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[A-List] EN LUCHA OCTUBRE 13 DE 2002





Boletín de www.izquierda_nacional octubre 13 de 2002

América Latina / Mundo / Globalización / Terrorismo / Economía / Deuda Externa / Malvinas / Fuerzas armadas / Revisionismo histórico / En pocas palabras / Entrevistas / ¿Qué es la Izquierda Nacional? / La historia de la Izquierda Nacional / Los '70: Peronismo e Izquierda Nacional / Marxismo latinoamericano / Declaraciones del Foro de la IN / Foro y debates / Las ideas de... 

 

n charla-debate sobre

Jauretche

miércoles 23 de octubre a las 19 hs

Facultad de Ciencias Sociales de la UBA En el aula 303

hablan:

Félix Schuster

(decano Filosofía y Letras- UBA)

Eduardo L. Duhalde

(abogado e historiador)

Gustavo Cangiano

(docente y escritor)

Honorio Díaz

(abogado, docente y escritor)

n REVOLUCIÓN NACIONAL PARA ECHARLOS A TODOS / Juan Barat  

La consigna ?que se vayan todos? se originó en los suceso del 19 y 20 de diciembre 2001 y se difundió durante la subsiguiente inestabilidad política. Las causas profundas de la rebelión de aquellos días están más allá de la transitoriedad de De la Rúa, Rodríguez Saá o Duhalde.

Hay que situarlas en la reconfiguración social y económica iniciada hace más de cincuenta años, que significó la pérdida progresiva de la soberanía nacional y el deterioro de la calidad de vida de la clase trabajadora, extensivo, a otro ritmo, a la clase media.

Las ?asambleas de vecinos? intentaron sintetizar el rechazo generalizado a la partidocracia funcional al régimen semicolonial instalado. Éste alcanzó su esplendor pleno a partir del terrorismo de estado de 1976, que subvirtió totalmente la arquitectura económico ? social e institucional heredada del ciclo nacional ? burgués concluido en 1955.

El capital financiero imperialista logró así constituirse en eje hegemónico del bloque dominante.

Los sucesivos gobiernos de ?la democracia? se manifestaron garantes del nuevo orden y, en el caso Menem, consolidaron sus cimientos mediante la liquidación de las empresas públicas, la profundización de la apertura comercial y la sobrevaluación del peso, con su consecuencia necesaria de desempleo, marginalización y pobreza, desmantelamiento de la industria y acumulación acelerada de nueva deuda externa. El continuismo obtuso de De la Rúa, con la ayuda de Cavallo en el tramo final, provocó el estallido.

Los dirigentes, funcionarios y legisladores, tuvieron que disfrazarse para transitar la vía pública.

Grupos variados de izquierda tradicional adhirieron al lema, que facilita el consignismo ?unitario? porque aparenta concentrar todo el repudio a un régimen degradante.

Sin embargo, florece una duda cuando se advierte que Elisa Carrió, Rodríguez Saá y hasta Kirschner, se apropian de igual bandera, y aún le agregan una fórmula sencilla: llegar al gobierno y convocar a elecciones para todos los demás cargos. La consigna que parecía extrema, por su carácter abstracto, en tanto no ofrece salida hacia el objetivo que propone, deviene en maleable juguete del sistema.

 

Del dicho al hecho

Tengamos en cuenta que los políticos y partidos son un emergente en la superestructura institucional de la sociedad. La partidocracia se adaptó a las necesidades del poder dominante y es por ello que plasmó en leyes y decretos la juridicidad que malversó la soberanía nacional y sumergió en la desprotección a la mayoría popular, aferrada al enajenante ?discurso único? de las usinas ideológicas del imperialismo.

Pero lejos está de constituir el núcleo del poder mismo. Su papel es el del corrompido vasallo. Confundir los roles es la base de un error.

El régimen está en condiciones, pese a los signos de la crisis que padece, de provocar un aparente y aparatoso recambio general. Frente al poder real, no se ve en la Argentina de esta instancia, que la resistencia de sus sirvientes más comprometidos, como individuos o bandas, pueda dotarse de suficiente envergadura para impedirlo.

Con pocas dudas, podría llegarse a elecciones para todos los cargos de todo el país, hasta consejeros escolares, y menos si los hay.

La relación de fuerzas definida en la superestructura asegura que los nuevos electos no diferirán, en lo esencial, de los condenados a jubilarse. El predominio electoral de los aparatos de la partidocracia y la influencia de los interese dominantes, capaces (como nos enseña nuestra propia experiencia) de adaptar las formas del ?discurso único?, serían decisivos.

Las voces que reclaman a Duhalde la convocatoria previa a asamblea constituyente, incurren, a nuestro juicio, en el mismo error, al par que, aún inadvertidos, hacen profesión de fe en la formalidad electoral de la democracia burguesa.

Desde nuestro punto de vista, elecciones de todos los cargos, o previa constituyente, resultarían en una representación política diferente en el estilo (en el mejor de los casos), pero de similar representatividad que la que supuestamente se desplaza. Pero el mayor daño acaecido sería la legitimación política de un régimen históricamente ilegítimo.

 

Reconstruir las fuerzas de la revolución nacional

El hecho de que las fuerzas potencialmente constitutivas del campo nacional estén dispersas se refleja en las llamadas ?intenciones de votos?, que actualmente miden entre 25 y 35 %  de autoexclusión (voto en blanco, impugnado, abstención, etc.), y porcentajes diversos entre candidatos surgidos del PJ (por lo menos tres importantes), y de la centroizquierda, en los puestos de vanguardia.

Esto nos dice que el rechazo explícito no encuentra canalización alguna y que son nuevamente variantes partidocráticas las que se disponen a alzarse con la presidencia: Rodríguez Saá, Menem, Kirschner, o el fantasmita Reutemann, todos provenientes de la década menemista, y Carrió, ?reprise? de la centroizquierda que conoció épocas como las de la Alianza y ?Chacho? Alvarez.

Sin programa pero con un discurso readecuado a la circunstancia, logran despertar expectativas incluso en parte significativa de aquellos que simultáneamente repudian ?en globo? a la mal llamada ?clase política?.

Es muy probable que si los sumáramos al 25/35 % de rechazo explícito, el papel nos daría la imagen de una importante mayoría. Pero, desde el punto de vista político, sólo sería un trazo en un papel.

Es la inexistencia política de un movimiento nacional lo que genera la macabra ficción de que buena parte de los sectores sociales cuyos intereses reflejaría se referencian en un NO electoral, y otra se inclina principalmente por alguna de las expresiones embozadas del régimen, en busca conservarse a sí mismo.

No habrá cambio de fondo en la sociedad ni en su representación institucional hasta que una modificación sustancial en la relación de fuerzas haga retroceder al poder hegemónico dominante. Para esto es imprescindible el despliegue político de la clase trabajadora todavía al margen, sin representación política y con representantes sindicales que hablan en su nombre sin derecho verdaderamente legitimado. Prueba de ello es que en un proceso inflacionario de gran violencia, con salarios congelados, desdeñan la huelga y la movilización, excusando su postura de conciliación con la semicolonia en el desempleo que la consolida.

Esta renuncia a la lucha muestra hasta qué punto el ?modelo? sindical preexistente está perimido.

Nuevas corrientes políticas e ideológicas tenemos el deber y la posibilidad de concentrarnos en la tarea fundamental de reconstitución política de la clase trabajadora. Es decir, simplemente devolverla a la acción política.

Porque así nacerá el eje de reagrupamiento mayoritario de un nuevo movimiento nacional, con la garantía posible de antiimperialismo consecuente.

Encontrado su caudillo social, el movimiento aglutinará a la mayoría popular dispersa, y estará en condiciones de imponer la constitución de un frente patriótico de liberación que recupere a la nación y expulse, echándola para siempre, a la partidocracia corrupta y vendepatria.

