve, es el
enfrentamiento con la burguesÃa imperialista el que hace de los
movimientos nacionales la caracterÃstica esencial de la lucha polÃtica
en AmÃrica Latina ÂCÃmo podrÃan entonces dejar de referenciarse en
"Lenin" sin el riesgo de sufrir una autolobotomÃa? La recomendaciÃn
chavista de leer a Lenin apunta a evitarla.
Pero la lucha contra el imperialismo no es mÃs que un avatar de la
vieja lucha de las revoluciones nacionales. Nada ilustra mejor el
sentido de nuestro combate que la experiencia de revoluciÃn nacional
en los dos paÃses cuyo contrapunto marcà la polÃtica del siglo XX:
EEUU y Rusia. A riesgo de que algÃn irredentista de la excepcionalidad
latinoamericana o sudamericana nos acuse de "eurocÃntricos" o vaya uno
a saber quà otra estupidez, trataremos de usar la experiencia ajena
para mejor comprender las necesidades de nuestra propia lucha, y
exponer de paso porquà creemos que ChÃvez la encara mejor que todos
los que lo han precedido .
LINCOLN Y CHÃVEZ
Empecemos por los EEUU. Esta naciÃn, tal como la conocemos ahora, no
es tan hija de WÃshington (1776) como de Lincoln (1861). Lincoln era
partidario de una RepÃblica agraria de honda raÃz popular, pero no
estaba en contra del modo de producciÃn capitalista ni del rÃgimen de
trabajo asalariado que es su cÃlula madre. Por lo tanto, consideraba
que la propiedad privada era un aspecto cuasi sagrado de la
constituciÃn social. Sin embargo, en la vida real (y aquà su
diferencia crucial con Washington), se vio obligado a librar una
batalla contra la oligarquÃa sudista de EEUU para preservar la unidad
del Estado central, lo que se llamaba por entonces "la UniÃn".
Ahora bien, esta oligarquÃa no era, como tampoco lo son las nuestras,
una oligarquÃa feudal, supervivencia de un modo de producciÃn antiguo
que imponÃa al conjunto de la formaciÃn leyes ajenas a las necesidades
del modo de producciÃn capitalista. Por el contrario, obtenÃa sus
ingresos como cualquier hijo de vecino en la sociedad burguesa a
partir de la existencia del rÃgimen de trabajo asalariado. El sistema
esclavista era su modo particular de inserciÃn en el rÃgimen mundial
de circulaciÃn de valores, que es a su vez causa y producto de la
hegemonÃa del modo de producciÃn capitalista y no de un "modo de
producciÃn esclavista".
Pero la instituciÃn de la esclavitud hacÃa que el modo en que esta
oligarquÃa se integraba al sistema econÃmico burguÃs planetario la
llevara a oponerse virulentamente al pleno desarrollo de todas las
consecuencias de ese rÃgimen en los EEUU. En esto, la oligarquÃa
sudista y sus aliados mantenÃan con el bloque nacional que apoyaba a
Lincoln diferencias sustanciales, que en tiempos de Washington aÃn no
habÃan salido a la luz.
La intrepidez de Lincoln radicà en que no se dejà engatusar por el
hecho de que, en tanto defensora del derecho de propiedad privada,
esta oligarquÃa compartÃa con Ãl y sus seguidores un "punto
programÃtico" esencial. Lincoln fue contemporizador y flexible en
todos los planos, pero a diferencia de su antecesor Henry Clay, la
esclavitud no la aceptà jamÃs; no la puso en ningÃn congelador en
nombre de la lucha por la revoluciÃn nacional. Toda la experiencia
histÃrica de los EEUU del medio siglo anterior a su llegada a la
Presidencia demostraba que sobre este punto no se podÃa dar marcha
atrÃs.
