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Re: [A-List] Reflections of President Fidel Castro: Deliberate lies, strange deaths and aggression to the world economy





NÃstor Gorojovsky wrote:
Does anyone know how to obtain the version in Spanish. Tku



Reflexiones del PRESIDENTE FIDEL CASTRO Mentiras deliberadas, muertes extraÃas y agresiÃn a la economÃa mundial

En una reflexiÃn hablà de barras de oro depositadas en los sÃtanos de las Torres Gemelas. Esta vez el tema es bastante mÃs complejo y difÃcil de creer. Hace casi cuatro dÃcadas cientÃficos residentes en Estados Unidos descubrieron Internet, del mismo modo que Albert Einstein, nacido en Alemania, descubrià en su tiempo la fÃrmula para medir la energÃa atÃmica.

Einstein era un gran cientÃfico y humanista. Contradijo las leyes fÃsicas, hasta entonces sagradas, de Newton. Sin embargo, las manzanas siguieron cayendo en virtud de la ley de la gravedad definida por este. Eran dos formas diferentes de observar e interpretar la naturaleza, de la cual se poseÃan muy pocos datos en los dÃas de Newton. Recuerdo lo que leà hace mÃs de 50 aÃos sobre la famosa teorÃa de la relatividad elaborada por Einstein: la energÃa es igual a la masa multiplicada por el cuadrado de la velocidad de la luz, que se denomina C: E=MCÂ. ExistÃa el dinero de Estados Unidos y los recursos necesarios para realizar tan costosa investigaciÃn. El tiempo polÃtico debido al odio generalizado por las brutalidades del nazismo en la naciÃn mÃs rica y productiva de un mundo destruido por la contienda, convirtià aquella fabulosa energÃa en bombas que fueron arrojadas sobre las poblaciones indefensas de Hiroshima y Nagasaki, ocasionÃndoles cientos de miles de muertos y un nÃmero similar de personas irradiadas que fallecieron en el transcurso de los aÃos posteriores.

Gus W. Weiss se atribuyà el plaan de suministrar softwares contaminados a la URSS. Su âsuicidioâ sigue despertando sospechas.
Gus W. Weiss se atribuyÃ
el plaan de suministrar softwares contaminados a
la URSS. Su âsuicidioâ sigue despertando sospechas.




Un ejemplo claro del uso de la ciencia y la tecnologÃa con los mismos fines hegemÃnicos se describe en un artÃculo del ex oficial de Seguridad Nacional de Estados Unidos Gus W. Weiss, aparecido originalmente en la revista Studies in Intelligence, en 1996, aunque con real difusiÃn en el aÃo 2002, titulado EngaÃando a los soviÃticos. En Ãl Weiss se atribuye la idea de hacerle llegar a la URSS los softwares que necesitaba para su industria, pero ya contaminados con el objetivo de hacer colapsar la economÃa de aquel paÃs.

SegÃn notas tomadas del capÃtulo 17 del libro Al borde del abismo: Historias de la guerra frÃa contadas desde adentro, de Thomas C. Reed, ex secretario de la Fuerza AÃrea de Estados Unidos, Leonid Brezhnev le dijo a un grupo de altos funcionarios del Partido en 1972: "Nosotros los comunistas tenemos que seguir arando con los capitalistas durante algÃn tiempo. Necesitamos sus crÃditos, su agricultura y su tecnologÃa; pero vamos a continuar grandes programas militares, y para mediados de los 80 estaremos en posiciÃn de volver a una polÃtica exterior agresiva, diseÃada a tener ventaja sobre el Oeste." Esta informaciÃn fue confirmada por el Departamento de Defensa en audiencias ante el Comità de la CÃmara sobre la Banca y la Moneda en 1974.

A principios de los 70 el gobierno de Nixon planteà la idea de la distensiÃn. Henry Kissinger tenÃa la esperanza de que "con el tiempo, el comercio y las inversiones pudieran reducir la tendencia del sistema soviÃtico a la autarquÃa"; Ãl consideraba que la distensiÃn podrÃa "invitar a la gradual asociaciÃn de la economÃa soviÃtica con la de la economÃa mundial y asà fomentar la interdependencia que aÃade un elemento de estabilidad a la relaciÃn polÃtica".

Reagan se inclinaba a ignorar las teorÃas de Kissinger sobre la distensiÃn y a tomarle la palabra al presidente Brezhnev, pero se eliminaron todas las dudas el 19 de julio de 1981, cuando el nuevo Presidente de Estados Unidos se reunià con el presidente FranÃois Mitterrand, de Francia, en la cumbre econÃmica del G 7 en Ottawa. En una conversaciÃn aparte, Mitterrand le informà a Reagan acerca del Ãxito de sus servicios de Inteligencia al reclutar a un agente de la KGB. El hombre pertenecÃa a una secciÃn que evaluaba los logros de los esfuerzos soviÃticos para adquirir tecnologÃa de Occidente. Reagan expresà gran interÃs en las delicadas revelaciones de Mitterrand y tambiÃn su agradecimiento por su oferta de hacerle llegar el material al gobierno de Estados Unidos.

