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Introduccion a Rodolfo Ortega Peña El Defensor de los
Perseguidos El 31
de Julio de 1974, el escritor y director de la revista Militancia,
Diputado en ejercicio, Compañero, Dr. Rodolfo Ortega Peña es asesinado
por la A.A.A, paramilitar cuyas siglas, ,para muchos, significan las tres armas, es decir el ejercito, la
aviación y la marina que poco tiempo después condujeran Videla, Agosti y
Massera, en el Proceso de Organización Nacional que derroco al gobierno democratico
del peronismo, iniciando la noche mas oscura de la historia argentina al
asesinar a 30.000 compañeros que fueron desaparecidos, cercenándose los
derechos humanos y sociales de los argentinos durante siete años y para
siempre.
Nota
del 19 del Julio de 1998 en LA MAGA Por Eduardo Luis Duhalde (*) En agosto de 1972, con mi socio profesional Rodolfo Ortega Peña, teníamos cerca de trescientas defensas jurídicas de presos políticos. No fue de extrañar entonces que lo de los 19 prisioneros que se entregaron a las autoridades en el aeropuerto de Trelew -tras haber fugado de la cárcel y no poder abordar el avión en que se alejaron sus restantes seis compañeros- fueran defendidos nuestros, en algunos casos, en patrocinio compartido con otros abogados. Aquella madrugada en que nos anoticiamos por llamadas periodísticas de lo ocurrido en el atardecer y la noche anterior entre la Cárcel de Rawson y el aeropuerto, los primeros nombres conocidos nos indicaban que se trataba de varias de las personas cuyas defensas técnicas teníamos a nuestro cargo. No vacilamos en tratar de viajar a la cárcel de Rawson: fue imposible hacerlo en avión. El gobierno militar había bloqueado todas las plazas para el vuelo de ese día. Fue así como, a media mañana, iniciamos con Ortega Peña junto a otros abogados (Rodolfo Mattarollo, Carlos González Gartland, Miguel Radrizzani Goñi, Pedro Galín) un tenso viaje en dos automóviles, que de Bahía Blanca para abajo fue objeto de trabas en sucesivos controles policiales, tendientes a impedir o demorar nuestro arribo a destino. Al llegar, comenzó una de las situaciones más dramáticas que me tocó vivir en mi larga e intensa vida profesional. Muy pocas veces sentí tanta impotencia y pude comprobar en tal grado el desamparo que trae aparejado la ausencia de respeto a ley y a las garantías individuales con que someten los gobiernos militares a los ciudadanos. Desde la mañana del 17 de agosto, Rawson parecía, por un lado, una ciudad ocupada, las patrullas militares la controlaban, incluyendo hasta el comedor del Hotel Provincial. Pero, por otro, era un páramo sólo recorrido por los fuertes vientos invernales: los habitantes -sensatamente- sólo se dejaban ver lo indispensable. Una indescriptible sensación de muerte nos embargaba, era una crónica anunciada. íbamos de la cercanía de la cárcel a la zona próxima a la base Almirante Zar, donde tenían a los prisioneros, sin que en ningún lado nos permitieran acercarnos. Constantemente pedíamos entrevistar al juez de la Cámara Federal Jorge V. Quiroga, que había viajado desde Buenos Aires y que instruía el sumario, sin que accediera a recibirnos: hasta llegamos a presentarle escritos pasándolos por debajo de la puerta de su habitación del hotel, reclamándole seguridad para nuestros defendidos. Todo era vano. Salíamos a la calle y éramos vigilados, mientras los despachos militares y judiciales continuaban herméticamente cerrados para nosotros. El clima era cada vez más lúgubre: advertíamos que estábamos jugando tiempo de descuento: a vida de los prisioneros corría cada hora más peligro y se nos escurría entre las manos. Ortega Peña, Mattarollo, González Gartland y yo fuimos detenidos junto al abogado de Trelew, Mario Amaya, asesinado luego por el golpe del 76, que no le perdonó su participación en la defensa de aquellos prisioneros. Se nos amenazó con fusilarnos, y tras un recurso de hábeas corpus presentado en Buenos Aires, fuimos liberados. Amaya