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Re: [A-List] Reflections of President Fidel Castro: Deliberate lies, strange deaths and aggression to the world economy
- To: The A-List <a-list@xxxxxxxxxxxxxxxxxxx>, "Radical anti-capitalist environmental discussion." <rad-green@xxxxxxxxxxxxxxxxxxx>
- Subject: Re: [A-List] Reflections of President Fidel Castro: Deliberate lies, strange deaths and aggression to the world economy
- From: Macdonald Stainsby <mstainsby@xxxxxxxxx>
- Date: Wed, 26 Sep 2007 18:28:16 -0600
- User-agent: Thunderbird 2.0.0.6 (Windows/20070728)
NÃstor Gorojovsky wrote:
Does anyone know how to obtain the version in Spanish. Tku
Reflexiones del PRESIDENTE FIDEL CASTRO
Mentiras deliberadas, muertes extraÃas y agresiÃn a la economÃa mundial
En una reflexiÃn hablà de barras de oro depositadas en los sÃtanos de
las Torres Gemelas. Esta vez el tema es bastante mÃs complejo y difÃcil
de creer. Hace casi cuatro dÃcadas cientÃficos residentes en Estados
Unidos descubrieron Internet, del mismo modo que Albert Einstein, nacido
en Alemania, descubrià en su tiempo la fÃrmula para medir la energÃa
atÃmica.
Einstein era un gran cientÃfico y humanista. Contradijo las leyes
fÃsicas, hasta entonces sagradas, de Newton. Sin embargo, las manzanas
siguieron cayendo en virtud de la ley de la gravedad definida por este.
Eran dos formas diferentes de observar e interpretar la naturaleza, de
la cual se poseÃan muy pocos datos en los dÃas de Newton. Recuerdo lo
que leà hace mÃs de 50 aÃos sobre la famosa teorÃa de la relatividad
elaborada por Einstein: la energÃa es igual a la masa multiplicada por
el cuadrado de la velocidad de la luz, que se denomina C: E=MCÂ. ExistÃa
el dinero de Estados Unidos y los recursos necesarios para realizar tan
costosa investigaciÃn. El tiempo polÃtico debido al odio generalizado
por las brutalidades del nazismo en la naciÃn mÃs rica y productiva de
un mundo destruido por la contienda, convirtià aquella fabulosa energÃa
en bombas que fueron arrojadas sobre las poblaciones indefensas de
Hiroshima y Nagasaki, ocasionÃndoles cientos de miles de muertos y un
nÃmero similar de personas irradiadas que fallecieron en el transcurso
de los aÃos posteriores.
Gus W. Weiss se atribuyà el plaan de suministrar softwares contaminados
a la URSS. Su âsuicidioâ sigue despertando sospechas.
Gus W. Weiss se atribuyÃ
el plaan de suministrar softwares contaminados a
la URSS. Su âsuicidioâ sigue despertando sospechas.
Un ejemplo claro del uso de la ciencia y la tecnologÃa con los mismos
fines hegemÃnicos se describe en un artÃculo del ex oficial de Seguridad
Nacional de Estados Unidos Gus W. Weiss, aparecido originalmente en la
revista Studies in Intelligence, en 1996, aunque con real difusiÃn en el
aÃo 2002, titulado EngaÃando a los soviÃticos. En Ãl Weiss se atribuye
la idea de hacerle llegar a la URSS los softwares que necesitaba para su
industria, pero ya contaminados con el objetivo de hacer colapsar la
economÃa de aquel paÃs.
SegÃn notas tomadas del capÃtulo 17 del libro Al borde del abismo:
Historias de la guerra frÃa contadas desde adentro, de Thomas C. Reed,
ex secretario de la Fuerza AÃrea de Estados Unidos, Leonid Brezhnev le
dijo a un grupo de altos funcionarios del Partido en 1972: "Nosotros los
comunistas tenemos que seguir arando con los capitalistas durante algÃn
tiempo. Necesitamos sus crÃditos, su agricultura y su tecnologÃa; pero
vamos a continuar grandes programas militares, y para mediados de los 80
estaremos en posiciÃn de volver a una polÃtica exterior agresiva,
diseÃada a tener ventaja sobre el Oeste." Esta informaciÃn fue
confirmada por el Departamento de Defensa en audiencias ante el ComitÃ
de la CÃmara sobre la Banca y la Moneda en 1974.
A principios de los 70 el gobierno de Nixon planteà la idea de la
distensiÃn. Henry Kissinger tenÃa la esperanza de que "con el tiempo, el
comercio y las inversiones pudieran reducir la tendencia del sistema
soviÃtico a la autarquÃa"; Ãl consideraba que la distensiÃn podrÃa
"invitar a la gradual asociaciÃn de la economÃa soviÃtica con la de la
economÃa mundial y asà fomentar la interdependencia que aÃade un
elemento de estabilidad a la relaciÃn polÃtica".
Reagan se inclinaba a ignorar las teorÃas de Kissinger sobre la
distensiÃn y a tomarle la palabra al presidente Brezhnev, pero se
eliminaron todas las dudas el 19 de julio de 1981, cuando el nuevo
Presidente de Estados Unidos se reunià con el presidente FranÃois
Mitterrand, de Francia, en la cumbre econÃmica del G 7 en Ottawa. En una
conversaciÃn aparte, Mitterrand le informà a Reagan acerca del Ãxito de
sus servicios de Inteligencia al reclutar a un agente de la KGB. El
hombre pertenecÃa a una secciÃn que evaluaba los logros de los esfuerzos
soviÃticos para adquirir tecnologÃa de Occidente. Reagan expresà gran
interÃs en las delicadas revelaciones de Mitterrand y tambiÃn su
agradecimiento por su oferta de hacerle llegar el material al gobierno
de Estados Unidos.