De allà la intentona secesionista del Sur. Se sabÃa que Lincoln podÃa
intentar algÃn acuerdo (de hecho, lo siguià buscando incluso al inicio
de la Guerra Civil), pero nadie ignoraba que ese acuerdo serÃa
temporario y que Lincoln gobernarÃa inexorablemente en el sentido de
abolir la esclavitud. Y nadie lo sabÃa mejor que la oligarquÃa
sudista. Asà es que, en determinado momento, y contra todo lo que su
respeto por la propiedad privada le hubiera debido indicar (en este
plano la lÃnea argumental de los defensores de la esclavitud era
impecable: la ConstituciÃn norteamericana garantizaba la propiedad
privada, y los esclavos eran propiedad privada de quienes los
compraban y vendÃan), Lincoln decretà la liberaciÃn de los esclavos,
con lo cual expropià sin indemnizaciÃn alguna a un sector de las
clases dominantes estadounidenses.
No se dejà llevar por la espontaneidad ideolÃgica de un "patriotismo
popular" que, a la manera de Andrew Jackson (un tÃpico populista
oligÃrquico) se limitase a pensar segÃn lo que imponÃa "naturalmente"
el statu quo; ni siquiera lo amilanà el hecho de que, siendo como era
un statu quo burguÃs, hacÃa de la propiedad un valor sagrado en sÃ
mismo. Cuando vio que el respeto por ese "valor sagrado", al menos en
lo referido al derecho de propiedad de ganado humano, ponÃa en peligro
la existencia misma de la naciÃn estadounidense, lo descartà sin duda
alguna.
Ahora bien, no es ninguna casualidad que el Partido Republicano fuera
fundado en una antigua comuna socialista de los Grandes Lagos, y que
entre los principales lÃderes iniciales del movimiento de Lincoln
figurasen tantos socialistas, muchos de ellos de la Land Reform
League, que es citada por el Manifiesto Comunista como el grupo mÃs
afÃn al pensamiento de Marx y Engels en territorio
estadounidense[CITAR LAUSE]. Fue por su intermedio, en cierto modo,
que Lincoln se asegurà de que su movimiento nacional, el que terminÃ
pariendo los modernos EEUU, estuviera inoculado definitivamente contra
ciertos rasgos de ese statu quo abstracto que debÃan cambiar para
siempre si se querÃa mantener la uniÃn del estado central. En
particular, del respeto por las normas de funcionamiento del modelo
burguÃs en lo que tuvieran de antinacional.
Hasta allÃ, los EEUU. ÂY la experiencia soviÃtica, que es la que surge
justamente de la generaciÃn revolucionaria que encabezà el mentado
Lenin?.
LENIN Y CHÃVEZ
Ya nos separan noventa aÃos del Octubre Rojo. La historia y la
polÃtica, implacables, han librado ese asalto a los cielos de todo
elemento adventicio a aquello que, librada a sà misma y en ausencia de
una revoluciÃn triunfante en Europa Occidental, la vieja Rusia de los
zares podÃa aspirar a lograr.
ÂCuÃl es el sedimento de la dramÃtica historia del siglo XX ruso? En
quà quedÃ, si es que en algÃn lado quedÃ, el legado de Octubre? No en
el intento de establecer el "socialismo en un solo paÃs", que fracasÃ
como cabÃa esperarlo Pero lo que tuvo de perdurable no es menor: fue
gracias a la revoluciÃn de 1917 que la Rusia de los zares no terminÃ
convertida en un gigantesco Imperio Otomano, pronto a la liquidaciÃn y
el desguace, al tÃrmino de las hostilidades de la Primera Guerra
Mundial.
La RevoluciÃn Rusa de 1917 fue, en este sentido, una revoluciÃn
nacional sui generis. Sus aspiraciones socialistas no cuajaron, como
no podÃan hacerlo en el aislamiento, en una sociedad socialista. Pero
sà cuajaron en una estructura estatal -nutrida en parte, es cierto,
por viejos elementos oriundos del antiguo rÃgimen, pero reorientada
por la audacia de la nueva "ideologÃa oficial" hacia un sentido
radicalizado de la defensa nacional- que logrà sostener al paÃs contra
las mayores calamidades.