 

n Brasil repudio el ?modelo? neoliberal y busca un nuevo rumbo / Foro de la Izquierda Nacional

La amplia victoria del Partido de los Trabajadores, en la primera vuelta de las elecciones brasileñas, demostró el repudio de la mayor parte de la sociedad a la política del gobierno  de Fernando Enrique Cardozo. Tras ocho años de programa neoliberal ejecutado por el partido socialdemócrata del presidente y sus aliados de derecha, la situación desembocó en una profunda crisis, característica común de los países de la región que aplicaron la ley de hierro de la apertura financiera y comercial, las privatizaciones y las recetas monetaristas de los organismos financieros internacionales. Brasil ha quedado al borde de la cesación de pagos, con obligaciones anuales por servicios de la deuda pública por casi 33.000 millones de dólares, impagables a menos que medie una reestructuración de las obligaciones. Mientras tanto la economía está estancada, en los indicadores más bajos de los últimos 50 años y los brasileños de menores recursos son más pobres que diez años atrás.

 

En Brasil el neoliberalismo ha dejado la misma marca que en el resto de la región: distribución cada vez más desigual del ingreso, concentración y extranjerización creciente del capital, precarización laboral, empobrecimiento de la mayor parte de las capas medias (mientras un extracto privilegiado se incorpora al ?modelo?) marginación social y, finalmente,  predominio marcado de las corporaciones financieras internacionales.

 

Con este cuadro de situación a la vista, el PT de Lula derrotó al oficialismo por el doble de votos y está en las mejores condiciones para volver a imponerse en la segunda vuelta, y comenzar a gobernar en diciembre.

 

La inminente posibilidad de un cambio de régimen de esta naturaleza en el mayor país de América Latina, abre una serie de interrogantes. El PT, que se acercó como nunca antes al control del gobierno, ha modificado sustancialmente su programa original y colocó como candidato a vicepresidente a un representante de la burguesía industrial, senador a la vez del Partido Liberal. Los cambios radicales sostenidos en 1989 han dejado paso a una plataforma de centroizquierda que evita el enfrentamiento con el capital extranjero, no sale al cruce del proceso de extranjerización y desmantelamiento del Estado, y no anticipa grandes avances en el terreno de la reforma agraria. En este corrimiento hacia el centro reside la explicación de la alianza con la burguesía fabril, desencantada tras dos gobiernos de Cardoso. La misma clase que por boca del presidente de la Federación Industrial de San Pablo, decía en vísperas de los comicios de 1989 que, si Lula llegaba el gobierno, 800 mil empresarios abandonarían el país.

 

Sin embargo nunca el futuro está resuelto de antemano. El PT es un partido de masas con firme arraigo en la estructura de las organizaciones de la clase trabajadora. Y a pesar de que la vía institucional transitada desde hace años ha hecho pesar dentro de su vida interna la influencia conservadora de importantes capas de funcionarios estaduales, legislativos y administrativos, su situación dista considerablemente de la centroizquierda argentina, asentada en las oscilaciones y la inestabilidad una clase media sumergida en un mar de vacilacilaciones y contradicciones. Lo más probable es que un gobierno de Lula en Brasil, por más moderadas que resulten sus medidas iniciales, abrirá un período de luchas políticas y sociales de extraordinaria importancia para la suerte de los realineamientos antiimperialistas y populares en el cono sur de continente. 

 

 

 

n Las tesis de Trotsky encierran la clave

de la revolución latinoamericana / Osvaldo Calello

Escritos hace más de cuarenta años, los trabajos de León Trotsky siguen resultando una guía insustituible para la interpretación de las luchas políticas y sociales de los pueblos de la Patria Grande. Osvaldo Calello, autor de Trotsky y la revolución en América Latina, folleto de próxima aparición editado por En Lucha, señala los aspectos centrales del pensamiento del compañero de Lenin en los años heroicos de la Revolución de Octubre y luego, desde el exilio, luchador incansable en la afirmación de una línea internacionalista y una práctica socialista revolucionaria.

 

¿Qué ha quedado vigente de los artículos que escribió Trotsky sobre América Latina en la segunda parte de los años 30??

Son varios los aspectos del pensamiento de Trotsky que conservan especial actualidad. En primer término su planteo de unidad revolucionaria de los países de la Patria Grande, sintetizada en la consigna: Por los Estados Unidos Socialistas de América Latina. Su exilio en México lo colocó en un escenario privilegiado para observar la estructura social y el comportamiento de las clases fundamentales que inciden en el balance de fuerzas en los países semicoloniales. Por aquel entonces, el ascenso del general Lázaro Cárdenas al gobierno le había dado un nuevo impulso a la revolución mexicana, especialmente tras la nacionalización de los ferrocarriles, de la industria petrolera, y la profundización de la reforma agraria. Esas tareas nacional-democráticas pusieron a la orden del día el enfrentamiento con el capital extranjero, con la diplomacia imperialista de Gran Bretaña y Estados Unidos que bloquearon las compras de petróleo mexicano, y con los terratenientes locales.

 

¿Cuál fue la posición de Trotsky ante el gobierno mexicano?

Las condiciones del exilio no le permitían una actuación pública. Sin embargo en sus escritos dejó en claro una posición de apoyo independiente a lo que consideraba un gobierno antiimperialista. Trotsky llegó a caracterizar al de Cárdenas como el gobierno más valiente y honesto. Su planteo se diferenció claramente de toda variante de seguidismo hacia un régimen que en lo fundamental desarrollaba un  programa de capitalismo autónomo con fuerte desarrollo de una economía de Estado, y asimismo de las desviaciones ultraizquierdistas que convertían las críticas a los límites burgueses del programa cardenista en una posición de enfrentamiento, en línea con las presiones que ejercían los gobiernos imperialistas. Con los sostenedores de esta última posición, organizados en la Liga Comunista Internacionalista, declarados trotskystas, Trotsky rompió políticamente luego de un ataque contra el gobierno de Cárdenas por la decisión de indemnizar a las compañias petroleras expropiadas. Antes de eso habían formulado un llamado a los trabajadores a pasar a la acción directa contra el gobierno, por el aumento del costo de vida.

 

También el Partido Comunista Mexicano le dio apoyo al gobierno de Cárdenas...

Se trató de dos posiciones claramente diferenciadas. El PCM, todavía bajo la influencia del Tercer Período, comenzó caracterizando a ese gobierno como fascista. Luego giró 180 grados y, sucesivamente, definió su posición como ?apoyo crítico?, ?apoyo condicionado? y finalmente a partir de 1937, ?apoyo total?. Coincidentemente, a comienzos de 1938, el PCM adhirió al oficialista Partido de la Revolución Mexicana, considerado como una versión del Frente Popular, que por aquel entonces el stalinismo se había lanzado a impulsar en todo el mundo. En los hechos el ?apoyo total? se convirtió en el respaldo a la candidatura del representante del ala derecha del PRM, Avila Camacho, y la ruptura con el ala izquierda encabezada por Francisco Mujica. El primero se orientaba a poner fin a las reformas del gobierno de Cárdenas y a consolidar la alianza con la burocracia sindical de la Central de Trabajadores Mexicanos, encabezada por el filo stalinista Lombardo Toledano. Mujica, por el contrario, además de repudiar los métodos de la cúpula de la CTM, sostenía un programa de reformas destinadas a mantener en curso a la revolución mexicana.

 

¿Qué actitud adoptó Trotsky ante la fundación del PRM?

Trotsky consideraba a formaciones políticas como el PRM, el APRA peruano y el Kuomintang chino como formas de Frente Popular. En Europa esos frentes eran impulsados por el stalinismo en alianza con las burguesías democráticas como línea de lucha antifascista. En los hechos el proletariado jugaba un papel subordinado, y en situaciones como la de España la revolución fue sacrificada a favor de los acuerdos con la burguesía republicana y del frente contra el franquismo. Al final se perdió la revolución y también la guerra. Sin embargo Trotsky advirtió que en los países atrasados y dependientes el Frente Popular no necesariamente jugaba el mismo papel. Cabía la posibilidad de que asumiera un carácter progresivo en caso de que su política llevara a un enfrentamiento con el imperialismo. En ese caso la obligación de los revolucionarios era plantear un apoyo independiente, manteniendo claramente diferenciadas las divisas y las organizaciones.