El dossier, bajo el nombre de Farewell, llegà a la CIA en agosto de
1981. Dejaba claro que los soviÃticos llevaban aÃos realizando sus
actividades de investigaciÃn y desarrollo. Dada la enorme transferencia
de tecnologÃa en radares, computadoras, mÃquinas-herramientas y
semiconductores de Estados Unidos a la UniÃn SoviÃtica, podrÃa decirse
que el PentÃgono estaba en una carrera armamentista consigo mismo.
El Dossier Farewell tambiÃn identificaba a cientos de oficiales de
casos, agentes en sus puestos y otros suministradores de informaciÃn a
travÃs de Occidente y JapÃn. Durante los primeros aÃos de la distensiÃn,
Estados Unidos y la UniÃn SoviÃtica habÃan establecido grupos de trabajo
en agricultura, aviaciÃn civil, energÃa nuclear, oceanografÃa,
computadoras y medio ambiente. El objetivo era comenzar a construir
"puentes de paz" entre las superpotencias. Los miembros de los grupos de
trabajo debÃan intercambiar visitas a sus centros.
Aparte de la identificaciÃn de agentes, la informaciÃn mÃs Ãtil aportada
por el Dossier la constituÃa la "lista de compras" y sus objetivos en
cuanto a la adquisiciÃn de tecnologÃa en los aÃos venideros. Cuando el
Dossier Farewell llegà a Washington, Reagan le pidià al Director de la
CIA, Bill Casey, que ideara un uso operativo clandestino del material.
La producciÃn y transporte de petrÃleo y gas era una de las prioridades
soviÃticas. Un nuevo gasoducto transiberiano debÃa llevar gas natural
desde los yacimientos de gas de Urengoi en Siberia a travÃs de
KazajstÃn, Rusia y Europa oriental hasta los mercados de divisas de
Occidente. Para automatizar la operaciÃn de vÃlvulas, compresores e
instalaciones de almacenaje en una empresa tan inmensa, los soviÃticos
necesitaban sistemas de control sofisticados. Compraron computadoras de
los primeros modelos en el mercado abierto, pero cuando las autoridades
del gasoducto abordaron a Estados Unidos para adquirir el software
necesario, fueron rechazados. ImpertÃrritos, los soviÃticos buscaron en
otra parte; se envià un operativo de la KGB a penetrar un proveedor
canadiense de softwares en un intento por adquirir los cÃdigos
necesarios. La inteligencia estadounidense, avisada por el agente del
Dossier Farewell, respondià y manipulà el software antes de enviarlo.
Una vez en la UniÃn SoviÃtica, las computadoras y el software,
trabajando juntos, hacÃan operar el gasoducto maravillosamente. Pero esa
tranquilidad era engaÃosa. En el software que operaba el gasoducto habÃa
un caballo de Troya, tÃrmino que se usa para calificar lÃneas de
software ocultas en el sistema operativo normal, que hacen que dicho
sistema se descontrole en el futuro, o al recibir una orden desde el
exterior.
Con el objetivo de afectar las ganancias de divisas provenientes de
Occidente y la economÃa interna de Rusia, el software del gasoducto que
debÃa operar las bombas, turbinas y vÃlvulas habÃa sido programado para
descomponerse despuÃs de un intervalo prudencial y resetear âasà se
calificaâ las velocidades de las bombas y los ajustes de las vÃlvulas
haciÃndolas funcionar a presiones muy por encima de las aceptables para
las juntas y soldaduras del gasoducto.
"El resultado fue la mÃs colosal explosiÃn no nuclear e incendio jamÃs
vistos desde el espacio. En la Casa Blanca, funcionarios y asesores
recibieron la advertencia de satÃlites infrarrojos de un extraÃo evento
en medio de un lugar despoblado del territorio soviÃtico. El NORAD
(Comando de Defensa Aeroespacial Norteamericano) temÃa que fuera el
lanzamiento de misiles desde un lugar donde no se conocÃa que hubiera
cohetes basificados; o quizÃs fuera la detonaciÃn de un dispositivo
nuclear. Los satÃlites no habÃan detectado ninguna pulsaciÃn
electromagnÃtica caracterÃstica de las detonaciones nucleares. Antes de
que tales indicios pudieran convertirse en una crisis internacional, Gus
Weiss llegà por un pasillo para decirles a sus colegas del CSN (Consejo
de Seguridad Nacional) que no se preocuparan, afirma Thomas Reed en su
libro."
La campaÃa de contramedidas basadas en el Dossier Farewell fue una
guerra econÃmica. Aunque no hubo bajas personales debido a la explosiÃn
del gasoducto, hubo un daÃo significativo para la economÃa soviÃtica.
Como gran final entre 1984 y 1985 Estados Unidos y sus aliados de la
OTAN concluyeron esta operaciÃn, que terminà eficazmente con la
capacidad de la URSS para captar tecnologÃa en un momento en que MoscÃ
se encontraba entre la espada de una economÃa defectuosa, por un lado, y
la pared de un presidente estadounidense empecinado en prevalecer y
poner fin a la guerra frÃa, por el otro.
Moscà se encontraba entre la espada de una economÃa defectuosa, por un
lado, y la pared de un presidente estadounidense empecinado en
prevalecer y poner fin a la guerra frÃa, por el otro.