continuó detenido. Intentamos entonces hacer una conferencia de prensa en el estudio de Romero, otro abogado de dicha ciudad. Un explosivo en su puerta, impidió hacerla. Comprendimos que nada podíamos hacer allá. Nos embargaba el dolor, la impotencia, el sentirnos absolutamente inútiles frente a la negación de todo derecho. Lo único posible era volver de inmediato a la ciudad de Buenos Aires, a denunciar que el crimen avanzaba a pasos agigantados. En la tarde del 22 de agosto, en la sede de la Asociación Gremial de Abogados, en nombre de los profesionales intervinientes, Rodolfo Ortega Peña, en conferencia de prensa, hizo pública denuncia de la situación y reclamó por la vida de los 19 prisioneros. Esa noche un artefacto explosivo estalló en dicho organismo. Concomitante con aquella denuncia, en la base Almirante Zar la pedagogía criminal del terrorismo de Estado producía la masacre de Trelew. Una danza de horror, en el pasillo y las celdas, dejaba 16 cuerpos inertes y tres heridos graves. La sangre en las paredes, los restos de masa encefálica, las marcas de los centenares de balas disparadas contra las víctimas indefensas, mostraba en plenitud la furia homicida y ejemplificadora. Masacraban a estos jóvenes militantes, pero apuntaban más que a sus corazones, a matar las utopías que anidaban en ellos, sus sueños transformadores y su pasión argentina: no se condenaba su metodología violenta; por lo contrario, aquel hacer de los marinos a cargo del capitán Sosa era un himno a la violencia más extrema (sólo la perversión hipócrita asesina sin piedad en nombre del derecho a la vida). Tampoco fue el exceso de una guardia ebria. Esta había sido la mera ejecutora de una orden secreta y directa del presidente Lanusse y de los comandantes en jefe. Trataban de restablecer la autoridad de los militares, golpeada en su orgullo envanecido, ahogando en sangre a los que habían osado desafiarla. Pero la vida de la Nación, que es mucho más rica que los lineales propósitos dictatoriales, hizo que Trelew fuera para el régimen de Lanusse lo que Malvinas para el gobierno de Galtieri. Un gran espasmo, un enorme escalofrío e indignación recorrió el cuerpo social. Un creciente sentimiento colectivo de repudio y espanto embargó al pueblo argentino. Ocho meses después, el 25 de mayo de 1973, esos militares debieron entregar el gobierno, aunque tres años más tarde volverían a asaltar el poder para producir el vasto genocidio. En mi modesta historia personal, percibí en Trelew, tan palpable como nunca antes, la diferencia entre un estado de derecho y la barbarie autoritaria. En esa comunión con la tragedia sentí la reafirmación del compromiso con los derechos humanos y con la vida, que en medio de tanta impotencia y fracaso recibía como un mandato irrenunciable. Palabras
de un padre
A un año de la matanza, Manfredo Sabelli, padre de María Angélica, revivió su último encuentro con su hija en el texto emocionado que se transcríbe a continuación. Llegué a Rawson el domingo 13, preocupado por las noticias de una epidemia de gripe en la cárcel, pero mi hija me tranquilizó apenas la vi. Ella también había caído enferma, y a pesar de que se la notaba débil y pálida, tenía un aspecto animoso. Sus compañeros médicos la habían tratado con vitaminas y antibióticos (me contó ella) y lo único que echaba de menos eran los mimos de esos días. Hablamos de nuestras cosas y nos divertimos en grande. Siempre sonreía, María Angélica, con la mirada despierta y la cara llena de luz. No nos importó separarnos ese domingo, sentíamos que aún nos quedaban muchas horas juntos y esperábamos disfrutarlas sin pensar en la soledad de mañana. Desde algún tiempo atrás, el régimen de visitas al Penal primero se había extendido a cinco días por semana y luego reducido a cuatro, de 9 a 11.30 y de 14.30 a 16. Las horas pasaban volando y yo me preguntaba si habría una red para cazar las horas que se iban, como si fueran mariposas. Siempre era lo mismo en Rawson: yo me alojaba en casa de unos parientes de buena voluntad y llenaba mis ratos vacíos hablando de María Angélica. El martes llegué al Penal a las 9 en punto. Al rato apareció ella en la capilla. Sonreía, me acuerdo. Volvimos a hablar de su madre y de Chela, de mis máquinas de escribir y calcular. Yo le repetí las historias que ya le había contado. Al despedirnos me dijo: -No vengas esta tarde, papá. Tengo una conferencia con las chicas delegadas. Amagué una protesta. ¿Te molestaría no venir, papá?, insistió ella. Yo le mentí que de ningún modo, que me daba lo mismo. Al fin de cuentas, nos quedaba todo el miércoles para vernos y todos los días del año para escribirnos cartas. Me acuerdo bien de aquel 15 de agosto: hacía frío, con un poco de viento y el cielo estaba nublado. De lo que no me acuerdo es de si besé a María Angélica por última vez en la frente o en la mejilla. LA MAGA
HOMENAJE A UN
LUCHADOR MODELO PARA ARMAR Por:
Eduardo Luis Duhalde (*) (Fecha publicación:11/07/2003)
El ejercicio del olvido al que han sido
condenados los argentinos desde el 24 de marzo de 1976 hasta el presente y los
artilugios desarrollados para obliterar el pasado con el ejercicio interesado
de la desmemoria forman parte de] esfuerzo por ocultar dos décadas intensas y
profundas durante las que los jóvenes de entonces (entre los que me incluyo) se
plantearon con profundo sentido solidario y colectivo ligar sus vidas con la
búsqueda de un mundo mejor, más justo e igualitario, aun a costa de los mayores
sacrificios. El 31 de julio de 1974, cuando los sicarios
de la Triple-A comenzaron su cadena de muertes quitándole la vida a los 38 años
de edad, sin duda, en su criminalidad, coincidían en el reconocimiento del
carácter paradigmático y la proyección de aquel que comenzaba a trascender los
propios planos de la militancia para adquirir una dimensión nacional. -¿Desde dónde aproximarnos al recuerdo de Rodolfo? -Desde el rechazo de todo
encasillamiento, reconociendo que él, como todo ser humano, fue una presencia
abierta en sus significaciones, que su vida admite plurales lecturas y que no
es posible abarcarlo en su totalidad, ni aquella es reproducible sintéticamente
con un puñado de anécdotas o juicios de valor. -Lavalle, Alejandra, Fernando, muertos. ¿Sus muertes tienen algún
sentido o carecen absolutamente de él? ¿Por qué ir a Jujuy? ¿ Por qué morir en El
Mirador? ¿Azar de una partida que dispara? ¿Libre determinación en
incendiar la casa, su propia vida? La muerte, ¿tiene realmente un sentido que
no es posible delimitar en lo orgánico? Allí quedan los restos lacerados de
Lavalle. Malolientes. Ahí va su corazón con sus
hombres. -¿Llevaba Lavalle dentro, muy dentro, su
muerte como Alejandra o Fernando? ¿Fue creciendo esta muerte día a día con su
vida, hasta surgir galopando desesperadamente? ¿ O, por el contrario, la muerte
se cruza en el camino inesperadamente? ¿Es realmente un Quizá no estamos preparados para responder. Pero la existencia sigue su curso: y allí
va Martín, como nosotros, proyectando su vida, abierto a lo inesperado. Al mismo tiempo, con tan poco interés en
dedicar su vida prioritaria-mente a cualquiera de esas disciplinas, pese a
haber sido hasta el fin, un ávido y obsesivo lector de todas ellas, en
castellano, inglés, francés, alemán, italiano, portugués, latín y griego. -Urgencia por saber, para hacer: es
decir el conocimiento como arma transformadora. Es que para Rodolfo no había actividad
científica abstracta, había sólo una práctica teórica, absolutamente enraizada
con las tareas de la liberación nacional y social. De él sí que, siguiendo
Gramsci, puede decirse era un intelectual orgánico ligado al destino de la
clase Por otra parte, Ortega
Peña era la contraimagen de la solemnidad, un chico grande con una
calidez y una ternura que muchas veces con infantil vergüenza por mostrarse
desnudo en sus sentimientos, pretendía sepultar con su aplastante racionalidad,
esa que se Decía entonces: ¿Cuáles son los grandes trazos de su