Ese estado nuevo, con las condiciones sociales que le permitieron
consolidarse, lo crearon los bolcheviques de Lenin y resultà -incluso
bajo la direcciÃn de quienes los suplantaron despuÃs, traicionando la
revoluciÃn en muchos aspectos cruciales pero manteniendo a rajatabla
la defensa del Estado- la Ãnica garantÃa de supervivencia para el
paÃs. Ni siquiera pudo con Rusia, el "siglo XX corto", la era de
hostigamiento permanente a que la sometieron las grandes potencias
imperialistas a partir de 1917 y hasta 1989 (y cabe seÃalar que ese
hostigamiento incluyà varios holocaustos monstruosos, librados sobre
elsuelo mismo de ese paÃs).
Ahora bien, si esa especÃfica revoluciÃn nacional antiimperialista
pudo sobrevivir a todo lo que le pasÃ, incluso a la hondÃsima
desmoralizaciÃn de las masas ante la diferencia entre el sueÃo y la
realidad cruel de la Rusia de las hambrunas de 1920, incluso a la
ceguera criminal de quienes se hicieron con el poder del Estado tras
la muerte de Lenin, ello se debe a que -tal como Lincoln en 1861- en
su momento inicial se habÃa apoyado hasta el hueso en la movilizaciÃn
de las masas y, al estilo jacobino, liquidà el poder material de las
clases sociales que medraban en la condiciÃn precolonial de la Rusia
de los zares. Asegurà asà que cualquier traidor a la patria que
surgiera del seno del propio nuevo rÃgimen no podrÃa gobernar en
nombre del nuevo rÃgimen, y por lo tanto, inexorablemente tendrÃa
corta vida.
MÃs allà de la polÃmica sobre el carÃcter del rÃgimen soviÃtico, es
importante la lecciÃn rusa -en tanto experiencia semicolonial y por lo
tanto equiparable, con todos los recaudos, a la nuestra- sobre el
valor especÃfico del marxismo revolucionario como herramienta para la
revoluciÃn nacional. ÂNi siquiera el PCUS, Ãltimo vÃstago degenerado
del antiguo partido de Lenin, el que mÃs degenerà de todos los
partidos socialistas revolucionarios , pudo presidir la recolonizaciÃn
del paÃs, como sà lo han hecho emtre nosotros todos los partidos y
movimientos nacional revolucionarios que rechazaron el leninismo o lo
consideraron una simple cuestiÃn argumental!
No sabemos, porque el proletariado de Europa Occidental faltà a la
cita, si el marxismo de Lenin y Trotsky era, como alguien observÃ
cÃnicamente, el mecanismo mÃs eficaz para restaurar el capitalismo
ruso y librarlo de las llagas del rÃgimen zarista. Pero sà sabemos que
fue gracias al inmenso esfuerzo de defensa nacional total que ambos
lÃderes -y sus seguidores- encararon la defensa del gran Imperio
contra las apetencias de sus interesados y hambrientos "aliados", y
que lo hicieron porque eran marxistas y no se iban a detener ante
ninguna consideraciÃn de interÃs parcial de clase dominante para
defenderse contra el ataque extranjero. Pusieron en ello una decisiÃn
que ninguno de sus adversarios polÃticos (y especialmente los
representantes del pensamiento antisocialista ruso encarnados en el
constitucionalismo democrÃtico de la burguesÃa) hubiera llegado a
imaginar.
YELTSINISMO Y MENEMISMO
La historia es cruel. En nuestros dÃas, muchos, abrumados por la
magnitud de la victoria imperialista sobre el campo
popular-democrÃtico en el perÃodo que va de Reagan a Yeltsin, extraen
de la adopciÃn de una vÃa capitalista por la Rusia post-1989 la
conclusiÃn de que, tal como decÃan los socialdemÃcratas contra Lenin,
no se debià haber intentado el asalto a los cielos y la implantaciÃn
de un rÃgimen socializante o socialista en 1917.