El dossier, bajo el nombre de Farewell, llegà a la CIA en agosto de 1981. Dejaba claro que los soviÃticos llevaban aÃos realizando sus actividades de investigaciÃn y desarrollo. Dada la enorme transferencia de tecnologÃa en radares, computadoras, mÃquinas-herramientas y semiconductores de Estados Unidos a la UniÃn SoviÃtica, podrÃa decirse que el PentÃgono estaba en una carrera armamentista consigo mismo.

El Dossier Farewell tambiÃn identificaba a cientos de oficiales de casos, agentes en sus puestos y otros suministradores de informaciÃn a travÃs de Occidente y JapÃn. Durante los primeros aÃos de la distensiÃn, Estados Unidos y la UniÃn SoviÃtica habÃan establecido grupos de trabajo en agricultura, aviaciÃn civil, energÃa nuclear, oceanografÃa, computadoras y medio ambiente. El objetivo era comenzar a construir "puentes de paz" entre las superpotencias. Los miembros de los grupos de trabajo debÃan intercambiar visitas a sus centros.

Aparte de la identificaciÃn de agentes, la informaciÃn mÃs Ãtil aportada por el Dossier la constituÃa la "lista de compras" y sus objetivos en cuanto a la adquisiciÃn de tecnologÃa en los aÃos venideros. Cuando el Dossier Farewell llegà a Washington, Reagan le pidià al Director de la CIA, Bill Casey, que ideara un uso operativo clandestino del material.

La producciÃn y transporte de petrÃleo y gas era una de las prioridades soviÃticas. Un nuevo gasoducto transiberiano debÃa llevar gas natural desde los yacimientos de gas de Urengoi en Siberia a travÃs de KazajstÃn, Rusia y Europa oriental hasta los mercados de divisas de Occidente. Para automatizar la operaciÃn de vÃlvulas, compresores e instalaciones de almacenaje en una empresa tan inmensa, los soviÃticos necesitaban sistemas de control sofisticados. Compraron computadoras de los primeros modelos en el mercado abierto, pero cuando las autoridades del gasoducto abordaron a Estados Unidos para adquirir el software necesario, fueron rechazados. ImpertÃrritos, los soviÃticos buscaron en otra parte; se envià un operativo de la KGB a penetrar un proveedor canadiense de softwares en un intento por adquirir los cÃdigos necesarios. La inteligencia estadounidense, avisada por el agente del Dossier Farewell, respondià y manipulà el software antes de enviarlo.

Una vez en la UniÃn SoviÃtica, las computadoras y el software, trabajando juntos, hacÃan operar el gasoducto maravillosamente. Pero esa tranquilidad era engaÃosa. En el software que operaba el gasoducto habÃa un caballo de Troya, tÃrmino que se usa para calificar lÃneas de software ocultas en el sistema operativo normal, que hacen que dicho sistema se descontrole en el futuro, o al recibir una orden desde el exterior.

Con el objetivo de afectar las ganancias de divisas provenientes de Occidente y la economÃa interna de Rusia, el software del gasoducto que debÃa operar las bombas, turbinas y vÃlvulas habÃa sido programado para descomponerse despuÃs de un intervalo prudencial y resetear âasà se calificaâ las velocidades de las bombas y los ajustes de las vÃlvulas haciÃndolas funcionar a presiones muy por encima de las aceptables para las juntas y soldaduras del gasoducto.

"El resultado fue la mÃs colosal explosiÃn no nuclear e incendio jamÃs vistos desde el espacio. En la Casa Blanca, funcionarios y asesores recibieron la advertencia de satÃlites infrarrojos de un extraÃo evento en medio de un lugar despoblado del territorio soviÃtico. El NORAD (Comando de Defensa Aeroespacial Norteamericano) temÃa que fuera el lanzamiento de misiles desde un lugar donde no se conocÃa que hubiera cohetes basificados; o quizÃs fuera la detonaciÃn de un dispositivo nuclear. Los satÃlites no habÃan detectado ninguna pulsaciÃn electromagnÃtica caracterÃstica de las detonaciones nucleares. Antes de que tales indicios pudieran convertirse en una crisis internacional, Gus Weiss llegà por un pasillo para decirles a sus colegas del CSN (Consejo de Seguridad Nacional) que no se preocuparan, afirma Thomas Reed en su libro."

La campaÃa de contramedidas basadas en el Dossier Farewell fue una guerra econÃmica. Aunque no hubo bajas personales debido a la explosiÃn del gasoducto, hubo un daÃo significativo para la economÃa soviÃtica.

Como gran final entre 1984 y 1985 Estados Unidos y sus aliados de la OTAN concluyeron esta operaciÃn, que terminà eficazmente con la capacidad de la URSS para captar tecnologÃa en un momento en que Moscà se encontraba entre la espada de una economÃa defectuosa, por un lado, y la pared de un presidente estadounidense empecinado en prevalecer y poner fin a la guerra frÃa, por el otro.

Moscà se encontraba entre la espada de una economÃa defectuosa, por un lado, y la pared de un presidente estadounidense empecinado en prevalecer y poner fin a la guerra frÃa, por el otro.
Moscà se encontraba entre
la espada de una economÃa defectuosa, por un lado,
y la pared de un presidente estadounidense empecinado en prevalecer y poner fin
a la guerra frÃa, por el otro.