 

Sin embargo no parece que las tesis de Trotsky, la teoría de la revolución permanente, hayan encontrado confirmación en el comportamiento político de la clase trabajadora mexicana.

Trotsky anticipó los lineamientos generales de la Revolución de Octubre en más de diez años, al sostener que en los países atrasados no serían las burguesías liberales las que dirigirían las revoluciones democráticas contra el viejo régimen, sino el proletariado con apoyo de los campesinos. Afirmó, asimismo, que este desfase entre las tareas originalmente burguesas de la revolución y las fuerzas sociales fundamentales que habrían de llevarlas a cabo, le conferirían al proceso un carácter combinado y permanente. Es decir, el gobierno revolucionario dirigido por los obreros con respaldo de las masas campesinas no fijaría su programa en los límites de la república democrática y en las tareas de la reforma agraria, las libertades públicas, los derechos sindicales, etc, sino que la naturaleza del antagonismo con las fuerzas de viejo régimen y con la burguesía mundial, profundizarían un curso de transición ininterrupido, entre la revolución democrática y la socialista. En México, Trotsky se encontró con una situación particular, extensiva a buena parte de los países semicoloniales. Señaló entonces que en esa periferia atrasada y dependiente no es la burguesía nacional la fuerza dirigente del capitalismo, sino el capital extranjero. La burguesía nativa, en cambio, es una clase débil y vacilante, incapaz por sí misma de llevar adelante un programa político en correspondencia con las tareas nacional burguesas pendientes, y temerosa ante la presencia de una joven clase trabajadora de reciente proletarización. Hacía ya bastante tiempo que la hora de esa burguesía había pasado. Sin embargo tampoco el proletariado había alcanzado un desenvolvimiento de clase que le permitiera tomar en sus manos la suerte de la revolución agraria y democrática, según la predicción de la teoría de la revolución permanente. Trotsky observó, en cambio, la existencia de un particular equilibrio de clases, favorable para la irrupción de una suerte de bonapartismo semicolonial, en el cual una jefatura nacionalista, con apoyo de las masas campesinas, afronta las tareas que la burguesía nativa no se anima a abordar.

 

¿Cuál es la situación de la clase obrera en este caso?

El desenvolvimiento de un programa capitalista, independiente del capital extranjero, obliga a esa conducción bonapartista a buscar el respaldo de las masas obreras para resistir las presiones del imperialismo. Pero al mismo tiempo que el gobierno realiza concesiones a los sindicatos, establece un firme control sobre las organizaciones obreras, de manera de fijar estrictamente los límites de la acción de masas. Trotsky destacó que en México los sindicatos se habían transformado en organizaciones semiestatales, dominados por una burocracia entrelazada al aparato gubernamental por múltiples vínculos, por ejemplo a través de la administración obrera de las empresas nacionalizadas. En uno de sus últimos escritos, antes de caer asesinado por un sicario de la GPU stalinista, sostuvo que en la era del capital monopolista y del imperialismo prácticamente han desaparecido las condiciones para la vigencia de la democracia sindical, como en la época del capitalismo liberal. Bajo estas condiciones la suerte de los sindicatos quedaba limitada, en definitiva, a dos posibilidades extremas: o se reducían al papel de instrumentos de dominación de la burguesía sobre los trabajadores, o se trasformaban en organismos de un movimiento revolucionario de clase. Desde esta perspectiva sostuvo que la completa independencia de las organizaciones obreras respecto al Estado es la primera consigna de una política de clase, y la segunda la democracia sindical. La importancia de esta cuestión era a su juicio decisiva por eso sostuvo que el programa de transición de la IV Internacional era, en rasgos generales, un programa para los sindicatos, y no sólo para el partido. También afirmó que renunciar a trabajar en los sindicatos era renunciar a influir políticamente en la clase obrera, y advirtió que la organización que proclamándose revolucionaria renuncie a ese trabajo no sólo estará condena a desaparecer, sino que merecerá tal destino.

 

n VENEZUELA: ¿QUIÉN SE QUEDA CON EL ESTADO? / Heinz Dieterich Steffan

El futuro de Venezuela se decide en la lucha por el Estado. Múltiples actores políticos internos y externos participan en la carrera por su control. Algunos actúan con intenciones revolucionarias, otros por intereses oligárquicos o imperiales. Determinadas fuerzas operan de manera abierta y hasta escandalosa, otras prefieren modos silenciosos o palaciegos en la acumulación del poder.
La razón de ser de esta dinámica es el golpe de Estado transnacional petrolero del 11 de abril del 2002. Las reservas probadas de crudos extrapesados de Venezuela representan el 50% (!) de las reservas del total mundial; con las tecnologías de conversión adecuadas, esos yacimientos son equiparables a las reservas probadas de crudos convencionales de Arabia Saudita, 270 mil millones de barriles, que son las mayores del globo.
El golpe en Venezuela fue parte integral de un plan maestro de tres operaciones estratégicas de Washington, concebido por el gobierno de Bush: 1. El sometimiento definitivo del mundo árabe-islámico donde y
acen tres cuartas partes del crudo convencional y la mitad de las reservas mundiales de gas. La agresión a Irak, la intimidación de Arabia Saudita e Irán y la destrucción del Estado palestino cumplen este objetivo. 2. La conquista militar de Asia Central, donde existe 40% de las reservas mundiales de gas y, cerca del mar Caspio, enormes reservas petrolíferas. La guerra contra Afganistán alcanzó esta meta. 3. La apropiación violenta del petróleo venezolano mediante el coup d´etat del 11 de abril, frustrado en su momento por la heroica acción del pueblo y los militares patrióticos quienes, además de defender a la democracia, salvaron la vida de 5 mil ciudadanos, cuyos nombres aparecieron en las listas de los que iban ser asesinados y desaparecidos.
El golpe de Estado fue un parteaguas en el proceso bolivariano, en múltiples sentidos: redefinió la relación con Estados Unidos, en el sentido de debilitar sustancialmente la capacidad nacional de una política soberana y latinoamericanista en la arena internacional; despertó y radicalizó a las masas que finalmente entraron en el proceso de autoasumirse como sujetos del proceso bolivariano; aceleró el deterioro de parámetros económicos fundamentales; descubrió a los actores políticos oportunistas, ineficientes y antirrevolucionarios dentro de los aparatos políticos y sociales del sistema; fortaleció la popularidad del presidente Hugo Chávez entre las mayorías populares y redujo la capacidad de convocatoria manipulativa de los conspiradores entre las clases medias; finalmente, hizo nacer entre los sectores más avanzados de las mayorías y los principales protagonistas del sistema de liderazgo la pregunta acerca de las responsabilidades de la debacle del 11 de abril y, por lo tanto, la interrogante sobre la sustitución de personajes y modos de operación del proceso.
El choque del Titanic con el iceberg imperial ha desatado, meses después de la fatídica fecha, un intenso debate sobre la conducción del barco. Ese debate que atañe a sus más importantes operadores, desde el capitán hasta el timonel, los especialistas de los radares y los principales oficiales del equipo, ha evidenciado que existe coincidencia de criterio entre muchos líderes de las fuerzas sociopolíticas que sostienen el proceso bolivariano, acerca de la necesidad de constituir una nueva dirección estratégica con un nuevo proyecto estratégico.
El golpe de abril mostró la necesidad de una «dirección colectiva socialmente reconocida, lo imprescindible de un centro de dirección revolucionaria que organice y conduzca al pueblo Que evite los excesos que caminan hacia la conciliación o el anarquismo, que en última instancia son expresiones claras de la ausencia de una dirección con un rumbo claro», formula uno de los protagonistas más importantes de la vanguardia bolivariana ese consenso sobre la impostergable reconfiguración del liderazgo.
El sistema de conducción del bolivarianismo venezolano ha pasado por dos etapas, desde su constitución. En su génesis militar-cívica como Movimiento Bolivariano Revolucionario-200, durante los 80, fue un sistema colectivo horizontal que llevó el movimiento desde la clandestinidad hacia la conquista electoral del Estado venezolano, en febrero de 1999. En la segunda fase, que se inicio con esta fecha y terminó con el golpe del 11 de abril del 2002, el sistema horizontal se verticalizó, convirtiéndose el presidente en el centro de gravitación de la política estatal y partidista. Esa personalización de la gestión del proceso que fue una corresponsabilidad de todos los sujetos políticos involucrados se pagó con una extraordinaria pérdida de capacidad gerencial del Estado y de los entes político-sociales respectivos. Fue esa dramática deficiencia de conducción que permitió la asonada militar.
La tercera etapa en la configuración de un centro de dirección estratégica capaz de enfrentar las múltiples operaciones de una sofisticada conspiración transnacional que pretende derrotar al presidente Chávez antes de fin de año, es el eje de la dinámica política-social-militar en la Venezuela de hoy. La presión para esa reconfiguración cuyo objetivo principal es el control del Estado, nace tanto de los sectores y organizaciones populares las «masas» como se dice aquí como de sectores de poder progresistas y reaccionarios.
En este complicado rompecabezas de política real hay tres requisitos axiomáticos que son fundamentales para el éxito de la revolución bolivariana: a) el regreso a una conducción colectiva que reúna las mejores cabezas y las conciencias más ética del país; b) la sincronización entre la creciente radicalización de las masas y el creciente control del Estado, porque el avance descoordinado de cualquiera de las dos fuerzas significaría el fin del proceso y, c) el mantenimiento de la unidad entre los actores de las cúpulas y de las bases.
El control del Estado y la conciencia de las masas son los dos factores decisivos en todo proceso revolucionario. La tarea de la vanguardia consiste en vincularlas de una manera orgánica. Ahí se define el destino de la revolución bolivariana.