Pero la verdad es muy distinta: fue gracias a ese "desatinado" asalto
a los cielos que el Ãnico Menem que tuvo Rusia, Yeltsin, tuvo que
llegar al gobierno bombardeando el Parlamento, provocando la muerte de
centenares de personas, incluso entre las filas de los mÃs repodridos
burÃcratas soviÃticos, que cayeron defendiendo aquello que Yeltsin
venÃa a destruir. Esa defensa preanuncià la posterior perduraciÃn de
lo fundamental del legado de la UniÃn SoviÃtica (el sistema de
defensa, el de transportes, las industrias esenciales, etc.), que es
lo que ahora permite al rÃgimen ruso levantarse de la cuasi
aniquilaciÃn.
No se ha visto espectÃculo semejante en ninguno de los movimientos
nacionales de raÃz no leninista (e incluso antileninista) en AmÃrica
Latina. Es mÃs: hemos llegado a ver cÃmo Haya de la Torre, segÃn
describe en una de sus mejores pÃginas Jorge Abelardo Ramos, pasà de
luchar por la unidad americana a ser un servidor de los EEUU. Y mejor
no hablemos de cosas mÃs lamentables y repugnantes, que nos han tocado
mÃs de cerca a muchos de los que desarrollamos nuestra actividad
polÃtica en la Argentina de nuestros dÃas.
No solo hubo de ejercerse en Moscà una violencia que estuvo ausente en
Buenos Aires, BrasÃlia, Lima o el D.F., sino que ademÃs, a diferencia
de las grandes experiencias del peronismo, el varguismo, el aprismo y
la revoluciÃn mexicana, la experiencia de Rusia muestra que el
jacobinismo permite a una revoluciÃn incinerada renacer de las
cenizas. Ese jacobinismo revolucionario es lo que busca incorporar
ChÃvez cuando recomienda leer a "Lenin", hacerlo propio.
ChÃvez no piensa en el "Lenin" especÃficamente ruso, que es el Ãnico
que podÃa hacer esa revoluciÃn (que fue, lÃgicamente, especÃficamente
rusa). El "Lenin" a que ChÃvez se refiere es el "Lenin
latinoamericano" en tanto vocero universal de las necesidades
generales de cualquier revoluciÃn nacional en el mundo oprimido por el
yugo del rÃgimen imperialista. "Apoyarse en Lenin" en el mismo momento
en que se està luchando contra el "izquierdismo abstracto", lejos de
ser un recurso oportunista, es en realidad apoyar la idea de que la
revoluciÃn nacional debe cuestionar las bases mismas del statu quo si
quiere ser exitosa, incluso cuando requiere de ciertos elementos del
statu quo para sobrevivir.
EXALTACIÃN, DESCREIMIENTO Y REALISMO
Lincoln (y Lenin) eran como ChÃvez verdaderos realistas, y no eran
ideologistas abstractos  . La diferencia entre el realista y el
ideologista de cualquier signo es que aquello que para el segundo es
mera argumentaciÃn , para el primero es un tema de principios. Frente
a las dos versiones siamesas de "exaltados" y "descreÃdos", dice el
realista (y por lo tanto, principista) que "ChÃvez habla de Lenin
porque su propia lucha le ha demostrado que hay en Lenin algo de lo
que hasta ahora ha carecido todo el resto del pensamiento
revolucionario latinoamericano en su prÃctica concreta, y que hay que
apropiÃrselo creativamente si se quiere salvar la revoluciÃn y
profundizarla: la necesidad paradojal de que no sea la burguesÃa la
que dirija una revoluciÃn que la beneficia".
