Latinoamerica o Suramérica
1. 1. Latinoamerica o Suramérica por Julio Fernández Baraibar
2.
2. Dijo
Nestor Gorojovsky 3. 3. UNION SUDAMERICANA (Segunda fase) por Alberto Methol Ferre 4. 4. Moniz Bandeira y la comunidad sudamericana por Alberto
J. Sosa
5. 5. El ABC y la Unión Sudamericana por Juan D. Perón
Noviembre de 1953
1.-
Latinoamerica
o Suramerica
Por Julio
Fernández Baraibar
Estaba presente cuando Luis Alberto Moniz Bandeira reiteró
enfáticamente su crítica al concepto latinoamericano
y reiteró, como lo hace habitualmente, su preferencia por la idea suramericana.
Es más, soy miembro fundador de un Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos, llamado
explícitamente de esa manera y no de otra. Habitualmente utilizo de manera indeferenciada ambos adjetivos, aúnque
debo reconocer que en los últimos años, y con el desarrollo del Mercosur y
el intercambio con intelectuales y diplomáticos, y con algunas algunas
lecturas realizadas en el curso de la redacción de mi libro, próximo a aparecer
en el Fondo Editorial Simón Rodríguez, -Un
solo impulso americano -es un chivo que me exige la editorial-, he tendido a utilizar con mayor frecuencia
el concepto suramericano. Trataré de explicar aquí el por qué de esta inclinación. Durante todos los años de mi formación intelectual y política,
comenzada poco antes de mi incorporación a la Izquierda Nacional en 1969, la idea
de la Unidad Latinoamericana constituía una idea fuerza motriz y un
objetivo considerado estratégico. El gran libro de Jorge Abelardo Ramos que, en su versión inicial y
tentativa -si uno lo lee hoy encuentra ideas no completamente desarrolladas,
algunos errores de apreciación y hasta de datos, cosa absolutamente normal en
una obra juvenil, de apertura, inicial, cuyo principal valor fue romper la
muralla de acero que impedía ver la evidencia del concepto- se llamaba América
Latina, un país -hasta el nombre era tentativo e impreciso, no se trataba de un
país, se trataba de una nación, pero, reitero, su logro y acierto radicaba no en la
imprecisión del título sino en lo contundente y radical del planteo en la década
del cincuenta-, y que luego en su magistral versión final pasó a llamarse Historia de la Nación Latinoamericana, usaba el concepto Latinoamérica
y América Latina como expresión del conjunto de países de la heredad
hispánica en el continente americano desde el Río Grande hasta la Bahía Lapataia
y su proyección antártica. Ese nombre -Latinoamérica- trataba de diferenciarse de otros conceptos
como Iberoamérica o Hispanoamérica, los cuales, en las polémicas ideológicas de la época, ponían el
acento en una cierta concepción hispanista progoda, tratando de diferenciarse
de las mismas -aunque de alguna manera asumiéndolas en un nuevo nivel de
síntesis, si se me permite la hegelaniada- para diferenciarse de ellas y
remarcar su naturaleza moderna,
vinculada al gran curso abierto por la Revolución Francesa, el iluminismo, el
desarrollo científico y tecnológico, la construcción de las nacionalidades y la
revolución industrial. Latinoamérica, era entonces, más que una definición
espacial, una palabra cargada de ideología. Pero también es cierto, y esto a cincuenta años de estos hechos es
necesario establecer, esa propuesta estratégica, esa idea fuerza, esa profunda
convicción de nuestra unidad de destinos, no tenía entre nosotros, incluso tan
tarde como en los años setenta, precisiones tácticas. Veíamos y planteábamos en artículos y discursos una profunda conexión
entre la Revolución Peruana de Velazco Alvarado, la presidencia socialista de Allende, la Revolución Cubana, la gesta de Albizu Campos, la derrota de Arbenz, el asesinato de Eliécer Gaitán y el retorno de Perón. Sabíamos
que todos esos movimientos y los que me olvidé de enumerar, estaban
signados por nuestra unidad inconclusa. Sosteníamos -estoy hablando de la década del
70- que debían ser vistos, no en el marco de las pequeñas nacionalidades,
sino como expresiones locales de una sola aspiración continental, que no estábamos en condiciones de precisar. Mi descubrimiento personal del discurso del general Perón en la Escuela
de Guerra en 1953 data de principios de la década del 90. Por supuesto que
esto puede atribuirse fácilmente a una gran distracción de mi parte. Pero
puedo asegurar, y afortunadamente hay muchos amigos de la época que pueden atestiguarlo, que ese discurso y la política activa y detallada de
Perón en su proyecto del ABC no era, en 1973, un dato conocido en nuestra argumentación. Asumíamos la consigna de Perón de que -el siglo XX nos encontrará unidos o dominados, como una adecuación
del viejo caudillo a los nuevos tiempos. Ignorábamos, ignoraba yo, todos sus
antecedentes. Para mí, el descubrimiento de este discurso y algunas reflexiones de
Alberto Methol Ferré al respecto fueron iluminadoras, pero esto ocurrió -en mi
caso- a fines de la década del 80. Y puedo asegurarles que esta revelación
tuvo en mi espíritu una enorme importancia en el intento de generar un
pensamiento y una acción en el sentido apuntado. La verdad es que el discurso de 1953 revela a un Perón que yo,
personalmente, desconocía en su enorme significación, osadía, anticipación y
visión estratégica. Decía don Arturo, a propósito de otra cosa, que -en todas partes se cuecen habas, y en mi
casa a calderadas. Quiero decir con esto que la lectura e investigación sobre ese discurso
y sus antecedentes políticos y diplomáticos, me hicieron poner en una nueva luz
al General Perón, a quien, una actitud crítica hacia los peronistas, motivada
por razones políticas de momento, no había podido ver. Es decir, descubrí, con el mismo encandilamiento que a los veinte años descubrí la Izquierda Nacional, la singular, excepcional concepción
estratégica de Perón en su objetivo central de establecer, como dice en algún
discurso, -un solo impulso americano:
articular una alianza estratégica con Brasil que arrastraría al conjunto de los
países del cono Sur del Continente. El hallazgo me dejó alelado. Ese hombre, al que había tenido oportunidad de conocer personalmente,
compañeros, veía más allá, mucho más allá. Veía por encima de todos sus
contemporáneos -a excepción quizás de ese joven pelirrojo autor de -América Latina, un país. Tenía una visión que se proyectaba no en la distancia, sino en el
tiempo. Era el estadista americano que había descubierto la fuente de Juvencia, el
camino a Itaca, la respuesta estratégica a los desvelos y sufrimientos de San
Martín, Bolívar y todo el siglo XIX y XX americanos. Según Methol Ferré la idea
le había surgido de su frecuencia a un pensador alemán, nacido en
Karlruhe, quien es a la geografía lo que Freud es al inconciente: el creador de
la ciencia sobre las condiciones territoriales de existencia de la
humanidad y sus sociedades, Friedrich Ratzel. Ratzel sería el primero en establecer
la relación entre los grandes espacios territoriales y el poder mundial. A partir de esta especie de iluminación en el camino a Damasco, la
cuestión de la unidad latinoamericana se convirtió en mi cerebro de abstracta y enunciativa en concreta y activa, es decir en materia de la política.
Si Ramos, en 1968, al leer Revolución y Contrarrevolución en la Argentina,
le había dado a mi juvenil espíritu un sistema de respuestas a la
incógnita argentina, el discurso de Perón de 1953 y sus negociaciones con Ibañez
del Campo y Getulio Vargas le dieron respuestas al único camino posible de
la unidad continental. Es en este marco y solamente en este marco que quiero discutir el punto
de vista de Moniz Bandeira. Personalmente tuve oportunidad de vivir un, digamos, fuerte
enfrentamiento polémico acerca de su visión de la Guerra del Parguay. Es más,
esa discusión, que, por respeto de anfitrión no quise ni profundizr ni
convertir en flamígera, llevada a cabo al finalizar un programa de radio y
mientras lo acompañaba en un automóvil hasta la embajada de Brasil, lo motivó a
referirse polémicamente al tema en una entrevista televisiva. El amigo Arturo Avellaneda fue testigo de la misma. La aparición de su
libro, y su punto de vista sobre este tema allí expuesto, me obligaron a
agregar un acápite a mi libro -con la consecuente molestia y enojo del
diseñador gráfico- abriendo una gentil, pero firme polémica sobre este punto,
en el que, a mi modo de ver Moniz Bandeira, simplemente, está equivocado. Para ir cerrando este disgresivo mensaje -ocurre que estoy leyendo a
Proust-, quiero decir que el término suramérica define hoy de manera más
categórica y política nuestro principal objetivo. Como dicen Moniz Bandeira -por sus específicas razones- y Víctor Morón,
por las suyas, la creación del megaespacio suramericano es nuestra condición
para adquirir poder en el mundo. Nosotros, los que desde el pensamiento de la
Izquierda Nacional, estamos convencidos de que esta tarea no es más que la
resolución de un problema nacional inconcluso, estamos en condiciones de sumar
esta perspectiva y estos antecedentes a la tarea común. La Ameríca ítsmica y el propio México -tan cerca de Estados Unidos y
tan lejos de Dios- son abstracciones más propias de las canciones de César
Isella y de la liturgia de la ?izquierda- que objetivos políticos a resolver en
el cortísimo plazo. La Unidad Suramericana, la Confederación de Naciones Suramericanas es, Dios
se loado, el objetivo actual de Brasil y de Argentina. A ella debemos dedicar nuestros esfuerzos y desvelos. Y ello implica,
muchas veces, hacerse los pelotudos. A tout a leur Julio Fernández
Baraibar
fernandezbaraibar@xxxxxxxxxxxx ____________________ 2.-Dijo Néstor Miguel Gorojovsky: - Todo es según el sillón desde el cual uno lo mira. Podríamos pensar que la postura de Itamaraty equivale a la drástica
decisión prusiana de sacarse de encima a Austria, la rémora que impedía
la unidad. Pero Prusia, a través de la
estrategia de Bismark, se sacó de encima el lastre reaccionario de Austria, y
no el corazón de la batalla por la unidad. Cuando uno lee Reconquista Popular desde Caracas y piensa en la unidad
sudamericana, entiende que hay alguien allí en el Sur, bien protegidito por la
selva amazónica y la distancia, que -me pone a mí en la trinchera y además
está dejando a un gran aliado solito en medio del campo enemigo. Al CEES de Buenos Aires, que hace una
inmensa obra para luchar por la unidad americana, puede parecerle sensato
dejar para otro momento la discusión sobre si el futuro es latinoamericano o
sudamericano. Pero a su equivalente de Caracas, no. Por último: nada de lo arriba
indicado niega que, como decía Methol cuarenta años atrás, de la unidad de
Argentina y Brasil (aún ahora, pese al desmedro de la Argentina) depende la
unidad americana. Y que cualquier paso hacia esa unidad americana es
auspicioso. En el mismo correo que
comenta Julio, lo que estoy diciendo es que si la pensamos chiquita le estamos
pegando un tiro en la misma cuna_. Hay que pensar en grande. Y pensar en grande significa pensar en la Gran Patria Grande, no en la
Pequeña Patria Grande que quiere terminar al borde de Curação, como si se pudiera
regalar impunemente el campo de batalla. Batalla habrá. Es inexorable,
no hay como evitarla salvo que supongamos que el imperialismo es una mera
palabra hueca. El Norte también existe,
y es tal como lo conocemos. Insisto: la
pregunta es sobre dónde queremos librar la batalla, y no es ajena a la
definición del objetivo a conseguir. No
se puede ir paso a paso hasta el final del camino si, concientemente,
uno cierra el cerebro a la visión de la ruta entera. 2) Breve: en cuanto a la posibilidad de reconquistar el
trocito de continente que se desenvuelve entre el Bravo y el Brazos, y entre
Mexicali y el Cabo Mendocino, soy escéptico. Pero uno nunca sabe. Si llegáramos a volver a tener soberanía sobre Los Ángeles, eso sí,
solicito una política de Estado para mantener a Uma Thurmann de este lado. -La
pregunta realista es: ¿Resulta sensata esta postura?....¿deseamos una
estrategia que coloque a los EE.UU. sobre el Amazonas, o deseamos una
estrategia que coloque a América Latina a las puertas de California? Pregunta difícil. Aquí mando un artículo de Methol Ferré que opina lo
mismo que los brasileños. Con respecto a la pregunta, hay algunas afirmaciones interesantes: -...hablo de América del Sur,
no del conjunto de América Latina, porque de alguna forma el norte, con México,
América Central y las
Antillas siempre tuvieron lógicas
específicas y propias, diferentes al conjunto de América del Sur. -El
rasgo nuestro, sudamericano, es que ninguno de estos países hispanoparlantes se
independizó solo, sino que la Independencia estuvo siempre ligada al más allá
de cada país resultante. -Es diferente al caso de Brasil, que fue independiente como Brasil
desde el comienzo hasta el fin. México y América Central también lo resolvieron
cada uno por sí solos. Es cierto que Methol, como Itamaratí, no ven la cuestión como un
problema nacional irresuelto, sino como una necesidad moderna. Sin embargo,
creo que hay algunas cuestiones por considerar lo de -América Latina en las
puertas de California (sobre esto hay que preguntarse si en las puertas o
dentro, porque la segunda ciudad mexicana, en cantidad de población, no está en
México, sino que es Los Ángeles, y tanto Monterrey como Guadalajara tienen 8
millones de habitantes cada una). 1) Desde la Colonia, Sudamérica (Panamá incluido, que era parte de la
Nueva Granada y siguió siéndolo de Colombia) y Mesoamérica fueron dos universos
distintos. Por eso mi comentario en un correo anterior sobre la diferencia entre
los procesos independentistas sudamericano y mexicano (debí haber dicho
mesoamericano). No es casual que en la Sudamérica hispanófona (Brasil es otro
caso, similar, pero específico) la Independencia haya sido cosa de las élites,
mientras que en Mesoamérica fuera un movimiento fundamentalmente popular. Es
que Mesoamérica (con su masa crítica en México) veía el proceso independentista
como la liberación de las cadenas que le habían traído los españoles, y el peso
del proceso estaba en los indios y mestizos. En Sudamérica, la independencia
era cosa de criollos (algunos mestizados) que querían redefinir los ejes de la