personalidad, aquellos que aspiramos a que queden indelebles en el tiempo? Porque la historia con sabiduría olvida la
crónica política concreta para abstraer y esencializar los valores
ejemplarizantes, dejando aquella, para los estudiosos e investigadores. Sin ánimo de hablar ex-cátedra, apunto aquí
algunos rasgos a mi juicio definitorios: fue antes que nada un humanista, en el
más puro sentido ontológico del término. Sus Por ello este hombre que no pertenecía a
organización alguna, aceptó ser diputado de la Nación conformando un bloque
unipersonal, para luchar por una democracia auténtica, fiel al mandato
recibido. Y porque creía en los valores de la democracia participativa no usó
su banca para convertirla en tribuna del petardismo sino que trabajó con ahínco
en mejorar las leyes tanto en las comisiones como en el recinto, dando
memorables aportes a los debates y convirtiéndose en un fiscal insobornable. Paralelamente llevó su banca a la calle y
allí donde hubo una necesidad o una injusticia, lo encontró presente'. Al cumplirse un nuevo aniversario del crimen, quisiera agregar, un hecho sustancial, implícito en todo lo antes dicho. Poco a poco, y por la fuerza de los acontecimientos, el campo popular y revolucionario estaba encontrando la figura capaz de unirlo y liderarlo, en aquel hombre que hizo del antisectarismo y de la unidad, un estilo de vida. Junto a Agustín Tosco, Rodolfo Ortega Peña, aparecía en el escenario político argentino con la capacidad para convertirse en la amalgama que superara las dicotomías y las obstinaciones, y de conducir en el campo de las instituciones republicanas, ese gran movimiento transformador que agitaba la Argentina. No fue casual entonces que su prematura
muerte inaugurara la etapa sangrienta del último terrorismo de Estado padecido
en el país. NOTA DE LA NAC&POP: (*) Eduardo Luis Duhalde (ex Juez) es actualmente (Julio de 2003) Secretario de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia del Gobierno Nacional que preside el Dr. Nestor Kirchner. Felipe Vallese, de
Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Duhalde. Introducción El 23 de agosto de 1962 con el secuestro de Felipe Vallese a manos de la policía comienza el punto crítico de esta historia, el desencadenante dramático con su elemento simbólico: Felipe asido al árbol de la calle Canalejas, intentando inútilmente aferrarse a la libertad y a la vida, hasta que sus captores logran violentamente arrancarlo. Se pone en marcha entonces el círculo del horror: golpes-interrogatorio-torturas-indignación ante su silencio-golpes-interrogatorio-torturas, y así reiteradamente hasta cerrar el círculo, hasta que definitivamente terminan con la vida de Felipe, destrozado con puntillosa saña. Un brutal hecho político y un nombre que queda como marca imborrable. ¿Cómo se llegó a aquel 23 de agosto? ¿Qué ocurrió después? El libro que hoy se reedita conjuntamente con este trabajo fue escrito por Rodolfo Ortega Peña y por mí en 1965, al cumplirse tres años del secuestro, como parte de la batalla contra la impunidad de los autores del crimen. Texto que con el paso del tiempo se ha convertido en indispensable para conocer los detalles de las actuaciones judiciales impulsadas a fuerza de protestas, denuncias y movilizaciones, ya que a 37 años de su primera edición sigue siendo el único ensayo específico sobre el tema. 1. Magra producción reflexiva para la gravedad
del hecho por parte de una sociedad que entendió muy tarde, con mucha sangre y
dolor, lo que Eduardo Pavlosvky 2 resume
de este modo: -El olvido forma parte necesaria de una de las condiciones
para la producción de un tipo de subjetividad que fabrica complicidad permisiva
y que permite la construcción de nuevas máquinas de guerra, a veces
desembozadamente represivas, y otras, formando parte de una maquinaria cada vez
más sutil de control social. Recordar, en cambio, es ejercer estrategias de