Moscà se encontraba entre
la espada de una economÃa defectuosa, por un lado,
y la pared de un presidente estadounidense empecinado en prevalecer y
poner fin
a la guerra frÃa, por el otro.
En el artÃculo de Weiss ya citado se afirma que: "en 1985, el caso tuvo
un giro singular cuando salià a la luz informaciÃn sobre el expediente
Farewell en Francia. Mitterrand llegà a sospechar que el agente
soviÃtico habÃa sido un montaje plantado por la CIA para ponerle a
prueba y decidir si el material serÃa entregado a los estadounidenses o
mantenido por los franceses. Actuando a partir de esa idea, Mitterrand
despidià al jefe del servicio francÃs, Yves Bonnet."
Gus W. Weiss fue quien se atribuyÃ, como ya se dijo, el siniestro plan
para hacer llegar a la URSS los softwares defectuosos, cuando Estados
Unidos tuvo en su poder el Dossier Farewell. Murià el 25 de noviembre
del 2003 a la edad de 72 aÃos. El Washington Post no reportà su muerte
hasta el 7 de diciembre, 12 dÃas despuÃs. Dijo que Weiss se "cayÃ" de su
edificio de residencia, "Watergate", en Washington, y afirmà tambiÃn que
un mÃdico forense de la capital norteamericana declarà su muerte como un
"suicidio". El periÃdico de su ciudad natal, el Nashville Tennessean,
publicà la noticia una semana despuÃs del Washington Post, y advirtiÃ
que en esa fecha todo lo que podrÃan decir era que "las circunstancias
que rodearon su muerte no se podÃan confirmar todavÃa."
Antes de morir dejà escritas unas notas inÃditas bajo el tÃtulo El
dossier de despedida: el engaÃo estratÃgico y la guerra econÃmica en la
guerra frÃa.
Weiss se graduà en la Vanderbilt University. TenÃa postgrados de Harvard
y de la New York University.
Su trabajo para el gobierno se concentrà en asuntos de Seguridad
Nacional, organizaciones de Inteligencia y preocupaciones con el
traslado de tecnologÃa a paÃses comunistas. Trabajà con la CIA, con la
Junta de Defensa CientÃfica del PentÃgono y con el Comità de SeÃales de
Inteligencia de la Junta de Inteligencia de EE. UU.
Recibià la Medalla de MÃrito de la CIA y la Medalla "Cipher", del
Consejo de Seguridad Nacional. Los franceses le concedieron la "LegiÃn
de Honor", en 1975.
No dejà sobrevivientes.
Weiss se habÃa declarado en contra de la guerra en Iraq poco antes de su
"suicidio". Es interesante tener en cuenta que 18 dÃas antes de la
muerte de Weiss, tambiÃn se suicidà âel 7 de noviembre de 2003â otro
analista del gobierno de Bush, John J. Kokal (58 aÃos). Este saltà a su
muerte desde una oficina en el Departamento de Estado donde trabajaba.
Kokal era analista de Inteligencia para el Departamento de Estado en
asuntos relacionados con Iraq.
Consta en documentos ya publicados que Mijail Gorbachov se enfureciÃ
cuando comenzaron los arrestos y deportaciones de agentes soviÃticos en
varios paÃses, pues desconocÃa que el contenido del Dossier Farewell
estaba en poder de los principales jefes de gobierno de la OTAN. En una
reuniÃn del Burà PolÃtico el 22 de octubre de 1986, convocada para
informar a sus colegas sobre la Cumbre de Reykjavik, alegà que los
estadounidenses estaban "actuando muy descortÃsmente y comportÃndose
como bandidos". sAunque mostraba un rostro complaciente en pÃblico, en
privado Gorbachov se referÃa a Reagan como "un mentiroso".
En los dÃas finales de la UniÃn SoviÃtica, el Secretario General del
PCUS tuvo que andar a ciegas. Gorbachov no tenÃa idea de lo que estaba
ocurriendo en los laboratorios e industrias de alta tecnologÃa de
Estados Unidos; ignoraba por completo que los laboratorios e industrias
soviÃticas habÃan sido comprometidos y hasta quà punto.
Los pragmÃticos de la Casa Blanca andaban igualmente a ciegas mientras
esto ocurrÃa.
El presidente Ronald Reagan jugaba su carta de triunfo: la Iniciativa de
Defensa EstratÃgica/Guerra de las Galaxias. SabÃa que los soviÃticos no
podÃan competir en esa liga, porque no podÃan sospechar que su industria
electrÃnica estaba infectada con virus y caballos de Troya colocados
allà por la comunidad de Inteligencia de Estados Unidos.
La ex primera ministra britÃnica, en sus memorias, publicadas por una
importante editorial inglesa en 1993 con el tÃtulo Margaret Thatcher,
los aÃos en Downing Street, expresa que todo el plan de Reagan
relacionado con la Guerra de las Galaxias y la intenciÃn de hacer
colapsar econÃmicamente a la UniÃn SoviÃtica fue el plan mÃs brillante
de esa administraciÃn, y que condujo definitivamente al derrumbe del
socialismo en Europa.
En el capÃtulo XVI de su libro explica la participaciÃn de su gobierno
en la Iniciativa de Defensa EstratÃgica.
Llevarla a cabo fue, a juicio de Thatcher, la "decisiÃn mÃs importante"
de Reagan, "probà resultar clave en la victoria del Oeste en la guerra
frÃa". Impuso "mÃs tensiones econÃmicas y mayor austeridad" a la
sociedad soviÃtica, en fin, sus "implicaciones tecnolÃgicas y
financieras para la URSS fueron devastadoras".