-inserción en la globalidad (¿les suena?). 2) Lo que comento explica a Boves, pero también a los condes y
marqueses peruanos, a los que San Martín tuvo que imponerles la independencia a
la brava. Y a las oligarquías bogotana y quiteña. En Mesoamérica no hubo esas
dificultades, porque la independencia era, para las masas indígenas, la vuelta
al autogobierno que les habían arrebatado. Esto más allá de los resultados finales del proceso, por supuesto. Por
eso aquí (digo en Sudamérica) tuvimos la colaboración activa de los
anglosajones (lo había dicho Canning: -La
América española está liberándose, si hacemos las cosas bien será nuestra, o
algo así), y las guerras fueron entre nosotros (por aquello de -divide et
impera). 3) En Mesoamérica la independencia fue un contencioso entre el pueblo y
los invasores, y la ingerencia externa terminó en guerras externas (la de
Texas, que arrancó a México dos terceras partes de su territorio, pero antes la
invasión francesa, y antes la norteamericana). Se
me quedan un montón de temas en el tintero, pero me parece que doy la idea
general acerca de dos procesos que marcan dos grupos de países que deberemos unificar
después, pero que hoy son parte de procesos distintos: el sudamericano y el
mesoamericano. En el medio se me queda el Caribe hispanoparlante (y francoparlante, si
le sumamos Haití). Esa área está más en la influencia sudamericana, por sus
relaciones históricas, que en la mesoamericana, y no podemos abandonarla. El resto de las Antillas, las Pequeñas Antillas, anglófonas y
francófonas, vendrán a pedir cacao cuando en Íbero-Indo-América haya dos
federaciones (la sudamericana y la mesoamericana), negociando su unificación. En lo personal, me inclino por ir por partes, como dijo Scioli. Pero
aquí dejo el artículo de Methol Ferré, para que lo juzguen. Nestor Gorojovsky nestorgoro@xxxxxxxxxxxxxxx
___________________ 4.- UNION
SUDAMERICANA (Segunda
fase de la Independencia de América del Sur) Por Alberto Methol Ferre
Estamos en vísperas de recordar la Primera Independencia. En 1808 se
inició el proceso de descomposición del imperio español, vinieron las Juntas,
y luego continuó todo el proceso hasta el año 28 o 30 del siglo XIX. Entonces, parece útil recordar la lógica de aquellos acontecimientos:
la lógica del proceso de la Independencia de los países que resultaron
independientes. Y hablo de América del Sur, no del conjunto de América Latina, porque
de alguna forma el norte, con México, América Central y las Antillas siempre
tuvieron lógicas específicas y propias, diferentes al conjunto de América del
Sur. En la Independencia también fueron dos procesos que no estuvieron
íntimamente imbricados. Hablo de lo que nos importa más, que es América del
Sur, o sea lo más importante de América Latina en extensión, en recursos y en
población. La masa fundamental de América Latina está en América del Sur, y lo que
define a América Latina como latina es que abarca los mundos lusomestizo e
hispanomestizo por igual y le da al conjunto ese nombre. Aunque latina incluye el Haití antillano, que fue el primer país en
independizarse solo, no es tan determinante del nombre como las dos partes de América del Sur. El rasgo nuestro, sudamericano, es que ninguno de estos países hispanoparlantes
se independizó solo, sino que la Independencia estuvo siempre ligada al más
allá de cada país resultante. Esto es un acontecimiento fundamental. Bolívar empezó la lucha por la Independencia
de su país en Venezuela -lo que resultó ser un país- pero derrotado tuvo que ir
al lado, a Bogotá, ayudó a liberar a Colombia, y de Colombia liberó a
Venezuela. Y así sucesivamente, marchó sobre el Ecuador, Perú, etcétera. Por el otro lado, en el sur, por ejemplo en lo que resultó ser
Argentina -que no era el conjunto de las Provincias Unidas del Río de la Plata-
para poder lograr la Independencia San Martín tuvo que ir a Chile, a Lima, y el
objetivo último era el Alto Perú, donde estaba el principal ejercito español, y
esa tarea se la pasó a Simón Bolívar. De manera que todos empezamos, los países resultantes, a ser
independientes, porque todos tuvimos el más allá de lo que resultamos ser.
Ninguno es hijo de sus actos exclusivos. Es diferente al caso de Brasil, que
fue independiente como Brasil desde el comienzo hasta el fin. México y América
Central también lo resolvieron cada uno por sí solos. De las nueve nuevas repúblicas hispanoparlantes resultantes -Venezuela,
Colombia, Ecuador, Perú, Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia- ninguna
se liberó por sí misma. Y si recordamos a Artigas, digamos que en el año 1810
lo que hoy se llama Uruguay no existía, y fue la solidaridad con la revolución
de la Junta de Mayo, cuando ella se abrió a las provincias del virreinato, a
fines de 1810 y se volvió la Junta Grande. Esto hizo que el General Artigas vaya a Buenos Aires, vuelva apoyado
por las tropas de la Junta, se sitie Montevideo, etcétera. Había tres jurisdicciones totalmente distintas, en lo que es el
territorio del Uruguay. Una era la gobernación de Montevideo y sus alrededores.
La segunda era la mayor parte del Río Negro hacia abajo -desde Rocha hasta
Colonia- y estaba en la jurisdicción porteña, y la tercera del Río Negro para
arriba era el Yapeyú. De manera que eran tres zonas totalmente separadas entre
sí en sus jurisdicciones. No existía un Uruguay que buscó tal cosa, como sí
existía un México que buscó tal cosa en aquella época. Así,
en el proceso revolucionario mismo, del año 11 al año 13, Artigas reúne esas
tres partes y funda la Provincia Oriental. De manera que el primer nacimiento
concreto de lo que luego va a ser el Uruguay es la Provincia Oriental fundada
en el año 13, como una cantidad de otras provincias que también se fundan en
esos dos o tres años, entre el año 10 y la llamada a la Asamblea del año 13.
Ahí aparecen varias provincias más, que no existían en la época del Virreinato.
Y los Treinta y Tres Orientales vienen acá a liberar la Provincia Oriental. Lavalleja es jefe de los ejércitos argentinos. Argentinos es del Río de
la Plata, y nosotros éramos los rioplatenses occidentales. Argentinos
orientales como decía Lavalleja. Es en el año 28, no recuerdo si en octubre, que con el Tratado de Paz entre
Argentina y Brasil, con la mediación inglesa, nace el Estado de Montevideo, que
esa sí es la fecha de la Independencia del Uruguay. Nadie se acuerda de ella. A no equivocarnos, porque si no decimos la verdad de la historia
tampoco entendemos la verdad de hoy. Hay que decir siempre la verdad para poder responder con autenticidad a
los desafíos. Entonces, ese proceso en que todo empezó y se resolvió se debió a
que cada parte resultante fue generada o generó desde el más allá de sí misma,
terminando en el año 30 cuando Bolívar muere en el destierro. Bolívar que
fracasó en su intento de reunir el conjunto de América Latina entera ?no
solamente América del Sur- finaliza su tarea diciendo, un poco antes de su muerte: -hemos perdido todo, menos la Independencia. O sea, hemos
perdido las condiciones de la Independencia. Eso es lo que dice el más alto
representante de la Independencia. Resultó la Independencia en un conjunto de -Estados Ciudad- antiguos
que controlaban inmensos hinterlands para cualquier europeo, en la periferia de
Gran Bretaña, la primer nación industrial moderna. Y siguió toda una larga y confusa historia decimonónica. Allá por el
año 22, del Siglo XX, en Río de Janeiro, en el Centenario de la Independencia
de Brasil, José Vasconcelos, representante de México, en un discurso muy
hermoso, dice: ahora se abre la lucha por la Segunda Independencia. ¿Qué era la
Segunda Independencia? El intento de industrialización, de salir de la
periferia agraria de las sociedades industriales e intentar ser un centro
autonómico por generar la sociedad industrial. El mismo Vasconcelos fue a la
Argentina en el año 22 -y estuvo acá- lo invitaron a ir a unas estancias en la
Pampa, y dijo: -no, yo quiero ir a las Cataratas del Iguazú. Y se fue al
Iguazú, y cuando escribió su relato, al otro año, dijo: -Vi en el Iguazú la
fuente energética, en el Río Paraná, de la gran industria para América Latina
entera, que es la industria argentino-brasilera. Va a nacer alrededor de la
cuenca del Paraná. Nadie le dio la menor importancia. En los años 30 vino la crisis de los centros capitalistas
metropolitanos y la emergencia del nacional populismo, entre nosotros, que
muchos han convertido en una mala palabra y que es la mejor palabra que inventó
la política de América Latina; lo más original, lo más hondo, lo más popular y
lo más nacional de América Latina. Ahora, con el lío de fondo de los mercados
financieros, en Washington la preocupación es que no vuelva el populismo.
Parece que eso es horripilante. ¿Qué fue el nacional populismo? El inventor fue Haya de la Torre, y es a partir de la crisis del 29 y
del año 30 que se inicia la lucha por la industrialización, por la sustitución
de importaciones. Una lucha que Haya de la Torre la percibía ante todo como la exigencia de
la democratización radical de nuestros países agrarios. Y para eso había que
industrializar a los países. Y para sostener el proceso de industrialización
había que ir a la Integración. Pero la industrialización iba a fracasar si quedaba encerrada en los
minipaíses, en los nueve enanos. El enano mayor era Argentina y el otro gran
enano estaba en Colombia. Los otros eran todos enanitos. Este es un dato de la
realidad. Si no lo sabemos bien, vamos a macanear incesantemente. La industrialización implica la Integración. Como nadie tiene mercados
de escala con población suficiente, la lucha por la democratización es también
una lucha por la Integración. Las tres dimensiones inseparables de nuestra modernización son:
Democratización, Industrialización (ciencia y tecnología) e Integración, que se
implican y exigen mutuamente. Ese es el corazón de los nacional populismos, tan
denostados, porque todavía ninguno alcanzó el objetivo de la realización, que
es la Integración. Han sido todos nacional populismos truncos. Haya es el
hombre que plantea más nítidamente eso, y sus rutas son tomadas por Vargas, por
Perón, por el PRI en México, en forma muy variable y amplia. Sin embargo, los dos países más exitosos en la era de la sustitución de
importaciones son Brasil y México, que tienen de tres a seis veces la población
de la Argentina o Colombia. Esta lucha, de algún modo, iba a fracasar en todos
los pequeños países: en el Uruguay, en Perú, en Venezuela, porque los mercados
no daban. Entonces, el proceso de industrialización en cada país aislado era
insuficiente, frágil, hacia falta la Integración. Se necesitó recomenzar este
asunto en forma más amplia, y para mí el gran salto histórico lo da la
fundación del Mercosur, que es el acontecimiento fundamental de la historia de
América del Sur. La idea fue de un tipo no muy amado por los uruguayos, por lo
menos por la mayoría de los uruguayos, que se llamó Perón. Perón es quien propone a Vargas y a Ibáñez pasar de una etapa
?nacional- a una etapa -continental- para terminar en la mundialización. Había
que superar los Estados nacionales para ir a los Estados continentales. Perón estaba influido por Ratzel, uno de los más notables geopolíticos
alemanes, que al final del siglo XIX, al ver emerger los Estados Unidos, dijo: -los Estados Naciones industriales de Europa estamos todos
obsoletos. Alemania no sirve para nada, Inglaterra tampoco, Francia tampoco,
Italia tampoco. ¿Por qué? Porque apareció un gigante que da un salto
cuantitativo tal que se convierte en un salto cualitativo, los Estados Unidos
de Norteamérica, un gigantesco Estado Continental que nos deja a los que
creíamos ser la vanguardia de la historia en un rol secundario. Y así fue. Dos guerras mundiales en que los ya secundarios se pelearon tanto como
para que el mayor no tuviera ninguna dificultad. Recién ahora, los europeos
intentan construir su Estado Continental, moderno. A fines del siglo XIX, Ratzel dijo: -Quizás el único que pueda
enfrentar la emergencia del poder norteamericano, que le opone otro ´estado
continental´, es Rusia. Rusia es un país que en la última década del siglo XIX había acelerado
su proceso industrializador. Entonces, Ratzel dice: -.Si Rusia continúa
el proceso industrial acelerado y logra homogeneizar más a sus etnias, entonces
va a ser el único competidor ante los Estados Unidos. Ratzel cantó el
fin de la Europa dividida y cantó la historia del siglo XX con una claridad
total. Son conceptos que no se usan, pero que están a la vista. Kissinger dice
hoy que las potencias que van a regir el mundo en los próximos 50 años son los
Estados Unidos, el primer Estado continental moderno; la segunda, si logra
hacer un Estado federal en serio, la Unión Europea; la tercera, la China; la
cuarta, la India, si logra modernizarse; y la quinta, Rusia. Los cinco son los
grandes poderes del siglo XXI, decía hace unos ocho años. Digo esto para ubicar
con claridad que, sin usar la terminología de Ratzel, estaba diciendo: cinco
estados continentales modernos son los que van a armar la historia del siglo
XXI. Y el enanaje integra el coro de la historia. La crítica del -enanismo coral, fue la gran tarea de la generación
latinoamericana del 900, con Rodó, Ugarte, Blanco Fombona, García Calderón,
etcétera: querían la Patria Grande (es decir, un Estado Continental, sin lo
cual no habría protagonismo posible). Querían los Estados Unidos de América del
Sur, alcanzar a ser iguales a los del Norte. Así se ponían a la altura de las
exigencias históricas. ¿Qué es la Patria Grande sino el ámbito en que nos
podemos salvar las Patrias Chicas? Soy uruguayo y amo el Uruguay, pero no amo el uruguayismo, como amo a
la Argentina pero no el argentinismo, y así sucesivamente, porque fue
nuestra perdición y es la negación del proceso que resultó en nuestra
Independencia. Entonces, no es que estemos en la -Segunda Independencia. Estamos en la -segunda fase de la lucha por la Independencia, entrando ahora. El Uruguay hoy está aterrado de sí mismo como nunca en su historia.