Del mismo modo que Lincoln y Lenin, el realismo latinoamericano de hoy
-encarnado por ChÃvez asà como en otro momento lo encarnà PerÃn- tiene
que saber muy bien que para consolidar definitivamente la revoluciÃn
nacional hay que estar dispuesto a hundir el bisturà a fondo. En ese
sentido es que es importante la recomendaciÃn de ChÃvez ("lean a
Lenin"). Sin Lenin, no existen anticuerpos contra la traiciÃn interna;
en los momentos crÃticos el movimiento nacional, en vez de avanzar
hasta el hueso, queda a merced de los traidores a su carÃcter
especÃficamente nacional. Ãstos lo dominan sin excesivo esfuerzo, lo
vacÃan de su contenido original y lo entierran antes de que haya
cumplido con sus tareas .
"Lenin", como lo demostrà lo acontecido en la ex URSS, no es ninguna
garantÃa de continuidad del rÃgimen socialista, pero sà lo es (como lo
demuestra la Rusia actual) de la consecuencia antiimperialista en el
seno del movimiento nacional. Sin un jacobinismo socializante en la
direcciÃn, los gÃrmenes y pÃstulas de la contrarrevoluciÃn carecen de
anticuerpos y pueden llegar a comerse desde adentro al movimiento
nacional, sin retorno posible. Menem tambiÃn (sÃ, tambiÃn) era
peronista, asà como era varguista Collor de Melo
EL ROL HISTÃRICO DEL JACOBINISMO
A diferencia de Menem, y ChÃvez parece hacerse cargo de ello con su
recomendaciÃn de leer a Lenin, Yeltsin no pudo autodefinirse como el
verdadero leninista consecuente para hacerse con el poder desde
adentro de su propio partido. Tuvo que arriesgarse a la guerra civil y
derribar a caÃonazos el Ãltimo resto del poder soviÃtico, herencia
pervertida y deformada del mensaje socialista de Octubre de 1917, pero
herencia directa al fin.
Ni Menem ni Collor (o su alter ego, Cardoso) tuvieron que hacer
demasiado gasto para terminar con la herencia varguista y peronista.
Tampoco los dirigentes del MNR que se siguieron diciendo
"movimientistas nacionales revolucionarios" mientras entregaban la
revoluciÃn boliviana al interÃs estadounidense. Aquello que en Yeltsin
fue exigencia de diferenciaciÃn e incluso definiciÃn militar, en
AmÃrica Latina fue travestismo y suplantaciÃn de una cÃscara vaciada.
En el fondo de esta diferencia està el jacobinismo leninista, que
nunca existià en el peronismo, el varguismo o el emenerrismo.
El papel que cumple en toda revoluciÃn el jacobinismo revolucionario
es apoyarla en los sectores mÃs profundos de la sociedad, y darles las
herramientas para llevarla adelante contra viento y marea. Y el
leninismo es el jacobinismo revolucionario de nuestros tiempos. ChÃvez
lo entiende asÃ, pese a las malas lecturas de quienes quieren
limitarlo a una de las dos alas de su propia dialÃctica.
El legado de Lenin es en este sentido fundamental, y no adventicio.
Solo el leninismo (es decir, el marxismo revolucionario, que es la
forma socialista del jacobinismo) permite entender cÃmo funciona el
imperialismo, que es el enemigo central. Si ChÃvez lo recomienda, no
es porque "tiene que lidiar con escolÃsticos y les habla en un idioma
que puedan entender" (en todo caso no es solamente por eso), sino
porque sabe que hay algo en Lenin que sirve de mucho a la revoluciÃn
nacional.
LUKASHENKO, PUTIN Y LENÃN
Ese algo es la comprobaciÃn de que el popular presidente bielorruso
Lukashenko  puede hablar de la necesidad de proteger a la "burguesÃa
nacional" -y ChÃvez lo cita expresamente- sin someterse por ello al
poder imperialista, gracias a su adhesiÃn a los postulados bÃsicos de
defensa nacional legados por Lenin.