Bajo el subtÃtulo "Reevaluando a la UniÃn SoviÃtica", describe una serie
de conceptos cuya esencia està contenida en pÃrrafos textuales tomados
de ese largo pasaje, en los que deja constancia del brutal complot.
"En los albores de 1983, los soviÃticos deben haber comenzado a darse
cuenta de que su juego de manipulaciÃn e intimidaciÃn pronto se
acabarÃa. Los gobiernos europeos no estaban dispuestos a caer en la
trampa tendida por la propuesta de una âzona libre de armas nuclearesâ
para Europa. Continuaron los preparativos para el despliegue de los
misiles Crucero y Pershing. En el mes de marzo, el presidente Reagan
anuncià los planes de Estados Unidos para una Iniciativa de Defensa
EstratÃgica (IDE), cuyas consecuencias tecnolÃgicas y financieras para
la URSS serÃan devastadoras."
"[... ] no me cabÃa la menor duda de lo correcto de su dedicaciÃn en
insistir en el programa. Analizado retrospectivamente, ahora me queda
claro que la decisiÃn original de Ronald Reagan sobre la Iniciativa de
Defensa EstratÃgica fue la mÃs importante de su presidencia."
"Al formular nuestro enfoque a la Iniciativa de Defensa EstratÃgica,
habÃa cuatro elementos diferentes que tuve en cuenta. El primero fue la
ciencia en sà misma.
Estados Unidos impuso a la URSS una brutal competencia militar con un
extraordinario costo econÃmico.
Estados Unidos impuso a la URSS una brutal competencia militar con un
extraordinario costo econÃmico.
"El objetivo de Estados Unidos en la Iniciativa de Defensa EstratÃgica
era desarrollar una defensa nueva y mucho mÃs eficaz contra los misiles
balÃsticos."
"Este concepto de defensa se basaba en la capacidad de atacar a los
misiles balÃsticos lanzados en cualquier etapa de su vuelo, desde la
fase de impulsiÃn cuando el misil y todas sus ojivas y seÃuelos estaban
juntos, hasta el punto de reentrada en la atmÃsfera terrestre en su
camino hacia el blanco."
"El segundo elemento que habÃa que tener en cuenta eran los acuerdos
internacionales existentes, que limitaban el despliegue de armas en el
espacio y los sistemas de proyectiles antibalÃsticos. El Tratado sobre
la LimitaciÃn de los Sistemas de Proyectiles AntibalÃsticos, de 1972,
enmendado por un Protocolo de 1974, permitÃa a Estados Unidos y a la
UniÃn SoviÃtica emplazar un sistema de proyectiles antibalÃsticos
estÃtico con hasta cien lanzacohetes para defender su campo de silos de
misiles balÃsticos intercontinentales."
"La Oficina de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Defensa
britÃnicos siempre procuraron insistir en la interpretaciÃn mÃs estrecha
posible que los estadounidenses âacertadamente a mi juicioâ creyeron que
habrÃa significado que la Iniciativa de Defensa EstratÃgica habÃa muerto
al nacer. Siempre he tratado de distanciarme de esta fraseologÃa y dejÃ
claro en privado y en pÃblico que no podÃa decirse que se hubiera
completado la investigaciÃn sobre si un sistema era viable hasta que se
hubiese ensayado con Ãxito. Subyacente en esta jerga, este punto al
parecer tÃcnico era realmente una cuestiÃn de evidente sentido comÃn.
Sin embargo, se convertirÃa en la cuestiÃn que dividià a Estados Unidos
y a la URSS en la cumbre de Reykjavik, de modo que cobrà gran importancia.
"El tercer elemento en el cÃlculo fue la fuerza relativa de las dos
partes en la defensa contra proyectiles balÃsticos. Solo la UniÃn
SoviÃtica poseÃa un sistema de proyectiles antibalÃsticos (conocido como
GALOSH) en los alrededores de MoscÃ, que en esos momentos estaban
perfeccionando. Los estadounidenses jamÃs habÃan emplazado un sistema
equivalente."
"Los soviÃticos tambiÃn estaban mÃs avanzados en las armas
antisatÃlites. Por consiguiente, habÃa un argumento fuerte de que los
soviÃticos ya habÃan adquirido una ventaja inaceptable en toda esta esfera.
"El cuarto elemento era lo que implicaba la Iniciativa de Defensa
EstratÃgica para la disuasiÃn. Al principio sentà bastante simpatÃa por
la filosofÃa tras el Tratado sobre la LimitaciÃn de los Sistemas de
Proyectiles AntibalÃsticos, que era que mientras mÃs ultramoderna y
efectiva fuera la defensa contra los misiles nucleares, mayor presiÃn
habÃa para procurar avances enormemente costosos en la tecnologÃa para
las armas nucleares. Siempre creà en una versiÃn con ligeras condiciones
de la doctrina conocida como âdestrucciÃn recÃproca seguraâ, MAD por sus
siglas en inglÃs. La amenaza de lo que yo prefiero llamar âdestrucciÃn
inaceptableâ que se producirÃa tras un intercambio nuclear era tal, que
las armas nucleares constituÃan un elemento de disuasiÃn efectivo contra
la guerra no solo nuclear, sino tambiÃn convencional."