Está paralítico de pánico porque se siente atrapado y sin salida. Uno habla
con amigos del Paraguay y están atrapados y sin salida. Y habla con amigos
de Bolivia y están atrapados y sin salida. Y sigue toda la parte hispanoparlante, y todos en diferente forma estamos atrapados y sin
salida. Y los dos países hispanoparlantes sudamericanos más importantes, en el
norte de América del Sur, Colombia, y en el sur,. Lo que está pasando es el desastre mayor hispanoparlante, en Colombia y en la Argentina, en las
dos puntas mayores de la cuestión, en el lugar de los más allá, de Bolívar y San Martín. El lío nos va a tomar a todos, como en 1808 y 1810.
¿Retomamos el camino perdido? Mi tesis es muy simple. En la alianza
argentino-brasilera nosotros somos la frontera. Uruguay, Paraguay y Bolivia somos la
frontera argentino-brasilera. Los argentinos no vieron nunca bien a Brasil porque perdieron su
frontera. La tenían al fondo, en Corrientes y en Misiones, y ni sabían que
existía. La frontera éramos nosotros. Artigas era un hombre de la frontera. Era
un jefe de la frontera. Y nosotros tenemos, en nuestra pequeñez, la importancia
de estar en la marca que debe ayudar a
sintetizar las dos puntas fundamentales de la frontera. Esa es la tarea para la
que, encuentro, que el Uruguay está más posibilitado por su base cultural que
Paraguay y que Bolivia. Somos la frontera que puede abrir más la compenetración
argentino-brasilera, y esto es para América del Sur lo que significó para la
Unión Europea la alianza de Alemania y Francia. Los enemigos mortales que
arruinaron a Europa fueron, al aliarse, los que la pueden salvar. Así hay
-alianzas fundamentales y -alianzas accesorias. Entonces, no es que la alianza de Italia con Suecia y con Dinamarca o
con Portugal inicie a la Unión Europea. No hace tampoco ninguna unión la
alianza de Chile con Ecuador o con Uruguay. No pasa nada. Pasa si Argentina y
Brasil están juntos. Entonces, en mi opinión, por eso es la crisis de la Argentina, y las dilaciones
del Fondo Monetario Internacional. Geffrey Sachs, en un artículo que se
publicara en Cuadernos de Marcha, reflexionaba sobre las conexiones profundas
del Tesoro norteamericano, Wall Street y el Fondo Monetario Internacional. Lo
que importa es que es público y notorio en términos mundiales que el control
fundamental del Fondo Monetario Internacional es, ante todo, norteamericano. Brevemente lo que pasa en Argentina es una opción de Sancho Panza de
los Estados Unidos. En una de esas, uno en el lugar de ellos, capaz que
hacía lo mismo. Ante la emergencia de un centro de poder autónomo nuevo como el Mercosur, en lo que era un espacio trasero, el patio del fondo, donde estaban los conejos y las gallinas, y que no incomodaba, resulta que la alianza argentino-brasilera generaba el primer gran centro de poder continental sudamericano en la apertura del siglo XXI. Entonces, por sensatez, el poder mundial máximo tiene que pensar: ¿para
qué me voy a complicar la vida, si en el fondo se me arma un centro de
poder autónomo? Un nuevo esbozo de Estado Continental. Un centro de poder implica alguien que pueda decir sí o no. El lío es que si no es un
centro de poder le decimos que sí siempre. Eso es irremediable. Estamos
condenados a decir que sí. Mi opinión es que la reticencia del Fondo, no es porque Turquía sea más útil, sino porque la Argentina es más peligrosa, en
tanto y cuanto genere su alianza con Brasil, lo que le altera toda la lógica de
la política de América del Sur. El Mercosur no es una alianza entre Argentina y Brasil como si fuera
una alianza en el Pacto Andino o en otro lado. Es la alianza constituyente
de las posibilidades de la unidad de América del Sur. Por eso reniego del nombre de Mercosur. Eso es un
subtítulo. Es pensar que estamos haciendo sólo mercado. Bienvenido el mercado entre nosotros, y bienvenido el que se
desarrolle, pero lo fundamental es que tendríamos que llamarnos ?Unión
Sudamericana. Porque es esta la única posibilidad real de Unión Sudamericana.
El Mercosur es más que sí mismo. Esto es lo intolerable para el Norte. Está
decidido a terminarlo, aunque le implique africanizarnos a los
sudamericanos. Hay que refundar el Mercosur, y lo tenemos que refundar con
nombres verdaderos, porque el nombre hace a la esencia de la cosa. Si yo no le
pongo el nombre verdadero estoy achicando el asunto, estoy alejando a la
juventud entera, que dice: -Si es asunto de mercado, y de empresarios, y de
industriales, ¿yo que tengo que ver? Hasta que no me reciba no tengo nada que
ver". No es así. La esencia verdadera del Mercosur es la Unión
Sudamericana. Esa es la exigencia más allá de sí, para ser. Me parece que el Mercosur, del que tantos anuncian su muerte, les va a renacer todos los días, y va a volver una y otra vez porque está en la esencia fundante de nuestros pueblos, que ahora, si no vuelven de sí
mismos solos, para intervincularse y saber que la globalización no avanza
sola: avanza la vecindad, avanza la política sudamericana, está naciendo la política sudamericana. Y por eso está renaciendo la Unión Sudamericana
de la primera fase de la Independencia frustrada. ¡Naciendo! Hasta hace diez años América del Sur no interesaba nada.
Nadie sabía nada. Y ahora estamos condenados a hacer política sudamericana
como nuestra base política, que es la política de la pertenencia del
-círculo histórico cultural al que pertenecemos. Y que no queremos que pase como nadie en la historia. Sería el nadie de nosotros mismos. Queremos
darles chance a nuestros hijos. Queremos abrirles el camino para que
participen en la revolución técnica y científica. Ya en el Mercosur está lo que yo
llamo -la medialuna de las ciudades fértiles. La cultura urbana es la cultura fundamental de nuestra época. Ya no somos más agrarios. Los agrarios
son suburbios lejanos de lo urbano, o a veces suburbios avanzados de lo
urbano. Aquí está el triángulo brasileño de Río, Belo Horizonte y San Pablo,
corazón industrial de Brasil. Ese mundo se comunica a través de las fronteras de Santa Cruz de la
Sierra, Asunción y Montevideo con el otro triángulo, que forman Buenos Aires, Rosario y Córdoba, y se prolonga hasta Santiago de Chile. Esa es la red
de ciudades con la acumulación intelectual más alta de América del Sur. A
ese perímetro nada es equivalente en toda América Latina. Ni en México ni
en ningún lado de América latina hay una concentración virtual de potencia
y capacidad de ensamble y complementación a todos los niveles. Si ahora es difícil hacer una política económica nueva, es porque no
sabemos bien qué pasa en Argentina, en Brasil, etcétera. Pero la Argentina, al elegir la pesificación, eligió mantenerse en el Mercosur, cuando
paradojicamente, Menem, que fue fundador del Mercosur, elige la dolarización,
que es el entierro del Mercosur. Eso digámoslo, porque es la verdad. Yo lo
apoyé en el 91 y ahora no, por la misma razón. Quería dar una lógica histórica.
Creo que el cortocircuito argentino-brasilero está hecho, y que va a volver
siempre. Ya se han hecho encuestas y la mitad de la opinión argentina es
totalmente favorable y ve la única salida en el Mercosur. Una vez que esto se
ha puesto en marcha, va a volver siempre, aunque haya muchos editoriales que
digan que se termina. Pienso que aunque sea en este duro interregno queda por
lanzar una política de la cultura que sirva para un pensamiento dinamizador con
las juventudes, que es el más gigantesco vacío del Mercosur y nuestra más alta
esperanza. Sólo con la movilización de las juventudes, pasaremos a la Unión
Sudamericana. Y digo esto, porque estoy persuadido que sólo es posible hacer un
acuerdo regional profundo en un mismo círculo histórico cultural. Los
brasileros nacieron de Portugal, y este fue originalmente el Condado de Portucale,
que era una parte de Castilla. O sea que estamos muy imbricados
históricamente. En un acuerdo regional, el lío es el pasaje de la lucha por lo que
sentimos que es el bien común del interés del Uruguay, el bien común del interés
de la Argentina, el bien común del interés del Brasil. Por supuesto, todos hemos sido educados diciendo: -el Uruguay es todo, y el resto, lo que
no coincide con mi interés, no es. Brasil, igual. Argentina, igual. Todos
nos hemos educado durante dos siglos en que somos el único absoluto
posible. Entonces, si queremos pasar a la región nos es difícil hacer el salto,
porque es una enorme tensión darse cuenta de que el bien común del Uruguay solo
no se yuxtapone con el de Argentina sola, de Brasil solo. Los cuatro engendran
una región que no sirve para nada, porque la conflictividad es irremediable. Es necesario pensar en el bien común de la región como conjunto, y
comprender al Uruguay, a la Argentina y al Paraguay, a Brasil, en la lógica
general de la región, no en la lógica de lo que a mí solo y exclusivamente me
interesa. Si todos actuamos con lo que exclusivamente nos interesa, seremos unas mónadas sin puertas y ventanas. El ejercicio de la formación de la
región es el pasaje de Chile solo, del Uruguay solo, etcétera, a intentar pensar
el conjunto como conjunto, y sentir que si el problema de Brasil es industrializarse y nosotros no estamos industrializados de la misma
forma que Brasil, y compramos afuera, entonces todo eso no servirá para nada, porque estoy en lo que ya soy. El asunto es lograr la difícil
transición de los bienes comunes que se transforman en particulares a un bien común superior al conjunto, que es el de la región. Eso implica que nuestra educación uruguaya no puede ser uruguayista.
Tiene que ser regionalista, y la de Brasil también. Eso implica una revisión histórica, una revisión cultural, un intercambio de las generaciones universitarias en masa. Hemos hecho diez años de Mercosur y no hemos
visto 200 estudiantes brasileros en nuestra Universidad en un año entero, ni
miles de brasileros en la Argentina o de argentinos en Brasil. Así no vamos a formar sino una yuxtaposición de aldeas. Implica una política de la
cultura desde ya, en función al objetivo de pensar el conjunto. Eso no lo vamos
a lograr en un día ni en cinco años. Vamos a tardar unos cuantos años. La Unión Europea ha tardado años, y nosotros también. Al amor profundo y
la voluntad no los doman los años. ¿Qué al final sea una confederación? ¡Por supuesto! Si al final llega a
ser una Federación mejor. El objetivo inmediato no es ni la confederación
ni la federación. Es ir generando un acuerdo común, y si Brasil necesita
tales cosas me tiene que comprender a mí la lógica de lo que yo necesito, es
decir una reciprocidad profunda. Un bien común regional emergente. Sólo así
vendrá la Confederación y luego quizá la Federación. No me asusta ninguna Liga
Federal así. [De www.peronismoweb.com.ar,
publicado el 20/9/04] 4.- Argentina, Brasil y EUA. De la Triple Alianza al MERCOSUR (1870-2002) Moniz Bandeira y la comunidad sudamericana de naciones Por Alberto J. Sosa El Profesor Moniz Bandeira, doctor en
ciencia política, considerado uno de los mayores especialistas en
relaciones internacionales de Brasil,
nos introduce en la historia de las relaciones
argentino-brasileñas (1870/2002), dentro del marco sudamericano, así
como de los condicionantes derivados
del rol de los Estados Unidos de América(EUA), a nivel hemisférico primero y mundial después. Diversos avatares modificaron el contenido y dirección de la relación bilateral durante el recorrido que nos
propone este estudioso de la Cuenca del
Plata y de las relaciones exteriores de América del Sur. Su trabajo nos permite trazar un paralelo entre las
trayectorias de los diferentes países
de América del Sur. Si bien el esfuerzo intelectual del profesor Moniz Bandeira, se refiere al conjunto de los países
iberoamericanos de América del Sur, con
énfasis en las relaciones exteriores de los citados Estados, en esta nota nos proponemos sintetizar este
trabajo de investigación, de casi 600
páginas, concentrándonos únicamente en los aspectos cooperativos de la
relación argentino-brasileña del relato
y efectuar comentarios que destacan el rol de
Argentina en dicha relación bilateral. SÍNTESIS E INTERPOLACIONES Luego de su incruenta separación del Reino de Portugal, Brasil conserva y aún acrece el territorio que
recibe. Es un Estado monárquico,
provisto de agencias burocráticas profesionalizadas (diplomacia y fuerzas armadas) que imponen externa e
internamente la voluntad social de sus
clases dirigentes. La entidad que se independiza en 1822 es el
Estado portugués, montado en América
del Sur, que durante el siglo XIX ejerce una
primacía en la Cuenca del Plata, donde los Estados aún no se habían
consolidado en Argentina, Bolivia,
Paraguay, Uruguay, así como tampoco en el resto de América del Sur, excepto Chile durante la administración del
Ministro Portales. Mientras la América hispana se balcaniza durante las guerras de la independencia, la América lusitana
preserva su integridad territorial. La Guerra de la Triple Alianza (1865/70), involucra a los cuatro actores del actual MERCOSUR, en la que
Argentina, Brasil y Uruguay se coligan
contra Paraguay. El Imperio de Brasil se endeuda en exceso a causa de la citada guerra,
perdiendo primacía en la Cuenca del Plata y siendo desplazado por una Argentina
que pacifica su territorio, mediante un
Estado que reivindica el ejercicio monopólico de la fuerza pública,
que nacionaliza la ciudad capital, el
puerto homónimo y las rentas aduaneras que
representan, en esa época, la principal fuente de ingresos fiscales. Argentina, en las últimas dos décadas del siglo XIX, expandió su frontera económica y estableció un vínculo
especial con el Reino Unido, de donde
provenía alrededor del ochenta por ciento de la inversión extranjera radicada en el país. En esa etapa de
predominio argentino (1880/1930), el
país experimenta una prosperidad difícil de encontrar en países situados en la periferia de la geografía
económica del mundo. El país vende
granos, lanas y carnes al Reino Unido y también a otros países de Europa
e importa sus manufacturas.