Recibido de: www.geocities.com/correosparalaemancipacion

 

n BRASIL: «EL ÚNICO CANDIDATO QUE REPRESENTA A LAS FUERZAS SOCIALES

QUE QUIEREN CAMBIOS REALES EN ESTE PAÍS ES LULA» / Entrevista con José Pedro Stedile del Movimiento de los Sin Tierra (De Folha de Sao Paulo).

Folha- Los discursos de los candidatos son cada vez más parecidos, inclusive en la cuestión agraria. ¿Hay una propuesta mejor o peor para la cuestión agraria?

JPS- De hecho, las diferencias entre ellos es muy pequeña Y las semejanzas se deben al hecho de que el clima electoral de la campaña no llevó a un debate de las verdaderas causas de los problemas brasileros. Así, en la reforma agraria, todos prefieren apuntar soluciones para la pobreza, sin enfrentar con claridad que la sociedad brasilera, para ser democrática, precisa eliminar el latifundio, o sea, la concentración de la propiedad de la tierra.

Folha- ¿La inclusión de la reforma agraria en la agenda electoral es fruto de los movimientos sociales o una acción exclusiva de marketing?

JPS- Nuestra preocupación no es con el discurso de los candidatos. Es con las fuerzas sociales que cada uno representa. Es evidente que Serra representa la continuidad de este modelo. Ciro (Gómes) fuerzas que quieren pequeños cambios y mantener lo esencial. Garotinho no consigue en torno de sí fuerzas sociales representativas. El único candidato que representa a las fuerzas sociales que quieren cambios reales en este país es Lula.

Folha- ¿Como _evalúa el actual discurso moderado de Lula?

JPS- Lula está haciendo un discurso dentro de los parámetros de una campaña electoral. Evidentemente que no es un discurso en defensa de un programa de izquierda o de los necesarios cambios radicales que nuestra sociedad precisa. Es un discurso de centro, en el espectro político. Pero, como dije antes, lo más importante no es el discurso. Lo más importante son las fuerzas sociales que de reunen en torno de este o aquel candidato. La candidatura de Lula tiene el símbolo del cambio. Voy a votar a Lula y, aunque no haya deliberaciones de congresos o instancias, toda nuestra militancia social, tanto del MST, como de los movimientos de Vía Campesina, está comprometida con la campaña de Lula.

Folha- ¿Qué opina de las alianzas del PT con el PL (Partido Liberal) y con políticos como José Sarney, Orestes Quercia, Luiz António de Medeiros?

JPS- Eso es una cuestión electoral del PT. Nosotros ya tenemos suficientes problemas para meternos en los problemas de otros, aunque como militante, sepamos que es tipo de alianza hirió la tradición de izquierda y la coherencia del partido. Ciertamente, ella tendrá consecuencias positivas y negativas. Pero sólo la historia dirá cual fue la victoriosa.

Folha- ¿Por qué el MST no está haciendo campaña abierta por Lula? ¿Hubo la negociación de un pacto para suspender las invasiones, para no perjudicar al petista?

JPS- Cada dos años, en período electoral, todas las luchas se aflojan. No sólo en el campo, en la ciudad también. La disminución de las ocupaciones de tierra en ese período no es típico del 2002, ni de ningún acuerdo político. Las ocupaciones de tierra no ocurren por voluntad de los dirigentes. Ocurren por la coyuntura y la correlación de fuerzas de cada región.

Folha- Si la elección fuese hoy, Lula ganaría. Usted reafirmaría el siguiente mensaje que hizo en un seminario internacional a los inversores extranjeros: «No vengan a Brasil, porque ustedes van a perder dinero. Más temprano o más tarde, vamos a recuperar la soberanía nacional»?

JPS- Eso no era un mensaje, es una tesis. Brasil debe tener un gobierno que repudie la entrada de capital extranjero especulativo y que viene aquí apenas a comprar nuestras empresas (para tomar la ganancia), invertir en la Bolsa y vivir de los intereses. Debemos aceptar el capital extranjero cuando viene aquí a invertir en la producción y se compromete reaplicar la ganancia en Brasil. Que los capitales especulativos van a perder dinero ellos lo saben por la lógica del mercado. No precisan ser amenazados por mi.

Folha- En el Plebiscito del 2000, ustede defendió el no pago de la deuda externa y ya se pronuncia favorable a la limitación del pago de los intereses de la deuda interna ¿Como economista, usted puede explicar su posición sobre esos temas?

JPS- La deuda externa no es una cuestión moral: quien debe, paga. La deuda externa es un mecanismo que el capital internacional creó para explotar a los países del Tercer Mundo. En el período colonial, nos explotaban robando los recursos naturales. En el siglo XX, nos explotan viniendo aquí con sus fábricas a explotar nuestra mano de obra. En lo que tiene que ver con la deuda interna es casi igual. El Presupuesto de la Unión está rehén de los bancos. El gobierno utiliza 140 billones de dólares por año para pagar intereses. Es preciso acabar con esto ¿Como? Existen muchas formas. Pero es preciso que se discuta. Lo que todos los economistas serios están diciendo, es que si no resolvemos estos dos problemas estructurales, Brasil será una nueva Argentina en el primer semestre del 2003. Esperen.

Folha- El MST está en la organización del Plebiscito sobre el ALCA. ¿En qué puede cambiar la negociación?

JPS- El ALCA no es un acuerdo comercial cualquiera, o bilateral, que va a traer benficios a los dos lados. El ALCA es un plan estratégico de las mayores corporaciones norteamericanas y del gobierno de Estados Unidos para tomar nuestras riquezas. Es preciso decirle al gobierno norteamericano: no queremos el ALCA. Y punto.

Recibido de: www.geocities.com/correosparalaemancipacion

 

n Lula «paz y amor» cerca del cielo / Gustavo Codas
Corresponsal del semanario uruguayo «Brecha» en San Pablo, 27-9-02

Esta vez (la cuarta) Lula tiene chance de ser electo presidente de Brasil. Pese al duro ataque de sus adversarios de derecha e izquierda, su desempeño electoral no ha sufrido grandes altibajos en las últimas semanas. Por el contrario, mejoró en algunas encuestas.