En el artÃculo de Weiss ya citado se afirma que: "en 1985, el caso tuvo un giro singular cuando salià a la luz informaciÃn sobre el expediente Farewell en Francia. Mitterrand llegà a sospechar que el agente soviÃtico habÃa sido un montaje plantado por la CIA para ponerle a prueba y decidir si el material serÃa entregado a los estadounidenses o mantenido por los franceses. Actuando a partir de esa idea, Mitterrand despidià al jefe del servicio francÃs, Yves Bonnet."

Gus W. Weiss fue quien se atribuyÃ, como ya se dijo, el siniestro plan para hacer llegar a la URSS los softwares defectuosos, cuando Estados Unidos tuvo en su poder el Dossier Farewell. Murià el 25 de noviembre del 2003 a la edad de 72 aÃos. El Washington Post no reportà su muerte hasta el 7 de diciembre, 12 dÃas despuÃs. Dijo que Weiss se "cayÃ" de su edificio de residencia, "Watergate", en Washington, y afirmà tambiÃn que un mÃdico forense de la capital norteamericana declarà su muerte como un "suicidio". El periÃdico de su ciudad natal, el Nashville Tennessean, publicà la noticia una semana despuÃs del Washington Post, y advirtià que en esa fecha todo lo que podrÃan decir era que "las circunstancias que rodearon su muerte no se podÃan confirmar todavÃa."

Antes de morir dejà escritas unas notas inÃditas bajo el tÃtulo El dossier de despedida: el engaÃo estratÃgico y la guerra econÃmica en la guerra frÃa.

Weiss se graduà en la Vanderbilt University. TenÃa postgrados de Harvard y de la New York University.

Su trabajo para el gobierno se concentrà en asuntos de Seguridad Nacional, organizaciones de Inteligencia y preocupaciones con el traslado de tecnologÃa a paÃses comunistas. Trabajà con la CIA, con la Junta de Defensa CientÃfica del PentÃgono y con el Comità de SeÃales de Inteligencia de la Junta de Inteligencia de EE. UU.

Recibià la Medalla de MÃrito de la CIA y la Medalla "Cipher", del Consejo de Seguridad Nacional. Los franceses le concedieron la "LegiÃn de Honor", en 1975.

No dejà sobrevivientes.

Weiss se habÃa declarado en contra de la guerra en Iraq poco antes de su "suicidio". Es interesante tener en cuenta que 18 dÃas antes de la muerte de Weiss, tambiÃn se suicidà âel 7 de noviembre de 2003â otro analista del gobierno de Bush, John J. Kokal (58 aÃos). Este saltà a su muerte desde una oficina en el Departamento de Estado donde trabajaba. Kokal era analista de Inteligencia para el Departamento de Estado en asuntos relacionados con Iraq.

Consta en documentos ya publicados que Mijail Gorbachov se enfurecià cuando comenzaron los arrestos y deportaciones de agentes soviÃticos en varios paÃses, pues desconocÃa que el contenido del Dossier Farewell estaba en poder de los principales jefes de gobierno de la OTAN. En una reuniÃn del Burà PolÃtico el 22 de octubre de 1986, convocada para informar a sus colegas sobre la Cumbre de Reykjavik, alegà que los estadounidenses estaban "actuando muy descortÃsmente y comportÃndose como bandidos". sAunque mostraba un rostro complaciente en pÃblico, en privado Gorbachov se referÃa a Reagan como "un mentiroso".

En los dÃas finales de la UniÃn SoviÃtica, el Secretario General del PCUS tuvo que andar a ciegas. Gorbachov no tenÃa idea de lo que estaba ocurriendo en los laboratorios e industrias de alta tecnologÃa de Estados Unidos; ignoraba por completo que los laboratorios e industrias soviÃticas habÃan sido comprometidos y hasta quà punto.

Los pragmÃticos de la Casa Blanca andaban igualmente a ciegas mientras esto ocurrÃa.

El presidente Ronald Reagan jugaba su carta de triunfo: la Iniciativa de Defensa EstratÃgica/Guerra de las Galaxias. SabÃa que los soviÃticos no podÃan competir en esa liga, porque no podÃan sospechar que su industria electrÃnica estaba infectada con virus y caballos de Troya colocados allà por la comunidad de Inteligencia de Estados Unidos.

La ex primera ministra britÃnica, en sus memorias, publicadas por una importante editorial inglesa en 1993 con el tÃtulo Margaret Thatcher, los aÃos en Downing Street, expresa que todo el plan de Reagan relacionado con la Guerra de las Galaxias y la intenciÃn de hacer colapsar econÃmicamente a la UniÃn SoviÃtica fue el plan mÃs brillante de esa administraciÃn, y que condujo definitivamente al derrumbe del socialismo en Europa.

En el capÃtulo XVI de su libro explica la participaciÃn de su gobierno en la Iniciativa de Defensa EstratÃgica.

Llevarla a cabo fue, a juicio de Thatcher, la "decisiÃn mÃs importante" de Reagan, "probà resultar clave en la victoria del Oeste en la guerra frÃa". Impuso "mÃs tensiones econÃmicas y mayor austeridad" a la sociedad soviÃtica, en fin, sus "implicaciones tecnolÃgicas y financieras para la URSS fueron devastadoras".