"Pronto comencà a ver que la Iniciativa de Defensa EstratÃgica no
socavarÃa la disuasiÃn nuclear, sino que la fortalecerÃa. A diferencia
del presidente Reagan y de otros miembros de su AdministraciÃn, jamÃs
creà que la Iniciativa de Defensa EstratÃgica podrÃa ofrecer una
protecciÃn al ciento por ciento, pero permitirÃa que suficientes misiles
de Estados Unidos sobrevivieran a un primer golpe de los soviÃticos."
"El tema de la Iniciativa de Defensa EstratÃgica fue el que dominà mis
conversaciones con el presidente Reagan y con los miembros de su
AdministraciÃn cuando fui a Camp David el sÃbado 22 de diciembre de 1984
para informar a los estadounidenses sobre mis conversaciones previas con
el seÃor Gorbachov. Esa fue la primera vez que oà al presidente Reagan
hablar sobre la Iniciativa de Defensa EstratÃgica. Hablà de eso
apasionadamente. Estaba en su punto mÃs idealista. Destacà que la
Iniciativa de Defensa EstratÃgica serÃa un sistema defensivo y que no
era su intenciÃn obtener para Estados Unidos una ventaja unilateral. Es
mÃs, dijo que si la Iniciativa de Defensa EstratÃgica tenÃa Ãxito
estarÃa dispuesto a internacionalizarla de modo que estuviera al
servicio de todos los paÃses, y le habÃa dicho lo mismo al seÃor
Gromyko. Reafirmà su objetivo a largo plazo de eliminar totalmente las
armas nucleares.
"Esas observaciones me pusieron nerviosa. Me horrorizaba pensar que
Estados Unidos estuvieran dispuestos a echar por la borda la ventaja tan
arduamente ganada en materia de tecnologÃa al ponerla a disposiciÃn de
todo el mundo."
"Lo que escuchÃ, ahora que llegÃbamos a la discusiÃn de las
probabilidades reales mÃs que de una concepciÃn amplia, era
tranquilizador. El presidente Reagan no simulaba que ellos supieran aÃn
a dÃnde pudieran conducir las investigaciones. Pero recalcà que âademÃs
de sus argumentos anteriores a favor de la Iniciativa de Defensa
EstratÃgicaâ seguirle el ritmo a Estados Unidos impondrÃa una presiÃn
econÃmica a la UniÃn SoviÃtica. Argumentà que no existÃa un lÃmite
prÃctico en cuanto hasta dÃnde el gobierno soviÃtico podrÃa arrastrar a
su pueblo por el camino de la austeridad."
"Ahora yo anotaba, mientras conversaba con el asesor para la Seguridad
Nacional Bud McFarlane, los cuatro puntos que me parecÃan mÃs cruciales.
"Mis funcionarios luego insertarÃan los detalles. El Presidente y yo
acordamos un texto donde se exponÃa la polÃtica.
"La secciÃn principal de mi declaraciÃn expresa:
"Le hablà al Presidente acerca de mi firme convicciÃn de que el programa
de investigaciones de la Iniciativa de Defensa EstratÃgica debÃa
continuar. La investigaciÃn, por supuesto, es permitida segÃn los
tratados existentes entre Estados Unidos y la UniÃn SoviÃtica; y, por
supuesto, sabemos que los rusos ya tienen su programa de investigaciones
y, en opiniÃn de Estados Unidos, han ido ya mÃs allà de las
investigaciones. Convinimos en cuatro puntos: 1. El objetivo de Estados
Unidos, de Occidente, no era alcanzar la superioridad, sino mantener el
equilibrio, tomando en cuenta los avances soviÃticos; 2. El despliegue
relacionado con la Iniciativa de Defensa EstratÃgica, en vista de las
obligaciones que imponÃan los tratados, tendrÃa que ser una cuestiÃn
para la negociaciÃn; 3. El objetivo general es aumentar, no socavar,
disuasiÃn; 4. La negociaciÃn entre el Este y Occidente debe apuntar
hacia alcanzar la seguridad con niveles reducidos de sistemas ofensivos
de ambos lados. Este serà el propÃsito de las negociaciones reanudadas
entre Estados Unidos y la UniÃn SoviÃtica sobre el control de los
armamentos, que yo acojo con beneplÃcito.
El libro Legado de Cenizas, de Tim Weiner, una investigaciÃn sobre los
programas secretos de Estados Unidos.
El libro Legado de Cenizas,
de Tim Weiner, una investigaciÃn sobre los programas secretos de Estados
Unidos.
"Posteriormente supe que George Schultz âentonces Secretario de Estadoâ
pensaba que yo habÃa asegurado una concesiÃn demasiado grande por parte
de los americanos en la redacciÃn; pero eso, de hecho, nos daba âtanto a
ellos como a nosotrosâ una lÃnea clara y defendible, y ayudaba a
tranquilizar a los miembros europeos de la OTAN. Un dÃa de trabajo muy
productivo."
MÃs adelante, con el subtÃtulo de "Visita A Washington: febrero de
1985", Margaret Thatcher expresa:
"Visità Washington nuevamente en febrero de 1985. Las negociaciones
sobre armamentos entre los americanos y la UniÃn SoviÃtica ya se habÃan
reanudado, pero la Iniciativa de Defensa EstratÃgica seguÃa siendo una
fuente de discusiÃn. Yo debÃa hablar ante una reuniÃn conjunta del
Congreso en la maÃana del miÃrcoles 20 de febrero y llevà conmigo desde
Londres como regalo una estatua de bronce de Winston Churchill, a quien
tambiÃn muchos aÃos antes se le habÃa honrado con tal invitaciÃn.