Brasil, por su lado, vive su primer remezón
institucional, con el golpe militar que instaura la I República (1889),
un año después que el Emperador Pedro
II aboliera la esclavitud. Este país produce y
vende café y EUA es el principal destinatario de sus exportaciones.
Ambos vecinos producen alimentos(de
clima templado Argentina y de clima cálido
Brasil), abasteciendo a dos grandes potencias (Reino Unido y EUA), así
obtienen sus divisas. La
complementariedad de sus economías allana el acercamiento bilateral, a pesar de la disputa por la
hegemonía en la Cuenca del Plata y
también en América del Sur. En esta media centuria (1880/1930) Argentina es anglófila, antiestadounidense en el ámbito panamericano y en
algún modo menospreciativa del resto de
América Latina, ya que se consideraba a sí misma como prolongación geográfica de Europa en el Nuevo Mundo y
llamada a desempeñar un rol destacado
en el mismo. Así fue como en la I Conferencia Panamericana (1889/90) Argentina con la compañía de Chile
saboteó el proyecto de unión aduanera hemisférico
de EUA, bajo la consigna de que América es para la Humanidad (es decir para Europa y específicamente para el
Reino Unido), contradiciendo el
lema monroísta de América para los americanos (es decir para los EUA). Brasil, a la sazón apoyó el proyecto
de Zollverein, dada su relación
especial con EUA, al que utilizaba como contrapeso a la influencia británica. La República de Brasil a partir del siglo XX percibe el rol ascendente de EUA y ello
explica su acercamiento a dicho país,
además de sus relaciones económico-comerciales. El Uruguay batllista
tiene una conducta similar a la de su
vecino septentrional, a diferencia de la Argentina que persevera en sus vínculos con la potencia imperial europea.
El notable crecimiento económico de Argentina,
modificó la relación de fuerzas en la Cuenca
del Plata, en la que el gobierno de Buenos Aires ejercía influencia en
Paraguay, en Bolivia y en Uruguay,
aunque éste último también estaba ligado a Río de Janeiro. Además, a nivel militar, la balanza se inclinaba a favor
de la próspera Argentina dotada de
fuerzas navales y terrestres respetables. Bartolomé Mitre, cuando ya no era Presidente de la República Argentina
y fungía como director del diario La Nación de Buenos Aires, propició en un discurso pronunciado en Septiembre 20, 1898
la necesidad de la vinculación
fraternal de Argentina, Brasil y Chile ya -que debieran ser la base de una futura unión sudamericana, capaz
de resistir todos los embates de la
política interna y sobre todo de expulsar de su seno a los dominios imperialistas... El Presidente Julio A. Roca sugirió al
Presidente de Chile Errázuriz la conveniencia de un Pacto entre Chile,
Brasil y Argentina en la reunión que
ambos celebraron en Punta Arenas (Febrero 15, 1899) [1] . Roca también visita Río de Janeiro ( Agosto
8, 1899) para entrevistarse con el
Presidente del Brasil Campos Sales [2] y éste retribuye la visita
viajando a Buenos Aires (Octubre 25, 1900) [3] . Todas estas reuniones se realizan con el objeto de superar las
querellas por la hegemonía en América
del Sur y lograr el equilibrio militar. La proximidad geográfica, la
complementariedad económica y la visión estratégica de José María Da
Silva Paranhos (Barón de Río Branco),
Ministro de Relaciones Exteriores de la I
República de Brasil (1902/12), produjeron la primera tentativa seria de
alianza estratégica, a través del Pacto
del ABC, que coligaba a Argentina y Brasil con
la República de Chile. La iniciativa de Branco propiciaba un equilibrio
militar y una metodología de solución
pacífica de controversias, que se suscitasen entre los Estados Partes. Branco, recelaba de EUA por su comportamiento
en la secesión de Panamá del territorio
de la República de Colombia, por su ultimátum al gobierno de Chile en el caso
de la empresa Alsop y por la conducta del grupo económico anglonorteamericano, denominado Bolivian Syndicate, en
el territorio del Acre (actual estado
de la República Federativa del Brasil). El 25 de mayo de 1915, los Ministros de Relaciones Exteriores de Argentina (José Luis Murature), Brasil
(Mauro Müller) y Chile (Alejandro Lira)
firmaron en Buenos Aires el Tratado de No Agresión, Consulta y Arbitraje que fue visto con desconfianza en Washington
y en otras capitales de América Latina.
En rigor, el ABC fue una tentativa de establecer un equilibrio de poderes en el Cono Sur (y en América del Sur),
entre los tres países más importantes
de la Región y también de configurar una alianza que sirviese de contrapeso a la creciente influencia de EUA. Los
gobiernos radicales, sucesores de Roque
Sáenz Peña-Victorino de la Plaza, relegaron el
Tratado del ABC, por estimarlo una iniciativa brasileña que no favorecía
los intereses argentinos. El gobierno
de Hipólito Yrigoyen, se manifestaba contrario
a toda integración latinoamericana selectiva o parcial. Dichas relaciones de confianza permitieron que Argentina, Brasil y Chile opusiesen resistencia común a
la política de EUA, en el caso Alsop
(Chile 1909), en el caso de la elección presidencial en Panamá, en la revolución en Nicaragua, la garantía
del préstamo a Honduras y cuando las
tropas de EUA invadieron territorio mexicano (Veracruz 1915). En éste
caso y luego de la Conferencia de las
Cataratas del Niágara, el ABC logró una salida
negociada de las tropas estadounidenses del territorio azteca. El ABC
puede considerarse como un precursor
del Grupo de Contadora y su Grupo de Apoyo
(actual Grupo RIO). Así llegamos a la crisis del ´30(XX), cuando en Argentina se produce el primer golpe de estado que desaloja
del gobierno al Presidente Yrigoyen e
instaura la dictadura de Uriburu y más tarde el gobierno del general Agustín P. Justo. En estos
tiempos, la Argentina aún presentaba
ventajas económicas y militares respecto de Brasil. Pocos días después
del golpe militar argentino (Septiembre
6, 1930), se produce un golpe militar en Brasil (Octubre 3, 1930), liderado por el gobernador de Río Grande del
Sur, Getulio Vargas, respaldado por
sectores militares nacionalistas que aspiraban a industrializar el país y a relajar la dependencia
económico-comercial con EUA. Mientras
en Argentina, los grupos económicos tradicionales retornaban al poder político, en Brasil se configuraba un bloque
político hegemónico alternativo
compuesto por el estamento militar, sectores medios, el proletariado y
ganaderos gauchos y mineiros
productores de carne y leche para el mercado doméstico. Getulio firmó el Tratado de Comercio y
Reciprocidad con EUA (1934) y el Tratado
de Compensaciones con Alemania, que devino su principal proveedora
de manufacturas y su segundo mayor
cliente de commodities, entre 1934/38.
Argentina, por su lado, firmaba el Pacto Roca- Runciman (1933), con el
Reino Unido para mitigar la crisis. En estos años, a pesar de las diferencias respecto de la guerra del Chaco, el Presidente argentino Agustín
P. Justo visitó Río de Janeiro (1933)
para suscribir diversos Convenios con su homólogo de Brasil como el Tratado de Comercio y Navegación y un Protocolo
Adicional que solucionaron el
atascamiento existente en las negociaciones sobre trigo y yerba mate. Sin embargo, lo más destacable fue la firma del Tratado Antibélico de No Agresión y de Conciliación (Octubre
10, 1933) por Argentina, Brasil, Chile
(con reservas), Paraguay, Uruguay y México y el llamado de Vargas y Justo a los Presidentes de
Bolivia y de Paraguay para que cesasen la Guerra del Chaco. Para Moniz, el Tratado Antibélico configuró, bajo ciertos aspectos, la reedición del Tratado de No Agresión,
Consulta y Arbitraje (más conocido como
ABC,1915), al condenar las guerras de agresión y establecer que los litigios territoriales entre los signatarios debían resolverse a través de métodos de solución
pacífica. Por otra parte, este Tratado
asentó el principio de la cooperación entre las grandes Repúblicas del Sur. Por su parte, Vargas visitó la
Argentina (1935) e inauguró la avenida
Corrientes (Ciudad de Buenos Aires), que sustituyó a la Corrientes
angosta.Las relaciones bilaterales se acercaron, durante las
administraciones de los Presidentes
Vargas y Justo. Cuando se inicia la década del ´40(XX)
surgen iniciativas en ambos gobiernos tendientes a configurar una
Unión Aduanera. El Ministro de
Relaciones Exteriores de Brasil Oswaldo Aranha es partidario de que los dos países concretasen un acuerdo abierto a
los demás Estados limítrofes y que
asegurase a todos garantías de comercio, después de finalizada la 2ª.Guerra Mundial. Federico Pinedo, Ministro de Hacienda de Argentina, a su vez, se manifestaba favorable a esta propuesta,
por cuanto consideraba necesario no
incurrir en actitudes que obstaculizasen las
importaciones de los países vecinos, malogrando el desarrollo de un
intercambio de recíprocas ventajas.
Esta actitud debía ser reemplazada por una política de aproximación económica con Brasil y demás
Estados vecinos. Asimismo, reforzando
dicha idea, propiciaba el establecimiento de un régimen de libre
intercambio entre los países vecinos
del Continente, a través de una Unión Aduanera tan completa como fuera posible. El Informe sobre un Programa de
Reactivación de la Economía Nacional, más conocido como Plan Pinedo,
donde se propiciaba una Unión Aduanera
con Brasil y demás países vecinos, corre en
Argentina igual suerte que el Tratado del ABC (1915). El Senado lo
aprueba con sólo tres votos en
contra, mientras que la Cámara de Diputados nunca lo trata. No obstante, Argentina y Brasil continúan sus negociaciones y suscriben un Tratado de
Unión Aduanera (Noviembre 21, 1941),
por intermedio de sus respectivos Ministros de Relaciones
Exteriores Enrique Ruiz Guiñazú y
Oswaldo Aranha. Pocos días después Japón bombardea la base estadounidense de Pearl Harbor y a partir de
allí los senderos de los vecinos se
bifurcan. El Presidente Perón durante su primera etapa de gestión gubernamental (1946/55) enuncia la denominada Tercera Posición
o política exterior que pretendía
guardar equidistancia respecto de las
superpotencias y de sus respectivos esquemas de seguridad colectivos.
Además, aspiraba a convertir a la
Argentina en núcleo de una tercera fuerza en los asuntos internacionales de su incumbencia. Establece relaciones
diplomáticas con la Unión Soviética y a
pesar de ser miembro de la Organización de las Naciones Unidas (1945), no adhiere a los
Acuerdos de Bretton Woods (FMI-BIRF, 1944) ni
al Acuerdo General de Tarifas y Comercio (1947), ni a la Organización
de Estados Americanos (Bogotá, 1948).
Sin embargo, aprueba (1950) el Tratado
Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR, 1947), primer pacto
militar de la guerra fría, que vincula
a los ejércitos de América Latina con EUA, dentro del contexto de su política de contención del comunismo, en el
hemisferio americano, pero no suscribe
convenios de asistencia militar con EUA que le otorguen efectividad al TIAR. A nivel sudamericano resucita la iniciativa del ABC, dotándola de un nuevo contenido. En este caso, no se
trata solamente de acuerdos de
equilibrio en el Cono Sur ni de metodologías de conciliación y arbitraje para la solución de disputas o de
acuerdos arancelarios, sino de la
creación de un Bloque Político Austral, en el que convergiesen estos
tres países, cada uno de los cuales es
considerado por Perón como económicamente
insuficiente a nivel nacional [4] .