Baste como contraejemplo entre muchos el de la colindante Polonia o
los Estados BÃlticos, donde mandan las "burguesÃas nacionales"
repudiando a "Lenin": allà se ha dado una verdadera colonizaciÃn del
paÃs por Occidente, pÃdicamente oculta bajo el manto de la
"integraciÃn a la Comunidad EconÃmica Europea". Gracias al jacobinismo
intransigente de Lenin y los marxistas que llevaron adelante hasta las
Ãltimas consecuencias esa revoluciÃn nacional que fue en gran medida
la de Octubre de 1917, en cambio, cuenta hoy Lukashenko con una
apoyatura para defender el interÃs especÃficamente bielorruso, tanto
en las estructuras del Estado como en la conciencia de las masas, que
de otra manera no hubiera tenido.
Y lo mismo cabe decir de Putin, quien, en muchÃsimos sentidos
definitivos, es hijo de Lenin y loa bolcheviques. No lo es, por
cierto, de los socialdemÃcratas o los burgueses (Partido
Constitucional DemocrÃtico,  "kadetes") de 1917. Se ha llegado a
plantear que el "islamismo" radical al que han virado en las Ãltimas
dÃcadas las masas del Medio Oriente es una forma de "islamo-leninismo"
. Por todo eso, y por mucho mÃs, nos parece un error suponer que
ChÃvez "usa" a Lenin coyunturalmente para aplacar a las fieras o para
guiÃarle un ojo a los pÃcaros. ChÃvez es muchÃsimo mÃs grande que eso.
Sabe que "leer a Lenin", hoy, es imprescindible para... defender el
derecho a la existencia de una "burguesÃa nacional" en Venezuela.
Solo quienes estÃn dispuestos a aceptar que el marxismo es bastante
mÃs que una mera "herramienta argumental", solo los que reconocen la
validez del mensaje fundamental del marxismo y por lo tanto estÃn
dispuestos (incluso y si es necesario) a enfrentar el rÃgimen de
esclavitud asalariada para salvar cualquier revoluciÃn que encabecen,
solo ellos estÃn dispuestos a todo. Los demÃs, siempre pueden transar.
Y las consecuencias estÃn a la vista en el panorama que nos dejà a los
latinoamericanos la ola de transigencias que nos inundà tras la
ofensiva imperialista de los 70, 80 y 90. ChÃvez los ha estudiado en
funciÃn de sus propias tareas.
HUGO CHÃVEZ Y MARIANO MORENO
Hay otro paralelismo histÃrico posible, y es con los acontecimientos
de nuestra propia lucha por la emancipaciÃn, hace ya dos siglos.
Creer, insinuar o tratar de hacer creer que ChÃvez "usa" a Lenin en un
debate lateral, que argumenta segÃn sus conveniencias como cualquier
oportunista del montÃn, y que hoy "no tiene mÃs remedio" que hablar de
Lenin pero que hubiera preferido que "Lenin", a lo sumo, fuera el
saber arcano de una Ãlite de revolucionarios capaces de gobernar al
modo del despotismo ilustrado, es proponer un ChÃvez dispuesto a
gobernar "para las masas y con las masas, pero sin darle a las masas
las herramientas de su emancipaciÃn intelectual".
En otras palabras, es presentarlo como un mero "dÃspota ilustrado",
dispuesto a gobernar en funciÃn de Rousseau pero sin que las masas
sepan que existe Rousseau. Pero ChÃvez no es un Carlos III. Entronca
en la el BolÃvar del Monte Sacro, y no en los acomodos conservadores
de los primeros Borbones. Como ese gran roussoniano que era Mariano
Moreno  , es un gran polÃtico; entiende que la visiÃn de futuro solo
puede expresarse en un realismo concreto (que incluye una concepciÃn
teÃrica, que es donde anida el futuro).
Es por eso que al "yuxtaponer" a Lenin con una afirmaciÃn del carÃcter
policlasista de la revoluciÃn bolivariana, ChÃvez no argumenta segÃn
sus conveniencias. ChÃvez sabe que las revoluciones las hacen las
masas, y no los pÃcaros de ocasiÃn ni, mucho menos, los tecnÃcratas o
dÃspotas ilustrados. Y sabe que si se desea que la revoluciÃn no solo
avance sino se consolide definitivamente tiene que convertirse en
sentido comÃn de esas masas. Para ello, las masas tienen que
autoconstruirse ideolÃgicamente en el curso vivo de la revoluciÃn.