acción para la denuncia y desarme de esas mismas maquinarias. No es un problema
de psicología social. Es un problema de tácticas y estrategias de acción
política. Porque no se trata sólo de recordar el pasado. Se trata de denunciar
el futuro represivo que se avecina con sus nuevas máquinas en gestación.3 La historia del secuestro, crimen y desaparición de Vallese, está narrada en esa pequeña obra de dos jóvenes abogados. Lo que no está en ella aunque sí, ínsita, es la historia del contexto político resistente de esos siete años transcurridos desde la caída del gobierno popular de Juan Perón, hasta el secuestro de Felipe. Tampoco está narrado cómo se fue generando en esos años y al calor de la lucha una nueva generación de la juventud peronista de la que Felipe Vallese fue mártir y símbolo, que se iría reproduciendo por millares hasta que la dictadura genocida del 76 llegara para aniquilarla. Igualmente por su contemporaneidad, en el libro no hay registro suficiente de la forma en que se llevó adelante la investigación del caso, del papel cumplido por el periodista Pedro L. Barraza y sobre la repercusión de nuestro ensayo, ni cómo continuó con posterioridad la causa judicial hasta la condena parcial de los autores. Está sí el envés de la historia narrada con su dramaticidad constitutiva y perversa: la de la represión política del 55 en adelante y la específica relacionada con Vallese, incluidos los asesinatos de Barraza y Ortega Peña y los atentados contra quien esto escribe, hasta llegar a los campos de exterminio (Omega y el Banco) de Suárez Mason y Camps, que puede reconstruirse teniendo como hilo conductor la propia biografía de un frío criminal: el comisario mayor de la Bonaerense Juan Fiorillo, partícipe en todos ellos. Conocimientos contrapuestos: el de la represión y el crimen por un lado, y el de la resistencia y lucha por los derechos fundamentales, por el otro. Contradanza dramática de la memoria y el olvido reglado como saberes en pugna. Pero hay más: hoy es posible abordar con más detalles la breve pero intensa vida militante de Vallese; el paso del tiempo ya no pone en riesgo a sus compañeros y también analizar el discurso político que acompañó la denuncia del secuestro, y las polémicas en torno al papel de la dirigencia sindical. Éste es el propósito del presente trabajo: dar respuestas tentativas a los interrogantes señalados, al amparo del privilegio que me otorga haber sobrevivido a esta historia represiva, y con la carga de responsabilidad que me cabe en ese largo camino recorrido por la militancia. Eduardo Luis Duhalde 1 Durante el año 2001 intenté localizar la causa judicial ?Fiorillo, Juan y otros s/privación ilegítima de la libertad", es decir, las actuaciones del ?caso Vallese?, que deberían encontrarse archivadas en los tribunales de La Plata, sin que el expediente pudiera ser hallado. Las dos hipótesis más probables del ?extravío? son: 1. que el propio Fiorillo las haya hecho desaparecer cuando fue lugarteniente de Camps durante la dictadura genocida; 2. que dicho expediente se haya agregado a algún otro cuando en 1984 se iniciaron las investigaciones sobre la actividad criminal de Fiorillo, paralizadas luego por la aplicación de la leyes de Obediencia Debida y de Punto Final. Lo cierto es que será muy difícil que futuros investigadores puedan consultar aquellos documentos, que en buena parte están en el libro que hoy se reedita. 2 Pavlovsky, Eduardo, Micropolítica de la Resistencia, Denuncia de una represión futura, EUDEBA, Buenos Aires, 1999. pág. 55 3 Este trabajo se refiere a una época que, desde distintos abordajes he encarado en una serie de publicaciones cuyos conceptos aquí se resumen. Entre ellos: El retorno de Perón y las luchas de la Resistencia Peronista, ediciones Historia Viva, Bs. As. 1995. Peronismo y Revolución (el debate ideológico en los 60: una experiencia)? revista Confines N° 6, UBA, Bs. As. 1999. Estudio Preliminar a la Historia documental de las FAP y el PB, Ed. La Campana, Bs. As., 2002.