Trabajà de manera especialmente ardua en este discurso. UtilizarÃa el
teleprompter para pronunciarlo. SabÃa que el Congreso habÃa visto al
propio âGran Comunicadorâ pronunciando discursos intachables y yo
tendrÃa un auditorio exigente. De modo que decidà practicar la lectura
del texto hasta que lograra pronunciarlo con la entonaciÃn y el Ãnfasis
correctos. Hablar a partir del teleprompter, debo agregar, es una
tÃcnica totalmente distinta a hablar a partir de notas. De hecho, el
presidente Reagan me prestà su propio teleprompter y yo lo habÃa llevado
de vuelta a la Embajada britÃnica, donde estaba alojada. Harvey Thomas,
quien me acompaÃaba, lo consiguià y, haciendo caso omiso de cualquier
desfase horario, practiquà hasta las 4:00 a.m. No me acostÃ, comenzando
el nuevo dÃa de trabajo con mi acostumbrado cafà negro y mis tabletas de
vitaminas; despuÃs concedà entrevistas televisivas a partir de las 6:45
a.m.; pasà por la peluquera y estuve lista a las 10:30 para partir hacia
el Capitolio. Utilicà mi discurso, que abordaba extensamente los asuntos
internacionales, para dar un fuerte apoyo a la Iniciativa de Defensa
EstratÃgica. Tuve una acogida fabulosa."
"El mes siguiente (marzo de 1985) ocurrià la muerte del seÃor Chernenko
y notablemente, sin mucha demora, la sucesiÃn del seÃor Gorbachov a la
direcciÃn de la UniÃn SoviÃtica. Una vez mÃs asistà a un funeral en
MoscÃ: el tiempo estaba, incluso, mÃs frÃo que en el de Yuri AndrÃpov.
El seÃor Gorbachov tenÃa que atender a gran cantidad de dignatarios
extranjeros. Pero tuve una charla de casi una hora con Ãl esa tarde en
el SalÃn de Santa Catalina del Kremlin. La atmÃsfera era mÃs formal que
en Chequers (residencia rural oficial de los primeros ministros
britÃnicos desde 1921), y la presencia callada, sardÃnica, del seÃor
Gromyko no ayudaba. Pero pude explicarles las implicaciones de la
polÃtica que yo habÃa convenido con el presidente Reagan en el mes de
diciembre anterior en Camp David. Estaba claro que la Iniciativa de
Defensa EstratÃgica era ahora la preocupaciÃn principal de los
soviÃticos en tÃrminos de control de armamentos. El seÃor Gorbachov
trajo, como habÃamos esperado, un nuevo estilo al gobierno soviÃtico. Ãl
hablaba abiertamente del horrible estado de la economÃa soviÃtica,
aunque todavÃa en esta etapa se apoyaba en los mÃtodos asociados con la
campaÃa del seÃor AndrÃpov por una mayor eficiencia mÃs que en una
reforma radical. Un ejemplo de ello fueron las medidas draconianas que
tomà Gorbachov contra el alcoholismo. Pero, a medida que avanzà el aÃo,
no hubo seÃales de mejorÃa de las condiciones en la UniÃn SoviÃtica. De
hecho, como seÃalà nuestro nuevo y gran embajador en MoscÃ, Brian
Cartledge, que habÃa sido mi secretario privado sobre relaciones
exteriores cuando resultà Primera Ministra por primera vez, en uno de
sus primeros informes, era cuestiÃn de âcompota maÃana y, mientras
tanto, nada de vodka hoyâ.
"Las relaciones de Gran BretaÃa con la UniÃn SoviÃtica entraron en un
claro periodo de frialdad como resultado de las expulsiones que yo
autoricà de funcionarios soviÃticos que habÃan estado realizando actos
de espionaje."
"En noviembre, el presidente Reagan y el seÃor Gorbachov celebraron su
primera reuniÃn en Ginebra. Sus resultados fueron escasos âlos
soviÃticos insistÃan en vincular las armas nucleares estratÃgicas con la
suspensiÃn de las investigaciones relativas a la Iniciativa de Defensa
EstratÃgicaâ pero pronto se desarrollà una simpatÃa personal entre los
dos lÃderes. Se habÃa expresado cierta preocupaciÃn en cuanto a que el
avispado y joven homÃlogo soviÃtico del presidente Reagan pudiera
superarlo en habilidad. Pero no fue asÃ, lo cual no me sorprendià en lo
absoluto, pues Ronald Reagan habÃa tenido muchÃsima prÃctica en sus
primeros aÃos como presidente del gremio de artistas de cine al llevar a
cabo negociaciones del sindicato sobre bases realistas ây nadie era mÃs
realista que el seÃor Gorbachov.
"Durante 1986 el seÃor Gorbachov demostrà gran sutileza en explotar la
opiniÃn pÃblica occidental al presentar propuestas tentadoras, pero
inaceptables, sobre el control de armamentos. Los soviÃticos dijeron
relativamente poco sobre el vÃnculo entre la Iniciativa de Defensa
EstratÃgica y la reducciÃn de las armas nucleares. Pero no se les dio
razÃn alguna para creer que los americanos estaban dispuestos a
suspender o detener las investigaciones relativas a la Iniciativa de
Defensa EstratÃgica. A finales de ese aÃo se acordà que el presidente
Reagan y el seÃor Gorbachov âcon sus Ministros de Relaciones Exterioresâ
se deberÃan reunir en Reykjavik, Islandia, para discutir ofertas
sustantivas."