Los anteriores proyectos de asociación con Brasil se habían originado
en Argentina en el bloque social
tradicional (ABC 1915, Pacto Antibélico 1933,
Unión Aduanera 1941), en este caso un bloque de poder alternativo (Justicialismo) reformulaba la iniciativa
desde una coalición social compuesta
por empresarios de capital autóctono, trabajadores sindicalizados y
militares. El ABC y la relación
Argentina-Brasil adquieren en nuestro país otra dimensión sociológica. Getulio Vargas recibe respaldo del Gobierno argentino para acceder a su segundo mandato presidencial
(1950/54) y designa embajador en Buenos
Aires al ?gaucho? Lusardo, quién relata las diversas oportunidades en que el Presidente Perón quiso encontrarse con el
Presidente de Brasil y no solamente con
Vargas. Glauco Carneiro [5] considera que existieron seis invitaciones por
parte de Perón. Lusardo fue el portador
de los convites en cuatro oportunidades y Goulart en una quinta. La primera en Agosto 1945, portador Lusardo.
Perón era Vice_Presidente, se declaraba
admirador de Vargas y quería entrevistarse con él, en la primera oportunidad. Vargas respondió al emisario: -más adelante
puede ser, es un caso a ser examinado; 2º convite
1946, Fazenda Itu, portador Lusardo. Vargas responde que se encuentra bajo custodia y posterga el encuentro; 3º
convite, Noviembre 1946. Río de
Janeiro, portador Lusardo, quién transmite por carta la invitación al Presidente Dutra y ofrece como lugar de
encuentro la Estancia de San Pedro; 4º
convite Fazenda Santos Reis, época probable 1948, portador Lusardo y
Getulio nuevamente se excusa; 5º
convite, Estancia San Pedro, Diciembre 1950, portador Goulart quién de regreso de Buenos Aires trae una propuesta de
Perón para un encuentro en el talweg
del Río Uruguay; 6º convite, Estancia San Pedro, Enero 6, 1951, portador Hortensio Quijano,
Vicepresidente electo de la Argentina,
entrevista a Getulio Vargas Presidente electo de Brasil. Vargas le
expresa a Lusardo, una vez finalizado
el encuentro, que se halla complacido con el
desarrollo de la reunión, porque Quijano y sus colaboradores son gente
amiga de Brasil. El gobierno peronista, celebra acuerdos bilaterales con Chile, Bolivia, Paraguay y Ecuador. Crea la
Asociación de Trabajadores
Latinoamericanos Solidaridad (ATLAS), como contrapeso a la influencia del sindicalismo patrocinado
desde Washington o Moscú. A través de
los agregados sindicales, integrantes del servicio exterior
argentino, promueve la Tercera Posición,
fundamentalmente desde las embajadas situadas en las ciudades capitales de América Latina. El proceso de industrialización impulsado por Getulio a partir de 1930 con el respaldo de la mayoría de las
Fuerzas Armadas logró, a través de la
Alianza tejida con EUA durante la 2ª.Guerra
Mundial, el funcionamiento del complejo siderúrgico estatal de Volta
Redonda (1946). Dicho complejo, fue la
primera planta para la producción de acero en
gran escala instalada en América Latina que posibilitó la expansión de
las industrias sustitutivas de
importaciones de una amplia gama de bienes de
producción y que le proporcionó a Brasil una base material capaz de
atender las demandas del desarrollo en
sus inversiones intensivas en capital y tecnología. Durante la década del ´50(XX), Brasil recibió capitales europeos
que forzaron a EUA a invertir para no
perder el mercado. La industrialización alcanzó en Brasil un alto grado de integración y
diversificación y pasó a moldear el interés
nacional, con raíces en el Estado y en sus Fuerzas Armadas. En esta
etapa, tanto el Palacio de Itamaraty
como las Fuerzas Armadas priorizaron las relaciones con EUA, en detrimento de la Argentina peronista,
lo cual contribuyó, sumado a otras
causas, a frustrar la formación del Bloque Austral. La Presidencia de Juscelino Kubitschek
consolidó la supremacía de la burguesía industrial que con el Programa
de Metas precipitó la
industrialización. Juscelino se negó a ejecutar un programa de estabilización monetaria propuesto por el
FMI porque entendía que estancaría el
proceso de industrialización brasileño. Dicha actitud lo llevó a
romper relaciones con el citado
organismo financiero internacional. A diferencia de Brasil donde el suicidio de Vargas, no significó discontinuidad sino profundización del
proceso de industrialización, en la
Argentina posterior a la caída de Perón los gobiernos militares, aplicaron medidas monetaristas con el objeto de
restaurar la agricultura y garantizar el ingreso de capitales extranjeros. El
Presidente Arturo Frondizi, electo en
1958, intentó implementar un plan de desarrollo económico que tendía a lograr el autoabastecimiento del petróleo,
a través del aporte de las
corporaciones extranjeras. Sin embargo, en Diciembre de 1958, instrumentó un plan de estabilización
monetaria exigido por el FMI por el que
Argentina se comprometía a la liberación del tipo de cambio y a
liberalizar el control de las
importaciones. Durante la primera mitad de la década del ´60(XX) la Argentina, Brasil, Ecuador, Perú y Bolivia
experimentaron sendos golpes de estado.
La intervención de las Fuerzas Armadas en los procesos políticos no respondieron sólo a
acontecimientos domésticos, sino también de
carácter internacional. Con el advenimiento de la Revolución Cubana, EUA consideró que cabía redefinir las amenazas hemisféricas. El
enemigo no era sólo externo (URSS),
sino que a partir de la II Declaración de la Habana se había interiorizado. Las Fuerzas Armadas
estaban consideradas como agencias
armadas profesionales, modernas e idóneas para conducir los destinos de
los Estados de América Latina y para
implementar acciones de contrainsurgencia para
combatir la subversión. Desarrollo y Seguridad, Contrainsurgencia
y Acción Cívica constituían las
recetas dictaminadas por EUA para el éxito. No obstante, las gobiernos militares implantados en
Argentina y en Brasil, tomaron una vez
más senderos distintos. Para esta época Brasil ya había recuperado su
hegemonía en América del Sur. Las relaciones Frondizi-Kubitscheck fueron cordiales y el Presidente argentino respaldó la Operación
Panamericana (OPA) del brasileño,
tendiente a presionar a la Administración Eisenhower para que adopte un mayor compromiso con el desarrollo de
América Latina. Ambos Presidentes
coincidieron en que la principal amenaza para la seguridad hemisférica
era el subdesarrollo y no el
comunismo. Este clima de comprensión entre Argentina y Brasil, posibilitó la creación del Banco
Interamericano de Desarrollo (BID) y
de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC). El cierre gradual del mercado europeo y las escasas perspectivas de aumentar las ventas en el mercado de EUA,
llevaron a que Argentina y también
Brasil, procurasen el acceso a terceros mercados, porque consideraban que EUA no cooperaba
satisfactoriamente con su desarrollo
económico, como contrapartida a su apoyo en la confrontación con la
URSS. Los Acuerdos de Uruguayana, suscriptos por los Presidentes Quadros (Brasil) y Frondizi en 1961, configuraban
la piedra angular de la variante
neutralista, dado que la alianza con Brasil proporcionaba a la Argentina respaldo para que pudiese
mantener equidistancia y cierta
autonomía en el contencioso EUA-Cuba. Este objetivo se evidenció cuando
Frondizi al pasar por Río de Janeiro
(Septiembre 1961) ratifica con el entonces
Presidente Goulart los compromisos asumidos en la Declaración y el
Convenio de Uruguayana. Asimismo,
durante la VIII Reunión de Consulta de los Cancilleres Americanos (Punta del
Este, Uruguay, Noviembre 22/31, 1961), Argentina y Chile apoyaron la propuesta brasileña de finlandización de Cuba. Por
otra parte, éstos tres países se
abstuvieron, no votando a favor de la expulsión de Cuba de la OEA, junto con México, Bolivia y Ecuador.
En Argentina, las Fuerzas Armadas derribaron a Frondizi (1962) y asumieron el gobierno directamente en 1966.
La dicotomía agro versus industria,
recrudeció con la disputa por la administración de los escasos recursos disponibles, dentro de un
contexto de debilitamiento del Estado y
protesta social. Los sectores dominantes no pudieron o no supieron llegar
a acuerdos y el conflicto prevaleció,
en detrimento del bienestar general.
Argentina perdía otra oportunidad en perjuicio de su sociedad y de su
rol en el Cono Sur. A partir de los golpes militares de Brasil (1964) y de Argentina (1966), se produjo un cisma en la relación
bilateral que recrudeció con la crisis
de las represas de Itaipú y Corpus. Recién en 1979, cuando ambos Estados aún estaban gobernados por sus respectivas
Fuerzas Armadas intentaron un
reacercamiento a través de la firma del Tratado Tripartito, para superar el conflicto suscitado en torno de
las represas. El Presidente Figueiredo (1980), realizó una visita oficial a
Buenos Aires (la primera de un jefe de
Estado brasileño desde 1935), donde suscribe con el Presidente Videla una serie de Protocolos de Cooperación,
incluso en el área militar para la
fabricación conjunta de aviones y misiles y en el campo de la energía
nuclear. Otros protocolos fueron la
colocación en órbita en común de un satélite de comunicaciones, varios acuerdos de abastecimiento entre Siderbras
y Fabricaciones Militares de Argentina,
la interconexión entre los sistemas
eléctricos de los dos países, un acuerdo para evitar la doble
tributación y la evasión fiscal, la
construcción de un puente internacional sobre el Río Iguazú, un acuerdo sobre cooperación científica y
tecnológica, etc. Durante la Guerra de Malvinas (1982), Brasil defendió el derecho de Argentina sobre las Malvinas y asumió la
representación de sus intereses en
Londres. El gobierno de Figueiredo mantuvo una posición de neutralidad, aunque imperfecta, favorable en
los hechos a la Argentina. El
Presidente Figueiredo decidió que el Ministro de Aeronáutica, Délio
Jardim de Matos, proporcionase a la
Argentina unos doce o catorce Xavantes (cazas a chorro), los primeros fabricados por Brasil y que ya estaban
dejando de ser usados por la Fuerza
Aérea. No cobró nada por ellos y tal vez no llegaron a entrar en operación por la breve duración
del conflicto. Brasil también cedió a
la Argentina algunos aviones EMB 111, fabricados por la Embraer, ya
usados por la Fuerza Aérea brasileña, a
fin de que patrullasen el litoral y acompañasen los movimientos de la escuadra británica. Los propios oficiales
brasileños tuvieron que pilotear tales
aparatos, en sus vuelos de rastreo sobre el Atlántico Sur, dado que no hubo tiempo para entrenar a una
tripulación argentina. La cooperación del gobierno de Brasil fue más allá. El gobierno de Figueiredo percibió que a Brasil no le
convenía usufructuar de las
dificultades que enfrentaba Argentina, por ejemplo ocupando su espacio comercial en la Comunidad
Económica Europea (CEE). A Brasil no le
interesaba competir y desplazar a su vecino para ganar algunos millones
de dólares más, sino suprimir el
sentimiento de rivalidad, restablecer la confianza y fomentar las condiciones para una ulterior integración de la
Argentina a su espacio económico. El
gobierno de Figueiredo ofreció facilidades a la Argentina para que derivase parte de su producción
agropecuaria a través de los puertos
de Santos, Paranagua y Río Grande, es decir, de los corredores de
exportación que en los años ´70 (XX)
competían y reducían la importancia económica y geopolítica de Buenos Aires. De este modo, permitió aliviar
alguna de las dificultades argentinas,
al eludir el embargo comercial y económico que le impusieron EUA y la CEE. La derrota de Malvinas precipitó la caída del gobierno militar, posibilitando el retorno de la democracia.
El contencioso con EUA y la entonces
CEE, así como la asimetría existente entre Brasil y Argentina encaminaron a ésta hacia una cooperación con su vecino.
Brasil fue el país que más creció en el mundo, durante el siglo XX, circunstancia que posibilitó que
configurase uno de los parques
industriales más integrados del ex Tercer Mundo. El Brasil del año 2000 era 110 veces más grande económicamente
que el de 1901. La Argentina que había conocido una
prosperidad inédita en América Latina, así como un nivel de bienestar
e integración social desconocidos para
los parámetros del ex Tercer Mundo, sino
también más allá de estos territorios, luego de sus reveses económicos y
lo errático de su política exterior, no
estaba en condiciones de competir por el
liderazgo de América del Sur. Cuando asume la Presidencia de Brasil José Sarney(1985), los gobiernos democráticos de ambos países
concordaron estrechar aún más los lazos
económicos y comerciales. En Noviembre 29, 1985, durante la inauguración del Puente Tancredo Neves,
sobre el río Iguazú, los Presidentes
Alfonsín y Sarney se reunieron e iniciaron las conversaciones para
promover una gradual integración
Argentina-Brasil, para la creación de un Mercado Común, al cual después podrían asociarse otros países
y luego, con la unificación creciente
del espacio sudamericano, alcanzar el máximo de autosuficiencia en productos esenciales, insumos básicos y
bienes de capital, sustituyendo al dólar
por una moneda convenio en el intercambio Regional, para diluir las
presiones sobre la balanza de pagos.