FELIPE VALLESE PROCESO AL SISTEMA 40 AÑOS LECTURA CRIMEN ORTEGA PEÑA RODOLFO DUHALDE E / PUNTO CRITICO - PCR001 5 Librería Hernández - Av. Corrientes 1436 - Buenos Aires - Argentina Tel.: 4-372-7845 y líneas rotativas - email: info@xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx ------------------------------ Leyenda anti Spam
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articulos de opinion que se difundan por esta red ya que deben ser considerados
realizados por los compañeros a titulo personal. Director Editorial: Martín García / Coordinadora General: Rosana Salas ------------------------------------------- Medidas antisecuestro NO ALCANZA CON LAS MODIFICACIONES DEL CÓDIGO PENAL
Para la mayoría de los argentinos, la
ampliación de las facultades de los fiscales no reducirá el índice de
secuestros. Los resultados de un estudio de Encuestas.com revelan que un amplio sector de los
consultados relaciona el problema con la crisis socioeconómica que aún
atraviesa nuestro país. La semana pasada el Congreso convirtió en ley
una modificación del Código Procesal Penal que le otorga amplios poderes a los
fiscales federales: dirigirán la instrucción de los casos, podrán ordenar
allanamientos, tomar declaración indagatoria a un imputado, actuar en
diferentes jurisdicciones territoriales, entre otros. La iniciativa fue
impulsada por el Ejecutivo para combatir la inseguridad. Sin embargo, más de un 45 por
ciento de los consultados por Encuestas.com no cree que este tipo de medidas
reduzca la tasa de secuestros. Por el contrario, un 27,4 por ciento piensa que
el fin de la inseguridad llegará sólo cuando se solucionen los graves problemas
socio-económicos que sufre la Argentina. En este grupo también se
ubicaron aquellos encuestados que consideran insuficientes las
medidas planeadas por el gobierno (17,81%). Por su parte, entre los votantes que
esperan buenos resultados del paquete antisecuestro, un 19.18 por ciento lo apoyó porque otorga
herramientas eficaces a los fiscales federales, mientras que 15,07
porque establece un endurecimiento en las penas. Los indecisos
alcanzaron un 20,55 por ciento. Estos resultados surgen de una consulta
realizada desde el 28 de junio al 21 de julio, sobre una muestra
representativa que abarcó a 5.840 usuarios de Encuestas.com -residentes
en Capital Federal y Gran Buenos Aires. VISITE www10.brinkster.com/prensa www.mecon.gov.ar/secdef/medicamentos/default1.htm www.encuestas.com |
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- [A-List] iNTRODUCCION A RODOLFO ORTEGA PEÑA, NAC&POP Wed 30 Jul 2003, 09:22 GMT
- [A-List] Fw: Hydrogen: not answer for fuel yet, Ralph Johansen Wed 30 Jul 2003, 06:49 GMT
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- [A-List] FW: Careful: The FB-eye may be watching, Craven, Jim Mon 28 Jul 2003, 20:26 GMT