El fenómeno ocurre en un momento particularmente turbulento de la economía nacional. Meses atrás, tratando de intimidar al electorado ante un posible triunfo de Luiz Inácio da Silva, «Lula», se decía que si éste llegara al poder la moneda brasileña superaría en enero la barrera de los tres reales por dólar. El martes 24 el dólar se cotizó a 3,78 reales. Un récord desde que la moneda fue creada a mediados de 1994. En la ocasión, también por primera vez en mucho tiempo, el real cotizó por debajo del peso argentino. El principal socio en el Mercosur es un fantasma que asusta a los electores brasileños. Por algo a mediados de año el oficialismo inauguró la campaña electoral afirmando que Lula sería el Fernando de la Rúa de Brasil. La economía se ha fragilizado y las elecciones son la excusa ideal de los especuladores para ganar dinero en un contexto propicio.

 

El nuevo Lula

Fue el propio candidato del Partido dos Trabalhadores (pt) quien, semanas atrás, autodefinió su capaña como «Lulinha paz y amor». Ahora, requerido por la prensa, respondió que no atacará a los otros candidatos, que le lanzan gruesos dardos: desde haber traicionado a su base social hasta realizar acuerdos secretos con la banca.

En esta campaña surgió una faceta más del «nuevo» Lula. Tal vez la más llamativa haya sido la contratación del publicitario Duda Mendonça, cuya fama se forjó cuando en 1992 consiguió rehabilitar a un recalcitrante político derechista, acusado por corrupción, Paulo Maluf, derrotando al pt en las elecciones municipales de San Pablo.

Pero no terminaron ahí las sorpresas. En un lance osado, Lula ungió a un gran empresario textil, senador del Partido Liberal, como candidato a vicepresidente. El grueso de la bancada de diputados liberales, vinculados a las iglesias evangélicas -que en las elecciones presidenciales de 1989 hicieron campaña contra Lula afirmando literalmente que era la encarnación del diablo en la tierra-, también se pasaron a las filas petistas. El ex dirigente obrero obtuvo también apoyos de políticos de centro: el senador y ex presidente José Sarney (1985-1989), el ex gobernador de San Pablo (1986-1990) hoy candidato a senador Orestes Quercia, y el ex presidente (1992-94) y actual gobernador de Minas Gerais Itamar Franco. Algunos grandes empresarios se sumaron a su campaña (véase recuadro). Más allá de intereses electorales, hay entre todos ellos un hilo conductor que permitió tales alianzas: una crítica al actual modelo económico y un cierto nacionalismo.

Pero Lula hizo también gestos fuertes hacia el centro. Frente a los intentos de vincular la turbulencia económica del país a su crecimiento electoral, a mediados de año lanzó su «Carta al pueblo brasileño», en la que prometía explícitamente no romper compromisos de pago de deuda externa contraídos por el actual gobierno (el documento fue bautizado maliciosamente por sectores de la izquierda del pt de «Carta a los banqueros»). Y cuando el gobierno de Fernando Henrique Cardoso firmó un leonino acuerdo con el fmi para «calmar al mercado», Lula se entrevistó con el presidente para afirmar que mantendrá lo acordado. Al visitar instituciones empresariales (Bolsa de Valores, Federación de Bancos) el candidato del pt constituyó grupos de trabajo conjuntos, entre su asesoría y la de esas instituciones, para formular propuestas económicas.

En cuanto a su formulación estratégica, Lula alimenta la idea de un «nuevo contrato social» entre trabajadores, empresarios y sociedad en general, que lo tendría como árbitro, ya que a partir de su experiencia sindical en los años setenta se define como el mejor negociador del escenario nacional. Al ser abordado insistentemente por los periodistas sobre «quién perderá» con su gobierno, se niega a hablar en esos términos y sólo se refiere a «quienes ganarán»:
todos, al mismo tiempo.

Los movimientos sociales, pese a diferencias de matices, apoyan a Lula. La Central Única de Trabajadores (cut) decidió meses atrás entrar oficialmente en la campaña petista. Lo mismo hizo la Asociación Brasileña de ong (abong), al tiempo que la totalidad de la dirección del Movimiento de los Sin Tierra (mst) está empeñada en la victoria de Lula, aunque no definió una posición oficial. João Pedro Stédile, uno de los principales dirigentes del mst, resumió en una reciente entrevista que a pesar de que Lula giró hacia el centro, las fuerzas sociales del cambio lo apoyan porque su triunfo abrirá un período de cambios profundos en la sociedad por el impulso de las expectativas y movilizaciones que desataría (véase nota aparte).

 

Adversarios

El principal contendor de Lula es José Serra, quien deshizo de hecho la alianza de gobierno con la que contó Fernando Henrique Cardoso, la más amplia y fuerte alianza conservadora constituida en décadas en Brasil. Aliados del actual jefe de Estado migraron hacia otras candidaturas, sobre todo hacia la de Ciro Gomes pero también hacia la de Lula.

Si bien es el candidato del oficialismo, Serra no quiere admitirlo. Su estrategia electoral alimenta una posición ambigua frente a Cardoso (que lo apoya, pero que apareció sólo el primer día en su campaña televisiva). Es probable que esa estrategia electoral haya sido alimentada por las encuestas que muestran que la mayoría de los electores quiere votar por un candidato de oposición. El problema es que así Serra no ha conseguido atraer los votos, ni siquiera de los que apoyan al actual gobierno.

Serra despierta hondas antipatías. Para hacer viable su candidatura tuvo que destruir la reputación de la candidata liberal -la hija de Sarney-, uno de los puntales de la alianza de gobierno tejida por Cardoso. Para acercase a Lula tuvo que atacar a Gomes y bajarlo del segundo puesto, acusándolo de tener problemas de carácter (lo pescó diciendo pequeñas mentiras sobre su biografía que, según su equipo, denunciarían una personalidad problemática). En ambos casos se trata de políticos nordestinos, lo que alimentó el rumor de que Serra sería un agente de los intereses de los grandes grupos económicos paulistas en perjuicio de las otras regiones del país.

Destruido Gomes dos semanas atrás, Serra giró sus ametralladoras contra Lula. Su campaña en la tevé trabajó varias líneas. Afirmó que había «un Lula» (el neomoderado) producido por el publicista Duda Mendonça y «otro Lula» que sería el verdadero (el radical de siempre). Comparó sus biografías y se dijo mejor preparado (ya que Lula no tiene curso universitario ni ejerció en ningún gobierno). Hizo un montaje sobre imágenes de años atrás de tal forma que el presidente del pt, José Dirceu, parecía estar azuzando a huelguistas para que golpearan al entonces gobernador de San Pablo (Mario Covas, hoy fallecido).

El efecto fue inusitado: no provocó una caída de Lula pero aumentó el rechazo a Serra, el candidato que tiene la más alta tasa de rechazo entre los electores, muchos de los cuales dicen que no votarían por él en ninguna hipótesis. Mientras, a sus espaldas, las cosas se iban moviendo.

 

Pequeños grandes cambios

Gomes, un político de origen conservador que se afilió al heredero del Partido Comunista «moscovita» (Partido Popular Socialista), montó un frente en el que coexisten desde partidarios del expresidente Fernando Collor y Chicago boys hasta el líder populista Leonel Brizola. Aparecía como la más sólida alianza anti Lula, ya que por su origen y trayectoria podía arrastrar votos tanto de la oposición como de la base del oficialismo. Pero en las últimas semanas hizo algunas declaraciones desastrosas que, junto a la propaganda serrista, lo empujaron al cuarto y último lugar.