También acordaron intensificar la cooperación para el desarrollo de sectores capaces de producir avances científicos y
tecnológicos para el progreso y
transformación de sus economías (informática, biotecnología, robótica, energía nuclear, etc), a fin de
evitar que Argentina y Brasil quedasen
al margen de la revolución científica, permaneciendo como productores
de materias primas y de manufacturas de
bajo coeficiente técnico. Por último,
propugnaron aumentar el poder político y la capacidad de negociación de
ambos países, institucionalizando un
sistema de consulta bilateral, que prácticamente ya funcionaba, pues en esa época Argentina y Brasil no adoptaban
ninguna decisión importante, incluso en
términos de política mundial, sin que Alfonsín y Sarney mantuviesen conversaciones telefónicas. Luego de la firma del Tratado de
Integración, Cooperación y Desarrollo entre Argentina y Brasil (1988),
se produjo una profunda mutación en el
sistema internacional, cuando los regímenes
comunistas se desmoronaron en rápida sucesión y el Muro de Berlín
fue derribado(1989), lo cual dio lugar
a la reunificación de Alemania (1990). En
1991 colapsó la URSS. Las condiciones políticas también se alteraron en
América Latina. Una de dichas
manifestaciones fue el agotamiento de las dictaduras militares como subproducto de la guerra fría, facilitando el
restablecimiento de la democracia
en todos los países de América del Sur. La situación económica en Argentina y en Brasil se deteriora a lo largo de la década de los ´80 (XX). El
problema de la deuda externa, desde la
eclosión de México (1982), se agravó y llevó al gobierno de Sarney a decretar una moratoria parcial
(Febrero 1987). La fuga de capitales se
agudizaba y ocasionaba estancamiento económico en medio de un proceso inflacionario incontrolable. La Argentina
donde la inflación había alcanzado un
índice del 200% mensual, estaba próxima al caos y Brasil con un 87% al
mes, marchaba en la misma dirección.
Dicha crisis redujo la capacidad de América
Latina para importar y para atender el servicio de la deuda
externa, perjudicando los intereses de
EUA, cuyo déficit comercial sumaba en 1986 U$S
170.000 millones, aumentando su deuda externa a U$S 263.000 millones.
Japón obtenía un superávit comercial de
U$S 86.000 millones (1986) y Alemania de U$S
56.000 millones (1986). A fin de pagar deudas, EUA precisaba obtener superávit comercial, razón por la cual el gobierno de Washington,
bajo presión de los exportadores, trató
de obligar a los países de América Latina a que promovieran unilateralmente la liberalización del comercio
exterior. El Presidente Bush padre anunció (1990) la Iniciativa para las Américas, ofreciendo a los países del
hemisferio configurar una zona de libre
comercio desde Alaska hasta Tierra del Fuego. Dicha Iniciativa tenía como objetivo reducir el desequilibrio
de la balanza comercial de los EUA a
través de la apertura de otros mercados, posibilitando el aumento de sus exportaciones de bienes, servicios e
inversiones a los Estados de América
Latina, sin necesidad de negociar con sus gobiernos y lograr otras
concesiones, pues con el predominio
sobre esa zona de libre comercio tendría máxima libertad para movilizar bienes y factores de
producción (excepto fuerza de trabajo),
restringiendo el acceso a su propio mercado doméstico, cuando conviniese,
bajo pretextos como riesgos sanitarios,
seguridad nacional, etc. En 1990, el Institute for International Economics de EUA realizó una conferencia de la que participaron
economistas de Argentina, Brasil,
Chile, México, Venezuela, Colombia, Perú y Bolivia, con el propósito de formular un diagnóstico y
sugerir medidas de ajuste para superar
la crisis latinoamericana. En dicha reunión, el economista
estadounidense John Williamson presentó
un documento con diez propuestas de reforma económica, sobre las que había Consenso en Washington,
tanto entre los miembros del Congreso y
de la Administración, así como entre tecnócratas de las entidades
financieras internacionales, agencias
económicas del gobierno de EUA, el Banco de la Reserva Federal y think tanks. Los Presidentes Menem(Argentina)-Collor de Mello(Brasil) abandonaron el concepto de integración flexible y
gradual y precipitaron la configuración
de la Unión Aduanera para Diciembre 31, 1994,
adaptando los objetivos del Tratado Alfonsín-Sarney (1988) a las
políticas de apertura y predominio de
los mercados. El proceso de integración asumió un carácter librecambista, de apertura general, sin protección
sectorial (aunque con excepciones) y
sin comercio administrado (salvo el automovilístico) y abarcó a Paraguay y Uruguay, que junto con Brasil y
Argentina celebraron el Tratado de
Asunción (Marzo 26, 1991), constituyendo el Mercado Común del Sur
(MERCOSUR). Como potencia industrial emergente, el
objetivo de Brasil consistió en unificar un espacio económico, a través
de la integración con Argentina y
ampliarlo, favorecido por la contigüidad geográfica, a lo largo de la plataforma continental, cuyo eje Río de Janeiro-San Pablo-Córdoba-Rosario-Buenos Aires,
constituía la región de mayor desarrollo de
América del Sur. El MERCOSUR representa el núcleo de un probable Mercado
Común, base de un Estado supraestatal
como la Unión Europea. EUA propuso en 1994 la formación de un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) ignorando al MERCOSUR
como building block, su objetivo era
consolidar las reformas neoliberales, acentuando la apertura unilateral de las economías latinoamericanas y la
reducción de barreras a sus
exportaciones de bienes, servicios y capitales, obteniendo concesiones GATT-plus y compensando el déficit comercial
con la UE, Japón, China, etc. El norte de la política comercial de EUA, según Charlene Barshevsky (antecesora de Zoellick como USTR), era
-sustentar la prosperidad de
EUA, los empleos y la riqueza de las compañias estadounidenses. No se trataba de propiciar saldos positivos
para Argentina, Brasil o los demás
países de América del Sur. Sin duda, el MERCOSUR representa el
principal obstáculo para una integración hemisférica subordinada a EUA,
porque la resistencia de Brasil no
permite (como hizo Argentina) que desmantelen su parque industrial, mediante una nueva y devastadora reducción de
tarifas y la carga de crecientes saldos
negativos en su balanza comercial. Brasil, paralelamente al MERCOSUR, se orientó hacia la creación en un plazo de diez años de un Área de
Libre Comercio Sudamericana (ALCSA),
mediante la negociación de una red de acuerdos de libre comercio con los Estados sudamericanos del
Pacífico. Este proyecto, formulado por
Itamaraty y anunciado por el Presidente Itamar Franco (Octubre, 1993), desdoblaba y ampliaba la Iniciativa
Amazónica que Brasil había formulado en
1992, después que EUA, Canadá y México firmaran el NAFTA (entró en
vigencia en Enero 1, 1994) El objetivo
era constituir un contrapeso para el NAFTA, mediante la configuración de un espacio económico sudamericano que tiene
en Brasil su núcleo. El MERCOSUR y el ALCSA se complementan y son convergentes, dado que el progreso del MERCOSUR daría viabilidad
al ALCSA y viceversa. También durante los ´90 (XX) el Palacio de Itamaraty llevó adelante una política que concedió prioridad a
los denominados ?países-ballena?, es
decir los Estado-continente, demográficamente gravitantes, pesados en sus movimientos, pero que cuando
se ponen en marcha sacuden al planeta.
Dentro de esta categoría se encuentran la República Popular China, India, Rusia, Sudáfrica, Indonesia y
obviamente Brasil, dentro del
MERCOSUR-ALCSA. No es lo mismo un mundo gestionado por una superpotencia
única que impone las reglas, que un
sistema mundial policéntrico, en el que comparten poder desigualmente EUA, la UE, Japón, China, India y otros
bloques que puedan consolidar su
desarrollo y una relativa independencia. El Presidente Cardoso organizó la Primera Reunión de Jefes de Estado de América del Sur (Brasilia, Octubre,
2000) que propició la realización de un
plan de infraestructura de rodovias, hidrovias, ferrovías, aeropuertos, puertos, corredores bioceánicos,
comunicaciones, etc que vincule entre
sí a los países miembros de MERCOSUR, de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y Chile, contribuyendo a
formar un mercado sudamericano. La Argentina del Presidente Menem, como la del Presidente de la Rúa mostró conductas vacilantes respecto al MERCOSUR
y a su relación con Brasil. Hubo
momentos en que se sintió tentada por ?los cantos de sirena? de EUA, sea para incorporarse al NAFTA, sea para firmar
un tratado de zona de libre comercio, a
nivel bilateral, imitando el ejemplo de Chile. Así fue que la Administración Bush (h) manifestó que
tanto Menem en la Cumbre Hemisférica de
Miami (1994), como De La Rúa en la de Québec (2001), se manifestaron propensos a negociar
individualmente el ALCA y no dentro del Bloque
MERCOSUR. Lo que continúa es historia reciente. (Mayo de 2004) [1] Cfr. Capitán NEMO, Ob.cit.
pág.40. [2] Cfr. Capitán NEMO, ob.cit.
página 44. [3] Cfr. Capitán NEMO, ob. cit.
, pág.52. [4] Cfr. Presidente Juan D. Perón.
El ABC y la Unión Sudamericana. Discurso pronunciado en la Escuela Superior de Guerra, Bs. As.,
Argentina, Noviembre 11, 1953. www.amersur.org.ar [5] Cfr. Lusardo O Último Caudilho, Editora Nova Fronteira SA, Vol.2,
Río de Janeiro, Brasil, Julho 1978,
págs. 442/3. 5.- El ABC y la Unión Sudamericana
Por Juan D. Perón
Noviembre de 1953 Señores: He aceptado con gran placer esta ocasión para disertar sobre las ideas
fundamentales que han inspirado una nueva política internacional en la República
Argentina. Es indudable que, por el cúmulo de tareas que yo tengo, no podré
presentar a ustedes una exposición académica sobre este tema, pero sí podré
mantener una conversación en la que lo más fundamental y lo más decisivo de
nuestras concepciones será expuesto con sencillez y con claridad. Las organizaciones humanas, a lo largo de todos los tiempos, han ido,
indudablemente, creando sucesivos agrupamientos y reagrupamientos. Desde la
familia troglodita hasta nuestros tiempos eso ha marcado un sinnúmero de
agrupaciones a través de las familias, las tribus, las ciudades, las naciones y
los grupos de naciones y hay quien se aventura ya a decir que para el año 2000
las agrupaciones menores serán los continentes. La evolución histórica de la humanidad va afirmando este concepto cada
día con mayores visos de realidad. Eso es todo cuanto podemos decir en lo que
se refiere a la natural y fatal evolución de la humanidad. Si ese problema lo
transportamos a nuestra América surge inmediatamente una apreciación impuesta
por nuestras propias circunstancias y nuestra propia situación. El mundo, superpoblado y superindustrializado, presenta para el futuro
un panorama que la humanidad todavía no ha conocido, por lo menos en una escala
tan extraordinaria. Todos los problemas que hoy se ventilan en el mundo son, en
su mayoría, producto de esta superpoblación y superindustrialización, sean
problemas de carácter material o sean problemas de carácter espiritual. Es tal
la influencia de la técnica y de esa superproducción, que la humanidad, en
todos sus problemas económicos, políticos y sociológicos, se encuentra
profundamente influida por esas circunstancias. Si ése es el futuro de la humanidad, estos problemas irán progresando y
produciendo nuevos y más difíciles problemas emergentes de las circunstancias
enunciadas. Resulta también indiscutible que la lucha fundamental en un mundo
superpoblado es por una cosa siempre primordial para la humanidad: la comida. Ese
es el peor y el más difícil problema a resolver. El segundo problema que plantea la industrialización es la materia
prima; valdría decir que en este mundo que lucha por la comida y por la materia
prima, el problema fundamental del futuro es un problema de base y fundamento
económicos. La lucha del futuro será cada vez más económica, en razón de
una mayor superpoblación y de una mayor superindustrialización. En
consecuencia, analizando nuestros problemas, podríamos decir que el futuro del
mundo, el futuro de los pueblos y el futuro de las naciones estará
extraordinariamente influido por la magnitud de las reservas que posean:
reservas de alimentos y reservas de materias primas. Eso es una cosa tan evidente, tan natural y simple, que no necesitaríamos
hacer uso ni de la estadística y menos aún de la dialéctica para convencer a
nadie. Y ahora, viendo el problema práctica y objetivamente, pensamos cuáles
son las zonas del mundo donde todavía existen las mayores reservas de estos dos
elementos fundamentales de la vida humana: el alimento y la materia prima. Nuestro continente, en especial Sudamérica, es la zona del mundo donde
todavía, en razón de su falta de población y de su falta de explotación
extractiva, está la mayor reserva de materia prima y alimentos del mundo. Esto
nos indicaría que el porvenir es nuestro y que en la futura lucha nosotros
marchamos con una extraordinaria ventaja frente a las demás zonas del mundo,
que han agotado sus posibilidades de producción alimenticia y de provisión de
materias primas, o que son ineptas para la producción de estos dos elementos
fundamentales de la vida. Si esto, señores, crea realmente el problema de la lucha, es indudable
que en esa lucha llevamos nosotros una ventaja inicial, y que en el aseguramiento
de un futuro promisorio tenemos halagüeñas esperanzas de disfrutarlo en mayor
medida que otros países del mundo. Pero precisamente en estas circunstancias radica nuestro mayor peligro,
porque es indudable que la humanidad ha demostrado a lo largo de la historia de
todos los tiempos que cuando se ha carecido de alimentos o de elementos
indispensables para la vida, como serían las materias primas y otros, se ha
dispuesto de ellos quitándolos por las buenas o por las malas, vale decir, con
habilidosas combinaciones o mediante la fuerza. Lo que quiere decir, en buen
romance, que nosotros estamos amenazados a que un día los países superpoblados
y superindustrializados, que no disponen de alimentos ni de materia prima, pero
que tienen un extraordinario poder, jueguen ese poder para despojarnos de los
elementos de que nosotros disponemos en demasía con relación a nuestra
población y a nuestras necesidades. Ahí está el problema planteado en sus bases
más fundamentales, pero también las más objetivas y realistas, Si subsistiesen los pequeños y débiles países, en un futuro no lejano
podríamos ser territorio de conquista, como han sido miles y miles de
territorios desde los fenicios hasta nuestros días. No sería una historia nueva
la que se escribiría en estas latitudes; sería la historia que ha campeado en
todos los tiempos, sobre todos los lugares de la tierra, de manera que ni
siquiera llamaría mucho la atención. Es esa circunstancia la que ha inducido a nuestro gobierno a encarar de
frente la posibilidad de una unión real y efectiva de nuestros países, para
encarar una vida en común y para planear, también, una defensa futura en común.