ChÃvez no parece estar preparando, con su llamamiento al frente
nacional, un "giro hacia PerÃn" sino mÃs bien un "salto adelante, con
PerÃn y desde PerÃn". ChÃvez, sÃ, està tomando toda la experiencia
peronista, pero la toma entera, con todas sus luces y todas sus
sombras, asà como està tomando toda la experiencia socialista de
AmÃrica Latina y del mundo. Tiene tan en claro en quà ha devenido el
poderoso movimiento de PerÃn como en quà ha terminado el "socialismo"
abstracto, tanto en la experiencia soviÃtica como, especialmente, en
su versiÃn cubanista. Entonces, lo que dice no es "Soy PerÃn pero
recomiendo leer a LenÃn" sino "la revoluciÃn bolivariana es PerÃn mÃs
Lenin". Es una buena manera de combatir al gatopardismo al mismo
tiempo que se lucha contra los charlatanes seudoizquierdistas.

N O T A S

  Seguramente, ahora hay que agregar a esta ecuaciÃn bÃsica a los
excluidos del sistema por la profunda restauraciÃn imperialista. Pero
si ello es asÃ, se debe a que los movimientos nacional-revolucionarios
sudamericanos que han precedido al de ChÃvez (en Brasil, Argentina,
PerÃ, etc.) no solo han sido impotentes contra esa restauraciÃn sino
que incluso han engendrado los ejecutores de la restauraciÃn
2 Que en una sociedad de clases no dejan de estar explotados por el
hecho de que el paÃs lo dirija un gobierno nacional revolucionario: la
relaciÃn de explotaciÃn es el sustento objetivo de cualquier sociedad
de ese tipo
3 En esto, son muy Ãtiles las consideraciones teÃricas de Alberto
Franzoia en reciente artÃculo publicado en diversos foros sobre la
inexistencia de "ideologÃas policlasistas".
4 La excepciÃn parcial es la del movimiento nacional cubano, que, pese
a enfrentar dificultades infinitamente superiores a las que
enfrentaron, por ejemplo, Vargas y PerÃn, sigue en marcha y se va
curando de sus estupideces sovietizantes mientras el peronismo y el
varguismo se doblaron y quebraron ante la ofensiva imperialista de los
90 y, està a la vista, hasta ahora no pueden curarse de sus propias
estupideces.
5 Y por cierto nada "eurocÃntrico", como pretenden los partidarios del
"mero" nacionalismo, que no es popular en abstracto sino popularmente
burguÃs o pequeÃoburguÃs, porque burguesa o pequeÃoburguesa es la
inmediatez existencial de quienes estÃn dÃndole vida a un movimiento
nacional una de cuyas tareas es la creaciÃn de los medios de
producciÃn que le den sentido y vida al proletariado)
6 Por lo mismo, el socialismo marxista revolucionario de Lenin no es
"obrerista abstracto", no idealiza al proletariado. Le exige, como a
cualquier clase determinante de una estructura social, que cumpla con
la tarea que le cabe en el desarrollo general de la historia de la
humanidad, y lo juzga segÃn su comportamiento en el plano de su
voluntad de lucha para dejar de ser proletariado y liberar a la
humanidad en su conjunto de los modos de producciÃn basados en la
divisiÃn de la sociedad en clases. En la vida prÃctica, el socialismo
revolucionario no es mÃs antiburguÃs que antisocialista es la
burguesÃa. Cabe recordar que en los primeros tiempos de la RevoluciÃn
de Octubre, ni siquiera se pensaba en tocar los intereses de la banca
imperialista, segÃn testimonio del principal banquero imperialista en
Petrogrado, un tal Epstein citado por E.H.Carr en su monumental
Historia de la Rusia SoviÃtica. La violencia y profundizaciÃn
inmediata del proceso revolucionario fueron mÃs medidas de autodefensa
contra la agresiÃn burguesa que ejecuciÃn sistemÃtica de puntos de un
programa previamente redactado.