Esos votos, sin embargo, se repartieron entre Garotinho, candidato del Partido Socialista Brasileño, y Lula quien, en algunas encuestas alcanza el 44 por ciento de las intenciones de voto y en otras roza el 48. Es decir, está cerca de conseguir la victoria en la primera vuelta. Algunos de los asesores de Gomes y de Garotinho defienden una renuncia de estos candidatos que aseguraría la victoria de Lula el mismo 6 de octubre, ya que temen que Serra utilice los más bajos recursos en su intento de parar a Lula en el segundo turno.

La última carta de Serra podría ser las acusaciones de corrupción de gobiernos municipales petistas que circulan con insistencia en la prensa, buscando salpicar al presidente del pt, Dirceu. Pero es probable que Serra no siga ese camino ya que en su contra pesan acusaciones mucho más contundentes. Enfrenta así un dramático dilema. Por un lado quiere impedir la victoria de Lula en la primera vuelta y para eso debe continuar atacándolo. Por otro lado, si Lula cae, sus votos pueden transferirse en la segunda vuelta a Garotinho, ya prácticamente empatado con Serra. Actualmente Lula está siendo atacado por todos y por todo un abanico de razones, pero él continúa olímpico en su estilo «Lulinha paz y amor», sin responder directamente a los ataques. Hasta ahora le ha dado resultado: su tasa de rechazo entre los electores es la más baja entre todos los candidatos y también en toda su trayectoria político-electoral. Lo que es fundamental para la segunda vuelta.

 

Empresarios con Lula

La revista Exame publicó en julio una encuesta a los presidentes de 100 de las 500 mayores empresas de Brasil. Un 71 por ciento dijo que su candidato era José Serra, seguido de Ciro Gomes. Lula sólo obtuvo el 1 por ciento. Pero las cosas están cambiando a marcha forzada conforme se acerca el día de las elecciones y la ventaja de Lula crece. «Lula está más cerca de ser elegido y nadie quiere perder el barco. Es tan simple como eso. El empresario es un animal pragmático, no tiene ideología», reconoce un especialista. En la recta final, el comité de campaña del pt prepara un golpe de efecto, como la declaración de algún peso pesado del mundo empresarial (se habla de Horacio Lafer, presidente de la poderosa asociación patronal de San Pablo, fiesp) que, sin pedir explícitamente el voto para Lula, declararía su confianza en un gobierno del pt.

En la campaña electoral del pt aparecen más empresarios que ningún otro sector social, sobre todo en la última etapa. Ivo Rosset, presidente de Valisère, empresa textil con 4.000 trabajadores, sostiene que «la idea de Lula es buscar más entendimiento entre todas las clases. Políticamente, es el dirigente más articulado y el candidato que tiene mejores condiciones para lograr este entendimiento con empresarios, trabajadores e, incluso, con el sector financiero». «No soy petista ni pienso pertenecer a ningún partido, pero si la gente observa la vida de Lula, no puede sino admirarlo», declaró a su vez Eugenio Staub, presidente de Gradiente, una de las mayores empresas del sector electrónico de Brasil.

Staub provocó el sábado 21 por la noche un terremoto político cuando apareció en las pantallas de televisión en un espacio de propaganda electoral del pt. El empresario es amigo desde hace 20 años del candidato oficialista, José Serra, y votante tradicional del Partido de la Social Democracia de Brasil, del presidente Fernando Henrique Cardoso. Dos meses atrás había dicho que votaría a Serra. A dos semanas de las elecciones, ha cambiado de opinión y anuncia que Luiz Inácio «Lula» da Silva es el presidente que necesita Brasil.

Los pasos de Staub fueron seguidos por otros empresarios, como Fernando Gasparián, de la editorial Paz y Tierra, y el banquero Amador Aguiar. «Entendemos que Lula es la única alternativa capaz de aplicar un programa de gobierno concentrado en el crecimiento económico, con creación de empleo, reducción de las desigualdades, fortalecimiento del mercado interno y apoyo a las empresas nacionales», señala un documento que ya tiene la firma de 500 empresarios de todo el país. La mayor parte procede del sector productivo, según resalta Lawrence Pih, presidente de Moinho Pacífico, la mayor molinera de trigo de América Latina.

 

n A CONFESION DE PARTE...
El jefe de los economistas del Banco Mundial, Nicholas Stern, acaba de declarar que los países industrializados son «hipócritas», pues pregonan el libre comercio e intentan imponerlo en todo el mundo mientras practican el proteccionismo y otorgan cientos de miles de millones de dólares para subsidiar sus productos agrícolas, que sin los mismos no serían competitivos. El economista, evidentemente, tenía presente particularmente la política del gobierno estadounidense que ha puesto fuertes trabas a la importación de acero (lesionando así los intereses de México, Brasil y Argentina, además de los europeos y japoneses) y ha levantado barreras ante una serie de productos (recuérdese sólo el atún o el aguacate mexicanos). Sobre todo hacía referencia a los subsidios a los productos agrícolas, que alcanzan un monto anual de 311 mil millones de dólares y van -dijo el funcionario- a los bolsillos de las grandes corporaciones agroindustriales, las cuales tienen enorme responsabilidad en la verdadera catástrofe que aqueja al campo mexicano.
Además, según el economista en jefe, los gobiernos de esas grandes potencias industriales, integrantes del Grupo de los Siete, actúan con la hipocresía que él denuncia para así «complacer a poderosos grupos de presión». Lo cual quiere decir, en palabras pobres, que las políticas económicas de dichos gobiernos están determinadas por una oligarquía de grandes empresas y muy poco o nada tienen que ver con la definición que Abraham Lincoln hizo de la democracia como «gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo», comprobación que agrega una burla sangrienta a la mentira hipócrita.
Aunque es evidente la contradicción, por un lado, entre la exigencia del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional (FMI) de que todos los países practiquen al pie de la letra la apertura comercial que las naciones industrializadas se cuidan muy bien de aplicar y, por otro, la realidad de que éstos son gobernados por oligarquías que sirven a grandísimas empresas oligopólicas de escala mundial, no deja de ser importante la denuncia de Nicholas Stern.
En primer lugar, porque revela que algunos altos funcionarios pueden llegar a tener conflictos éticos con las organizaciones donde trabajan o con los «patrones» de las mismas, como se vio anteriormente en el caso de Peter Stiglitz, el Premio Nobel de Economía que fuera también economista jefe del Banco Mundial y es hoy duro crítico de la política del Banco Mundial y del FMI.
Y, en segundo lugar, porque demuestra que la política de las grandes potencias proteccionistas, y sobre todo del gobierno Bush, es brutal y ni siquiera se preocupa por guardar las apariencias y por dar una apariencia de legalidad a sus acciones y, por el contrario, no sólo viola abiertamente los principios que proclama sino que ni siquiera siente la necesidad de reemplazarlos por otros principios, lo cual deja en la más absoluta ilegalidad a quienes les sirven y, por consiguiente, se sienten incómodos.
Si el Banco Mundial, que ha sido parte principal en la aplicación de las políticas que depreca, olvida eso y quiere plantear la esperanza utópica de separar al capital financiero de los monopolios (o sea al Dr. Jekill de Mr. Hyde) y al gobierno de los trusts petroleros y armamentistas de las grandes corporaciones que hacen una guerra diaria al mundo en todos los terrenos económicos y sociales, arará en el mar al tratar de convencerlos. Para nosotros y para los pueblos víctimas de esas políticas queda la confesión de parte sobre la hipocresía e insostenibilidad moral de las mismas.
(Editorial del Diario «La Jornada», de México DF, del 28 de septiembre de 2002)

n ENTREVISTA A VARIOS DE LOS INTEGRANTES DEL FORO DE LA IZQUIERDA NACIONAL / María Peña, editora del periódico La Gaceta

Tienen una página web, www.geocities.com/izquierda_nacional, un correo electrónico: izquierda_nacional@xxxxxxxxxxx, un boletín de publicación semanal: ?En Lucha? y realizan charlas debates todos los viernes a las 20 horas en Bartolomé Mitre 1618, porque no tienen un espacio físico propio.