Si esas circunstancias no son suficientes, o ese hecho no es un factor
que gravite decisivamente para nuestra unión, no creo que exista ninguna otra
circunstancia importante para que la realicemos. Si cuanto he dicho no fuese real, o no fuese cierto, la unión de esta
zona del mundo no tendría razón de ser, como no fuera una cuestión más o menos
abstracta e idealista. Señores: es indudable que desde el primer momento nosotros pensamos en
esto; analizamos las circunstancias y observamos que, desde 1810 hasta nuestros
días, nunca han faltado distintos intentos para agrupar esta zona del
Continente en una unión de distintos tipos. Los primeros surgieron en Chile, ya en los días iniciales de las
revoluciones emancipadoras de la Argentina, de Chile, del Perú. Todos ellos
fracasaron por distintas circunstancias. Es indudable que, de realizarse
aquello en ese tiempo, hubiese sido una cosa extraordinaria. Desgraciadamente, no todos entendieron el problema, y cuando Chile
propuso eso aquí a Buenos Aires, en los primeros días de la Revolución de Mayo,
Mariano Moreno fue el que se opuso a toda unión con Chile. Es decir que estaba
en el gobierno mismo, y en la gente más prominente del gobierno, la idea de
hacer fracasar esa unión. Eso fracasó por culpa de la Junta de Buenos Aires. Hubo después varios que fracasaron también por diversas circunstancias.
Pasó después el problema a ser propugnado desde el Perú, y la acción de San
Martín también fracasó. Después fue Bolívar quien se hizo cargo de la lucha por
una unidad continental, y sabemos también cómo fracasó. Se realizaron después el primero, el segundo y el tercer Congreso de
México con la misma finalidad. Y debemos confesar que todo eso fracasó, mucho
por culpa nuestra. Nosotros fuimos los que siempre más o menos nos mantuvimos
un poco alejados, con un criterio un tanto aislacionista y egoísta. Llegamos a nuestros tiempos. Yo no querría pasar a la historia sin haber demostrado, por lo menos
fehacientemente, que ponemos toda nuestra voluntad real, efectiva, leal y
sincera para que esta unión pueda realizarse en el Continente. Pienso yo que el año 2000 nos va a sorprender o unidos o dominados;
pienso también que es de gente inteligente no esperar que el año 2000 llegue a
nosotros, sino hacer un poquito de esfuerzo para llegar un poco antes al año
2000, y llegar en mejores condiciones que aquella que nos podrá deparar el
destino, mientras nosotros seamos yunque que aguantamos los golpes y no seamos
alguna vez martillo; que también demos algún golpe por nuestra cuenta. Es por esa razón que ya en 1946, al hacer las primeras apreciaciones de
carácter estratégico y político internacional, comenzamos a pensar en ese grave
problema de nuestro tiempo. Quizá, en la política internacional que nos
interesa, es el más grave y el más trascendente; más trascendente quizá que lo
que pueda ocurrir en la guerra mundial, que lo que pueda ocurrir en Europa, o
que lo que pueda ocurrir en el Asia o en el Extremo Oriente; porque éste es un
problema nuestro, y los otros son problemas del mundo en el cual vivimos, pero
que están suficientemente alejados de nosotros. Creo también que en la solución de este grave y trascendente problema
cuentan los pueblos más que los hombres y que los gobiernos. Es por eso que, cuando hicimos las primeras apreciaciones, analizamos
si esto podría realizarse a través de las cancillerías actuantes como en el
siglo XVIII, en una buena comida, con lúcidos discursos, pero que terminan al
terminar la comida, inoperantes e intrascendentes, como han sido todas las
acciones de las cancillerías de esta parte del mundo desde hace casi un siglo
hasta nuestros días; o si habría que actuar más efectivamente, influyendo no a
los gobiernos, que aquí se cambian como se cambian las camisas, sino influyendo
a los pueblos, que son los permanentes. Porque los hombres pasan y los
gobiernos se suceden, pero los pueblos quedan. Hemos observado, por otra parte, que el éxito, quizá el único éxito
extraordinario del comunismo, consiste en que ellos no trabajan con los
gobiernos, sino con los Pueblos. Porque ellos están encaminados a una obra
permanente y no a una obra circunstancial. Y si en el orden internacional quiere realizarse algo trascendente, hay
que darle carácter permanente. Porque mientras sea circunstancial, en el orden
de la política internacional no tendría ninguna importancia. Por esa razón, y
aprovechando las naturales inclinaciones de nuestra doctrina propia, comenzamos
a trabajar sobre los pueblos, sin excitación, sin apresuramientos y, sobre
todo, tratando de cuidar minuciosamente, de desvirtuar toda posibilidad de que
nos acusen de intervención en los asuntos internos de otro Estado. En 1946, cuando yo me hice cargo del gobierno, la política
internacional Argentina no tenía ninguna definición. No encontramos allí ningún
plan de acción, como no existía tampoco en los ministerios militares, ni
siquiera una remota hipótesis sobre la cual los militares pudieran basar
sus Planes de operaciones. Tampoco en el Ministerio de Relaciones Exteriores, en todo su archivo,
había un solo plan activo sobre la política internacional que seguía la República
Argentina, ni siquiera sobre la orientación, por lo menos, que regía sus
decisiones o designios. Nosotros habíamos vivido, en política internacional, respondiendo a las
medidas que tomaban los otros con referencia a nosotros, pero sin tener jamás
una idea propia que nos pudiese conducir, por lo menos a lo largo de los
tiempos, con una dirección uniforme y congruente. Nos dedicamos a tapar los
agujeros que nos hacían las distintas medidas que tomaban los demás países.
Nosotros no teníamos iniciativa. No es tan criticable el procedimiento, porque también suele ser una
forma de proceder, quizá explicable, pues los pequeños países no pueden tener
en el orden de la política internacional objetivos muy activos ni muy grandes;
pero tienen que tener algún objetivo. Yo no digo que nosotros vamos a establecer objetivos extracontinentales
para imponer nuestra voluntad a los rusos, a los ingleses o a los
norteamericanos; no, porque eso sería torpe. Vale decir que en esto, como se ha dicho y sostenido tantas veces, hay
que tener la política de la fuerza que se posee o la fuerza que se necesite
para sustentar una política. Nosotros no podemos tener lo segundo y, en consecuencia, tenemos que
reducirnos a aceptar lo primero, pero dentro de esa situación podemos tener
nuestras ideas y luchar por ellas para que las cancillerías, que juegan al
estilo del siglo XVIII, no nos estén dominando con sus sueños fantásticos de
hegemonías, de mando y de dirección. Para ser país monitor -como sucede con todos los monitores- ha de ser
necesario ponerse adelante para que los demás lo sigan. El problema es llegar
cuanto antes a ganar la posición o la colocación, y los demás van a seguir aunque
no quieran. De manera que la hegemonía no se discute; la hegemonía se conquista
o no se conquista. Por eso nuestra lucha no es, en el orden de la política
internacional, por la hegemonía de nadie, como lo he dicho muchas veces, sino
simple y llanamente la obtención de lo que conviene al país en primer término;
en segundo término, lo que conviene a la gran Región que encuadra el país; y en
tercer término, al resto del mundo, que ya está más lejano y a menor alcance de
nuestras previsiones y de nuestras concepciones. Por eso, como lo he hecho en toda circunstancia, para nosotros: primero
la República Argentina, luego el Continente y después el mundo. En esa posición
nos han encontrado y nos encontrarán siempre, porque entendemos que la defensa
propia está en nuestras manos; que la defensa, diremos relativa, está en la
Zona continental que defendemos y en que vivimos y que la absoluta es un sueño
que todavía no alcanzado ningún hombre ni nación alguna de la tierra. Vivimos
solamente en una seguridad relativa pensando, señores, en la idea fundamental
de llegar a una unión en esta parte del Continente. Habíamos pensado que la lucha del futuro será económica; la historia
nos demuestra que ningún un país se ha impuesto en ese campo, ni en ninguna lucha,
si no tiene en sí una completa unidad económica. Los grandes imperios, las grandes naciones, han llegado desde los
comienzos de la historia hasta nuestros días, a las grandes conquistas, a base
de una unidad económica. Y yo analizo que si nosotros soñamos con la grandeza
que tenemos la obligación de soñar para nuestro país, debemos analizar
primordialmente ese factor en una etapa del mundo en que la economía pasará a
primer plano en todas las luchas del futuro. La República Argentina sola, no tiene unidad económica; Brasil solo, no
tiene tampoco unidad económica; Chile solo, tampoco tiene unidad económica;
pero estos tres países unidos conforman quizá -en el momento actual- la unidad
económica más extraordinaria del mundo entero, sobre todo para el futuro,
porque toda esa inmensa disponibilidad constituye su reserva. Estos son países
reservas del mundo. Los otros están quizá a no muchos años de la terminación de todos sus
recursos energéticos y de materia prima; nosotros poseemos todas las reservas
de las cuales todavía no hemos explotado nada. Esa explotación que han hecho de nosotros, manteniéndonos para consumir
lo elaborado por ellos, ahora en el futuro puede dárseles vuelta, porque en la
humanidad y en el mundo hay una justicia que está por sobre todas las demás
justicias, y que algún día llega. Y esa justicia se aproxima para nosotros;
solamente debemos tener la prudencia y la sabiduría suficientes para
prepararnos a que no nos birlen de nuevo la justicia, en el momento mismo en
que estamos por percibirla y por disfrutarla. Esto es lo que ordena, imprescriptiblemente, la necesidad de la unión
de Chile, Brasil y Argentina. Es indudable que, realizada esta unión, caerán a su órbita los demás
países sudamericanos, que no serán favorecidos ni por la formación de un nuevo
agrupamiento y probablemente no lo podrán realizar en manera alguna, separados
o juntos, sino en pequeñas unidades. Apreciado esto, señores, yo empecé a trabajar sobre los pueblos.
Tampoco olvidé de trabajar sobre los gobiernos, y durante los seis años del
primer gobierno, mientras trabajábamos activamente en los pueblos, preparando
la opinión para bien recibir esta acción, conversé con los que iban a ser
presidentes, por lo menos, en los dos países que más nos interesaban: Getulio
Vargas y el General Ibañez. Getulio Vargas estuvo total y absolutamente de acuerdo con esta idea, y
en realizarla tan pronto él estuviera en el gobierno. lbañez me hizo
exactamente igual manifestación, y contrajo el compromiso de proceder de
igual manera. Yo no me hacía ilusiones porque ellos hubieran prometido esto, para dar
el hecho por cumplido, porque bien sabía que eran hombres que iban al gobierno
y no iban a poder hacer lo que quisieran, sino lo que pudieran. Sabía bien que un
gran sector de esos pueblos se iba a oponer tenazmente a una realización de
este tipo, por cuestiones de intereses personales y negocios, más que por
ninguna otra causa. ¡Cómo no se van a oponer los ganaderos chilenos a que
nosotros exportemos sin medida ganado argentino a Chile! ¡Y cómo no se van a
oponer a que solucionemos todos los problemas fronterizos para la internación
de ganado, los acopiadores chilenos, cuando una vaca o un novillo, a un metro
de la frontera chilena hacia el lado argentino, vale diez mil pesos chilenos, y
a un metro hacia Chile de la frontera argentina, vale veinte mil pesos
chilenos! Ese que gana los diez mil pesos no va a estar de acuerdo nunca con
una unidad de este tipo. Cito este caso grosero para que los señores intuyan toda la gama
inmensa de intereses de todo orden que se desgranan en cada una de las cosas
que come el pobre roto chileno y que
producimos nosotros, o que consumimos nosotros y producen ellos. Ese mismo fenómeno sucede con el Brasil. Por esa razón nunca me hice demasiadas ilusiones sobre las
posibilidades de ello; por eso seguimos trabajando por estas uniones, porque
ellas deberán venir por los pueblos. Nosotros tenemos muy triste experiencia de las uniones que han venido
por los gobiernos; por lo menos, ninguna en ciento cincuenta años ha podido
cristalizar en alguna realidad. Probemos el otro camino que nunca se ha probado para ver si, desde
abajo, podemos ir influyendo en forma determinante para que esas uniones se
realicen. Señores: sé también que el Brasil, por ejemplo, tropieza con una gran
dificultad: es Itamaraty, que allí constituye una institución
supergubernamental. Itamaraty ha soñado, desde la época de su Emperador
hasta nuestros días, con una política que se ha prolongado a través de todos
los hombres que han ocupado ese difícil cargo en el Brasil. Ella los había llevado a establecer un arco entre Chile y el Brasil;
esa política debe ser vencida con el tiempo y por un buen proceder de parte
nuestra. Debe desmontarse todo el sistema de Itamaraty y deben desaparecer esas
excrecencias imperiales que constituyen, más que ninguna otra razón, los
principales obstáculos para que el Brasil entre a una unión verdadera con la
Argentina. Nosotros con ellos no tenemos ningún problema -como no sea ese sueño de
la hegemonía-, en el que estamos prontos a decirles: son ustedes más grandes,
más lindos y mejores que nosotros; no tenemos ningún inconveniente. Nosotros renunciamos a todo eso, de manera que ése tampoco va a ser un inconveniente.