Bajo el subtÃtulo "Reevaluando a la UniÃn SoviÃtica", describe una serie de conceptos cuya esencia està contenida en pÃrrafos textuales tomados de ese largo pasaje, en los que deja constancia del brutal complot.

"En los albores de 1983, los soviÃticos deben haber comenzado a darse cuenta de que su juego de manipulaciÃn e intimidaciÃn pronto se acabarÃa. Los gobiernos europeos no estaban dispuestos a caer en la trampa tendida por la propuesta de una âzona libre de armas nuclearesâ para Europa. Continuaron los preparativos para el despliegue de los misiles Crucero y Pershing. En el mes de marzo, el presidente Reagan anuncià los planes de Estados Unidos para una Iniciativa de Defensa EstratÃgica (IDE), cuyas consecuencias tecnolÃgicas y financieras para la URSS serÃan devastadoras."

"[... ] no me cabÃa la menor duda de lo correcto de su dedicaciÃn en insistir en el programa. Analizado retrospectivamente, ahora me queda claro que la decisiÃn original de Ronald Reagan sobre la Iniciativa de Defensa EstratÃgica fue la mÃs importante de su presidencia."

"Al formular nuestro enfoque a la Iniciativa de Defensa EstratÃgica, habÃa cuatro elementos diferentes que tuve en cuenta. El primero fue la ciencia en sà misma.

Estados Unidos impuso a la URSS una brutal competencia militar con un extraordinario costo econÃmico.
Estados Unidos impuso a la URSS una brutal competencia militar con un extraordinario costo econÃmico.




"El objetivo de Estados Unidos en la Iniciativa de Defensa EstratÃgica era desarrollar una defensa nueva y mucho mÃs eficaz contra los misiles balÃsticos."

"Este concepto de defensa se basaba en la capacidad de atacar a los misiles balÃsticos lanzados en cualquier etapa de su vuelo, desde la fase de impulsiÃn cuando el misil y todas sus ojivas y seÃuelos estaban juntos, hasta el punto de reentrada en la atmÃsfera terrestre en su camino hacia el blanco."

"El segundo elemento que habÃa que tener en cuenta eran los acuerdos internacionales existentes, que limitaban el despliegue de armas en el espacio y los sistemas de proyectiles antibalÃsticos. El Tratado sobre la LimitaciÃn de los Sistemas de Proyectiles AntibalÃsticos, de 1972, enmendado por un Protocolo de 1974, permitÃa a Estados Unidos y a la UniÃn SoviÃtica emplazar un sistema de proyectiles antibalÃsticos estÃtico con hasta cien lanzacohetes para defender su campo de silos de misiles balÃsticos intercontinentales."

"La Oficina de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Defensa britÃnicos siempre procuraron insistir en la interpretaciÃn mÃs estrecha posible que los estadounidenses âacertadamente a mi juicioâ creyeron que habrÃa significado que la Iniciativa de Defensa EstratÃgica habÃa muerto al nacer. Siempre he tratado de distanciarme de esta fraseologÃa y dejà claro en privado y en pÃblico que no podÃa decirse que se hubiera completado la investigaciÃn sobre si un sistema era viable hasta que se hubiese ensayado con Ãxito. Subyacente en esta jerga, este punto al parecer tÃcnico era realmente una cuestiÃn de evidente sentido comÃn. Sin embargo, se convertirÃa en la cuestiÃn que dividià a Estados Unidos y a la URSS en la cumbre de Reykjavik, de modo que cobrà gran importancia.

"El tercer elemento en el cÃlculo fue la fuerza relativa de las dos partes en la defensa contra proyectiles balÃsticos. Solo la UniÃn SoviÃtica poseÃa un sistema de proyectiles antibalÃsticos (conocido como GALOSH) en los alrededores de MoscÃ, que en esos momentos estaban perfeccionando. Los estadounidenses jamÃs habÃan emplazado un sistema equivalente."

"Los soviÃticos tambiÃn estaban mÃs avanzados en las armas antisatÃlites. Por consiguiente, habÃa un argumento fuerte de que los soviÃticos ya habÃan adquirido una ventaja inaceptable en toda esta esfera.

"El cuarto elemento era lo que implicaba la Iniciativa de Defensa EstratÃgica para la disuasiÃn. Al principio sentà bastante simpatÃa por la filosofÃa tras el Tratado sobre la LimitaciÃn de los Sistemas de Proyectiles AntibalÃsticos, que era que mientras mÃs ultramoderna y efectiva fuera la defensa contra los misiles nucleares, mayor presiÃn habÃa para procurar avances enormemente costosos en la tecnologÃa para las armas nucleares. Siempre creà en una versiÃn con ligeras condiciones de la doctrina conocida como âdestrucciÃn recÃproca seguraâ, MAD por sus siglas en inglÃs. La amenaza de lo que yo prefiero llamar âdestrucciÃn inaceptableâ que se producirÃa tras un intercambio nuclear era tal, que las armas nucleares constituÃan un elemento de disuasiÃn efectivo contra la guerra no solo nuclear, sino tambiÃn convencional."

"Pronto comencà a ver que la Iniciativa de Defensa EstratÃgica no socavarÃa la disuasiÃn nuclear, sino que la fortalecerÃa. A diferencia del presidente Reagan y de otros miembros de su AdministraciÃn, jamÃs creà que la Iniciativa de Defensa EstratÃgica podrÃa ofrecer una protecciÃn al ciento por ciento, pero permitirÃa que suficientes misiles de Estados Unidos sobrevivieran a un primer golpe de los soviÃticos."