 

Tienen, algunos, muchos años de militancia, son docentes, trabajadores no calificados, estudiantes, desocupados, profesionales que no alcanzaron ese renombre o prestigio que brinda un sistema corrupto por naturaleza, escritores, investigadores.

Tienen elementos intelectuales que los colocan en esta sección  estrictamente política de La Gaceta, revista casi subterránea, latinoamericana y literaria como ejes de un largo debate que subyace, a pesar de los fenomenales esfuerzos  del sistema y sus afines.

 

Para concordar o disentir o simplemente para reflexionar La Gaceta te presenta, querido lector,  este reportaje realizado en conjunto con los integrantes del por ahora llamado Foro de la Izquierda Nacional, por dos razones fundamentales: porque al realizar este trabajo encontré un elemento  que me vincula, más allá de lo político, y más acá de lo sensorial, con este grupo, encontré, digo, un verdadero y constante hecho de transgresión y porque si bien el modelo agoniza, sus estertores son y serán ?sin duda-  de una ferocidad tal que requerirá de mucho más que de un voto.     

 

¿Qué es el Foro de la Izquierda Nacional? ¿Están abocados a la tarea de construir un partido político?

 - Se trata de un proyecto que nació hace alrededor de un año a partir de la creación de una página web que permitiera difundir toda clase de informaciones acerca de la historia de nuestra corriente. Muy pronto el proyecto comenzó a dar resultados: se acercaron compañeros nuevos y también muchos otros que habían tenido una experiencia militante. Esto nos llevó a abrir un Foro de Debates, en el que comenzamos a intercambiar puntos de vista. La vocación militante de los compañeros confluyó con la situación excepcional que se abrió a partir del estallido del régimen político en diciembre pasado, y entonces pasamos del plano ?virtual? al real: comenzamos a reunirnos periódicamente en Buenos Aires y también en algunos lugares del interior. Desde hace unas semanas, publicamos un boletín gráfico y electrónico llamado ?En Lucha? e iniciamos un ciclo de mesas de debate sobre problemas políticos actuales. Hablar de un partido resulta por ahora prematuro, pero todo indica que avanzamos en esa dirección.

 

Dentro de todos los agrupamientos de izquierda que existen en nuestro país, cuáles son las diferencias ?en términos generales- entre la llamada izquierda tradicional y  la izquierda nacional?

- Considere usted el escenario político en el que nació nuestra corriente. Si quisiéramos darle ?fecha cierta?, diríamos que fue el 17 de octubre de 1945. Frente Obrero del 18 de octubre se pronuncia sobre los acontecimientos del día anterior  en un documento firmado por Aurelio Narvaja (*). Ese pronunciamiento, en el que se afirma la progresividad histórica del peronismo en su planteo nacional antiimperialista explica la causa objetiva del apoyo obrero que concitó su política de derechos laborales y plena ocupación y se anticipó a la necesidad de que la clase obrera alcance independencia política construyendo su partido para acaudillar al movimiento popular, pues ni la burguesía nacional, ni la facción patriótica de las fuerzas armadas lograrían desempeñar ese papel por sí solas, frente a la previsible presión imperialista apoyada en la oligarquía, que arrastraría a la pequeña burguesía democratista.

Es decir, no fuimos peronistas ni antiperonistas en el cruce de caminos del 17 de octubre de 1945.

Casi todo el resto de esa izquierda que usted menciona se enroló de una u otra manera en el antiperonismo, el frente oligárquico ? imperialista, la Unión Democrática.

Aquí tiene una fuerte diferencia de inicio frente a una izquierda imbuida de ?clasismo? y ?antimilitarismo? abstractos, tanto sea enceguecida por su visión eurocéntrica o por su carácter de embajadora del stalinismo o por su extremo sectarismo pequeño burgués.

Diferencia tan imprtante que a su existencia se debe el surgimiento del Socialismo Revolucionario de a Izquierda Nacional.

 

- Es distintivo de la izquierda nacional no poseer la posición antimilitarista y anticlerical en un sentido abstracto y absoluto como si históricamente todas las fuerzas del clero y todas las fuerzas castrenses jugaron un papel antinacional. La izquierda nacional se ocupó de indagar en la historia argentina y ver cómo distinto sectores, en distintos momentos, de fuerzas armadas y religiosas jugaron un papel patriótico.

Hay otras agrupaciones que se reivindican de izquierda nacional. Por ejemplo: Malón, Patria Libre, el PIN, el grupo de Galasso, etc. ¿Qué acuerdos y diferencias mantienen con ellas?

El término ?izquierda nacional? puede ser empleado en sentido amplio o en sentido estricto. En el primer sentido, un tanto vago, integrarían la izquierda nacional las diferentes expresiones del peronismo de izquierda, por ejemplo. Aquellas organizaciones que se inspiran en los aportes de John W. Cooke o Hernández Arregui serían ?desde esta perspectiva- de izquierda nacional. Pero a nuestro modo de ver esto llama a confusión. La izquierda nacional, en sentido estricto, no es equivalente al nacionalismo de izquierda. Mientras que Cooke y Hernández Arregui siempre se definieron peronistas y militaron dentro del peronismo, la izquierda nacional mantuvo una independencia política, ideológica y organizativa dentro, por supuesto, del campo nacional integrado mayoritariamente por el peronismo. La izquierda nacional en sentido estricto nace  hacia 1945, como ya dijo el compañero,  a partir de los trabajos y la práctica militante de hombres como Aurelio Narvaja y Abelardo Ramos. En los años 50 participa en el Partido Socialista de la Revolución Nacional. En los 60 forma el PSIN, y en los 70 impulsa el FIP. Es de esta tradición de la que procedemos. No somos ni hemos sido peronistas. Somos socialistas revolucionarios y patriotas latinoamericanos.

¿Qué hay entonces con el Partido de la Izquierda Nacional (PIN), que procede de esa misma tradición?

- Sí, el PIN procede de nuestra misma tradición, pero la verdad es que no estoy muy al tanto de sus posiciones políticas. Sé que en los últimos tiempos apoyaron a Duhalde y que ahora están con Rodríguez Saá. Nosotros elegimos otro camino. No nos definimos a través del apoyo a una u otra figura del espectro político tradicional sino que intentamos recomponer una estructura de cuadros que se perdió. A eso apuntan todos nuestros pronunciamientos, nuestra acción y nuestra labor de difusión propagandística. El PIN concibe la política de otra forma. Es un grupo  pequeño, inclinado  a establecer contactos superestructurales con ciertos dirigentes políticos tradicionales. Fíjese que hasta carecen de prensa propia y se presentan no como PIN sino como Ateneo Jauretche o algo así. Sin ánimo de ser ofensivo, diría que el PIN es lo último que queda en pié de aquella Izquierda Nacional vigorosa de los años 60 y 70, mientras que nosotros emergemos como expresión de la nueva Izquierda Nacional del siglo XXI. De todos modos, hay en el PIN compañeros valiosos y más tarde o más temprano se acercarán a nosotros.

 

¿Y Galasso?

 - Es un compañero que ha realizado una valiosísima tarea de divulgación. Yo mismo he aprendido mucho leyendo sus monumentales biografías de Jauretche, Scalabrini, Manuel Ugarte, etc. Pero, que yo sepa, Galasso no se plantea construir una fuerza independiente de Izquierda Nacional.

 

En el boletín ?En Lucha? ustedes sostienen que las fuerzas armadas son uno de los actores principales del escenario político. ¿Cómo debe entenderse esta apreciación?