Pero es indudable que nosotros creíamos superado en cierta manera ese problema.
Yo he de contarles a los señores un hecho que pondrá perfectamente en
evidencia cómo procedemos nosotros y por qué tenemos la firme convicción de que
al final vamos a ganar nosotros porque procedemos bien. Porque los que proceden
mal son los que sucumben víctimas de su propio mal procedimiento; por eso, no
emplearemos en ningún caso ni los subterfugios, ni las insidias, ni las
combinaciones raras, que emplean algunas cancillerías. Cuando Vargas subió al gobierno me prometió que nos reuniríamos en
Buenos Aires o en Río y haríamos ese tratado que yo firmé con lbañez después:
el mismo tratado. Ese fue un propósito formal que nos habíamos trazado. Más aún, dijimos:
-Vamos a suprimir las fronteras, si es
preciso. Yo agarraba cualquier
cosa, porque estaba dentro de la orientación que yo seguía y de lo que yo creía
que era necesario y conveniente. Yo sabía que acá yo lo realizaba, porque cuando yo le dijera a mi
Pueblo que quería hacer eso, yo sabía que mi Pueblo querría lo que yo quería en
el orden de la política internacional, porque ya aquí existe una conciencia
político internacional en el Pueblo y existe una organización. Además, la gente
sabe que, en fin, tantos errores no cometemos, de manera que tiene también un
poco de fe en lo que hacemos. Más tarde Vargas me dijo que era difícil que pudiéramos hacerlo tan
pronto, porque él tenía una situación política un poco complicada en las Cámaras
y que antes de dominarlas quería hacer una conciliación. Es difícil eso en
política; primero hay que dominar y después la conciliación viene sola. Son
puntos de vista; son distintas maneras de pensar. El siguió un camino distinto y nombró un gabinete de conciliación, vale
decir, nombró un gabinete donde por lo menos las tres cuartas partes de los
ministros eran enemigos políticos de él y que servirían a sus propios intereses
y no a los del gobierno. Claro que él creyó que esto en seis meses le iba a dar la solución;
pero cuando pasaron los seis meses el asunto estaba más complicado que antes.
Naturalmente, no pudo venir acá; no pudo imponerse frente a su Parlamento y
frente a sus propios ministros a realizar una tarea, en la que había que ponerse
los pantalones y jugarse frente a la política internacional mundial,
frente a su pueblo, a su Parlamento y a los que había que vencer. Naturalmente, yo esperé. En ese ínterin es elegido presidente el
General Ibáñez; la situación para él no era mejor que la situación de Vargas,
pero en cierta manera llegaba plebiscitado, en todo lo que puede ser
plebiscitado en Chile, con elecciones sui géneris, porque allá se
inscriben los que quieren, y los que no quieren, no. Es una cosa muy distinta a
la nuestra. Pero él llega al gobierno naturalmente. Tan pronto llega al
gobierno, yo le informo lo que habíamos conversado, lo tanteé. Me dice: de
acuerdo, lo hacemos". ¡Muy bien! El General fue más decidido, porque los
generales solemos ser más decididos que los políticos. pero antes de hacerlo,
como yo tenía un compromiso con Vargas, le escribí una carta que le hice llegar
por intermedio de su propio embajador, a quien llamé y le dije: -vea, usted tendrá que ir a con esta carta y
tendrá que explicarle todo esto a su Presidente. Hace dos años nosotros nos
metimos a realizar este acto. Hace más de un año y pico que lo estoy esperando,
y no puede venir. Yo pido autorización a él para que me libere de ese
compromiso de hacerlo primero con el Brasil y me permita hacerlo primero con
Chile. Claro que le pido esto porque creo que estos tres países son los que
deben realizar la unión. El embajador va allá y vuelve y me dice, en nombre de su Presidente,
que no solamente me autoriza a que vaya a Chile liberándome del compromiso,
sino que me da también su representación para que lo haga en nombre de él en
Chile. Naturalmente, ya sé ahora muchas cosas que antes no sabía; acepté sólo
la autorización, pero no la representación. Fui a Chile, llegué allí y le dije al General Ibáñez: -Tengo aquí
todo listo y traigo la autorización del Presidente Vargas, porque yo estaba
comprometido a hacer esto primero con él y con el Brasil; de manera que todo
sale perfectamente bien como lo hemos planeado, y quizás al hacerse esto se
facilite la acción a Vargas y se vaya arreglando así mejor el asunto. Llegamos, hicimos allá con el Ministro de Relaciones Exteriores todas
esas cosas de las cancillerías, discutimos un poco, poca cosa y llegamos al
acuerdo, no tan amplio como nosotros queríamos, porque la gente tiene miedo en
algunas cosas y, es claro, salió un poco retaceado, pero salió. No fue tampoco
un parto de los montes, pero costó bastante convencer, persuadir, etc. Y al día siguiente llegan las noticias de Río de Janeiro, donde el Ministro
de Relaciones Exteriores del Brasil hacía unas declaraciones tremendas contra
el Pacto de Santiago: -que estaba en
contra de los pactos Regionales, que ésa era la destrucción de la unanimidad
panamericana. Imagínense la cara que tendría yo al día siguiente cuando fui
y me presenté al Presidente Ibáñez. Al darle los buenos días, me preguntó: -¿Qué me dice de los amigos brasileños? Naturalmente que la prensa carioca sobrepasó los límites a que había
llegado el propio Ministro de Relaciones Exteriores, señor Neves da Fontoura.
Claro, yo me callé; no tenía más remedio. Firmé el tratado y me vine aquí. Cuando llegué me encontré con Gerardo Rocha, viejo periodista de gran
talento, director de 0 Mundo en Río, muy amigo del Presidente Vargas, quien me
dijo: -Me manda el Presidente Vargas para
que le explique lo que ha pasado en el Brasil. Dice que la situación de él es
muy difícil; que políticamente no puede dominar; que tiene sequías en el Norte,
heladas en el Sur; y a los políticos los tiene levantados; que el comunismo
está muy peligroso; que no ha podido hacer nada; en fin, que lo disculpe, que
él no piensa así y que si el Ministro ha hecho eso, que él tampoco puede mandar
al Ministro. Yo me he explicado perfectamente bien todo esto; no lo justificaba,
pero me lo explicaba por lo menos. Naturalmente, señores, que planteada la
situación en estas circunstancias, de una manera tan plañidera y lamentable, no
tuve más remedio que decirle que siguiera tranquilo, que yo no me meto en las
cosas de él y que hiciera lo que pudiese, pero que siguiera trabajando por
esto. Bien, Señores. Yo quería contarles esto, que probablemente no lo conoce
nadie más que los ministros y yo; claro está que son todos documentos para la
Historia, porque yo no quiero pasar a la Historia como un cretino que ha podido
realizar esta unión y no la ha realizado. Por lo menos quiero que la gente
piense en el futuro que si aquí ha habido cretinos, no he sido yo sólo; hay
otros cretinos también como yo, y todos juntos iremos en el baile del
cretinismo. Pero lo que yo no quería es dejar de afirmar, como lo haré públicamente
en alguna circunstancia, que toda la política Argentina en el orden
internacional ha estado orientada hacia la necesidad de esa unión, para que, cuando
llegue el momento en que seamos juzgados por nuestros hombres frente a los
peligros que esta disociación producirá en el futuro, por lo menos tengamos el
justificativo de nuestra propia impotencia para realizarla. Sin embargo, yo no soy pesimista; yo creo que nuestra orientación,
nuestra perseverancia, va todos los días ganando terreno dentro de esta idea, y
estoy casi convencido de que un día lo hemos de realizar todo bien y
acabadamente, y que tenemos que trabajar incansablemente por realizarlo, Ya se
acabaron las épocas del mundo en que los conflictos eran entre dos países.
Ahora los conflictos se han agrandado de tal manera y han adquirido tal
naturaleza que hay que prepararse para los Grandes
conflictos y no para los pequeños
conflictos. Esta
unión, Señores, está en plena elaboración; es todo cuanto yo podría decirles a
ustedes como definitivo. Estamos trabajándola, y el éxito, Señores, ha de producirse; por lo
menos, nosotros hemos preparado el éxito, lo estamos realizando, y no tengan la
menor duda de que el día que se produzca yo he de saber explotarlo con todas
las conveniencias necesarias para nuestro país, porque, de acuerdo con el
aforismo napoleónico, el que prepara un éxito y lo conquista, difícilmente no
sabe sacarle las ventajas cuando lo ha obtenido. En esto, señores, estoy absolutamente persuadido de que vamos por buen
camino. La contestación del Brasil, buscando desviar su arco de Santiago a
Lima, es solamente una contestación ofuscada y desesperada de una Cancillería
que no interpreta el momento y que está persistiendo sobre una línea superada
por el tiempo y por los acontecimientos; eso no puede tener efectividad. La lucha por las zonas amazónicas y del Plata no tiene ningún valor ni
ninguna importancia; son sueños un poco ecuatoriales y nada más. No puede haber
en ese sentido ningún factor geopolítico ni de ninguna otra naturaleza que
pueda enfrentar a estas dos zonas tan diversas en todos sus factores y en todas
sus características. Aquí hay un problema de unidad que está por sobre todos los demás
problemas, y en estas circunstancias, quizá muy determinantes, de haber
nosotros solucionado nuestros entredichos con Estados Unidos, tal vez esto
favorezca en forma decisiva la posibilidad de una unión continental en esta
zona del continente americano. Señores: como ha respondido el Paraguay, aunque es un pequeño país;
como irán respondiendo otros países del Continente, despacito, sin presiones y
sin violencias de ninguna naturaleza, así se va configurando ya una suerte de
unión. Las uniones deben realizarse por el procedimiento que es común:
primeramente hay que conectar algo; después las demás conexiones se van
formando con el tiempo y con los acontecimientos. Chile, aun a pesar de la lucha que deben sostener allí, ya está unido
con la Argentina. El Paraguay se halla en igual situación. Hay otros países que ya están
inclinados a realizar lo mismo. si nosotros conseguimos ir adhiriendo
lentamente a otros países, no va a tardar mucho en que el Brasil haga también
lo mismo, y ése será el principio del triunfo de nuestra política. La unión continental a base de Argentina, Brasil y Chile está mucho más
próxima de lo que creen muchos argentinos, muchos chilenos y muchos brasileños;
en el Brasil hay un sector enorme que trabaja por esto. Lo único que hay que vencer son intereses; pero cuando los intereses de
los países entran a actuar, los de los hombres deben ser vencidos por aquéllos,
ésa es nuestra mayor esperanza. Hasta que esto se produzca, señores, no tenemos otro remedio que
esperar y trabajar para que se realice; y ésa es nuestra acción y ésa es
nuestra orientación. Muchas gracias. __________ Spam ni ahí
2004: Año del Mar para
Bolivia La
NAC & POP está impulsada por La Mesa de los Sueños de los
Compañeros de Utopías de la Agrupación Oesterheld en su permanente homenaje
a los grandes patriotas y como un humilde aporte de amor activo al Pueblo
criollo, de pie, en la conformación y consolidación del Movimiento Popular
y Nacional que lo lleve a la victoria. Si
quiere dar de BAJA su dirección y no
recibirnos mas, directamente, o si quiere tramitar un ALTA o realizar una CONTRIBUCION a la distribución de
noticias, datos, mensajes, artículos o reuniones, congresos actos y
espectáculos, envíe un mensaje a: nakypop@xxxxxxxxxxxxxxx con la palabra baja o alta en el asunto. Atentando contra
la Libertad de Expresion, Fibertel, Uol Sinectis, y Argentina.com censuran a la NAC&POP.
Yahoo, por ahora, NO nos censura y amplio su capacidad a 100 MB sin
cargo. Hotmail y Ciudad Internet del
grupo Clarin, nos censuraban y
volvieron a abrirnos sus puertas. La NAC&POP no se hace responsable por el contenido de los articulos de
opinion que se difundan por esta red ya que deben ser considerados realizados por
los compañeros a titulo personal. Director
Editorial: Martín García / Coordinadora General: Rosana Salas ------------------------------------- Raúl Zibechi, Stella Calloni y Aram Aharonián. |
- [A-List] Cuban government's take on the world situation today, James Daly Sun 26 Sep 2004, 10:54 GMT
- Re: [A-List] Cuban government's take on the world situation today, viveka Sun 26 Sep 2004, 16:18 GMT
- [A-List] Latinoamerca o Suramerica -Colectivo- Baraibar, Gorojovsky, Ferre, Sosa y Peron, NAC/POP Sun 26 Sep 2004, 10:29 GMT
- [A-List] US election: Big donors bet on both horses, Bill Totten Sun 26 Sep 2004, 00:41 GMT
- [A-List] Re Bush as 'madman', tony black Sat 25 Sep 2004, 23:22 GMT
- <Possible follow-up(s)>
- Re: [A-List] Re Bush as 'madman', Waistline2 Sun 26 Sep 2004, 14:31 GMT
- [A-List] Cuba and China, Henry C.K. Liu Sat 25 Sep 2004, 18:54 GMT