"El tema de la Iniciativa de Defensa EstratÃgica fue el que dominà mis conversaciones con el presidente Reagan y con los miembros de su AdministraciÃn cuando fui a Camp David el sÃbado 22 de diciembre de 1984 para informar a los estadounidenses sobre mis conversaciones previas con el seÃor Gorbachov. Esa fue la primera vez que oà al presidente Reagan hablar sobre la Iniciativa de Defensa EstratÃgica. Hablà de eso apasionadamente. Estaba en su punto mÃs idealista. Destacà que la Iniciativa de Defensa EstratÃgica serÃa un sistema defensivo y que no era su intenciÃn obtener para Estados Unidos una ventaja unilateral. Es mÃs, dijo que si la Iniciativa de Defensa EstratÃgica tenÃa Ãxito estarÃa dispuesto a internacionalizarla de modo que estuviera al servicio de todos los paÃses, y le habÃa dicho lo mismo al seÃor Gromyko. Reafirmà su objetivo a largo plazo de eliminar totalmente las armas nucleares.

"Esas observaciones me pusieron nerviosa. Me horrorizaba pensar que Estados Unidos estuvieran dispuestos a echar por la borda la ventaja tan arduamente ganada en materia de tecnologÃa al ponerla a disposiciÃn de todo el mundo."

"Lo que escuchÃ, ahora que llegÃbamos a la discusiÃn de las probabilidades reales mÃs que de una concepciÃn amplia, era tranquilizador. El presidente Reagan no simulaba que ellos supieran aÃn a dÃnde pudieran conducir las investigaciones. Pero recalcà que âademÃs de sus argumentos anteriores a favor de la Iniciativa de Defensa EstratÃgicaâ seguirle el ritmo a Estados Unidos impondrÃa una presiÃn econÃmica a la UniÃn SoviÃtica. Argumentà que no existÃa un lÃmite prÃctico en cuanto hasta dÃnde el gobierno soviÃtico podrÃa arrastrar a su pueblo por el camino de la austeridad."

"Ahora yo anotaba, mientras conversaba con el asesor para la Seguridad Nacional Bud McFarlane, los cuatro puntos que me parecÃan mÃs cruciales.

"Mis funcionarios luego insertarÃan los detalles. El Presidente y yo acordamos un texto donde se exponÃa la polÃtica.

"La secciÃn principal de mi declaraciÃn expresa:

"Le hablà al Presidente acerca de mi firme convicciÃn de que el programa de investigaciones de la Iniciativa de Defensa EstratÃgica debÃa continuar. La investigaciÃn, por supuesto, es permitida segÃn los tratados existentes entre Estados Unidos y la UniÃn SoviÃtica; y, por supuesto, sabemos que los rusos ya tienen su programa de investigaciones y, en opiniÃn de Estados Unidos, han ido ya mÃs allà de las investigaciones. Convinimos en cuatro puntos: 1. El objetivo de Estados Unidos, de Occidente, no era alcanzar la superioridad, sino mantener el equilibrio, tomando en cuenta los avances soviÃticos; 2. El despliegue relacionado con la Iniciativa de Defensa EstratÃgica, en vista de las obligaciones que imponÃan los tratados, tendrÃa que ser una cuestiÃn para la negociaciÃn; 3. El objetivo general es aumentar, no socavar, disuasiÃn; 4. La negociaciÃn entre el Este y Occidente debe apuntar hacia alcanzar la seguridad con niveles reducidos de sistemas ofensivos de ambos lados. Este serà el propÃsito de las negociaciones reanudadas entre Estados Unidos y la UniÃn SoviÃtica sobre el control de los armamentos, que yo acojo con beneplÃcito.

El libro Legado de Cenizas, de Tim Weiner, una investigaciÃn sobre los programas secretos de Estados Unidos.
El libro Legado de Cenizas,
de Tim Weiner, una investigaciÃn sobre los programas secretos de Estados Unidos.




"Posteriormente supe que George Schultz âentonces Secretario de Estadoâ pensaba que yo habÃa asegurado una concesiÃn demasiado grande por parte de los americanos en la redacciÃn; pero eso, de hecho, nos daba âtanto a ellos como a nosotrosâ una lÃnea clara y defendible, y ayudaba a tranquilizar a los miembros europeos de la OTAN. Un dÃa de trabajo muy productivo."