- El discurso democratista y antimilitarista con que los medios de comunicación y los aparatos ideológicos machacan desde hace dos décadas, ha presentado a los militares como el gran problema de la Argentina. Serían ?el mal? por antonomasia, para decirlo a la manera de Bush. Pero para un marxista esto resulta inaceptable, o debería serlo, en realidad muchos ?marxistas? han hecho suya la ideología antimilitarista. Las fuerzas armadas no están fuera del tiempo y del espacio, y las alternativas de la lucha de clases se expresan en su seno. El imperialismo trata de controlar a las fuerzas armadas a fin de que operen como la ?ultima ratio? del orden semicolonial. Pero la lucha de las masas oprimidas por la emancipación nacional y social se expresa al interior de los cuarteles, y entonces surgen corrientes militares patrióticas, populares, nacionalistas. La historia de América Latina y de la Argentina abunda en ejemplos. El gobierno de Chávez, en Venezuela, expresa justamente la alianza entre los militares nacionalistas y las masas oprimidas. En 1989 el pobrerío venezolano se alzó sin contar con el apoyo de los militares nacionalistas, y fue aplastado. En 1992 se levantaron los militares nacionalistas. Tampoco alcanzó y fueron derrotados. Pero finalmente maduró la convergencia de ambos sectores, y se puso en marcha la revolución bolivariana que, por supuesto, aún tiene mucho trecho por recorrer y un final incierto, como todo en la vida. Sin la participación de la fracción patriótica de las fuerzas armadas no hay Frente Nacional Antiimperialista. Y sin éste último, la lucha por el socialismo es palabra vacía. La izquierda tradicional, infectada de demoliberalismo reformista o maximalista, tiene una política contra las fuerzas armadas. La izquierda nacional debe tener una política hacia las fuerzas armadas.

 

¿Tener una política hacia las fuerzas armadas significa pedir por la libertad de Seineldín, como piden ustedes?

 - Seineldín es un preso político de un régimen ilegítimo, que es repudiado masivamente día a día. Pedir por su libertad es una consigna democrática elemental. El menemismo no hubiera podido llevar a cabo su tarea destructiva si no hubiese disciplinado al ejército purgándolo de sus elementos nacionales, llamados despectivamente por los plumíferos, ?carapintadas?. Esta es una historia que habrá que escribir para ilustrar a las nuevas generaciones. Por supuesto, nuestra identidad política e ideológica no es la misma que la de Seineldín. Pero tanto él como nosotros nos situamos en el campo de fuerzas nacional-populares. En esta coyuntura, fortalecer este campo, con la convergencia de sus diferentes expresiones, es la tarea decisiva.

 

¿Podrían Hacer un ?diagnóstico de la situación actual?

En primer lugar aparece en crisis el bloque de hegemonía en el bloque de clases dominantes, integrado en nuestro país por el capital extranjero, por el imperialismo.

En segundo lugar, lo que se denomina ?neoliberalismo?, paquete ideológico impuesto como discurso único durante décadas, con especial consolidación en la década Menem, está en franco repliegue. En la Argentina este hecho se expresa explícitamente a partir de la rebeldía popular de Diciembre, que se llevó a Caballo y De la Rúa y convirtió a los políticos tradicionales, de antiguo enquistamiento en las instituciones del Estado, y al sistema judicial descalificado, en blanco de ira generalizada.

El capitalismo semicolonial, con patrones de acumulación de base financiera, destructor de la industria y apropiador a precio vil de las empresas públicas, que fueron un entramado defensor de nuestra economía, no sólo está en crisis, sino que está siendo repudiado abiertamente. En sólo 25 años consiguió desmantelar la industria, desguazar al Estado, llevaron a índices inéditos de desempleo y marginalidad, desproteger legalmente a los trabajadores, hundir bajo la línea de pobreza a unos 20 milllones de personas, de 6 a 8 millones en estado de indigencia. Gran parte perteneció a la clase media, los ?nuevos pobres? según la calificación al uso. Los sistemas públicos de salud y educación hacen agua por los cuatro costados. El sistema de seguridad social, jubilaciones y obras sociales, está en quiebra. Una masa de aportes jubilatorios ha sido cedida al negocio criminal de las AFJP.

Una deuda externa producto de una gigantesca estafa, condiciona a los distintos gobiernos del régimen y expresó todo el dramatismo social de la situación cuando los prestamistas externos, que se apropiaron y transfirieron hacia países imperialistas el resultado del hambre popular con la complicidad de los ?organismos internacionales?, tipo FMI, nos cortaron el crédito en el 2001 y precipitaron la devaluación del 2002, tras la cual el único precio que permaneció congelado fue le del salario.

Esto condujo a un estado de permanente inestabilidad, encerró en la más completa ineficacia al gobierno entreguista de Duhalde y desnudó el cinismo de entente que lo sostiene en el Parlamento, justicialistas, radicales, frepasistas, provinciales conservadores, caballistas, un equipo variopinto que mueve la cola cada vez que O?Neill o el FMI estornudan.

Por otro lado, las Asambleas barriales y piqueteros, y separadamente la protesta de los ahorristas, no logran sobrepasar la instancia de una resistencia de resultados inciertos, incapaz de proyectarse articulada y orgánica.

 

¿A qué se debe esta particular circunstancia?

- La ausencia de la clase obrera como protagonista y organizadora de la rebeldía popular ha sido hasta ahora determinante de esta suerte de empantanamiento.

La dirigencia sindical se mueve con graves síntomas de desmoralización, cuando no actúa directamente cómplice lo que es especialmente claro en el caso CGT-Daer.

Mientras sus mejores cuadros no se reorganicen y se rearme política e ideológicamente, la clase obrera permanecerá probablemente enfeudada al nivel sindical economicista, hoy sin margen de maniobra, sin salida si atendemos a debilidad relativa que la desocupación le ha impuesto frente a la patronal.

 

Con la mirada puesta en el futuro ¿cómo cerrarían este diagnóstico?  

- Yo creo que lo que primero que habría que señalar es que los máximos representantes de la política no van a encontrar una solución ni para el país ni para el pueblo. Nosotros entendemos que ha estallado el sistema político que ha fracasado y ha llevado a la ruina y al empobrecimiento de todos una política desarrollada durante décadas, que tienen expresión tres planes económicos, el plan de Martínez de Hoz, el plan de Sourrille y el plan de Cavallo.

 

En el corto plazo se puede esperar una elección dividida, que obligará al ballotage, entre quizá, Menem o de la Sota, Rodríguez Saa, Elisa Carrió...

El gobierno próximo estará sujeto a las limitaciones de su debilidad e irrepresentatividad real, acentuadas por el hecho de que en la oferta electoral que está planteada no se ven programas, ni en sentido estrecho ni en sentido amplio, que pudieran dar respuestas, aún parciales, al drama social y al saqueo económico.

 

¿Se plantean como una vía alternativa en el campo político?

-Este grupo de Izquierda Nacional intenta consolidarse, abrir nuevas vías de propaganda militante, desarrollarse. Sería temerario decir que puede ser, en sí mismo, una vía alternativa. También sería sectario, creo.

Lo que sí nos proponemos es ayudar a construir eso Ud. llama vía alternativa, que debería ser una construcción política revolucionaria de nuevo tipo, que permita encarar el problema del poder y coloque al país, en el marco de la problemática latinoamericana, en un período de transformaciones de fondo, desde el capitalismo colonizado hacia una sociedad sin explotadores ni explotados, real y definitivamente sin explotadores ni explotados.

En esa construcción revolucionaria, allí estará nuestra corriente.

 

Sería algo así como la construcción de un frente nacional y popular, ¿hoy es posible?

Bueno, esta construcción política revolucionaria de que hablábamos; implica la formación de un frente de tipo nacional y popular, que nosotros entendemos como la herramienta fundamental para comenzar a demoler el régimen semicolonial.

Por eso decíamos que la clase obrera, en la medida de su recuperación ideológica y política, operaría como gran articulador de la protesta social, estaría en condiciones de formular un programa de liberación nacional y de transformaciones sociales de fondo, encarnando las aspiraciones de las mayorías populares. Un frente patriótico, nacional ? popular incorpora a su seno a las corrientes del nacionalismo militar que desarrollen las fuerzas armadas. Para ver esto último tome usted el ejemplo del movimiento de amplia base popular que el Teniente Coronel Chávez encabeza en Venezuela.

 



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