7 Se suele plantear que la burguesÃa surcoreana y taiwanesa desmienten
el carÃcter general de la hipÃtesis. No es Ãste el sitio para debatir
el asunto, pero no nos parece tan segura la desmentida.
8 Eso, claro, cuando no se ven forzados a defenderse de los
representantes de la burguesÃa que -Chiang Kai Shek... pero tambiÃn
Osinde- busca asesinarlos ante la posibilidad, real o imaginada, de
que lleguen al poder.
9 Incluyendo tanto a PerÃn como a Fidel. No discutimos ahora si esto
se debe a la coyuntura particular que dio origen a la revoluciÃn
bolivariana y le permite contar con un margen de maniobra mayor que el
de sus predecesores, o a algÃn otro motivo; solo estamos planteando lo
que nos parece una verdad empÃrica, sujeta por supuesto a discusiÃn.
10 Al punto de que a meros ocho aÃos de la revoluciÃn de Octubre su
viuda afirmaba que de haber estado vivo Lenin, Stalin lo hubiera
encarcelado.
11 Como, dicho sea de paso, sà lo era Clay, que no por casualidad pasÃ
sin pena ni gloria a ocupar las notas al pie de los libros de historia
estadounidense.
12 En este caso, viene en dos versiones: "ChÃvez habla de Lenin porque
tiene que pelear contra unos dinosaurios marxistoides que molestan y
no sirven para nada" / "ChÃvez habla de apoyar a la burguesÃa para
engaÃar a los enemigos, pero lo importante es que menciona a Lenin"
13 En la jerga polÃtica argentina se denomina el proceso como
"alvearizaciÃn", pero no es exclusivo del radicalismo (que es el
partido al que afectà la "alvearizaciÃn" propiamente dicha). TambiÃn
lo sufrieron el peronismo (Menem) y el roquismo, cuando devino
"Partido Conservador".
14 Collor de Mello era sobrino del gran laboralista y ministro de
Trabajo de GetÃlio Vargas, Lindolfo Collor. No pudo llegar a ser el
Menem de Brasil porque la historia fue piadosa con Ãl, y esa tarea le
cupo al Angeloz brasileÃo, F. H. Cardoso: en Brasil se invirtià el
fraude postelectoral argentino, porque mientras aquà Menem/Collor hizo
propio el programa de Angeloz/Cardoso, en Brasil Cardoso/AlfonsÃn hizo
propio el programa de Collor/Menem. Pero para el caso el resultado es
indiferente: por cualquiera de las dos vÃas, el campo del "patriotismo
popular... burguÃs" tratà de responder a la ofensiva imperialista
arrojando todas sus banderas bÃsicas por la borda.
15 En rigor, Bielorrusia debe su existencia independiente a la
RevoluciÃn de Octubre y a LenÃn en especial. JamÃs habÃa sido un
Estado soberano. Pero, obsesionado con liquidar la polÃtica de
opresiÃn nacional del zarismo, Lenin fomentà incluso la creaciÃn de
Estados propios para nacionalidades de existencia real cuestionada.
Muchos de los camaradas de Lenin creÃan que su obsesiÃn con la
existencia de un Estado bielorruso independiente dentro de la
FederaciÃn Socialista SoviÃtica era un capricho personal...
16 CITAR AQUÃ TEXTO DE YOSHIE FURUHASHI SOBRE ISLAMO-LENINISMO
17 Quien traducÃa a Rousseau para las masas de la AmÃrica HispÃnica en
revoluciÃn y si bien omitÃa la traducciÃn de los capitulos referidos a
la religiÃn lo hacÃa solo para asegurar la mejor recepciÃn del mensaje
polÃtico fundamental del ginebrino.


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