MÃs adelante, con el subtÃtulo de "Visita A Washington: febrero de 1985", Margaret Thatcher expresa:

"Visità Washington nuevamente en febrero de 1985. Las negociaciones sobre armamentos entre los americanos y la UniÃn SoviÃtica ya se habÃan reanudado, pero la Iniciativa de Defensa EstratÃgica seguÃa siendo una fuente de discusiÃn. Yo debÃa hablar ante una reuniÃn conjunta del Congreso en la maÃana del miÃrcoles 20 de febrero y llevà conmigo desde Londres como regalo una estatua de bronce de Winston Churchill, a quien tambiÃn muchos aÃos antes se le habÃa honrado con tal invitaciÃn. Trabajà de manera especialmente ardua en este discurso. UtilizarÃa el teleprompter para pronunciarlo. SabÃa que el Congreso habÃa visto al propio âGran Comunicadorâ pronunciando discursos intachables y yo tendrÃa un auditorio exigente. De modo que decidà practicar la lectura del texto hasta que lograra pronunciarlo con la entonaciÃn y el Ãnfasis correctos. Hablar a partir del teleprompter, debo agregar, es una tÃcnica totalmente distinta a hablar a partir de notas. De hecho, el presidente Reagan me prestà su propio teleprompter y yo lo habÃa llevado de vuelta a la Embajada britÃnica, donde estaba alojada. Harvey Thomas, quien me acompaÃaba, lo consiguià y, haciendo caso omiso de cualquier desfase horario, practiquà hasta las 4:00 a.m. No me acostÃ, comenzando el nuevo dÃa de trabajo con mi acostumbrado cafà negro y mis tabletas de vitaminas; despuÃs concedà entrevistas televisivas a partir de las 6:45 a.m.; pasà por la peluquera y estuve lista a las 10:30 para partir hacia el Capitolio. Utilicà mi discurso, que abordaba extensamente los asuntos internacionales, para dar un fuerte apoyo a la Iniciativa de Defensa EstratÃgica. Tuve una acogida fabulosa."

"El mes siguiente (marzo de 1985) ocurrià la muerte del seÃor Chernenko y notablemente, sin mucha demora, la sucesiÃn del seÃor Gorbachov a la direcciÃn de la UniÃn SoviÃtica. Una vez mÃs asistà a un funeral en MoscÃ: el tiempo estaba, incluso, mÃs frÃo que en el de Yuri AndrÃpov. El seÃor Gorbachov tenÃa que atender a gran cantidad de dignatarios extranjeros. Pero tuve una charla de casi una hora con Ãl esa tarde en el SalÃn de Santa Catalina del Kremlin. La atmÃsfera era mÃs formal que en Chequers (residencia rural oficial de los primeros ministros britÃnicos desde 1921), y la presencia callada, sardÃnica, del seÃor Gromyko no ayudaba. Pero pude explicarles las implicaciones de la polÃtica que yo habÃa convenido con el presidente Reagan en el mes de diciembre anterior en Camp David. Estaba claro que la Iniciativa de Defensa EstratÃgica era ahora la preocupaciÃn principal de los soviÃticos en tÃrminos de control de armamentos. El seÃor Gorbachov trajo, como habÃamos esperado, un nuevo estilo al gobierno soviÃtico. Ãl hablaba abiertamente del horrible estado de la economÃa soviÃtica, aunque todavÃa en esta etapa se apoyaba en los mÃtodos asociados con la campaÃa del seÃor AndrÃpov por una mayor eficiencia mÃs que en una reforma radical. Un ejemplo de ello fueron las medidas draconianas que tomà Gorbachov contra el alcoholismo. Pero, a medida que avanzà el aÃo, no hubo seÃales de mejorÃa de las condiciones en la UniÃn SoviÃtica. De hecho, como seÃalà nuestro nuevo y gran embajador en MoscÃ, Brian Cartledge, que habÃa sido mi secretario privado sobre relaciones exteriores cuando resultà Primera Ministra por primera vez, en uno de sus primeros informes, era cuestiÃn de âcompota maÃana y, mientras tanto, nada de vodka hoyâ.

"Las relaciones de Gran BretaÃa con la UniÃn SoviÃtica entraron en un claro periodo de frialdad como resultado de las expulsiones que yo autoricà de funcionarios soviÃticos que habÃan estado realizando actos de espionaje."

"En noviembre, el presidente Reagan y el seÃor Gorbachov celebraron su primera reuniÃn en Ginebra. Sus resultados fueron escasos âlos soviÃticos insistÃan en vincular las armas nucleares estratÃgicas con la suspensiÃn de las investigaciones relativas a la Iniciativa de Defensa EstratÃgicaâ pero pronto se desarrollà una simpatÃa personal entre los dos lÃderes. Se habÃa expresado cierta preocupaciÃn en cuanto a que el avispado y joven homÃlogo soviÃtico del presidente Reagan pudiera superarlo en habilidad. Pero no fue asÃ, lo cual no me sorprendià en lo absoluto, pues Ronald Reagan habÃa tenido muchÃsima prÃctica en sus primeros aÃos como presidente del gremio de artistas de cine al llevar a cabo negociaciones del sindicato sobre bases realistas ây nadie era mÃs realista que el seÃor Gorbachov.

"Durante 1986 el seÃor Gorbachov demostrà gran sutileza en explotar la opiniÃn pÃblica occidental al presentar propuestas tentadoras, pero inaceptables, sobre el control de armamentos. Los soviÃticos dijeron relativamente poco sobre el vÃnculo entre la Iniciativa de Defensa EstratÃgica y la reducciÃn de las armas nucleares. Pero no se les dio razÃn alguna para creer que los americanos estaban dispuestos a suspender o detener las investigaciones relativas a la Iniciativa de Defensa EstratÃgica. A finales de ese aÃo se acordà que el presidente Reagan y el seÃor Gorbachov âcon sus Ministros de Relaciones Exterioresâ se deberÃan reunir en Reykjavik, Islandia, para discutir ofertas sustantivas."