"El hecho era que nosotros no podÃamos contener la investigaciÃn sobre
nuevos tipos de armas. TenÃamos que ser los primeros en obtenerlas. Es
imposible detener a la ciencia: no se detendrà por ser ignorada."
"En retrospectiva, puede considerarse que la Cumbre de Reykjavik ese fin
de semana del 11 y 12 de octubre [de 1986] tuvo una significaciÃn
absolutamente diferente a la que le atribuyà la mayorÃa de los
comentaristas en ese entonces. Se les habÃa preparado una trampa a los
americanos. Concesiones soviÃticas cada vez mayores se hicieron durante
la Cumbre: convinieron por primera vez en que los elementos de disuasiÃn
britÃnicos y franceses se excluyeran de las negociaciones sobre las
fuerzas nucleares de alcance intermedio; y que las reducciones en las
armas nucleares estratÃgicas debÃan dejar a cada bando con cantidades
iguales ây no sÃlo una reducciÃn porcentual, que habrÃa dejado a los
soviÃticos con clara ventaja. TambiÃn hicieron concesiones
significativas en cuanto a las cifras relativas a las fuerzas nucleares
de alcance intermedio. Cuando la Cumbre se acercaba a su fin, el
presidente Reagan propuso un acuerdo mediante el cual todo el arsenal de
armas nucleares estratÃgicas âbombarderos, misiles Crucero y balÃsticos
de largo alcanceâ se reducirÃa a la mitad en un plazo de cinco aÃos y
las mÃs poderosas de estas armas, los misiles balÃsticos estratÃgicos,
se eliminarÃan en un plazo de diez aÃos. El seÃor Gorbachov era aÃn mÃs
ambicioso: querÃa que se eliminaran todas las armas nucleares
estratÃgicas al concluir el periodo de diez aÃos.
"Pero entonces repentinamente, al mismÃsimo final, se accionà la trampa.
El presidente Reagan habÃa concedido que durante el periodo de diez aÃos
ambos bandos acordarÃan no retirarse del Tratado sobre la LimitaciÃn de
los Sistemas de Proyectiles AntibalÃsticos, aunque se permitirÃa el
desarrollo y los ensayos compatibles con el Tratado."
Pero Reagan sufrià una extraÃa amnesia en torno al detonante de la
brutal competencia militar que se le impuso a la URSS, con un
extraordinario costo econÃmico. Su publicitado diario no menciona
absolutamente nada del Dossier Farewell. En sus apuntes de cada dÃa,
publicados este aÃo, Ronald Reagan, hablando de su estancia en
Montebello, CanadÃ, expresa:
"Domingo 19 de julio (1981)
"El hotel es una maravillosa obra de ingenierÃa, hecha totalmente de
troncos. La mayor cabaÃa de troncos del mundo.
"Tuve un mano a mano con el Canciller Schmidt (Jefe del gobierno
alemÃn). Estaba realmente deprimido y de un humor pesimista acerca del
mundo.
"Luego me reunà con el presidente Mitterrand, le expliquà nuestro
programa econÃmico y que no tenÃamos nada que ver con las altas tasas de
interÃs.
"Esa noche cenamos solamente nosotros 8. Los 7 jefes de Estado y el
Presidente de la Comunidad Europea. Se convirtià realmente en una
conversaciÃn informal sobre cuestiones econÃmicas, debido bÃsicamente a
una sugerencia de la Primera Ministra Thatcher."
El resultado final de la gran conspiraciÃn y la alocada y costosa
carrera armamentista, cuando la UniÃn SoviÃtica estaba herida de muerte
en el orden econÃmico, lo cuenta en la introducciÃn al libro de Thomas
C. Reed, George H. W. Bush, el primer Presidente de la dinastÃa Bush,
quien participà de forma real en la Segunda Guerra Mundial, al escribir
textualmente:
"La guerra frÃa fue una lucha a favor de la mismÃsima alma de la
humanidad. Fue una lucha a favor de un modo de vida definido por la
libertad de una parte y por la represiÃn de la otra. Creo que ya hemos
olvidado cuÃn larga y dura fue esa lucha, y cuÃn cerca del desastre
nuclear estuvimos a veces. El hecho de que este no ocurriera da fe de
los honorables hombres y mujeres de ambos lados que mantuvieron su
serenidad e hicieron lo correcto âsegÃn su criterioâ en momentos de crisis.
"Este conflicto entre las superpotencias que sobrevivieron a la Segunda
Guerra Mundial comenzà cuando yo regresaba a casa de la guerra. En 1948,
el aÃo de mi graduaciÃn de la Universidad de Yale, los soviÃticos
trataron de cortar el acceso de Occidente a BerlÃn. Ese bloqueo condujo
a la creaciÃn de la OTAN, fue seguido de la primera prueba soviÃtica de
la bomba atÃmica, y se volvià sangriento con la invasiÃn a Corea del
Sur. DetrÃs de esto vinieron cuatro dÃcadas de enfrentamientos
nucleares, guerras donde cada superpotencia apoyaba al bando contrario y
privaciones econÃmicas.
"Yo tuve el privilegio de ser el Presidente de Estados Unidos cuando
todo esto llegà a su fin. En el otoÃo de 1989 los estados satÃlites
comenzaron a liberarse y revoluciones mayormente pacÃficas se
extendieron por Polonia, HungrÃa, Checoslovaquia y Rumania. Cuando cayÃ
el muro de BerlÃn, sabÃamos que se acercaba el fin.
"TendrÃan que transcurrir aÃn dos aÃos para que se acabara el imperio de
Lenin y Stalin. Yo recibà la buena nueva por medio de dos llamadas
telefÃnicas. La primera me llegà el 8 de diciembre de 1991, cuando Boris
Yeltsin me llamà desde un pabellÃn de caza cerca de Brest en
Bielorrusia. Habiendo sido recientemente elegido Presidente de la
RepÃblica rusa, Yeltsin se habÃa estado reuniendo con Leonid Kravchuk,
presidente de Ucrania y Stanislav Shushchevik, presidente de
Bielorrusia. âHoy ocurrià un acontecimiento muy importante en nuestro
paÃs,â dijo Yeltsin. âQuise informÃrselo yo mismo antes de que se
enterara por la prensa.â Entonces me dio la noticia: los Presidentes de
Rusia, Bielorrusia y Ucrania habÃan decidido disolver la UniÃn SoviÃtica.
"Dos semanas mÃs tarde, una segunda llamada confirmà que la antigua
UniÃn SoviÃtica desaparecerÃa. Mijail Gorbachov me contactà en Camp
David en la maÃana de Navidad de 1991. Nos deseà una feliz Navidad a
BÃrbara y a mà y luego pasà a resumir lo que habÃa sucedido en su paÃs:
la UniÃn SoviÃtica habÃa dejado de existir. Ãl acababa de comparecer en
la televisiÃn nacional para confirmar el hecho y habÃa transferido el
control de las armas nucleares soviÃticas al Presidente de Rusia.
âPueden disfrutar de una tranquila noche de Navidadâ, nos dijo. Y asÃ
terminà todo."
Consta, por un artÃculo publicado en The New York Times que la operaciÃn
utilizà casi todas las armas al alcance de la CIA âguerra sicolÃgica,
sabotaje, guerra econÃmica, engaÃo estratÃgico, contrainteligencia,
guerra cibernÃticaâ, todo ello en colaboraciÃn con el Consejo de
Seguridad Nacional, el PentÃgono y el FBI. Destruyà al pujante equipo de
espionaje soviÃtico, daÃà la economÃa y desestabilizà el Estado de ese
paÃs. Fue un Ãxito rotundo. De haberse hecho a la inversa (los
soviÃticos a los norteamericanos), pudiera haberse visto como un acto de
terrorismo.
Del tema se habla tambiÃn en otro libro titulado Legado de Cenizas, que
acaba de ser publicado. En la solapa del libro se expresa que "Tim
Weiner es un reportero de The New York Times, quien ha escrito sobre los
servicios de Inteligencia estadounidenses durante veinte aÃos, y obtuvo
un Premio Pulitzer por su trabajo sobre los programas secretos de
Seguridad Nacional. Ha viajado a AfganistÃn y otros paÃses para
investigar de primera mano las operaciones encubiertas de la CIA. Este
es su tercer libro.
"Legado de Cenizas se basa en mÃs de 50 000 documentos, provenientes
fundamentalmente de los propios archivos de la CIA, y cientos de
entrevistas a veteranos de dicha agencia, incluidos diez directores. Nos
muestra un panorama de la CIA desde su creaciÃn despuÃs de la Segunda
Guerra Mundial, pasando por sus batallas durante la guerra frÃa y la
guerra contra el terrorismo iniciada el 11 de Septiembre del 2001."
El artÃculo de Jeremy Allison, publicado en RebeliÃn en junio del 2006,
y los de Rosa Miriam Elizalde, publicados el 3 y el 10 de septiembre del
aÃo en curso, 2007, denuncian estos hechos destacando la idea de uno de
los fundadores del software libre, quien seÃalà que: "a medida que se
complejizan las tecnologÃas serà mÃs difÃcil detectar acciones de ese tipo".
Rosa Miriam publicà dos sencillos artÃculos de opiniÃn de apenas cinco
pÃginas cada uno. Si lo desea, puede escribir un libro de muchas
pÃginas. La recuerdo bien desde el dÃa en que, como periodista muy
joven, me preguntà ansiosa, nada menos que en una conferencia de prensa
hace mÃs de 15 aÃos, si yo pensaba que podrÃamos resistir el periodo
especial que nos caÃa encima con la desapariciÃn del campo socialista.
La URSS se derrumbà estrepitosamente. Desde entonces hemos graduado a
cientos de miles de jÃvenes en el nivel superior de enseÃanza. ÂQuà otra
arma ideolÃgica nos puede quedar que un nivel superior de conciencia! La
tuvimos cuando Ãramos un pueblo en su mayorÃa analfabeto o
semianalfabeto. Si lo que se desea es conocer verdaderas fieras, dejen
que en el ser humano prevalezcan los instintos. Sobre eso se puede
hablar mucho.
En la actualidad, el mundo està amenazado por una desoladora crisis
econÃmica. El gobierno de Estados Unidos emplea recursos econÃmicos
inimaginables para defender un derecho que viola la soberanÃa de todos
los demÃs paÃses: continuar comprando con billetes de papel las materias
primas, la energÃa, las industrias de tecnologÃas avanzadas, las tierras
mÃs productivas y los inmuebles mÃs modernos de nuestro planeta.
Fidel Castro Ruz
Septiembre 18 del 2007
6:37 p.m.
--
Macdonald Stainsby
Coordinator, http://oilsandstruth.org
--
moderated radical news & discussion list:
http://lists.econ.utah.edu/mailman/listinfo/rad-green
In the contradiction lies the hope.
--Bertholt Brecht.
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