"El hecho era que nosotros no podÃamos contener la investigaciÃn sobre nuevos tipos de armas. TenÃamos que ser los primeros en obtenerlas. Es imposible detener a la ciencia: no se detendrà por ser ignorada."

"En retrospectiva, puede considerarse que la Cumbre de Reykjavik ese fin de semana del 11 y 12 de octubre [de 1986] tuvo una significaciÃn absolutamente diferente a la que le atribuyà la mayorÃa de los comentaristas en ese entonces. Se les habÃa preparado una trampa a los americanos. Concesiones soviÃticas cada vez mayores se hicieron durante la Cumbre: convinieron por primera vez en que los elementos de disuasiÃn britÃnicos y franceses se excluyeran de las negociaciones sobre las fuerzas nucleares de alcance intermedio; y que las reducciones en las armas nucleares estratÃgicas debÃan dejar a cada bando con cantidades iguales ây no sÃlo una reducciÃn porcentual, que habrÃa dejado a los soviÃticos con clara ventaja. TambiÃn hicieron concesiones significativas en cuanto a las cifras relativas a las fuerzas nucleares de alcance intermedio. Cuando la Cumbre se acercaba a su fin, el presidente Reagan propuso un acuerdo mediante el cual todo el arsenal de armas nucleares estratÃgicas âbombarderos, misiles Crucero y balÃsticos de largo alcanceâ se reducirÃa a la mitad en un plazo de cinco aÃos y las mÃs poderosas de estas armas, los misiles balÃsticos estratÃgicos, se eliminarÃan en un plazo de diez aÃos. El seÃor Gorbachov era aÃn mÃs ambicioso: querÃa que se eliminaran todas las armas nucleares estratÃgicas al concluir el periodo de diez aÃos.

"Pero entonces repentinamente, al mismÃsimo final, se accionà la trampa. El presidente Reagan habÃa concedido que durante el periodo de diez aÃos ambos bandos acordarÃan no retirarse del Tratado sobre la LimitaciÃn de los Sistemas de Proyectiles AntibalÃsticos, aunque se permitirÃa el desarrollo y los ensayos compatibles con el Tratado."

Pero Reagan sufrià una extraÃa amnesia en torno al detonante de la brutal competencia militar que se le impuso a la URSS, con un extraordinario costo econÃmico. Su publicitado diario no menciona absolutamente nada del Dossier Farewell. En sus apuntes de cada dÃa, publicados este aÃo, Ronald Reagan, hablando de su estancia en Montebello, CanadÃ, expresa:

"Domingo 19 de julio (1981)

"El hotel es una maravillosa obra de ingenierÃa, hecha totalmente de troncos. La mayor cabaÃa de troncos del mundo.

"Tuve un mano a mano con el Canciller Schmidt (Jefe del gobierno alemÃn). Estaba realmente deprimido y de un humor pesimista acerca del mundo.

"Luego me reunà con el presidente Mitterrand, le expliquà nuestro programa econÃmico y que no tenÃamos nada que ver con las altas tasas de interÃs.

"Esa noche cenamos solamente nosotros 8. Los 7 jefes de Estado y el Presidente de la Comunidad Europea. Se convirtià realmente en una conversaciÃn informal sobre cuestiones econÃmicas, debido bÃsicamente a una sugerencia de la Primera Ministra Thatcher."

El resultado final de la gran conspiraciÃn y la alocada y costosa carrera armamentista, cuando la UniÃn SoviÃtica estaba herida de muerte en el orden econÃmico, lo cuenta en la introducciÃn al libro de Thomas C. Reed, George H. W. Bush, el primer Presidente de la dinastÃa Bush, quien participà de forma real en la Segunda Guerra Mundial, al escribir textualmente:

"La guerra frÃa fue una lucha a favor de la mismÃsima alma de la humanidad. Fue una lucha a favor de un modo de vida definido por la libertad de una parte y por la represiÃn de la otra. Creo que ya hemos olvidado cuÃn larga y dura fue esa lucha, y cuÃn cerca del desastre nuclear estuvimos a veces. El hecho de que este no ocurriera da fe de los honorables hombres y mujeres de ambos lados que mantuvieron su serenidad e hicieron lo correcto âsegÃn su criterioâ en momentos de crisis.

"Este conflicto entre las superpotencias que sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial comenzà cuando yo regresaba a casa de la guerra. En 1948, el aÃo de mi graduaciÃn de la Universidad de Yale, los soviÃticos trataron de cortar el acceso de Occidente a BerlÃn. Ese bloqueo condujo a la creaciÃn de la OTAN, fue seguido de la primera prueba soviÃtica de la bomba atÃmica, y se volvià sangriento con la invasiÃn a Corea del Sur. DetrÃs de esto vinieron cuatro dÃcadas de enfrentamientos nucleares, guerras donde cada superpotencia apoyaba al bando contrario y privaciones econÃmicas.

"Yo tuve el privilegio de ser el Presidente de Estados Unidos cuando todo esto llegà a su fin. En el otoÃo de 1989 los estados satÃlites comenzaron a liberarse y revoluciones mayormente pacÃficas se extendieron por Polonia, HungrÃa, Checoslovaquia y Rumania. Cuando cayà el muro de BerlÃn, sabÃamos que se acercaba el fin.

"TendrÃan que transcurrir aÃn dos aÃos para que se acabara el imperio de Lenin y Stalin. Yo recibà la buena nueva por medio de dos llamadas telefÃnicas. La primera me llegà el 8 de diciembre de 1991, cuando Boris Yeltsin me llamà desde un pabellÃn de caza cerca de Brest en Bielorrusia. Habiendo sido recientemente elegido Presidente de la RepÃblica rusa, Yeltsin se habÃa estado reuniendo con Leonid Kravchuk, presidente de Ucrania y Stanislav Shushchevik, presidente de Bielorrusia. âHoy ocurrià un acontecimiento muy importante en nuestro paÃs,â dijo Yeltsin. âQuise informÃrselo yo mismo antes de que se enterara por la prensa.â Entonces me dio la noticia: los Presidentes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania habÃan decidido disolver la UniÃn SoviÃtica.

"Dos semanas mÃs tarde, una segunda llamada confirmà que la antigua UniÃn SoviÃtica desaparecerÃa. Mijail Gorbachov me contactà en Camp David en la maÃana de Navidad de 1991. Nos deseà una feliz Navidad a BÃrbara y a mà y luego pasà a resumir lo que habÃa sucedido en su paÃs: la UniÃn SoviÃtica habÃa dejado de existir. Ãl acababa de comparecer en la televisiÃn nacional para confirmar el hecho y habÃa transferido el control de las armas nucleares soviÃticas al Presidente de Rusia. âPueden disfrutar de una tranquila noche de Navidadâ, nos dijo. Y asà terminà todo."

Consta, por un artÃculo publicado en The New York Times que la operaciÃn utilizà casi todas las armas al alcance de la CIA âguerra sicolÃgica, sabotaje, guerra econÃmica, engaÃo estratÃgico, contrainteligencia, guerra cibernÃticaâ, todo ello en colaboraciÃn con el Consejo de Seguridad Nacional, el PentÃgono y el FBI. Destruyà al pujante equipo de espionaje soviÃtico, daÃà la economÃa y desestabilizà el Estado de ese paÃs. Fue un Ãxito rotundo. De haberse hecho a la inversa (los soviÃticos a los norteamericanos), pudiera haberse visto como un acto de terrorismo.

Del tema se habla tambiÃn en otro libro titulado Legado de Cenizas, que acaba de ser publicado. En la solapa del libro se expresa que "Tim Weiner es un reportero de The New York Times, quien ha escrito sobre los servicios de Inteligencia estadounidenses durante veinte aÃos, y obtuvo un Premio Pulitzer por su trabajo sobre los programas secretos de Seguridad Nacional. Ha viajado a AfganistÃn y otros paÃses para investigar de primera mano las operaciones encubiertas de la CIA. Este es su tercer libro.

"Legado de Cenizas se basa en mÃs de 50 000 documentos, provenientes fundamentalmente de los propios archivos de la CIA, y cientos de entrevistas a veteranos de dicha agencia, incluidos diez directores. Nos muestra un panorama de la CIA desde su creaciÃn despuÃs de la Segunda Guerra Mundial, pasando por sus batallas durante la guerra frÃa y la guerra contra el terrorismo iniciada el 11 de Septiembre del 2001."

El artÃculo de Jeremy Allison, publicado en RebeliÃn en junio del 2006, y los de Rosa Miriam Elizalde, publicados el 3 y el 10 de septiembre del aÃo en curso, 2007, denuncian estos hechos destacando la idea de uno de los fundadores del software libre, quien seÃalà que: "a medida que se complejizan las tecnologÃas serà mÃs difÃcil detectar acciones de ese tipo".

Rosa Miriam publicà dos sencillos artÃculos de opiniÃn de apenas cinco pÃginas cada uno. Si lo desea, puede escribir un libro de muchas pÃginas. La recuerdo bien desde el dÃa en que, como periodista muy joven, me preguntà ansiosa, nada menos que en una conferencia de prensa hace mÃs de 15 aÃos, si yo pensaba que podrÃamos resistir el periodo especial que nos caÃa encima con la desapariciÃn del campo socialista.

La URSS se derrumbà estrepitosamente. Desde entonces hemos graduado a cientos de miles de jÃvenes en el nivel superior de enseÃanza. ÂQuà otra arma ideolÃgica nos puede quedar que un nivel superior de conciencia! La tuvimos cuando Ãramos un pueblo en su mayorÃa analfabeto o semianalfabeto. Si lo que se desea es conocer verdaderas fieras, dejen que en el ser humano prevalezcan los instintos. Sobre eso se puede hablar mucho.

En la actualidad, el mundo està amenazado por una desoladora crisis econÃmica. El gobierno de Estados Unidos emplea recursos econÃmicos inimaginables para defender un derecho que viola la soberanÃa de todos los demÃs paÃses: continuar comprando con billetes de papel las materias primas, la energÃa, las industrias de tecnologÃas avanzadas, las tierras mÃs productivas y los inmuebles mÃs modernos de nuestro planeta.

Fidel Castro Ruz

Septiembre 18 del 2007

6:37 p.m.


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In the contradiction lies the hope.
   --Bertholt Brecht.




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